7. Ensuring progress toward meeting DAE Objectives
7.3. The procedure
Las fiestas del pueblo, son aquellas que se celebran una vez al año, duran varios días y hay muchas atracciones, como coches de
choque, caballitos, tiro, y finalmente baile. Ya sé que las conoces y puede que en este tema tenga poco que contarte, porque las cosas en estos terrenos no han variado mucho. Sí hay una diferencia. Las únicas fiestas que había antes eran las del pueblo. Así todos los niños
estábamos ansiosos porque llegasen y poder disfrutar del ambiente y de las múltiples diversiones, aunque antes había menos cosas que ahora.
Al decir que eran las únicas fiestas que había, me refiero a que ahora los niños tenéis muchas fiestas además de las del pueblo. Tenéis una fiesta o varias en el Colegio, en los Carnavales, las fiestas de Navidad y muchos “cumples”. Nosotros no. No teníamos cumpleaños, porque los padres no estaban para tantas bromas, así que cumplíamos los años discretamente, sin anunciarlo ni festejarlo. Tampoco existían esos sitios a donde vais ahora que están llenos de bolas donde
revolcarse, juguetes grandes de aire, y un montón de formas de hacer ejercicio y pasarlo bien. Tampoco había columpios y esas otras cosas que hay ahora en los parques y en los sitios para jugar los niños. Todo eso es de ahora. Antes sólo podíamos revolcarnos en la arena de la playa. Eso sí, con más facilidad de la que tenéis ahora porque había menos gente. Pero de “cumples” nada.
Tampoco existían los Carnavales en el sentido que los disfrutáis ahora. Estaba prohibido disfrazarse, porque taparse la cara podría ser peligroso (según los de seguridad del Régimen de Franco) porque
podrían ocultarse los delincuentes y los judeomasónicos contrarios al Estado y producir alguna revuelta. Había algunos bailes en las
sociedades y casinos, pero poco animados porque si no te puedes tapar la cara, disfrazarse tiene menos gracia. En los años siguientes estas prohibiciones fueron levantándose, pero muy lentamente.
En los colegios tampoco teníamos fiestas, principalmente porque no teníamos colegios (tal y como los conoces tú hoy). En A Guarda había un colegio de PP Jesuitas en el Pasaje pero, en el pueblo,
estaba únicamente el de las Hermanas Carmelitas, y su única fiesta era el día de la Madre Superiora. Recuerdo (con alguna vergüenza) que en uno de esos días de cumple tuve que ponerme a la cabeza de unos 10 niños y en la frente un letrero que decía TREN EXPRES, entrar en el salón haciendo “chucuchú, chucuchú, chucuchú” y, ya en el centro, cantar algo así como:
¡Oh! cuanto me gusta jugar a los trenes porque este es el juego
que más me divierte Ya vienen gozosos al tren los viajeros
a felicitar a la Madre Superiora
Y después de otras estrofas de una calidad poética similar, nos marchábamos haciendo “chucuchú, chucuchú, chucuchú”. Y esto fue todo. Después, como premio a nuestra interpretación nos dieron gaseosa y los recortes de las hostias. Como comprenderéis, esas fiestas eran cualquier cosa menos divertidas.
Yo he ido a tus fiestas del Colegio, querido nieto, y son estupendas, con competiciones, premios, teatro, participación en concursos, etc., nada que comparar con las nuestras.
En Caldas no había colegio. Se hizo una Academia para estudiar bachillerato, pero los profesores eran los padres de los niños que estudiaban allí y no tenían fiestas.
Y en cuanto a las Fiestas de Navidad, tampoco hay mucho que comparar. No había arbolitos, sí se solía preparar un pequeño
Nacimiento, con musgo y pocas figuritas y después se cantaban algunos villancicos. Los regalos sólo para Reyes, y eran mucho más prácticos que ahora: frecuentemente, los Reyes (ignorando nuestros deseos
infantiles y viendo sobre todo la utilidad de lo regalado) nos traían ropa. Juguetes los mínimos, algunos cuentos de la editorial Calleja (que eran muy pequeñitos), y soldaditos de papel para recortar; en general, eran cosas muy escasas y sin ninguna relación con la
abundancia y variedad de los regalos que tenéis ahora. Claro que la situación económica del país y de las familias de entonces era muy diferente de la actual, por eso no tenemos más que agradecer a nuestros padres (bueno, a los Reyes Magos) el esfuerzo que sin duda hacían dada la coyuntura y capacidad adquisitiva de la familia.
Pero en las Fiestas del Pueblo nos desquitábamos: la banda
desfilaba por la calle, había los bombos portugueses del Forrobodó que despertaban a todos los guardeses con su ruidosa alborada, y de noche en la Alameda múltiples opciones donde gastar las 5 ó 10 pesetas que habíamos logrado reunir (equivalencia: 0,03 a 0,06 céntimos de Euro), que, claro, entonces valían más que ahora. Pero al menos paseábamos y veíamos las posibilidades. Igual que antes de Reyes nos poníamos en los escaparates de la juguetería y empezábamos a escoger los que queríamos:
-Yo pido ese. -Yo aquel de allá. -Pues yo ese tren. -Y yo aquel avión.
Y siempre se acababa cuando uno decía: -Yo me pido todo.
-¡Todo no vale...!
Y así, con la ilusión y el pensamiento de que alguno de aquellos juguetes nos podría caer en suerte, pasábamos el tiempo.
Cuando ya éramos un poco mayores, descubrimos que la mayoría de las fiestas de los pueblos se celebraban en verano (razonable acierto en nuestra lluviosa Galicia) y de esa forma, podíamos no sólo
disfrutar de las fiestas de A Guarda sino que, con pequeños
desplazamientos, podíamos llegar a las de San Roque, Salcidos, Pías, San Miguel de Tabagón, el Rosal, Camposancos, etc., que se encontraban a unos pocos kilómetros (de 1 a 10 Kms) y eran corta distancia para nuestras jóvenes piernas. Así, el verano era más pródigo en
Capítulo 27