Principal Component Analysis and Construction of Scale Indices 5.1 Introduction
Environment 4 17 ENV1:Environmental Dynamism in
5.4 Principal Component Analysis of External Corporate Environment 1 Factor Structure
DURANTE ESE VERANO que pasé en Broadway conocí a una muchacha húngara que era la peluquera de la obra. Pasábamos horas y horas hablando y me empezó a gustar. Sentía que el corazón me saltaba cada vez que la veía. La invité a salir de todas las maneras imaginables, pero ella siempre me daba la misma respuesta: "No puedo salir contigo si no vamos juntos a la iglesia". Y como a mí la chica me gustaba mucho, le dije: "No hay problema, ¡vamos!", así que fui.
Como era verano, la iglesia hacía sus servicios en el parque. Me tuve que levantar a las siete de la mañana —¡las siete de la mañana un domingo!— ya que la misa comenzaba a las nueve. La fui a buscar a su casa y cuando llegamos a donde se hacía el servicio en el parque, de repente ella desapareció. Había allí un montón de jóvenes muy simpáticos y amables que se me acercaron y me dieron la bienvenida, pero a ella no la veía por ningún lado. Entonces me di cuenta de que a un lado estaban todos los hombres y al otro todas las mujeres. Me sorprendió mucho pero bueno, como estaba allí para conocerla mejor, no lo cuestioné.
Aunque llegué a aquella iglesia porque estaba siguiendo una chica que me gustaba, creo que también llegué allí porque en ese momento era algo que necesitaba. Pasé un poco más de dos meses yendo a esa iglesia, leyendo la Biblia, haciendo estudios bíblicos. Jesucristo era un hombre muy sabio y en sus enseñanzas descubrí una belleza increíble. Mi vida hasta ese punto había sido pura locura y la simplicidad de esos momentos compartidos con los demás jóvenes de la iglesia me hacía sentir muy bien. Era un ambiente muy tranquilo, muy sano y me ayudó a acercarme al niño que hay en mí.
En las enseñanzas de Jesucristo descubrí un concepto muy importante, el perdón a mí mismo. En aquel entonces luchaba con todas las supuestas cosas "malas" que pensaba que había hecho. Y cuando digo "cosas malas" me refiero sobre todo a los deseos físicos y sexuales que podía llegar a sentir por personas de mi mismo sexo o del sexo opuesto. En ese entonces pensaba que esos pensamientos eran impuros y que no estaban bien, por lo que, a través de lo que leía en la Biblia, empecé a forjar un tipo de perdón a mí mismo. Y eso me trajo mucha calma.
Esa iglesia llegó a regir mi vida, hasta hubo un punto en el que consideré bautizarme, pero finalmente no lo hice. Me costó cambiar mi forma de pensar debido a los códigos que estaban bastante impregnados en mi mente —al fin y al cabo yo crecí católico y eso nunca se borra— pero honestamente lo consideré.
no te arrepientes de tus pecados y aceptas a Jesucristo como tu único salvador, no vas a entrar en el reino de los cielos". La afirmación me impactó profundamente, entonces dije:
—¡Espérate un momento! ¿Qué quieres decir con eso? ¿Me estás diciendo que toda la gente fallecida que yo amo con locura y que no ha aceptado a Jesucristo como su único salvador no está en el cielo?
—Bueno, pues sí —me respondieron—. Hay que rezar mucho por esas almas.
Yo me quedé frío. Mis abuelos y mis abuelas fueron unos santos. Fueron personas que siempre se dedicaron a ayudar al prójimo. Amaban a sus hijos y nunca faltaron a su hogar, nunca mintieron, nunca le
hicieron mal a nadie. Sus vidas fueron vidas llenas de amor y generosidad. ¿Y me estaban diciendo que por no ir a la iglesia ellos no estaban en el cielo? Pues entonces había algo que me quedaba muy claro, yo
no quería ir al cielo. Yo lo que quiero es estar con ellos.
Entonces, me surgieron muchas más preguntas: ¿qué pasa con el resto del mundo que no sigue estas creencias? ¿Están todos en el "infierno"? Pensé (y todavía pienso) que esas declaraciones traen mucha
arrogancia. Los judíos, los musulmanes, los católicos, los budistas, los taoistas, los nativos americanos, los ateos, los agnósticos, ¿a dónde van? ¿Quedan atrapados en la nada? Creo que mis preguntas eran muy
válidas. Para muchos un poco abstractas, pero sin duda, válidas.
