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En Compostela la llegada de un nuevo obispo en 1875 no podía abrir un panorama más esperanzador para los destinos artísticos y culturales de la diócesis. Si a ello añadimos la perfecta sintonía entre Roma y Santiago, podemos deducir que el plan que León XIII aspiraba a extender por el mundo católico, se cumplió en Compostela de la mano de uno de los cardenales que precisamente había participado en el cónclave de su elección en 1878: don Miguel Payá y Rico.

La figura de monseñor Miguel Payá y Rico (1875-1886) representó en el arzobispado compostelano la facción más moderada y tolerante de la Iglesia del momento, lo que le llevó a enfrentarse a los grupos más conservadores representados por el cabildo catedralicio y a desmontar el poder carlista en Galicia, con la colocación de obispos de su tendencia en las respectivas diócesis gallegas188. Original de Valencia, su carrera antes de llegar a Compostela avalaba su gran valía intelectual, su elocuencia y su oratoria, sobre todo en sus intervenciones en el Concilio Vaticano I (1870) en el que destacó por su defensa de la infalibilidad del papa. Viajó en tres ocasiones a Roma, lo que le llevó a conocer el boato y el ceremonial de los rituales con una minuciosidad que buscaría reproducir en Santiago. La relevancia adquirida tras el Concilio Vaticano I le convirtió en un importante elemento de decisión. Fue, por tanto, un férreo defensor de la política vaticana.

Teniendo en cuenta estos rasgos de su personalidad, valoraremos su paso por la archidiócesis en función del análisis de las obras puestas en marcha que, en su caso, se centran en el ministerio pastoral, la acción social, y la restauración católica. Dentro de la acción social podemos distinguir dos tendencias: la dirigida a obras de tipo asistencial, y la

seminarios y tuvieron un papel importante en la formación del Instituto de Arqueología Cristiana. Entre el profesorado de este prestigioso se podía encontrar al catalán Eduard Junyen (que sería director del Museo Episcopal de Vic).

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El talante moderado del arzobispo y su vocación claramente social hizo que incluso desde las filas regionalistas fuera objeto de alabanzas por parte de don Alfredo Brañas en un artículo biográfico publicado en

encaminada a la mejora de los estudios en el Seminario. En la primera, participó con la reforma del Asilo de Huérfanas, la construcción de un psiquiátrico en Conxo, la formación en 1881 de un Asilo de mujeres Arrepentidas, y con ayudas económicas a la beneficencia salidas de su pecunio. Sobre la mejora de los estudios en el Seminario, ante la degradación en que habían derivado en el último siglo y que el Concordato de 1851 no había conseguido mejorar, el gran éxito del obispo fue la concesión, en 1876, de la categoría de Seminario Central para Santiago189 por un período de 10 años, que él mismo se encargó de renovar antes de su partida en 1886. Puede ser que el nivel intelectual de la clase que accedía al seminario no mejorase o que la calidad de los estudios estuviera por debajo de la media de las Universidades Pontificias, pero está claro que la preocupación del arzobispo por el Seminario fue una de sus atenciones principales. Mejoró su biblioteca, contribuyó a la creación del Gabinete de Física y el Museo de Historia Natural190 desde su llegada e intentó mejorar los planes de estudio impartidos.

Pero donde puso su mayor empeño fue en las iniciativas que debían reflejar ese deseo de unidad y restauración católica que emanaba de Roma191. Para ello apoyó propuestas de orden general como la formación y difusión de Unión Católica192, y sobre todo, acciones más particulares dentro de la diócesis. En Compostela, la época de mayor esplendor de la Iglesia la había representado el arzobispo Diego Gelmírez (1100-1140), siendo el deseo del cardenal la vuelta a esos años de gloria. A raíz ello, fue definido por algunos como el “segundo Gelmírez”, el arzobispo que levantaría la ciudad del Apóstol del letargo en el que había vivido durante siglos y revitalizaría de nuevo las peregrinaciones. Lo primero que debía hacer para ello era protagonizar la re-inventio de los restos apostólicos escondidos desde el siglo XVI en algún lugar de la basílica. Y ante las críticas y las protestas de ciertos grupos, comenzó un proyecto arqueológico que, no sin tensiones, acabó con el descubrimiento de los restos de Santiago el Mayor en enero de 1879193. Gracias a este acontecimiento, puso en marcha su ideal de restauración católica en torno a la tumba apostólica y el mundo de las peregrinaciones del que él mismo decía

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Categoría que sólo poseían, desde 1853, Salamanca, Granada, Valencia y Toledo y que les facultaba para otorgar grados mayores (licenciados y doctorados) frente al del resto que sólo podían cursar grados menores.

