Chapter 5. The Advantages of Studying Knowledge Systems
5.1 Policy designing, implementation and evaluation
CAPITULO 12
La t e o r í a d e l a s o c l a l i z a c i ó n p o l í t i c a.
Las recientes discusiones sobre el proceso de la formación de actitudes políticas adultas proponen un conjunto complejo de relaciones \ El antiguo enfoque psico-cultural respecto al siibdito, consideraba la socialización política como un proceso más bien sencillo. Ordinariamente se daban por supuestos tres asertos: 1) las experiencias significativas de sociahzación, que afectarán más tarde a la conducta política, tienen lugar en un período muy temprano de la vida de la persona; 2) estas expe riencias no son experiencias manifiestamente políticas, sino que poseen consecuencias políticas latentes, es decir, ni se preten de que tengan efectos políticos ni se reconocen como tales estos efectos, 3) la dirección de la socialización es de signo único: las experiencias familiares más “fundamentales” tienen un im pacto significativo sobre las estructuras secundarias de la política, pero no son afectadas a. su vez por éstas. De este modo, la fuente de las actitudes alemanas frente a la autoridad se colocó en la estructura de la autoridad en la familia germana y en las expec tativas derivadas de las experiencias recibidas por esa estruc tura de autoridad; y se pudo referir la conducta política norteame ricana y rusa a estas tempranas experiencias, no políticas, como pautas de un entrenamiento de costumbres o repetición de actos l
Este enfoque para explicar las actitudes políticas resultaba demasiado simple. No se podían establecer conexiones carentes de ambigüedad entre las experiencias de una temprana sociali zación y la política; el vacío existente entre ambos extremos era tan grande, que sólo podía llenarse utilizando analogías algo imprecisas y un enfoque más bien selectivo de las pruebas. Pero,
' V é a n s e , p o r e je m p lo , los v a rio s e s tu d io s c rític o s s o b re los tr a b a jo s d e la “ p e r s o n a lid a d a u t o r ita r i a ” , e n p a r t ic u l a r : Ri c h a r d Ch h i s t i e y Ma r i e Ja h o d a (ed s.),
S tu d ie s ill th e S c o p e a n d M e th o d o f th e A u th o r ita r ia n P e rso a n litij, G len c o e^ lif t,
19,54. L o s c a p ítu lo s es c rito s p o r Ed w a r d A. Sh i l s, He r b e r t H.' Hy m a n y Pa u l B. Si i e a t s l e y, y Ha r o l d D . I^a s s w e l l so n e s p e c ia lm e n te in te r e s a n te s . V é a s e ig u a lm e n te He r b e r t H. Hy.m a x, P o litic a l S o c ia liz a tio n , G le n c o e , 111., 1 9 5 9 ; Sy d
n e y Ve r b a, S m a ll G ro u p s a n d P o litic a l B e h a v io r , P r in c e to n , N, J., 1 9 6 1 , p p . 2 9 y
s ig u ie n te s ; Ga b r i e l A. Al m o n d y Ja m e s S. Co l e m a n, T h e P o litics o f th e D e v e lo p in g A r e a s , P r in c e to n , N . J ., 1 9 6 0 , p p . 2 6 - 3 3 .
- P a r a eje m p lo s d e e s te e n f o q u e , v é a n s e la s o b ra s d e Sc h a f f n e r, Me a d y G o -
aunque estaba equivocado en sus tesis específicas sobre la con ducta política (al rnenos sus seguidores más incautos estaban equivocados), este enfoque representaba un comienzo promete dor. Un determinado número de sus hipótesis se atenía a la ver dad y ofrecía nuevas posibihdades para estudiar las fuentes de las actitudes políticas. La atención se centró en las experiencias previas al estado de adulto como una fuente de actitudes políticas. También se señaló que las pautas de autoridad en situaciones so ciales anteriores al estado de adulto desempeñaban un papel crucial en la formación de las inclinaciones políticas. En términos generales, las relaciones humanas no políticas se transforma ron en una fuente para entender las relaciones políticas.
