Existen por lo menos siete elementos claves que tendrían que ser parte de una política adecuada para reducir la pobreza rural en Centroamérica. No se trata de una discusión detallada, más bien se presentan algunos lineamientos generales de cada uno de los elementos.
Mercadeo
El pequeño productor es eficiente en la producción (Schultz, 1964) pero no lo es en el mercadeo. Dado un mundo cada vez más competitivo y globalizado con gran énfasis sobre aspectos de calidad e inocuidad, los pequeños campesinos necesitan organizarse para poder competir, lograr los volúmenes necesarios y vincularse con los supermercados. Aunque se han logrado algunos avances en la formación de capital social en algunos países de Centroamérica (pe. asambleas municipales abiertas en El Salvador y Honduras, y cooperativas para productos no tradicionales en Guatemala) existen relativamente pocos ejemplos de organizaciones de pequeños productores agropecuarios exitosas. Donde sí hay organizaciones productivas que han tenido éxito, casi siempre han sido apoyados por un “catalizador” externo (pe. por una ONG; véase Kindness y Gordon, 2002).
Investigación y desarrollo (R&D)
Es importante aceptar que ‘Investigación y Desarrollo (I&D)’ con enfoque en los pequeños campesinos casi siempre es un bien público. La investigación agropecuaria necesita aumentar la productividad de la mano de obra, enfocarse en productos de alto valor agregado, y también dar más atención a aspectos de inocuidad. Además es importante enfatizar que el enfoque tecnológico ha funcionado bien cuando las condiciones preexistentes (activos, contexto) eran adecuadas. Desafortunadamente en la mayoría de los países de Centroamérica, el estado básicamente se ha retirado tanto de la investigación como de la extensión agropecuaria, y el sector privado no ha llenado el vacío. Además, los activos de los pequeños productores son pocos y el marco político-institucional es poco favorable para la adopción a gran escala de tecnologías nuevas por parte de los pequeños productores. Un enfoque territorial que tome en cuenta, de manera simultánea los activos del hogar campesino y su entorno exterior puede ser muy útil en este contexto.
Educación
La educación aumenta el impacto de otras inversiones en el sector agropecuario como la I&D. Los niveles de educación tienen impacto en las decisiones de los productores sobre diversificación de fuentes de empleo e ingreso, adopción de tecnología, ahorro e inversión en agricultura y equipos, y su participación en organizaciones comunitarias. La educación incluye la capacitación: por ejemplo, la falta de capacidad gerencial suficiente
factores productivos complementarios, en particular el acceso a tierra, acceso al mercado, y la existencia de empleo no agrícola.
Mercados de finanzas rurales
Respecto a los mercados financieros, la dificultad más grande que enfrentan los productores pequeños es la falta del acceso al crédito formal. Al igual que con respecto a la I&D, el estado efectivamente se ha retirado del mercado de crédito para el pequeño productor y las instituciones financieras privadas tienden a concentrarse en los sectores no agrícolas y en los grandes productores. Sin embargo, existen buenas razones para que la mayor parte del sector bancario privado esté ausente de las zonas rurales. Por ejemplo, el alto costo de los créditos pequeños, alto riesgo, altas tasas de mora y alto costo de supervisión. Para servir al pequeño productor, se necesitan nuevas formas de finanzas rurales, e instituciones financieras de carácter innovador que tomen en cuenta tanto el crédito como el ahorro.
Manejo de riesgos
Una gran parte de las zonas rurales en los países Centroamericanos es vulnerable y bastante sensible a los riesgos. Dicha vulnerabilidad influye en la probabilidad de que el productor haga inversiones para mejorar sus tierras y para adoptar tecnologías de producción mejorada, incluso tecnologías conservacionistas. Sin embargo, existen varias opciones para reducir estos riesgos. Por ejemplo, ciertas formas de I&D (pe. mejorar la resistencia de cultivos a sequías y técnicas de conservación de agua) pueden jugar un papel importante en reducir riesgos de clima y de plagas. Ciertas políticas gubernamentales, tales como programas de transferencias y de finanzas rurales, también pueden mitigar los efectos de eventos adversos como sequías. Después de la experiencia poco favorable con sistemas de seguro de cultivos (Hazell, 1992), los sistemas de seguro basados en probabilidades de precipitación parecen ser más promisorios (Skees et al., 1999). Por otro lado, la reducción del riesgo del mercado requiere otras medidas, por ejemplo, mercados a futuro y producción por contrato.
Acceso a tierra y seguridad de tenencia
La seguridad de la tenencia es un factor indispensable para la adopción de tecnologías nuevas en general y de tecnologías conservacionistas en particular. El establecimiento de mercados eficientes de tierra (tanto de compra-venta como de alquiler) ha probado ser muy beneficioso para los pequeños campesinos. Por otro lado, la experiencia Centroamericana nos ha mostrado que reformas en el mercado de tierra sin reformas estructurales en los mercados de finanzas no son exitosas, sugiriendo que se necesitan ambos tipos de reformas de manera simultanea (Barham et al., 2002; Boucher et al., 2002). Además, el acceso a tierra es más beneficioso en combinación con programas de educación y capacitación (Jansen et al., 2004).
Diversificación
Los hogares con enfoque sobre la diversificación y la economía rural no-agrícola ganan más (Ellis 1998, Berdegué et al. 2001, Jansen et al. 2006). Las inversiones públicas en capacitación para el desarrollo de habilidades empresariales, asistencia técnica e incubadoras de empresas públicas estimulan la transformación de la agricultura
reciente del IFPRI y del Banco Mundial en Honduras (Jansen et al., 2004) mostró la importancia de la educación y la capacitación para la diversificación hacia actividades no-agrícolas, incluso la migración (Cácares, 2003). Respecto a esta última, cualquier política de migración debe incluir programas de inversión social para preparar a los emigrantes, y programas para aprovechar las transferencias y remesas. En Centroamérica, todavía se usan las remesas principalmente para el consumo aunque algunos países (pe. El Salvador y Honduras) ya cuentan con programas dirigidos al uso productivo de las mismas. Por último, el acceso a una carretera y a centros de mercado es crucial para poder aprovechar las oportunidades de diversificación en general y de empleo rural no agrícola en particular.