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3.4 DESIGN

3.5.3.1 POST-WEAR – COMPRESSION TESTING

Eduardo Orejuela expresa que en el alcoholismo existen estilos de comunicación defectuosos los cuales producen alteraciones en el desarrollo cognitivo, afectivo, lingüístico, dificultades para la socialización, percepción distorsionada de la realidad y pensamientos irracionales.

La comunicación anómala o defectuosa se caracteriza por una escases de temas de discusión en la familia, por ser confusa en su contenido y en la relación que crean los mensajes, por la presencia de dobles mensajes, mensajes indirectos o con una direccionalidad inadecuada, mensajes con carga emocional excesiva, presencia de temas de tabú, secretos entre los miembros, monólogos, mensajes con contenidos culposos, chantajes emocionales, sobre generalizaciones tipo tú nunca o tú siempre.

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Conductas aplacadoras y manipuladoras: Esta forma de comunicación familiar es potencialmente muy riesgosa para el desarrollo de la familia interna y externamente.

En el libro senderos de recuperación de la comunidad de Al-Anón, se expresa respecto del alcoholismo, “los miembros de la familia se defienden de su realidad negándola, lo que hace que el sufrimiento sea crónico; así, la familia llega a inmunizarse, desarrollando una tolerancia y adaptación al sufrimiento. La tristeza, la desilusión, la amargura, la soledad, el rencor y la nostalgia están presentes en cada uno de los miembros”.

En el caso de los hijos, y aún cuando ellos no consuman sustancias, previsiblemente desarrollaran los mismos patrones conductuales que han aprendido, los cuales estarán presentes en su nueva relación familiar y serán perpetuados generacionalmente, hasta que alguien se desprenda de esta identidad familiar e inicie un nuevo modelo de familia.

Como consecuencia de haber vivido una necesidad imperiosa de adaptarse y sobrevivir al comportamiento impredecible, y en ocasiones, amenazante del enfermo y de la familia en general, los hijos desarrollan una predisposición a buscar o crear situaciones de conflicto.

De manera recurrente vivieron en crisis constante, por lo que no sabe cómo vivir de manera tranquila. Como lo que conoció en su familia fue miedo, inseguridad, violencia y confusión, no disponen de referencias claras que les indique cuando una situación es normal o anormal, buena o mala. Desconocen la capacidad de goce y no logran experimentar satisfacción personal de una manera plena.

En este sentido, es necesaria la ayuda terapéutica para poder elaborar y liberar emociones contenidas, reflexionar, reconstruir y aprender a pensar de manera positiva; para poder crear un nuevo modelo de relación.

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Desde el punto de vista del proceso terapéutico, el romper con la codependencia implica un proceso largo y duro emocionalmente hablando, pero sencillo a la vez: se basa en la premisa de que "cada persona es responsable de sí misma" y esto implica aprender una nueva conducta, en la que se enfatiza el "cuidar de uno mismo".

No obstante, partimos de que la persona lleva años negándose a sí misma; su vida ha tenido sentido por y para los demás y voltear la mirada hacia dentro, por regla general, suele suscitar miedo. Precisamente, se requiere mirar hacia el lugar del que han estado huyendo toda su vida, allí donde nadie les enseñó a vivir, por eso el proceso es lento.

Poco a poco y con la ayuda del terapeuta, han de perder el miedo a verse, a reconocerse, a cuidarse, a quererse y respetarse, entendiendo además que ésta es la única manera de querer, respetar y cuidar a los demás, y de esta forma, lograr finalmente ser autor de su propia vida, no de la que le enseñaron a vivir y a creer.

En nuestra sociedad moderna donde es casi aparente que tenemos todo al alcance de las manos, parece que nos hace falta uno de los ingredientes importantes en la solidificación de una familia: El dialogo familiar. El cual no es más que la comunicación abierta entre padres e hijos, hermanos y hermanas o todos los componentes de una familia. No estamos abogando por una conversación sofisticada, nos estamos refiriendo a una conversación sencilla, que encuentre apertura o que interese a la familia en general.

El dialogo en familia puede ser un tópico un tanto difícil, ya que no todos los seres humanos tenemos la misma capacidad de comunicarnos entre sí. Dialogar puede resultar infructuoso especialmente si en el seno de la familia tenemos adolescentes quienes prefieren estar en sus habitaciones en un estado casi vegetativo jugando los últimos juegos de video que sentarse oír una perorata del padre o la madre.