Este enfoque sobre la formación de la actitud política se equi vocó al prestar excesiva atención a dichas hipótesis. Es posible que las experiencias no políticas de la infancia desempeñen un importante papel en la conducta y actitudes políticas posteriores, pero el impacto de dichas experiencias sobre la política continúa a través de los años de adolescente y adulto. En realidad, existen algunas pruebas de la que experiencias posteriores poseen una imphcación política más directa. Las experiencias tempranas de so ciahzación afectan significativamente a las predisposiciones de la personahdad básica del individuo y pueden, por consiguiente, influir sobre su conducta política, pero hay otros numerosos fac tores que intervienen entre estas primeras experiencias y la con ducta política posterior y que impiden en gran medida la influen cia de las primeras sobre la última. Dimensiones tan fundamen tales de la conducta política como el grado de actividad o de compromiso en la política o la filiación partidista del individuo, parecen explicarse mejor en función de experiencias posteriores ^
Otra idea vahosa del enfoque psico-cultural consistió en afirmar que las pautas de autoridad no pohticas, a las que se halla expuesto el individuo, tienen gran influencia sobre sus ac titudes frente a la autoridad política. Las pautas de autoridad en la familia son su primer contacto con la autoridad. Y es pro bable que su primer juicio sobre el sistema político represente una generahzación de estas experiencias *. Pero el considerar al sistema político como una famiha elevada a un plano más alto —como era fundamentalmente el concepto de aquellos que que-
^ P a r a iin e s tu d io d e los fa c to re s o u e p u e d e n in te r v e n ir e n tr e la s p r im e r a s e x p e rie n c ia s d e socialÍ7;ación y la c o n d u c ta p o lític a , v é a s e Na t h a n Le i t e s, “ P sy - c h o - c u ltu r a l H y p o th e s e s A b o u t P o litic a l A c ts ” , W o r ld P o litics, I , 1 9 4 8 , p p . 1 0 2 y sig u ie n te s .
^ He s s y Ea s t o x s e ñ a la n q u e l a p r im e r a im a g e n d el n iñ o a c e r c a d e l P r e s i d e n t e s u p o n e u n a tr a n s f e r e n c ia d e la e x p e rie n c ia f a m ilia r , p e r o e m p ie z a a d is tin g u ir e n t r e “ ro le s ” p o lític o s y fa m ilia re s a m e d id a q u e c re c e e n e d a d . V é a s e Ro
b e r t D. He s s y Da v i d Ea s t o n, “ T h e C h il d ’s I m a g e o f th e P r e s id e n t” , P u b lic
O p in io n Q u a rte r ly , X X IV , 1 9 6 0 , p p . 6 3 2 - 4 4 .
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rían ver las raíces de la tradición autoritaria germana en el seno de la famiha alemana— , resulta demasiado sencillo. En primer lugar, como se indicará más adelante, determinadas característi cas de las pautas de autoridad famihar hacen algo difícil la gene ralización al plano político. Además, existen muchas otras pautas de autoridad no gubernamental, a las que se halla expuesto el individuo: en la escuela, en su trabajo, en las diferentes organiza ciones a que pertenece. Y estas otras pautas, especialmente las qui encuentran más cerca del sistema político debido a la época y a sus características, pueden tener mayor importancia para la conducta política de las que poseen las pautas en el seno de la famiha l
A l igual que el acento puesto sobre las pautas de autoridad famihar, la importancia atribuida a experiencias no políticas con una carga latente de consecuencias políticas supone una visión significativa, pero excesivamente hmitada. La sociahzación po lítica latente que se encuentra, por ejemplo, en las experiencias con las pautas de autoridad famihar, puede crear en el individuo ciertas predisposiciones hacia determinadas actitudes políticas; es posible que se aumente su receptividad hacia tipos concretos de relaciones políticas. Pero esto es, evidentemente, una exph cación inadecuada de sus actitudes políticas, pues se dan otras formas de socialización política. Existe, por ejemplo, una socia hzación pohtica manifiesta —la enseñanza intencionada de acti tudes políticas en la famiha y en la escuela. Tal vez resulte de mayor importancia la exposición no pretendida del niño a un ma terial que es explícitamente político— los puntos de vista escucha dos por él sobre política o sobre líderes políticos, opiniones po líticas que se le comunican sin la expresa intención de formar sus actitudes políticas. Es muy posible, por ejemplo, que una buena parte de la simpatía heredada por un determinado partido político de una generación a otra no dependa de la enseñanza in tencionada de puntos de vista políticos, sino del hecho de que los niños oyen a sus padres discutir de política y adoptan los mismos puntos de vista. O también pueden ser configuradas de esta ma nera actitudes más generales, como el respeto o la falta de respe to por el Gobierno. Wylie, por ejemplo, refiere que los niños de la locahdad francesa, que él estudió, “... oyen constantemente a los adultos referirse al Gobierno como a la fuente de todo mal y a los hombres al frente del mismo como a los instrumentos del mal. No hay nada de carácter personal en esta creencia. No se
= V é a s e Ha h h y Ec k s t e i n, A T h e o r y o f S ta b le D e m o c r a c y , P r in c e to n , N. J.,
1 9 6 1 . L o s d a to s q u e se p r e s e n t a r á n m á s a d e la n te e n e s te c a p ítu lo c o n f ir m a r á n la o b s e r v a c ió n d e Ec k s t e i n d e q u e la s p a u t a s d e a u to r id a d m á s a fin e s a l te rre n o p o lític o p o s e e n u n m a y o r s ig n ific a d o p a r a la s a c titu d e s p o lític a s .
