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Potential VAT risks: 1 Disaggregation:

UNDERTAKING THE AUDIT 5.1 Introduction:

VAT AUDIT NOTEBOOK

5.12 Potential VAT risks: 1 Disaggregation:

En la gran mayoría de fobias encontramos una relación di- recta con un trauma padecido por la persona con anterioridad a su desarrollo, recordado por el paciente previamente al trata- miento, u olvidado por el sujeto pero aparecido en el curso del reprocesamiento.

Podemos citar como antecedente histórico a Pavlov (1849- 1936) y sus experiencias con refl ejos condicionados en perros, a partir de los cuales el norteamericano John B. Watson (1878- 1958) creador del movimiento conductista, indujo una fobia a

una laucha blanca en un niño de un año de edad (“el pequeño Albert”) al asociar la presencia de ese animal con un ruido intenso. Luego el niño ge ne ra li zó su temor hacia otros objetos peludos y blancos. Este modelo fue llamado “condicionamiento clásico”.

Podemos decir que generó una fobia a partir de un trauma, pues para un niño de un año un ruido intenso es atemorizante y hasta puede ser traumático.

Sin embargo hay casos, en donde está presente la fobia pero no hay ningún recuerdo traumático que provoque malestar re la - cio na do con esta... parecería que la fobia surgió así... de la nada.

Uno de nosotros trató a una joven de 23 años, Delia, que pre sen - ta ba una intensa fobia a los perros desde que ella podía re cor dar. Nunca, según su memoria, había tenido ningún incidente con ellos. Como antecedente, su madre era muy temerosa de los ani ma les en general y no concurría a casas de amigos donde hubiera algún perro o gato. El resto de su familia no tenía ningún problema con ellos.

Delia decidió encarar su fobia cuando se puso de novia con un joven que tenía un perro de gran tamaño que era “un miembro más de la familia”. En una fecha próxima Delia tenía que ir a co no cer a sus futuros suegros, que vivían en una ciudad del interior, encuentro que había estado postergando por cierto tiempo por el miedo al enfrentamiento con el can. Ante la inminencia de la cita y por el ultimátum de su novio, se decidió a tratarla.

Fue uno de los tratamientos de fobia más largos que tuvimos que enfrentar, nos llevó cerca de 10 sesiones lograr la desensi- bilización de ésta, pero Delia al fi n, luego de trabajar “in vivo” en el consultorio con uno de nuestros perros, palmo a palmo con la distancia, el tacto, y hasta los movimiento del animal, con si guió por fi n acercarse, tocarlo y dejarse oler por él (tenía mucho asco a la boca y la lengua de los perros, además de miedo a ser agredida o mordida por ellos y mucho susto cuando los veía mo ver se).

El tema era que, en la historia de Delia como dijimos, no hubo aparentemente ningún trauma con algún perro u otro animal que ella o su familia pudieran recordar.

Sin embargo, durante el curso del tratamiento encontró en su casa una foto suya de cuando tenía aproximadamente 5 años, abra za da con un enorme perro blanco. Se sorprendió mucho frente a este testimonio, casualmente encontrado, de una época que ella no recordaba, pero en la que había estado libre de esta fobia.

Esta foto nos indicó que hubo un antes y un después en la vida de Delia en relación con su fobia... en algún momento y des en - ca de na da por algo, esta empezó. ¿Que pudo ser? Nunca pudimos ave ri guar lo... pero el hecho es que, con el trabajo realizado, la fobia desapareció, y si bien Delia tiene una más que respetuosa relación con ellos, ya no va caminando en estado de alerta por la calle, ni se cruza de vereda cuando ve venir a alguno. De más está decir que pudo ir a la casa de sus futuros suegros, estar con el perrazo tranquila en la misma habitación y... se casó con el dueño...y vivieron felices... y comieron perdices... al menos hasta la fecha ( ya pasaron más de dos años desde la fi nalización del tratamiento).