190

VÁZQUEZ VILANOVA, J. A. “Los alumnos del Seminario de Santiago durante la segunda mitad del siglo XIX: formación y nivel intelectual”, en Compostellanum , vol. XLV, nº 3/4, julio-diciembre 2000, p. 847.

191

POMBO RODRÍGUEZ, A.”O rexurdir do culto xacobeo e da peregrinación durante o pontificado do cardeal Miguel Payá y Rico (1875-1886)”, en Actas del V Congreso Internacional de Asociaciones Xacobeas (9-12 octubre 1999), Deputación de A Coruña, A Coruña, 2001. Interesante trabajo en el que descubrimos una personalidad de vital importancia para Compostela y la Iglesia española del momento.

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La defensa de la Unión Católica le costó el enfrentamiento con los tradicionalistas e integristas que hicieron fracasar la propuesta al presentarlo ante los católicos como un producto del sistema liberal. POMBO RODRÍGUEZ, A. “A Igrexa galega na primeira fase da Restauración”, en Seiva, publicación da Fundación Celso Emilio Ferreiro, nº 4, maio 1991, p. 22.

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Los trabajos arqueológicos fueron dirigidos por el canónigo don Antonio López Ferreiro que junto con Labín Cabello, ante la tensión y las críticas del cabildo, aprovechó las horas nocturnas para la búsqueda de los restos santos. El arzobispo había encargado la excavación al hombre que probablemente conocía mejor la catedral y la historia compostelana, a pesar de que las relaciones entre canónigo y prelado no debieron ser todo lo cordiales que se esperaba ante las diferentes posturas ideológicas de ambos .

a la espera del resultado del proceso canónico que, desde el Vaticano, autentificaría los restos hallados: “No me arrepiento de cuanto he creido deber hacer en busca de los

sagrados restos del Cuerpo de Nuestro Santo Apóstol. Si en último resultado la Santa Sede fallase desfavorablemente, después de haberme felicitado repetidas veces por mis esfuerzos, me quedaría muy tranquilo, persuadido de que había cumplido con un deber”194.

Este hecho fue capital en el arzobispado de Payá y Rico, cuya labor en defensa de la ciudad y de la Iglesia se centrará precisamente en este acontecimiento. Sólo así se entiende la promoción de las peregrinaciones a la tumba jacobea (incluso después de haber abandonado Santiago y ocupando ya la sede de Toledo al promocionar, por ejemplo, una peregrinación a Santiago en 1889 para la conmemoración del XIII centenario del Concilio de Toledo de 589), las obras de embellecimiento de la catedral, el boato de las celebraciones litúrgicas (que había visto en Roma), la potenciación de los valores artísticos de la catedral, el apoyo a la literatura de viajes en la que se promocionaba Santiago, el impulso a los símbolos jacobeos y a la celebración de los tres años santos que se festejaron durante su prelatura195.

El aspecto que debía presentar la catedral por entonces debía resultar un tanto desacorde con el nivel exigible al lugar de enterramiento del apóstol Santiago. El siglo XIX no había dado grandes obras a la catedral y, durante toda la centuria, la falta de dinero condicionó éstas hasta el punto de que apenas se hicieron pequeñas intervenciones de mejora. Revistas como Galicia Diplomática apoyaron las iniciativas del arzobispo llegando a decir incluso:”No solo el Emmo. Sr. Cardenal Payá con su prodigiosa iniciativa ha

emprendido la restauración artística del viejo Santuario de Compostela, mal trecho en los tiempos anteriores, sinó principalmente acometió la restauración histórica”196. Pero la re- inventio del apóstol exigía también una vuelta al esplendor arquitectónico de las mejores

