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2.2.6 CONNECTED VEHICLE SYSTEMS: HARDWARE AND SOFTWARE

2.2.6.3 PROBE DATA

Un modelo relacionado con la práctica de formación teológica re­ quiere un nuevo reordenamiento de la verdad a la práctica histórica actual. Se preocupa de la duda de cómo están ligados conocimiento y obediencia. La comprensión de formación clásica, en la cual se separa teoría y práctica, se olvida de crear una unión adecuada entre aquello que debemos saber y aquello que debemos hacer con lo que sabemos.

Una epistemología práctica requiere evitar el punto de vista según el cual se postula una dicotomía entre teoría y práctica, y dar un paso ha­ cia la visión que comprende ambos como estadios de la misma activi­ dad y que están ligadas dialécticamente. En vez de que la teoría con­ duzca a la práctica, es vista en el momento reflexivo de la práctica o

309 Las siguientes elaboraciones son consecuencia de una extensa controver­

sia con la epistemología en J. D. Johns y C. B. Johns, Yielding to the Spirit: A Pentecostal Approach to Group Bible Study, en: Journal of Pentecostal Theol­ ogy, 1/1992, P. 109-134.

vista en ella como tal. La teoría nace de la práctica y sirve para conti­ nuar con la práctica.

Los significados modernos de “práctica” se basan implícitamente en la idea de que la práctica es una actividad que coloca a los seres hu­ manos como sujetos activos en el proceso histórico. En el mejor de los casos, Dios es una presencia subjetiva en la dinámica continua de re­ flexión y acción.

Una epistemología de la práctica tiene sus problemas y límites, es­ pecialmente cuando se le compara con los términos de reconocimiento de la Biblia. Debido a que una epistemología de la práctica se basa en un pensamiento helenístico, permanece en la práctica un dualismo fundamental entre materia y razón, pese a todos los esfuerzos por reu­ nir teoría y práctica en un solo momento. A raíz de este dualismo, la práctica parte de una distancia insalvable entre el que sabe y lo que se sabía. Aún si se afirma lo contrario, todo este sistema levanta a la teo­ ría sobre todas las otras formas de reconocimiento, en la figura de la capacidad de pensamiento crítico-reflexivo.

La objetivación de los otros es un aspecto inevitable de esta forma de reconocimiento, y la fuerza de la transformación se basa inevita­ blemente en el “espíritu” de cada uno. La comprensión de la práctica de Edward Farley como una versión radical del ideal de reconoci­ miento (el principio crítico), que eleva la capacidad humana de crítica por encima de todas las aspiraciones de verdad, nos muestra el defecto fatal de dicha epistemología.310 La acción de reflexión humana, aun­

que pueda ser importante, es deformada y puede transformarse en un fin absoluto, e impedir así un real reconocimiento de la realidad. Sin una autoridad más allá de la individualidad, que trasciende o incluso niega el proceso de reflexión y acción, nos queda a pesar de nuestros honorables esfuerzos por el cambio de la sociedad sólo la pecaminosa práctica.

Otro problema si observamos la práctica resulta de nuestra incapa­ cidad – también debido al pecado – de entendernos realmente como sujetos del mundo en el cual vivimos. Debe haber una transformación de aquel que sabe, antes de que pueda contribuir a una transformación

310 E. Farley, The Fragility of Knowledge, Philadelphia 1988, PA, Fortress

justa del mundo. Esta transformación requiere que el que sabe sea re­ conocido, revelado y cambiado, para que sea tanto objeto como sujeto activo en el proceso histórico. Este cambiante conocimiento se expresa en la palabra hebrea “jadah”, que señala la relación de cambio entre el que sabe y lo sabido.

En la comprensión hebrea “conocer a Dios” significa conocer a aquel que vivía en el centro de la historia y creó una alianza que re­ quería una respuesta de la persona entera. El reconocimiento de Dios no se medía en la información que se poseía, sino en cómo se vivía en respuesta a Dios. El Nuevo Testamento adopta la comprensión griega de “conocer”, aunque también usa términos griegos. Reconocer al Se­ ñor se entiende como consecuencia del encuentro con Dios que llevó a la sumisión la voluntad, donde ahora se reconoce a Dios mediante Cristo.