refiere a un determinado Gobierno, compuesto por un grupo particular de personas. Se refiere al Gobierno de cualquier parte y de todos los tiempos —Gobiernos franceses, norteamericanos, rusos, a todos los Gobiernos— . Algunos son menos malos que los otros, pero todos son esencialmente malos” Esta exposición no pretendida a determinadas actitudes políticas puede constituir un conducto importante, por el cual se transmite el incivismo de generación en generación.
Las actitudes respecto a la política pueden formarse, por tanto, por la exposición a las actitudes políticas de los demás, tan to si la configuración de esta actitud es intencionada o no. Y esta foimación sobre la base de la experiencia política debe añadirse a la configuración de la actitud obtenida por la transmisión de determinadas actitudes del plano no político al político.
Existe una última faceta en que la teoría de la socialización necesita ser ampliada. La corriente de la influencia no avanza necesariamente en una sola dirección. No solamente es posible que las pautas de autoridad de la familia, la escuela o el trabajo influyan en el sistema político, sino que también las normas apli cadas a dicho sistema pueden influir sobre las pautas de autori dad en estos otros campos. En los Estados Unidos, por ejemplo, se han empleado con frecuencia las normas de la democracia políti
ca como argumentos en favor de una posterior democratización
de las relaciones escolares y laborales. Aunque es posible que mu cho de todo ello tenga poco efecto sobre la situación práctica real, es posible, sin embargo, que posea un significado superior al me ramente retórico \
Al ampliar nuestro punto de vista sobre la formación de la actitud política, superando la teoría que se fijaba sólo en una so cialización política temprana y latente, mejoramos en plenitud de explicación, aunque perdemos evidentemente en cuanto a cla ridad y sencillez. Son muchas las fuentes de actitudes políticas. Incluyen experiencias tempranas de socialización, lo mismo que otras posteriores durante la adolescencia y las experiencias de postsocialización del adulto. Comprenden tanto las experiencias políticas como las no políticas, aquellas ofrecidas por otros con
6 La w r e n c e Wy l i e, V illa g e in th e V a u c lu .se, p . 2 0 8 . E s in te r e s a n te o b s e r v a r
q u e e s ta le c c ió n p o lític a r e s u lta e f e c tiv a , a p e s a r d e l h e c h o d e < ^ e se o p o n e d ir e c ta m e n te a la s e n s e ñ a n z a s d e lo s lib ro s d e te x to (v é a s e p p . 1 0 6 - 7 ) . E s to i n d i c a q u e el m a te r ia l e x p líc ita m e n te p o lític o , e s c u c h a d o p o r e l n iñ o d e u n m o d o in f o r m a l, y q u e r e p r e s e n ta la s a u té n tic a s a c titu d e s p o lític a s d e los a d u lto s , es d e m a y o r im p o r ta n c ia q u e l a e d u c a c ió n fo r m a l q u e re c ib e d ic h o n iñ o .