épocas, por lo que el arzobispo se empleó en un programa de mejora y restauración del edificio. Para ello, en 1883, se decidió la formación de una Comisión de seglares, compuesta de artistas y anticuarios encargados de atender las obras de la basílica, aunque pronto se encontraron con un fuerte obstáculo: el Cabildo Catedralicio. Éste se había interpuesto a las intenciones del arzobispo desde el primer momento, tanto en el tema de las excavaciones catedralicias como en el tema de la mejora artística de la basílica, lo cual no impidió que ambas cosas se llevasen adelante con la voluntad del

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Carta del arzobispo Miguel Payá y Rico a Bernardo Barreiro de V. V. el 27 de septiembre de 1883. Galicia

Diplomática, tomo III, nº 28 y 29, 22 julio 1888, pp. 218-219. 195

En 1875, a su llegada a Compostela, se celebró un año santo (coincidiendo con el año santo romano); en 1885 tuvo lugar el año santo extraordinario decretado por León XIII con motivo de la verificación de los restos del apóstol a través de la encíclica Deus Omnipotens y un año después volvía a celebrarse el jubileo ordinario. DÍAZ, J. Mª. “Anos santos composteláns, de León XIII á contenda de 1936”, en Compostela na historia:

redescubrimento (maio-xullo 1999), Xunta de Galicia, Santiago de Compostela, 1999, pp. 47-48. 196

arzobispo y el apoyo de las más altas instancias papales. Entre las mejoras estuvieron la limpieza de las bóvedas y muros de los encalados con los que se cubrían, la instalación de un nuevo enlosado en el crucero y las naves laterales, la reposición de enlosado del deambulatorio o la conclusión de los accesos a la cripta del apóstol197.

Y entre todas estas iniciativas emprendidas por el arzobispo enc ontramos la primera mención a la formación de un Museo Diocesano en Santiago198. Ésta aparece publicada en las páginas de la revista Galicia Diplomática, al informar del proyecto promovido por el arzobispo Payá y Rico en 1883 para el Seminario compostelano199. Desde este primer momento se tiene claro que el fin de este museo debe ser la formación práctica de los futuros sacerdotes en temas de historia y arte y que, por consiguiente, los fondos que debe albergar han de ser exclusivamente de carácter religioso. Hemos de aclarar que en ninguno de los documentos oficiales firmados y publicados por este prelado se hace mención alguna a dicho proyecto como tampoco lo hacen los historiadores que se han dedicado al estudio de este personaje200, y que las escasas noticias que del museo tenemos nos han llegado a través de esta revista. Se encuentra aquí una pequeña incógnita en torno al proyecto del obispo que no hemos resuelto, pero que encajaba perfectamente dentro de su política de actuaciones. En los diferentes artículos publicados por la revista descubrimos que el arzobispo no estaba solo en su idea del museo y que contaba con el apoyo incondicional de personajes como don Bernardo Barreiro de Vázquez Varela (director de la revista) o don José Villamil y Castro.

A pesar del mutismo oficial, los siguientes números de la publicación vuelven a poner de actualidad la vigencia del proyecto aunque su realidad parecía prorrogarse. Y tanto lo hizo que ocupó los últimos años de Payá y Rico, el corto mandato de su sucesor Sr. Guisasola Rodríguez (1887-8)201, y la llegada de Martín de Herrera en 1889. Pero, ¿por qué decidiría el arzobispo Payá que un museo diocesano era necesario para Santiago y para su prelatura?

Es cierto que no hemos encontrado datos directos sobre la formación de un museo histórico-arqueológico entre la documentación personal (aún no catalogada ni ordenada)

197

Carta pastoral del arzobispo Payá y Rico con motivo de su marcha del arzobispado de Santiago, en B. O.

A. S., año XXV, nº 1069, 23 agosto 1886, pp. 273-280. 198

SERRANO TÉLLEZ, N. “La creación de los museos eclesiásticos de Galicia”, en Cuadernos de Estudios

Gallegos, vol. XLIII, nº 109, 1997, pp. 243-280. 199

Galicia Diplomática, tomo II, nº 21, 2 diciembre 1883, p. 164.

