• No results found

Por su parte, la medición relativa de la pobreza da luces respecto a cómo la distribución del ingreso en Chile, más allá de la ampliación del poder de consumo de algunos sectores, mantiene su estructura inequitativa. De hecho, si fuese ésta una medida complementaria a la medición de pobreza en el país, se apreciaría de manera gráfica la prácticamente inalterable presencia de una parte de la población que presenta una considerable desigualdad de acceso a la riqueza, reflejado en un déficit de ingresos. Este elemento es interesante además en términos de política social, en cuanto Chile cada vez más, al menos en términos discursivos, pretende situarse al nivel de países con mayores niveles de desarrollo. Al comparar las tasas de pobreza relativa tal como son medidas por los países europeos, se observa una amplia brecha, por ejemplo, respecto a los países escandinavos como Dinamarca, Suecia o Finlandia que bordean el 10% de pobreza relativa o países como España y Portugal que bordean el 20% en la misma medición.

Lo importante de la evidencia que entregan los elementos anteriormente citados, más allá de las diferencias porcentuales respecto a las medidas oficiales, se relaciona con que cada una de las modificaciones propuestas a la actual metodología o la incorporación de nuevas medidas complementarias no son excluyentes. De hecho, la posible actualización de la medida de pobreza requiere de la revisión no solamente de la incorporación de las nuevas pautas de consumo (ejemplo llevado a cabo por la Fundación Superación de la Pobreza y Larraín, 2008), sino además de los elementos asociados a la incorporación de escalas que den cuenta de los requerimientos específicos de los hogares de acuerdo a la composición etaria de sus miembros, como asimismo es imprescindible la revisión del método utilizado para la generación de la variable ingreso que es utilizada para llevar a cabo la medición. A partir del examen de todos estos elementos se estaría en condiciones de elaborar una nueva medida que cumpla con la mayor parte de las propuestas hechas por los especialistas.

Con todo, en este contexto es posible afirmar, tal como señala Juan Carlos Feres (2010), que existe el margen para mejorar los métodos de evaluación de la pobreza en su actual formulación básica, con el fin de acercarse a una identificación más precisa de los hogares con carencias de recursos económicos.

.Análisis de los índices LP – NBI a la luz del enfoque AVEO

Al observar los resultados obtenidos por los métodos LP y NBI a partir del enfoque de Activos,

Vulnerabilidad y Estructura de Oportunidades - AVEO - es posible apreciar con mayor claridad las

limitaciones que cada uno de ellos presentan a nivel conceptual y metodológico. Asoma como primera impresión el hecho de que estos enfoques a partir de sus determinaciones metodológicas y fuentes de datos utilizadas generan resultados e índices con una sesgada visión de la pobreza. Esta afirmación es necesario profundizarla en base a los siguientes criterios.

Primero, la limitación que enfrentan los métodos LP y NBI en la selección de dimensiones, ya sea por la no disponibilidad de fuentes de información que contemplen variables pertinentes en el análisis, por la ausencia de marcos analíticos que permitan su selección justificada, por la definición y/o desactualización de umbrales de satisfacción, conlleva una consecuencia no del todo prevista, asociada a la invisibilización del marco social, económico y cultural de la población estudiada, dado que se determinan indicadores que son posteriormente explicados en sí mismos, sin una retroalimentación o búsqueda de las causas de dichas condiciones. Ejemplo concreto de ello queda establecido en la búsqueda infructuosa de causas que explicaran la razón del aumento de la pobreza registrada por la encuesta CASEN para el período 2006 – 2009 frente a la ausencia de marcos generales que sitúen la metodología en un contexto macro. En este sentido, ambos enfoques adolecen de la referencia a la estructura de oportunidades, concepto que introduce el enfoque AVEO como marco de referencia para entender la posibilidad de que disponen los actores sociales de mejorar su situación a partir de, por una parte su posesión de activos, por otra parte, las estrategias de uso de activos que éstos desarrollen.