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Los padres tenemos la obligación de tornar el dialogo familiar en una sesión de terapia para nuestros hijos. Debemos tener una actitud positiva y esforzarnos a que estas sesiones sean una especie de conversación amistosa donde nuestros hijos no sientan temor a exponer sus miedos y debilidades.

Introducir nuestros hijos al dialogo familiar nos da una idea de la salud emocional y mental de los mismos, también por medio del dialogo podemos conocer las opiniones que nuestros hijos tienen acerca de un tema especifico.

El Dr. Antonio Olivar Zúñiga en su libro “Fundamentos teóricos de la comunicación” escribe “Uno de los ingredientes principales que debe poseer el dialogo familiar es la participación de todos los componentes de la familia”.

Un día el dialogo puede estar compuesto de las historias que el padre o la madre han tenido en el trabajo. Otro día puede ser acerca de las historias de la escuela, exámenes difíciles, paseos escolares en fin temas en los que todos puedan participar. Otra forma muy genuina de mantener el dialogo familiar es compartir en familia una película de interés común o un viaje para poder disfrutar todos unidos. La participación en los deportes es también una actividad que mantiene a la familia unida y un tema de conversación que no pasa de moda.

Muchos silencios en la familia nacen de la triste realidad del “no sé qué decir a los míos”. Este silencio puede tener dos causas: o los míos no se interesan en mí y mis actividades o yo pienso que soy tan pobre humanamente que no tengo una historia para compartir con los míos.

Si en realidad queremos tener una línea de dialogo abierta con nuestros hijos tenemos que empezar por sembrar la semilla del dialogo y hacer tiempo para nosotros como la familia que realmente somos. Apagando la televisión por una hora y dedicarnos ese tiempo a nosotros puede brindarnos resultados maravillosos como familia y como individuos que somos.

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No tengamos miedo y empecemos a cultivar el principio de una relación que puede perdurar mientras existamos. Es frecuente en la familia de origen del alcohólico que las relaciones sean mediadas por un estilo de poco hablar, de poca empatía y de no confiar mucho en el otro, en ese sentido hay propensión a la introversión social.

Muchos casos de alcohólicos vivieron en la adolescencia una ausencia de escucha y/o de respuesta del adulto, y no me refiero necesariamente a una respuesta en el nivel de los consejos o de una guía, sino al nivel de la comunicación emocional, se produjo sequía de gestos o miradas capaces de reasegurar o de proveer de un límite.

En el ámbito de lo familiar es totalmente relevante el lugar que ocupa el alcohólico, pues no será lo mismo que sea el padre o la madre, el hijo o la hija. Así como tampoco serán iguales las consecuencias para el psiquismo de un hijo/a según sea la edad que tenga en el momento que comienza a desestabilizarse el equilibrio familiar a causa del alcoholismo de uno de sus miembros.

Del lado de los padres cuyo hijo/a es alcohólico y/o drogadicto es frecuente los sentimientos de fracaso que padecen los padres junto a autoinculpación al creer no haber cumplido bien su función de educadores.

La dinámica familiar se ve alterada con un miembro alcohólico, ya que existen límites inconstantes y rígidos, la comunicación es indirecta y enmascarada o directa pero agresiva, los miembros de la familia no deben decir lo que sienten, los roles familiares se ven alterados, todos los familiares son afectados, porque el alcohólico afecta a las personas que están a su alrededor, estas acciones facilitan al alcohólico continuar con sus actitudes enfermas.

La congruencia en las ideas y los actos, así como el rompimiento de los secretos familiares, es lo que permitirá el crecimiento sano y ordenado de la familia. En la familia del alcohólico se cambian constantemente las reglas o se mantienen a toda cosa por absurdas que sean y las jerarquías se vuelven disfuncionales. (Al-Anon: De la Supervivencia a la recuperación pág. 47).

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El rol del alcohólico es agresivo; con sus actitudes dice "No me miren". Crea dificultades en el entorno familiar para que reaccionen todos los miembros de la familia. Es mentiroso, aislado o encantador.

El alcohólico es además inconsistente con sus responsabilidades, culpa a los demás, existe rigidez y negación, lo cual va a alterar la dinámica familiar, en el caso de los adolescente haciendo que estos pierdan la confianza en sí mismos o permaneciendo callados ante las situaciones de conflicto o desarrollando un espíritu de rebeldía ante el ambiente establecido.

2.2.22 Efecto del alcoholismo en las parejas y la distorsión de la

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