Así que en ese momento me enfrenté a un conflicto irreconciliable. Seguí estudiando y empecé a descubrir otras cosas de las enseñanzas de esa iglesia que me hacían sentir incómodo, como por ejemplo la
postura que tenía ante la homosexualidad. Aunque en ese momento todavía no sabía si era homosexual —o más bien estaba tratando de convencerme con todas mis fuerzas internas de que no lo era—, sí sabía
que algunas de las personas que yo más quiero son homosexuales y no por eso son malas personas que no merecen el amor de Cristo. Finalmente me di cuenta que de eso no se trataba el cristianismo. Yo
llevaba meses leyendo la historia de Jesús y había notado que además de sus sabias enseñanzas hay una serie de leyes creadas por los humanos que no siempre tienen mucho sentido. Si Jesucristo era un ser
lleno de compasión, no tiene sentido que las personas que no obran y actúan como él estén equivocadas o vayan al infierno. Me imagino que muy en mi subconsciente ya me sentía atacado, pues eso de que "si
Parte de la enseñanza que nos daban era ver a todos los seres humanos como tus "hermanos" para que así dejaras de sentir esa atracción física. Eso por un momento funcionó porque yo de verdad no quería
sentir lo que sentía y tampoco quería tener los pensamientos que tenía, porque según la "fe" y los códigos sociales eran parte de la tentación del diablo. Qué conflicto de mierda. Me atacan, pero me aman; me
aceptan, pero me excluyen. Hablaban de la homosexualidad como algo que se podía "curar" con la oración y el arrepentimiento, como si fuera algo malo cuando en realidad la homosexualidad es una bendición
tal como lo es la heterosexualidad y la vida en general.
Llegó a un punto en que las contradicciones fueron simplemente demasiadas. Entonces dejé de ir a la iglesia y comprendí que se había cerrado otra etapa de mi vida. Estoy muy agradecido por lo que
aprendí en esos meses porque sin duda alguna me enseñaron mensajes maravillosos, llenos de luz, pero por otro lado me di cuenta de que la interpretación del hombre de cualquier tipo de lectura puede ser
dañina cuando se utiliza para controlar a las masas. Y bueno, más importante aun, me di cuenta de que simplemente no iba a encontrar las respuestas que yo necesitaba. Tuve muchos momentos espirituales,
pero también muchos encontronazos. Fue otro paso en el camino, otra enseñanza y, por qué no, otro despertar. Mi camino espiritual estaba en sus comienzos y todavía me faltaban muchos pasos por dar para
encontrar la paz y la aceptación que necesitaba.
Con el tiempo me he dado cuenta de que la vida tiene su manera de sacudirme cuando más lo necesito. En el momento no siempre lo he comprendido, y muchas veces lo he resistido, cuando en realidad lo
que he aprendido que debo hacer es abrirme a cada uno de los retos que se me ponen por delante, porque son esos mismos retos los que me hacen crecer, aprender, cambiar. En lugar de resistir el cambio, he
decidido buscarlo, invitarlo y recibirlo con los brazos abiertos, pues todo cambio, por más terrible que parezca, sé que traerá un sinfín de nuevas oportunidades.
El destino es algo curioso. No siempre nos lleva por donde queremos ir, y muchas veces termina guiándonos hacia un lugar inesperado en donde nos sentimos confundidos, perdidos, sin saber hacia dónde
nos dirigimos. Son momentos dolorosos, complicados, que nos hacen sufrir y cuestionar la persona que somos junto con aquello que más deseamos en nuestras vidas. Pero si realmente hacemos el esfuerzo de
ver esos retos como oportunidades para encontrarnos a nosotros mismos, comprenderemos que eran exactamente lo que necesitábamos para descubrir o fortalecer nuestro lugar en este planeta. Así es como lo
veo yo, y así es como me enfrento a cada oportunidad y a cada reto que me presenta la vida.
Todo lo que sucede en la vida tiene su razón de ser. Yo creo plenamente en que el Dios que vive dentro de mí —por llamarlo de alguna manera— se encarga de ponerme por delante exactamente lo que
necesito. Todas mis penas y glorias me han hecho quien soy. Son el yin y el yang de mi existencia, esa inseparable dualidad de la vida que se combina y hace que nos convirtamos en las personas que estamos
destinados a ser. He conocido el amor y la pérdida, la alegría y el desconsuelo, la amistad y el engaño. He conocido un éxito que ha sobrepasado todo lo imaginable, he tenido que aguantar los ataques y
acusaciones de mis detractores y, sí, también he tenido fracasos. Hoy sé que todo me ha servido para aprender, crecer y convertirme cada día en una persona más fuerte y más completa. Para mí es increíble sentarme a pensar en todo lo que sucedió después de que dejé Menudo. Comencé sintiéndome tan perdido y desolado que ni siquiera sabía lo que quería hacer con mi vida. Pero poco a
poco el camino se fue dibujando y descubrí cómo la vida misma me fue guiando hacia lo que sería, en últimas, mi destino. En su momento no siempre comprendí por qué estaba teniendo que vivir lo que estaba
viviendo, pero con el tiempo pude ver la razón de ser. Pude comprender que una experiencia —ya sea buena o mala— no define el todo, y lo más importante es siempre mantenerse atento a las diferentes
oportunidades que van apareciendo en el camino. Todo trayecto tiene sus tropiezos y, por más dolorosos o difíciles que hayan sido, comprendí que esos tropiezos eran necesarios para mi crecimiento y
maduración como persona y como artista. Todavía me queda un largo camino por recorrer, pero después de Les Misérables por fin sentí que tenía en mis manos las herramientas necesarias para avanzar. Me
sentía fuerte, capaz, invencible. Los pequeños tropiezos con los que me había enfrentado se veían opacados por los grandes triunfos y la alegría de haber desarrollado mi potencial artístico en ámbitos tan
distintos como la televisión, el cine, el teatro y la música. Todas estas experiencias me fueron forjando para convertirme en una persona mucho más completa de lo que era cuando dejé Menudo y me enseñaron