3-4 TRANSFER FUNCTIONS AND BLOCK DIAGRAMS 3-4.1 Transfer Functions
3-5 GAS PROCESS EXAMPLE
La Iglesia sólo se puede entender en su razón de ser. Ella, “existe para evangelizar, es decir, para predicar y enseñar, ser canal del don de la gracia, reconciliar a los pecadores con Dios, perpetuar el sacrificio de Cristo en la Misa, memorial de su muerte y resurrección” (EN 14).
La Iglesia asume la misión de Cristo mismo, ella “es la primera beneficiaria de la Salvación […]. Cristo la ha adquirido con su sangre (cf. Hch 20, 28) y la ha hecho su colaboradora en la obra de la Salvación universal. En efecto, Cristo vive en ella; es su esposo; fomenta su crecimiento; por medio de ella cumple su misión” (RM 9). Así pues, “la Iglesia
permanece en el mundo para anunciar la misión evangelizadora de Jesús, […] participando de
la condición divina porque, movida por el Espíritu a anunciar el Evangelio en el mundo, revive en ella misma la presencia de Cristo resucitado que le pone en comunión con Dios Padre” (NEIL 27).
Haciendo una opción por el hombre a ejemplo de Cristo11, “La Iglesia no tiene otra vida fuera de aquella que le da su Esposo y Señor. En efecto, precisamente porque Cristo en su
10 GONZÁLEZ,O., Cristología, 53.
11 La referencia a la opción de Cristo por el ser humano tiene como base el aporte que hace el papa Juan Pablo II, en cuanto a la unión que hay entre Cristo y el hombre: “Esta uni6n de Cristo con el hombre es en sí misma
61 misterio de Redención se ha unido a ella, la Iglesia debe estar fuertemente unida a todo hombre” (RH 18).
La Iglesia, participando de la obra evangelizadora de Cristo, cumple de esta manera, su misión, por lo que todas sus acciones, en especial la celebración de la Eucaristía, van
encaminadas al mismo fin. Así pues, “la Iglesia participa en el Evangelio de su Maestro no sólo mediante la fidelidad a la Palabra y por medio del servicio a la verdad, sino igualmente mediante la sumisión, llena de esperanza y de amor, participa en la fuerza de la acción redentora, que Él
había expresado y concretado en forma sacramental, sobre todo en la Eucaristía” (RH 20). Toda acción que emprende la Iglesia va encaminada a proclamar el Evangelio a todas las naciones, lo que implica una apertura al mundo para el que se convierte en signo (cf. SC 2). Se entiende, así, que “la vida de la Iglesia, en cualquier acción que ella cumpla, no está jamás
cerrada en sí misma; es siempre una acción evangelizadora […] que manifiesta el rostro
trinitario de Dios” (NEIL 27).
La Iglesia, pueblo de Dios, tiene claro que la obra de la evangelización es don y
misericordia de Dios, sabe perfectamente “que esta misión evangelizadora es obra de Dios, y precisamente, del Espíritu Santo. […]. Es el Espíritu santo [quien da] la capacidad de ser testigos de Jesús con parresía” (NEIL 26). Y al tiempo comprende “que ella misma necesita renovarse
de una evangelización permanente”12. De allí que la Iglesia sea, “Evangelizadora [… que] comienza por evangelizarse a sí misma […]. La Iglesia siempre tiene necesidad de ser
evangelizada, si quiere conservar su frescor, su impulso y su fuerza para anunciar el Evangelio”
(EN 15).
Unida a su razón de ser evangelizadora, la Iglesia, descubre su vocación de Madre y Maestra, por la que engendra hijos en la fe y con igual acción maternal los educa13. Así pues, en su función de maestra, la Iglesia “anuncia y transmite la fe, [imitando] el modo de actuar del
mismo Dios, el cual se manifiesta a la humanidad ofreciendo el Hijo, vive en la comunión
en la plenitud de la gracia y verdad. La unión de Cristo con el hombre es la fuerza y fuente de la fuerza, según la incisiva expresión de San Juan en el prólogo de su Evangelio: ‘Dios les dio poder de venir a ser hijos’” (RH 18).
12 BOROBIO,D., “Posibilidades evangelizadoras de la liturgia” en Phase 308 (2012), 129 – 130.
13“Madre y Maestra de pueblos, la Iglesia católica fue fundada como tal por Jesucristo para que, en el
transcurso de los siglos, encontraran su salvación, con la plenitud de una vida más excelente, todos cuantos habían de entrar en el seno de aquélla y recibir su abrazo. A esta Iglesia, columna y fundamente de la verdad (1Tim 3,15), confió su divino fundador una doble misión, la de engendrar hijos para sí, y la de educarlos y dirigirlos, velando con maternal solicitud por la vida de los individuos y de los pueblos, cuya superior dignidad miró siempre la Iglesia con el máximo respeto y defendió con la mayor vigilancia” (MeM 1).
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trinitaria, infunde el Espíritu Santo para comunicarse con la humanidad” (NELin 2). Al tiempo
que como Madre, la Iglesia acompaña toda la vida del hombre. Por lo que, “no puede abandonar
al hombre, cuya ‘suerte’, es decir, la elección, la llamada, el nacimiento y la muerte, la salvación
o la perdición, están tan estrecha e indisolublemente unidas a Cristo” (RH 14).
En conclusión, en unión con la voz del papa Pablo VI se die que “la tarea de la
evangelización de todos los hombres constituye la misión esencial de la Iglesia […]. Evangelizar
constituye, en efecto, la dicha y la vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda”
(EN 14). De esta manera, se afirma con todo la convicción posible que: “evangelizar es la razón de ser de la Iglesia”.