8. Conclusions
4.4.3. Policy discussion
El trabajo de investigación que me ha planteado el campo social del skateboarding añade
cierta dificultad al momento de delimitar un terreno de análisis tal y como se hacía tradicionalmente desde la antropología.
El colectivo skater presenta una forma de habitar el territorio muy en sintonía con los cambios globales de finales del siglo XX. La introducción combinada y masiva de los transportes y de las telecomunicaciones, a lo largo de todo el siglo XX, ha comportado una progresiva transformación de las relaciones sociales al individualizarlas y separarlas de su entorno físico (F. Magrinyà, 2003). Los habitantes de estas nuevas urbes experimentan una alta movilidad y visitan diversidad de espacios, para realizar sus actividades cotidianas (F. Muñoz, 2008):
“Los territoriantes son, por supuesto, habitantes o residentes de un lugar, pero no sólo eso. Al mismo tiempo, son usuarios de otros lugares y visitantes aún de otros. En otras palabras, son habitantes a tiempo parcial, que utilizan el territorio de distinta forma en función del momento del día o del día de la semana y que, gracias a las mejoras en los transportes y las telecomunicaciones, pueden desarrollar actividades en puntos diferentes del territorio de una forma cotidiana” (F. Muñoz, 2008: 27).
Como consecuencia, la mayoría de skaters son skaters a tiempo parcial, en tanto que practican skate y se relacionan con otros skaters en determinados momentos del día. He profundizado este aspecto en el subcapítulo 1.3.5. La identidad skater representa sólo una faceta del estilo de vida de cada aficionado, aunque los más jóvenes se empeñen en presentarse como skaters inalterables. Además, aunque la mayoría de skaters suele utilizar habitualmente un espacio cercano a su lugar de residencia, como punto de encuentro entre sus amigos, las relaciones sociales que establecen con el skate se extienden más allá de su barrio y, a menudo, más allá de su ciudad. La gran movilidad que experimentan para encontrarse con sus amigos, conocidos y practicar skate, contribuye al dominio que suelen tener de una gran extensión territorial y diversidad de puntos de encuentro. Por otra parte, la mayoría de estos puntos de encuentro se configuran de una forma totalmente desvinculada del contexto de barrio donde se encuentran, aunque con estrecha relación con otros puntos de encuentro ubicados en otros barrios y ciudades. La cosa se complica cuando asumimos la existencia de conexiones que, a través del turismo, las acciones de las empresas transnacionales o la realidad virtual, van más allá del área metropolitana, hasta alcanzar una escala transnacional. Ya he dicho en el subcapítulo 1.3. que la falta de una
etnografía multilocalizada me impedía desarrollar un análisis comparativo con seriedad. No obstante, esta realidad transnacional se manifiesta en los puntos de encuentro que he analizado, de manera que no puedo negar su influencia. ¿Cómo abordar entonces esta realidad transnacional?. ¿Cómo delimitar el terreno de análisis de un colectivo que se desplaza tan a menudo y visita tantos espacios?. Las técnicas de campo tradicionales, en las que el etnógrafo se instala a vivir entre una comunidad que mantiene una estrecha relación con un territorio concreto, no eran aplicables al objeto de estudio del skateboarding. No podía centrar mi interés a un solo espacio, punto de encuentro o barrio, en tanto que supondría un sesgo considerable.
Algunos autores (G. Maza, 2006; J.J. Pujadas, 2004; J. Clifford, 1999; J. Clifford y G. Marcus, 1986) que utilizan métodos etnográficos multilocalizados, para el abordaje de realidades transnacionales, me sirvieron como referencia para diseñar un terreno de análisis adecuado a estas nuevas formas de habitar el territorio. Decidí establecer una geografía de puntos de encuentro sobrepuesta a un amplio territorio, que abarcaba toda la ciudad y su área de influencia. El terreno de análisis acaba conformando, una red conectada de puntos de encuentro, espacios públicos y skateparks, locales okupados, tiendas y bares, ubicados en diferentes barrios de la ciudad y otros municipios del área metropolitana. Puedo decir que el fenómeno que he querido investigar me plantea la necesidad de experimentar con un campo de estudio discontinuo, reticular, formado por un conjunto de escenarios etnográficos distantes, pero conectados.
Esto me ha llevado, durante la primera etapa, a realizar muchas prospecciones, para identificar todos los puntos de encuentro, espacios públicos y skateparks, spots o espacios dónde solo se patina y locales vinculados, como almacenes okupados, tiendas o bares. Una vez reconocida gran parte de la geografía skater del área metropolitana de Barcelona, escogí los siete puntos de encuentro de la ciudad más significativos para someterlos a un análisis profundo: Plaça dels Països Catalans, Plaça dels Àngels, Plaça Universitat, Jardins de les Tres Xemeneïes, Passeig Sant Joan, Skatepark de la Mar Bella y Skatepark de la Via
Favència (Guineueta). En estos espacios se concentraba el número más alto de usuarios
skaters de la ciudad y representaban los puntos de encuentro más frecuentados y conocidos, tanto por los skaters locales, residentes en la ciudad, como por visitantes, procedentes de otros municipios, provincias o del extranjero.
Entre el 2003 y el 2009 visité periódicamente los siete distintos puntos de encuentro. No obstante, esto no impedía que visitara periódicamente otros espacios, incluso fuera de Barcelona, para someterlos a observación y compararlos con los otros. En toda esta faceta del trabajo de campo fue muy importante el uso de la motocicleta. Mediante ésta podía establecer circuitos de una jornada en los que visitaba todos los puntos de encuentro. A lo largo de mis dos primeros años de trabajo de campo, esta fue la única fuente de notas
etnográficas. Éstas quedaron registradas en el diario de campo y algunas entrevistas digitales.
Más tarde, a partir del tercer año de trabajo de campo, las relaciones de amistad que hice con miembros del grupo de Badalona, me llevaron a conocer espacios públicos, skateparks
y skaters de otros municipios del área metropolitana y otras provincias, ampliando así el terreno de análisis: Sitges, Badalona, Vilanova i la Geltrú, Castelldefels, Gavà, Calafell, Granollers, Castellar del Vallès, L’Ametlla del Vallès, Sabadell, Terrassa, Palafrugell, Torroella de Montgrí y Reus.
Simultáneamente, a lo largo de todo el proceso de investigación, utilicé fuentes de documentación, internet, entrevistas a turistas y profesionales skaters. También, aproveché viajes de interés turístico, para visitar algunos puntos de encuentro de otras ciudades, como Philadelphia y Londres, para reconocer las influencias y conexiones transnacionales que se generan en el campo social del skateboarding de Barcelona.