200

SANMPERE GALIANA, A. El cardenal Miguel Payá y Rico (1811-1891), Facultad de Teología San Vicente Ferre Valencia, 1993. TORMO MARTIN DE VIDALES, P. El cardenal Payá: apuntes para una biografía , Toledo, 1992. CEBRIÁN FRANCO, J. J. Obispos de Iria y Arzobispos de Santiago de Compostela, Instituto Teolóxico Compostelano, Santiago de Compostela, 1997, pp. 293-303.

201

“Episcopologio compostelano”, en Galicia Diplomática, tomo III, nº 3, 22 enero 1888, p. 20-22. Breve repaso de la vida del malogrado arzobispo Victoriano Guisasola Rodríguez muerto el 20 de enero. No alcanzando la plaza por oposición de la canonjía magistral en Santiago, obtuvo la penitenciería de la catedral de Sevilla. En aquella ciudad fue profesor de Historia, Disciplina eclesiástica y Teología moral en el seminario. Participó en la organización del Concilio Vaticano I, fue obispo de Teruel (1873), Obispo-Prior de las Órdenes Militares (1878) en Ciudad Real y obispo de Orihuela en 1882, antes de llegar a Compostela.

del arzobispo, pero sí creemos que el proyecto entraba plenamente dentro la política general desarrollada durante su estancia compostelana. El Museo Diocesano, de haberse creado, hubiera sido un puntal más en el afianzamiento de los estudios eclesiásticos del seminario, se habría convertido en el primer centro de estas características en España, habría completado la protección que hacia el arte mostraba el obispo, así como el gusto por la empresas de orden arquitectónico (como las restauraciones de Santa María del Campo de A Coruña y de la Iglesia de San Martín Pinario, o las obras de la catedral).

Pero el misterio en torno al museo continuó tras el traslado del arzobispo a la sede toledana. Por un breve espacio de tiempo, el arzobispo Guisasola ocupó la silla y poco tiempo más tuvo que el de establecer los estudios de Arqueología Sagrada en el seminario. A pesar de su paso fugaz por el arzobispado compostelano, parece que su deseo de apoyar las empresas artísticas era evidente. Además de la creación de la Cátedra en el Seminario, tuvo la intención de formar una galería de retratos de todos los obispos compostelanos dentro del palacio arzobispal202 así como la restauración de dicho edificio. Pero la muerte prematura del arzobispo imposibilitó la realización de su programa, que fue continuado por su sobrino Victoriano Guisasola y Menéndez como Vicario Capitular, hasta abril de 1889203.

El nuevo arzobispo, de pensamiento integrista, el cardenal castellano don José Martín de Herrera204 (1889-1922), hará suyas las líneas de actuación pastoral puestas en marcha unos años antes, de modo que lo veremos promocionando las peregrinaciones, revitalizando el papel de la Iglesia en la sociedad, centrándose en la organización diocesal mediante la celebración de dos sínodos y de visitas pastorales muy cuidadas, apoyando con su presencia y sus discursos los Congresos Católicos Nacionales, convirtiendo el Seminario Central en Universidad Eclesiástica en 1897, trabajando en la promoción de los años santos, etc. Pero su estilo era diferente al de Payá. Teológicamente salido del Concilio Vaticano I y la época de la Restauración monárquica, resultó ser más “papista que el papa” y nunca acabó de conciliarse con el giro que el Vaticano estaba realizando hacia la nueva sociedad. Fue un prolífico escritor cuya producción oficial dedicó, en gran medida y obsesivamente, a la defensa de la Iglesia frente a sus enemigos205. En materia

202

Galicia Diplomática, tomo III, nº 6, 12 febrero 1888, p. 48

203

Galicia Diplomática, tomo IV, nº 15, 14 abril 1889, p. 120. “…El Sr. Vicario Capitular D. Victoriano

