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d‟intèrprets. El savi moltes coses les sap per natura, però els que les aprengueren, qual corbs

àvids de verborrea grallin vanament en front l‟au divina de Zeus.

Tensa ara l‟arc devers un objectiu, ¡au, ànim meu!, ¿a qui de tendre entranya disparem de nou enviant-li

gloriosos dards?

Estès sobre Agrigent de ben segur

pronunciaré una sentència jurada amb ànim lleial: «Cap ciutat no pogué parir, almenys en cent anys, un baró més benefactor, amb sentiments

més amables i de mà més lliberal que Teró». A la lloança emperò ens portà l‟afartament,

que no es troba mitjançant la justícia, sinó junt als barons llibertins, que delejant l‟amagatall per poder murmurejar s‟oposa a les nobles accions dels pròcers: perquè la sorra ha defugit ja el compte, tanmateix, quants favors disposà aquell per a altris

¿qui podria exposar-los?

PÍNDARO · OLÍMPICA II

ATERÓN AGRIGENTINO, VENCEDOR CON EL CARRO

¡Himnos dueños de la fórminge!:

¿a qué dios, a qué héroe o a qué varón celebraremos? Cierto que Pisa es de Zeus, pero la Olimpíada la instituyó Heracles

como primicia de una batalla.

A Terón, pues, por ser vencedor de cuadriga

se le debe loar ―es lo justo en consideración de los huéspedes92―,

baluarte de Agrigento,

primor de recta autoridad93 y de renombrados padres,

92 Píndaro recuerda que el canto triunfal es algo debido a los asistentes a la

competición, pues, en tanto que espectadores, lo esperarían como magnífico colofón a las pruebas deportivas. Es de este modo, pues, como el poeta reivindica la conveniencia de su arte, no sólo por el hecho de que el epinicio otorga lustre al vencedor, sino también porque su representación en el propio lugar del agón hace las delicias de los asistentes a los Juegos, huéspedes de Olimpia.

quienes tras padecer mucho en su ánimo

tomaron sacro alojamiento cabe el río, y de Sicilia eran ojo, ya que un Eón providente les asiste

añadiendo riqueza y encanto a sus innatas virtudes.

Pero, ¡oh Cronión, criatura de Rea!, sitial del Olimpo que repartes de entre los premios el culmen a la cuenca del Alfeo94;

ablandado por los cánticos,

benévolo, de su campiña cuida, y también de la prole que a ellos les nacerá en adelante, pues de lo hecho,

fuere en justicia o contra justicia,

el Tiempo, padre de todo, no podría haber dejado inacabado el fin de ninguna acción,

si no, junto con la dichosa muerte sobrevendría el olvido. Y es que por influjo de los próceres la perniciosa aflicción muere domeñada,

siempre que el designio de un dios les envía

de lo alto felicidad excelsa. Sígale pues una mención a las bien entronizadas doncellas de Cadmo

que padecieron grandemente, mas un hondo pesar sucumbe ante bondades más poderosas:

vive en el Olimpo, aunque fue muerta por el estallido de un rayo, la melenuda Sémele, porque la ama desde siempre Palas

y Zeus Padre, pero aún más la ama su hijo, el portayedra; asimismo, también como mención, en el mar,

junto con las marítimas doncellas de Nereo, vida imperecedera a Ino le ha sido asignada por todo el tiempo en torno.

Del cierto que, de entre los humanos al menos, no se ha fijado fin alguno a la muerte,

ni el apacible día, hijo del sol, cuando

conforme a una bondad indestructible feneceremos: las corrientes son diferentes según la vez,

93

El sintagma „de recta autoridad‟ corresponde al adjetivo ὀρθόπολις, que también podría traducirse con una subordinada adjetiva como „que endereza su polis‟.