Situando la discusión en los términos señalados por el enfoque AVEO, se puede plantear que los métodos NBI y LP se sitúan al nivel del análisis micro-social dado que se concentrarían únicamente en los recursos y activos de la población, no contemplando la estructura de oportunidades, que constituida por el accionar del estado, el mercado y la sociedad, refiere al nivel macro de análisis. Además, el tipo de indicadores considerados por los métodos conllevan un esquema incompleto de los dispositivos de los que disponen las personas para la generación de mejoras en su situación social. En el caso del modelo LP el acento está puesto en los activos financieros a nivel de hogar y personas. En el caso del modelo NBI, el acento está en los activos asociados al capital físico, principalmente a nivel de recursos de vivienda y, en una muy menor medida, al capital humano en términos de logros educativos de los miembros del hogar.

Este punto revierte gran interés dado que, por un lado, se establece una diferencia en relación a los enfoque clásicos de medición en cuanto el enfoque AVEO no se centra en los déficits que presentan ciertos indicadores asociados al bienestar, por el contrario, su foco de análisis está

puesto en la disponibilidad de activos que tienen los individuos; por otro lado, establece un avance en relación al asset vulnerability framework elaborado por Caroline Moser, ya que el enfoque AVEO tiene un mayor énfasis en el análisis de las raíces estructurales de las situaciones de vulnerabilidad, mientras que Moser da mayor peso a la debilidad de los recursos que manejan los hogares. En este sentido, AVEO considera a la vulnerabilidad como el efecto de la relación dinámica entre los niveles micro social (recursos y capacidades) y macro social (estructura de oportunidades).

Segundo, como se señaló, cada uno de los métodos estudiados es posible asociarlos a algún tipo de activo que identifica el enfoque AVEO. No obstante aquello, sólo corresponden a una parte de la diversa gama de recursos de que puede disponer la población y que tienen directa implicancia en sus distintos grados de vulnerabilidad. Es así que indicadores asociados al capital humano (tales como el estado general de la salud de las personas, habilidades y conocimientos), al capital social (redes familiares, relaciones de la comunidad) y al capital físico (recursos de tipo productivo) quedan fuera del foco analítico planteado, reduciendo drásticamente la complejidad del fenómeno en cuestión. De esta misma forma, existe una barrera divisoria entre AVEO y los enfoques revisados en función de la observación que hace el primero de los procesos de utilización, aumento, mantención y pérdida de activos, cuestión que no es considerada dentro de las metodologías LP – NBI, que centran el análisis únicamente en el déficit / carencia del indicador correspondiente.

Tercero, la taxonomía de que disponen los enfoques analizados y sus énfasis analíticos (Método LP: pobres e indigentes - Método NBI: carentes en necesidades básicas) inhabilita la realización de investigaciones con mayor profundidad en los ámbitos de la multicausalidad y dinámica de la pobreza. En relación a la multicausalidad, en el caso del modelo LP, existen dos cuestiones centrales a considerar. Uno, la razón de base para la determinación de la pobreza de una persona está puesta en su posesión de ingresos. Dos, a partir de la clasificación de la persona como indigente, pobre o no pobre existe la posibilidad de realizar análisis estadísticos que evalúen la correlación de la pobreza con una serie de factores que se le asocien. A raíz de aquello, el análisis de relación de distintas variables respecto a la pobreza conlleva un error inicial, el cual es considerar que la población que el método identifica como pobre no esté subestimada en función de todas las dificultades metodológicas que aquí se han planteado, o de plano mal categorizada. En el caso del enfoque NBI resulta más sencilla la apreciación, por cuanto la carencia de datos a los que es posible acceder desde un inicio limita la medición a una de tipo descriptiva, volviendo casi nula la posibilidad de analizar causalidad.