Guisasola y Menendez, cuyo gobierno feneció el dia 13 de Abril, dando alto ejemplo al personal de toda la diócesis de respetar las antigüedades de la Arqueología, de la Historia y de las Bellas Artes, (cuando precisamente acabamos de denunciar abusos imperdonables de los curas párrocos), no solo abrió en dicho palacio arzobispal la Galeria histórica de retratos de los prelados, protegiendo con esto á los artistas naturales de este pueblo, sinó que, últimamente, ha ordenado y acometido la restauración á que nos referimos [se

refiere a la restauración del palacio arzobispal], con todo aplauso por parte de las personas peritas y amantes

de las glorias gallegas”. 204

GARCÍA CORTÉS, C. “El pontificado compostelano del Cardenal Martín de Herrera (1835-1922). Fuentes para su estudio ideológico y pastoral”, en Compostellanum , vol. XXXIV, nº 3/4, jul.-dic. 1989, pp. 479-570.

205

En la obra Pastorales, circulares y otros documentos del Emmo. Sr. Cardenal Matín de Herrera, arzobispo

de acción cultural, aprovechó el tirón de la nueva Compostela propuesto por Payá promocionando las peregrinaciones, culminando las obras de la capilla mayor y la cripta para la ubicación de la nueva urna con los restos del Apóstol206, publicando invitaciones a la participación e instituyendo las fiestas de Santiago en Padrón (como un elemento más de la causa jacobea). En contra de la opinión de algunos autores que atribuyen el renacimiento de las peregrinaciones y el culto jacobeo a Martín de Herrera207, creemos que el verdadero impulsor fue el cardenal Payá y Rico aunque su marcha a Toledo y el largo arzobispado del segundo (23 años) favoreció la aplicación de un programa más afianzado en los cinco años santos que tuvo la oportunidad de presidir.

En lo que al tema del museo se refiere, en 1889 vuelve a ser objeto de discusión la formación del Museo Diocesano en Santiago, sin que parezca que se hubiera hecho nada hasta entonces. En esta ocasión el hecho que reactiva la cuestión es la celebración del I Congreso Católico Nacional de Madrid. En su sección quinta, dedicada a la Literatura, las Bellas Artes y la Prensa, una de las ponencias más destacadas fue la memoria presentada por don Liborio Acosta de la Torre sobre la necesidad de los museos diocesanos. El tema se convirtió en un foro debate y puesta en común de los proyectos que, en este sentido, se desarrollaban en Francia y España, con casos como los de Vic, Astorga208 o Compostela209.

La situación a las alturas de 1891 es la siguiente a los ojos del profesor don Eladio Oviedo Arce en lo que a museos se refiere “… Esta última ciudad [se refiere a Astorga]

tiene un excelente Museo Diocesano, y otro acaba de inaugurarse en Vich. Además podemos adelantar la grata noticia de que en Lugo se creará muy en breve una cátedra

pudiendo encontrar numerosas cartas y circulares contra el socialismo, el liberalismo, los masones y el protestantismo, así como una defensa férrea del Seminario, de las enseñanzas y de la disciplina eclesiástica.

206

PRESAS BARROSA, C. Martín de Herrera (1889-1922), Xunta de Galicia, Santiago de Compostela, 2000, pp. 64-66, “de las obras hechas últimamente en la S. A. Metropolitana Iglesia”.

207

SOBRINO MANZANARES, Mª. L. “Os últimos cen anos”, en A Catedral de Santiago de Compostela, Ed. Xuntanza, A Coruña, 1993, p. 419. OTERO TÚÑEZ, R. “La edad contemporánea”, en La Catedral de

Santiago, Barcelona, 1977, p. 393. 208

Circular del obispo de Astorga de 10 de octubre de 1889 “…, nos parece llegado el momento de realiza un

proyecto que desde mucho tiempo veníamos acariciando, esto es la creación de un Museo Arqueológico Cristiano. No ignoran los reverendos curas párrocos, y el clero todo ilustrado de nuestra Diócesis, de cuánta utilidad se consideran hoy día los estudios arqueológicos para la defensa de la Religión y el esplendor del culto católico, y cuán necesario y útil ha de ser para tales estudios la creación de un Museo…”, en Galicia

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