Píndar

y el bienestar, incluso entre fatigas, a unos varones les llegó95. Así es como la Moira, que mantiene

la benévola suerte ancestral de éstos96 junto con una deífica felicidad, sobre ella también pesares añade: mudable es según el momento; a partir de ello mismo, a Layo lo mató su fatídico hijo

cuando se lo encontró, y lo predicho en Pitón con antiguo pregón cumpliose,

pero como lo vio la perspicaz Erinia

aniquiló su belicosa estirpe mediante recíproca matanza;

no obstante, después que cayera Polinices habría de quedar Tersandro, en los certámenes juveniles

y en las batallas de guerra

estimado, retoño Adrastida, salvífero para su dinastía; de ahí que, como la raíz participa de la semilla, conviene que al de Enesidamo97

le hallemos también la lira de encomiásticos sones; puesto que, no sólo en Olimpia él mismo

había recibido distinción, sino también en Pitón; a su hermano coheredero, en el Istmo, las afables Gracias le

concedieron las flores de las cuadrigas de doce estadios, y el obtener éxito

gustando de la contienda diluye la insensatez.

Del cierto que la riqueza que ha sido engalanada con virtudes concede oportunidad de lo uno y lo otro98,

pues esconde una profunda inquietud montaraz, [aun ser] un astro reluciente, un estimadísimo

lustre para los varones; y si alguien que la poseyera supo el porvenir, [sabría] que, una vez muerto, al momento las entrañas protervas se

[despliegan hacia el castigo, porque el crimen [cometido] en este reino de Zeus

lo condena bajo tierra alguien, mediante una sentencia con discursos, por causa de una hostil necesidad.

95 Estos varones deben de ser los héroes que fueron acogidos en la Isla de

los Bienaventurados, por cierto, a los que Píndaro menta poco más adelante. Otra opción es entender que se refiere a la estirpe de Terón.

96 Se refiere a la estirpe de los Emménidas, de la cual Terón era miembro. 97 Éste es el propio Terón.

En cambio, siempre con iguales noches,

gozando de una igual calidez en los días, una vida más plácida los próceres acogen, sin remover el suelo durante el apogeo de su brazo

ni el agua marina, estéril, inhóspita, sino que, entre honores de dioses, quienes se complacían con los leales juramentos comparten una eternidad exenta de lágrimas

―otros empero cargan con aterradores trabajos―, ahora bien, cuantos osaron por tres veces

en ambos lados preservar su alma, apartados por completo de la injusticia, marcharon por el camino de Zeus, más allá de

la fortaleza de Cronos: allí, la isla de los Bienaventurados oceánicas

auras la airean en torno, y una ofrenda de oro99 arde ―lo de tierra [se nutre] gracias a los esplendentes árboles, mientras que el agua nutre otras cosas100―:

con corros entrelazan sus manos101 y sus coronas merced a los rectos consejos de Radamanto,

a quien, [por ser] un magno y diligente asistente, tiene consigo su padre, el esposo de toda cosa, el de Rea, poseedor del más elevado trono102. Peleo y Cadmo son considerados entre aquéllos,

y Aquileo: gracias a su madre, después de que [ésta] persuadió con súplicas el corazón de Zeus, aquél abatió a Héctor, de Troya esbelto pilar imbatible, y a Cicno entregolo a la muerte,

como al hijo etíope de Eos. Muchas rápidas saetas tengo bajo la axila, dentro del carcaj,

parlantes para los inteligentes, aunque la mayoría precisa

99 Píndaro tal vez aluda a que los Bienaventurados continúan siendo

piadosos, aun haber trascendido a un estado similar al de las deidades.

100

El pasaje es ciertamente de difícil interpretación, pero tal vez el poeta esté comparando la dignidad del fuego y la del agua, en tanto que aquél precisa de madera para existir, mientras que el agua sustenta la vida, incluso la de los árboles.

101

Con estos corros Píndaro alude a un baile, quizá semejante al de la sardana.

102 O bien „el esposo de Rea, que fue poseedor del trono más elevado de

Píndar

de intérpretes. El sabio muchas cosas las sabe por naturaleza, pero quienes las aprendieron, cual cuervos

ávidos de verborrea graznen vanamente frente al ave divina de Zeus.

Tensa ahora el arco hacia un objetivo, ¡vamos, ánimo mío!, ¿a quién de tierna entraña disparamos de nuevo enviándole

gloriosos dardos?