^ E l g r a n a c e rv o b ib H o g rá fic o q u e se o c u p a d e la d e m o c r a tiz a c ió n d e la s es c u e la s a le m a n a s p r o d u c e l a c la r a im p r e s ió n d e o u e esto s a u to r e s p ie n s a n q u e las e s c u e la s d e b e n s e r d e m o c r á tic a s , p o r q u e e s te es e l c a m in o a p r o p ia d o p a r a u n sis te m a p o lític o d e m o c rá tic o . V é a s e W . St a h l, E d u c a tio n fo r D e m o c r a c y in W e s t G e r m a n y , N e w Y o rk , 1 9 6 1 .
la intención de que causen efecto sobre las actitudes políticas, lo mismo que las transmitidas sin finalidad alguna. Está claro que muchas clases de experiencia pueden afectar a las actitudes políti cas básicas, y estas experiencias pueden presentarse en momentos muy distintos. Habiendo complicado de este modo nuestro modelo de socialización política, nos encontramos ahora con el problema de simplificarlo de nuevo. Si bien las actitudes políticas no se de rivan de una sola fuente, podemos por lo menos tratar de descu brir qué fuentes son las más significativas y para qué clase de personas, y qué combinaciones de experiencias se hallan más es trechamente asociadas con qué tipos particulares de actitudes po líticas. En este capítulo nos ocuparemos de este problema, es decir, de la especificación del efecto de diferentes tipos de expe riencias no políticas sobre las actitudes políticas.
Por supuesto, tal como está planteado, el problema resulta complejo y probablemente insoluble. Nos ocuparemos de él, refi riéndonos exclusivamente a unos pocos tipos de pautas de auto ridad no políticas, de las que es posible esperar que influyan sobre las actitudes políticas: las pautas presentes en la familia, en la es cuela y en el puesto de trabajo. En primer lugar, describiremos brevemente algunas diferencias entre los cinco países en cuanto a la frecuencia con que las personas interrogadas refieren que fue ron capaces de participar en las decisiones familiares y escolares siendo niños, y, en su vida posterior, en el puesto de trabajo. Exa minaremos igualmente las diferencias entre los grupos educativos y generacionales dentro de cada nación —diferencias que nos seña lan cambios importantes en las oportunidades de participación a través del tiempo— . En segundo lugar, trataremos de determinar si estas formas de participación social están relacionadas con la participación política, y hasta qué punto lo están.
La cuestión esencial estriba en saber si existe una estrecha relación entre los roles desempeñados por el individuo en situa ciones no políticas y su rol en la política. ¿Existe alguna tenden cia hacia la homogeneidad de estos roles? Esta cuestión índica la razón de que las pautas de autoridad dentro de los grupos so ciales no políticos pueden ser tenidas como las variables funda mentales a considerar. Estas pautas de autoridad representan, com.o si lo fueran, las estructuras políticas de dichos grupos no políticos: si no son idénticas a las pautas de autoridad y parti cipación del Gobierno, se les parecen en la forma. Pueden ser por ejemplo, más o menos democráticas; es decir, pueden conce der al individuo mayor o menor oportunidad para participar en las decisiones. De este modo, al fijamos en las pautas de auto ridad en la familia, la escuela y el trabajo, nos estamos refiriendo 369
a un conjunto de relaciones análogas a determinadas conexiones políticas fundamentales.
Existe una serie de razones por las que se puede esperar que las p a u t a s de autoridad a las que se halla expuesto el individuo,
f u e r a del terreno político, puedan tener alguna influencia sobre
sus actitudes respecto a la política. En primer lugar, el rol que desempeña el individuo dentro de su famiha, en la escuela o en el puesto de trabajo, puede ser considerado como un entrena miento para la realización de roles políticos. Es probable que generahce de los primeros roles a estos últimos. Si en la mayor parte de las situaciones sociales se encuentra el individuo some tido a algún tipo de autoridad, es probable que espere también una relación de autoridad semejante en la esfera política. Por otra parte, si fuera de la esfera política tiene oportunidades de participar en un ampho cuadro de decisiones sociales, probable mente esperará que podrá participar también en las decisiones políticas. Además, la participación en la reahzación de decisiones no políticas puede proporcionarle la rutina necesaria para com prometerse en la participación política: la experiencia de la ma nifestación de sus propios puntos de vista y el sentido de una táctica política eficaz.