El descubrimiento de las limitaciones que posee la práctica ha lle­ vado a algunos teólogos de la Liberación a hablar de un “quiebre epistemológico”, el cual “persiste en una sucesión existencial e histó­ rica, la cual crea un reconocimiento de la práctica, diferente de la ‘comprensión natural’, que se le opone”.311 Daniel Schipani reformuló

la práctica liberadora como una “epistemología de la obediencia”, ca­ racterizada por los discípulos “como sucesión dinámica, dialogal y re­ conocedora de Jesús”.312 Schipani cree que la comprensión de la

Teología de la Liberación de la práctica debe juzgarse a la luz de los criterios derivados de la revelación y especialmente de la revelación bíblica, “para que así ‘hacer la verdad’ no signifique lo mismo que ‘hacer la verdad mediante la práctica histórica’, en vez de practicar la verdad que nos será revelada al final”.313

Está claro que una epistemología de la práctica debe modificarse para ser integrada a la tradición pentecostal de fe. La visión cambiada

311 J. Sobrino, The True Church and the Poor, Maryknoll 1984, NY, Orbis

Books, P. 25. Ver también en Buch Jesus in Latinamerica, üb. R.R. Barr, Maryknoll 1987, NY, Orbis Books, insbesondere Capítulo 5: Following Jesus as Discernment.

312 D. Schipani, Religious Education Encounters Liberation Theology, Bir­

mingham 1988, AL Religious Education Press, P. 125.

de Schipani está muy cerca de aprehender la dinámica necesaria. Al reconocimiento de Dios pertenece el encuentro con la naturaleza di­ vina y la participación de aquello que lleva a la transformación del que conoce. La práctica que crece de un encuentro tal crearía una nueva visión de Dios, una visión ligada con la ética, la cual corresponde a una epistemología que une reconocer y amar.

Sin embargo, es necesario señalar que frecuentemente los pente­ costales han dejado a un lado la dimensión crítico-reflexiva de la exi­ stencia del mundo. Hemos dejado pasar la oportunidad para responder en obediencia correspondientemente como sujetos de la historia. La solución podría encontrarse en la integración de la metodología de la práctica en el marco epistemológico del “jadah”. A la formación teo­ lógica podría pertenecer la anteriormente nombrada dinámica de la fe pentecostal, en la cual la transformación es normativa, pero también la reflexión crítica acerca de la experiencia vivida.

Dicho enlace vincularía fuertemente a toda la persona con su en­ torno socio-político y demandaría la activa presencia del Espíritu Santo en la comunidad que aprende. Los aprendices escucharían la palabra de Dios y responderían sabiendo que la verdadera formación de conciencia ocurre en un transformador encuentro con Dios. Un contexto de aprendizaje de esta naturaleza debilitaría el ilusorio poder de la educación, la cual aún cuando sea humanizante y liberadora, despierta una idea equivocada de las propias capacidades para tener poder sobre el mundo. Para ser fiel a una epistemología pentecostal, la educación teológica pentecostal debe estar permanentemente con­ ciente de que el reconocimiento de Dios y la realidad es un regalo que se entrega independientemente de sexo, raza, nivel socioeconómico o educativo.

Con estas condiciones previas quisiera presentar el componente principal de un modelo para la formación teológica pentecostal, que debe ayudar al estudiante a reconocer a Dios en realidad314 y que “liga

314 Yo me separo concientemente de la tesis de David Kelseys, que habla

acerca de que el proceso de la formación tecnológica consiste en entender ver­ daderamente a Dios. Kelsey toma el punto que tiene conocimiento de Dios, ex­ periencia indirecta.Ver para eso en su trabajo Arbeit Understand God Truly, Louisville 1992, KY, Westminster/John Knox Press, P. 75.

la experiencia trascendente con el compromiso por un futuro histórico liberador”.315