Extendido sobre Agrigento de buen seguro pronunciaré una sentencia jurada con ánimo leal:

«Ninguna ciudad pudo haber parido, al menos en cien años, un varón más bienhechor, con sentimientos

más amables y de mano más liberal que Terón». A la alabanza empero nos llevó el hartazgo,

que no se encuentra mediante la justicia, sino junto a los varones libertinos, que anhelando el escondrijo para poder murmurar se opone a las nobles acciones de los próceres: porque la arena ha rehuido ya la cuenta, asimismo, cuantos favores dispuso aquél para otros

¿quién podría exponerlos?

PÍNDAR · OLÍMPICA XIV

AASÒPIC ORCOMENI, VENÇEDOR A L‟ESTADI

Del Cèfis les corrents

obtinguereu, vós que habiteu un rabeig d‟esvelts poltres, ¡oh, Gràcies!, ¡cèlebres regents

de la nutrida Orcòmen!, ¡zel·ladores de l‟antig casal Mínies!103

: ¡escolteu, puix que us invoco!, car mercè a vós tot el joiós i agradós es desferma per als mortals,

sia hom savi, bell o un il·lustre baró.

I és que els déus sens les Gràcies no encarreguen agençar cors ni festeigs, per bé que de tota obra en el cel són repartidores, al haver establert son tron junt a Piti Apolo, d‟auri arc:

l‟etern rang de son Olímpic Pare veneren(, emperò). ¡Oh, sobirana Àglae!,

¡i Eufròsine, amiga de càntics!, ¡filles del més poderós

d‟entre els déus!, ¡ateneu-me ara!, ¡i Talia,

amant de càntics!, que mirares per aquest seguici quan, per motiu d‟una [benèvola sort104, caminava amb lleugeresa ―cert que al mode lidi i entre exercicis anaren105 cantant a Asòpic―,

perquè l‟estirp Mínia és vencedora a Olímpia gràcies a tu!106 Ves ara a la casa dels murs negres de Persèfona, Eco, a dur la notícia a son anomenat pare, i, així, tantost hagis vist a Cleodamó, digue-li que, a son fill, càbit les reputades valls de Pisa,

(Talia) coronà sa jove cabellera amb les tijes dels augustos certàmens107.

PÍNDARO · OLÍMPICA XIV

AASÓPICO ORCOMENIO, VENCEDOR EN EL ESTADIO

Del Céfiso las corrientes

obtuvisteis, vosotras que habitáis un remanso de esbeltos potros, ¡oh, Gracias!, ¡célebres regentas

de la nutrida Orcómeno!, ¡celadoras de la antigua estirpe Minias!: ¡escuchad, ya que os invoco!, pues merced a vosotras todo lo gozoso y agradable se desata para los mortales,

sea uno sabio, bello o un ilustre varón.

Y es que los dioses sin las Gracias no encargan aderezar coros ni festejos, antes bien, de toda obra en el cielo son repartidoras, al haber establecido su trono junto a Pitio Apolo, de áureo arco:

el eterno rango de su Olímpico Padre veneran(, empero). ¡Oh, soberana Áglae!,

¡y Eufrósine, amiga de cánticos!, ¡hijas del más poderoso de entre los dioses!, ¡atendedme ahora!, ¡y Talía,

amante de cánticos, que miraste por este cortejo cuando, con motivo de

104 És a dir, la victòria d‟Asòpic a Olímpia.

105 La forma verbal ἔμολον, aorist 2n actiu de βλώσκω (anar, venir), podria

ser també de 1a persona del singular, amb el qual Píndar es referiria a sí mateix: cert que al mode lidi i entre exercicis aní jo cantant a Asòpic.

106 Píndar exposa la seva gratitud a la dea, que l‟ajudà, a ell i al seu cor,

quan es dirigien a Orcòmen i, mentre, assaijaven per a la representació.

Píndar

[una benévola suerte, andaba con ligereza ―cierto que al modo lidio y entre ejercicios fueron cantando a Asópico―,

porque la (estirpe) Minia es vencedora en Olimpia gracias a ti! Ves ahora a la casa de muros negros

de Perséfona, Eco, a llevar la noticia a su renombrado padre, y, así que hayas visto a Cleodamón, dile que, a su hijo, cabe los reputados valles de Pisa,

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