Debido a la tendencia a generahzar de una esfera social a la otra, se puede esperar razonablemente una cierta orientación ha cia la homogeneidad entre las relaciones de autoridad a las que se encuentra expuesto el individuo. Pero no es posible esperar una completa homogeneidad. Existe un gran vacío entre la par ticipación famihar, escolar y laboral y la participación política. En primer lugar, la persona que ha tenido muchas oportunidades de participar en un amplio conjunto de situaciones no políticas puede vivir dentro de un sistema pohtico que proporcione pocas oportunidades de participación. Puede tener la propensión a la participación cívica, pero pocas oportunidades de desarrollar un rol cívico. Y en sentido contrario, sus experiencias prepolíti- cas pueden darle pocos ánimos para participar, llevándole, sin embargo, otras características sociales o políticas hacia dicha par ticipación. Además, la participación en las situaciones más ínti mas de la famiha, la escuela y el trabajo (especialmente en la familia y tal vez en la escuela), puede ser muy diferente de la participación en la política. Las pautas de autoridad dentro de las unidades más pequeñas pueden adoptar una forma distinta a las de la política y lebajar en consecuencia el grado en que hará el individuo aphcaciones generalizadoras de una situación social a la otra. Las pautas de autoridad de grupos más pequeños e ín timos tienden a ser informales. Las decisiones pueden “surgir” del grupo, sin haber sido jamás “decididas” en un sentido formal. Los 370
conductos de influencia están menos claramente articulados. D e bido a ello, la sociahzación pohtica realizada en las unidades so ciales más íntimas puede constituir un entrenamiento inadecuado para la reahzación de actividades cívicas dentro de un sistema político secundario y más ampho. Por esta razón, las institucio nes más afines al terreno pohtico y en las cuales las pautas de autoridad se asemejan más en su especie a las pautas de autori dad del sistema político pueden resultar de mayor importancia pai a la formación de actitudes políticas *.
Las ideas expuestas arriba indican que la diferencia más im portante entre las pautas de autoridad gubernamentales y no gu bernamentales puede ser una de tipo estructural: la reahzación de decisiones pohticas constituye un proceso más formal, aunque las oportunidades para la participación política pueden no diferir de las proporcionadas por los sistemas sociales no políticos. Pero si en lugar de analizar el grado real de homogeneidad, nos fijamos en las actitudes subjetivas del individuo frente a la autoridad —es decir, el grado en que él cree que existe tal homogeneidad— es posible que nos encontremos con una mayor semejanza entre las pautas de autoridad políticas y no políticas. Aunque el indi viduo no pueda tener ese control para saber si la estructura de la situación política le proporciona o no muchas posibihdades efec tivas de participación, sus expectativas propias sobre si es o no capaz de participar (lo que hemos hamado su “competencia sub jetiva”) deben ser más accesibles a influencias procedentes de fue ra del reino de la política.
Antes de describir algunos de los datos referentes a esta cues tión, es necesario hacer algunas advertencias. Lo mismo que en muchas otras ocasiones de nuestros datos sobre la participación política, trataremos en el presente capítulo de las manifestaciones de nuestros entrevistados respecto al grado en que tenían posibi lidades de participar en las decisiones famihares, escolares o labo rales. Y la relación que nos interesa destacar es la de la capacidad percibida para participar en estos campos y la capacidad perci bida de participación en la política. No nos preguntamos si una persona que participó en las decisiones famihares tiene mayores probabilidades de participar en la política; nos interesa la cues tión más modesta de saber si la persona que recuerda haber teni do participación dentro de la famiha cree corrientemente ser capaz de participar en la pohtica. Sin embargo, dado que la expectativa de que uno puede participar resulta ser un factor importante para
** P a r a u n e s tu d io d e la s d if e r e n c ia s e n tr e la s p a u t a s d e re a liz a c ió n d e d e c i sio n es e n p e q u e ñ o s g ru p o s p rim a rio s y e n o tro s s e c u n d a rio s m á s a m p lio s , v é a se
Si d n e y Ve r b a, S m a ll G ro u p s a n d P o litic a l B e h a v io r , c a p ítu lo 2 . P a r a u n e s tu d io m á s d e ta lla d o d e e s te p u n to , v é a s e m á s a d e la n te .
llegar a una participación real, nuestros datos serán significativos, aunque no de una manera concluyente, al contestar a la cuestión del efecto de las experiencias no políticas de autoridad sobre la conducta política. Otra advertencia debe hacerse respecto al pro