En algunas de las fobias que vamos a relatar en la parte clí- ni ca, apareció durante el reprocesamiento de las mismas, la exis ten cia de un trauma como causa. En otras no, por lo menos no ma ni fi es ta men te, como en el caso de Delia.

¿Será esto una constante? ¿Habrá acaso siempre un trauma en el origen de una fobia? ¿Será que en aquellos casos en que no apa re ce la situación traumática es porque no logramos evo- carla? ¿O es porque es un trauma temprano, pre-verbal, como en el caso de la fobia a los sapos y ranas que relataremos más adelante? ¿O bien porque no hay un trauma responsable de la patología?

¿Qué ocurre, entonces, en esos casos en donde no aparece un trauma manifi esto y objetivable? ¿No lo hubo o no se lo re cuer da? ¿Tal vez, cómo dijimos, por ser muy temprano, pre- verbal o perinatal? No lo sabemos a ciencia cierta y lo estamos in ves ti gan do.

Lo que podemos asegurar es que encontramos cuatro grupos

de casos en nuestro trabajo clínico con fobias tratadas con las Te ra pias de Avanzada.

Primer grupo: casos de fobias con antecedentes de un trau ma manifi esto, objetivable, indiscutible y recordado: ver el caso de la fobia al mar de Laura, y más tarde el caso de la fobia a ir en un automóvil con otra persona conduciendo(Miriam).

Segundo grupo: casos de fobias con antecedentes de un trau ma manifi esto, objetivable, indiscutible pero olvidado: ver el caso de la fobia al agua, o el caso de la fobia a los gatos, y la fobia a las palomas.

Tercer grupo: casos de fobias con antecedentes de un trauma con “t minúscula”, no objetivable, discutible desde el observador, y olvidado: ver más adelante el caso de la fobia a las tormentas de la niña Dana. (Ver cap. 16). El susto que le produjo el cuento de María Elena Walsh era indudable, si bien alguien puede opinar que no era un peligro o que no fue una situación traumática. Pero la cuestión es que para ella sí lo fue!.

Cuarto grupo: casos donde no aparece ningún antecedente de recuerdo de un trauma. La fobia se cura igual, como el caso de la fobia a la lepra de Fabián, la fobia a las cucarachas de Gabriel o la de los perros de Delia.

Queremos hacer ahora una diferenciación entre el concepto freu dia no de fobia, y el concepto de trauma que da origen a una fobia.

Para Freud una fobia era el resultado de un desplazamiento de un impulso interno, una pulsión inconsciente y prohibida ge ne ral men te edípica, hacia un objeto externo sobre el cual esta se pro yec ta ba y se simbolizaba, produciéndose así un des- plazamiento de algo interno hacia algo externo. Se tomaba a la fobia como una solución, útil al sujeto, y que le permitía eludir el problema de fon do. En base a esto fue que Freud afi rmó que, si quitamos una fobia, pronto surgirá algo peor en un intento de volver a equilibrar el sistema para encontrar otra “solución” al confl icto. No lo afi rmó por haberlo observado de la expe- riencia, sino como algo “obvio”que para él se desprendería de la teoría.

Para nosotros - y para las ideas actuales - una fobia es el re- sul ta do de un desplazamiento, es verdad, pero de una situación ex ter na y traumática, absolutamente real y que constituyó una ame na za para el sujeto, (en oposición a una supuesta realidad psíquica, privilegiada por Freud) hacia otra situación, también externa y no traumática, pero que tiene algo en común con esta, es decir algo comparten: un objeto (de un perro a todos los perros) una cua li dad, un sonido u otra cosa que acompañó al trauma original.

En estudios realizados en la Universidad de Londres (1986) en un grupo constituido por 2000 pacientes con fobias simples cu ra das con métodos conductistas, en comparación con un gru- po con trol, tras un seguimiento de 24 años, no apareció después de la curación de la fobia ninguna patología signifi cativa de nin- guna naturaleza que se pudiera considerar un desplazamiento de la misma.

La teoría de Freud queda así desvirtuada: en realidad se con fi r ma que la fobia no es una solución, sino que es un pro- blema.