Por otro lado, en lo que respecta al análisis de la dinámica de la pobreza, ha sido demostrado que existen problemáticas asociadas a la metodología LP, ya que al corresponder a estudios de corte

transversal se generan categorías analíticas que al ser comparadas en el tiempo llevan a conclusiones erróneas respecto a la variabilidad de la pobreza o la presencia de núcleos duros de ésta. Ejemplo de ello queda patente con los antecedentes que entregan estudios longitudinales (Encuesta panel 1996, 2001, 2006), los cuales han permitido determinar que los núcleos de pobreza y en general la población que se encuentra en dicha situación posee una alta dinámica, generándose estados de pobreza crónica y otra transitoria para un grupo mucho mayor que los reportados por los estudios transversales. En el caso del enfoque NBI, este tipo de análisis es prácticamente inviable debido a que, por la calidad de los indicadores que se le asocian y las fuentes de datos de donde proviene la información, es de alta improbabilidad la observación de variaciones en la población en términos dinámicos debido a que gran parte de las dimensiones que componen el índice han presentado mejoras de tal nivel que no es factible observar retrocesos. Por lo demás, por el tipo de fuentes de información en que se basa el método se vuelven inviables estos análisis.

Por su parte, tal como señala Kaztman (2000) el enfoque AVEO es dinámico y obliga a preguntarse por los patrones efectivos de movilidad e integración social. Los recursos que posee el hogar se definen como activos en función de su utilidad para aprovechar la estructura de oportunidades que se presenta en momento histórico y en un lugar determinado. Este elemento analítico, por tanto, conlleva intrínsecamente una asociación a los riesgos de movilidad social descendente que las personas puedan sufrir, considerando que estos procesos no sólo afectan a los grupos pobres de la sociedad, ya que la inseguridad y la desprotección exceden el plano de los ingresos o de la satisfacción de las necesidades básicas. En este sentido, como es indicado por Villa (2001), esta perspectiva analítica exige reconocer un proceso de múltiples dimensiones, sujeto a diversos elementos de causalidad, a la vez que plantea la necesidad de una definición conceptual que asegure una terminología que no oculte las raíces de la desigualdad, puesto que es un requisito para el enfoque develar procesos causales que desembocan en la vulnerabilidad de los sectores sociales con mayores desventajas relativas. Lo anterior en relación directa al nivel

macro de la estructura de oportunidades, dado que el actual modelo de desarrollo en la región

inevitablemente genera vulnerabilidades (presentes y futuras), que vuelven imperiosa la identificación no sólo los riesgos actuales, sino también los que emergerían a corto, mediano y largo plazo.

Por otra vertiente, el enfoque AVEO considera desde el punto de vista de los actores, la existencia de barreras que impiden a algunos hogares incorporar los activos realmente importantes para la movilidad y la integración en la sociedad. O, en caso que los tengan incorporados, analiza cuáles son las dificultades que les impiden utilizarlos efectivamente para aprovechar la estructura de oportunidades existente. Es aquello que el modelo identifica como estrategias de uso de los

el diseño y evaluación de políticas sociales en apoyo a grupos vulnerables de la población (Katzman 2000, Wormald et al. 2002).

Finalmente, cabe destacar como ya se señalara anteriormente, la dificultad operativa que conlleva la aplicación rigurosa del enfoque AVEO dada la ausencia de fuentes de datos que recojan la gama completa de activos y recursos que el enfoque identifica, así como datos sobre redes formales de seguridad, funcionamiento de los mercados y políticas económicas que determinan el conjunto de oportunidades de los hogares y el rango de actividades que pueden llevar a cabo para enfrentar riesgos.

Es en este sentido que, justamente frente a los casos en que no es posible generar instrumentos específicos para la medición de la vulnerabilidad social, la aplicación del enfoque conlleva la utilización de encuestas de hogares basándose primordialmente en la construcción de medidas indirectas y “proxy”.

No obstante lo señalado hasta acá, el mismo bajo nivel de especificación (en relación a la ausencia de instrumentos ad-hoc), en tanto método, permite su adaptación según sean las necesidades del estudio.

A modo de síntesis, se presentan en el siguiente cuadro una serie de elementos que, dada su importancia, pueden ser considerados dentro de las principales potencialidades y limitaciones de cada enfoque.

Related documents