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PROCUREMENT 1 Procurement Methods

5. ITS DEPLOYMENT CONSIDERATIONS 1 ITS PROJECT INTEROPERABILITY

5.5 PROCUREMENT 1 Procurement Methods

Para descubrirla

Tienes una amiga que primero te fascina: brillante, viva, seductora… parece tener una vida activa y cautivadora. Pero, tras un cierto tiempo, te empieza a parecer acaparadora, te absorbe tu energía. Necesita de toda la atención. Vas descubriendo que sus conocimientos son siempre superficiales y sus emociones volátiles. En efecto, cambia a menudo de registro emocional y su inconstancia asusta. ¿Tienes novio? Ella intentará seducirlo. ¿Cuentas una anécdota? Ella tiene una mejor, más intensa y más original, más interesante, en definitiva. Es de esas personas que merecen el título de «rey o reina del drama», todo es pretexto para montar un show, dramático o no. La contemplas cuando habla y todo en ella es mímica, expresiones innecesarias, onomatopeyas; explica por enésima vez la historia de un pinchazo famoso que tuvo… y tú ya no puedes más. Además, esa persona te habla demasiado cerca, no respeta tu espacio íntimo y no se calla, no deja de parlotear y no parece importarle que no digas nada.

Si la puntuación es de 0 a 6, la persona no se siente particularmente atraída por los aplausos. Puede, hasta cierto punto, reclamar su sitio en la sociedad, pero para ella no es vital dar discursos públicos. De 7 a 11, tiene rasgos histriónicos claros. En este caso, la persona se siente a gusto en público, se hace notar y aprecia la atención que recibe. Pero eso no significa que dependa exclusivamente de la atención de los demás y sabe callarse y ocupar poco espacio cuando le conviene, porque también sabe escuchar y apreciar el valor de quienes le rodean. A partir de 12, hay un problema de personalidad. La

búsqueda de atención puede ser la razón de la existencia de esa persona, quien no da ningún valor a su vida interior, por eso necesita el reconocimiento externo. En efecto, sólo existe gracias a las reacciones de los demás.

Para comprenderla

Los sujetos histriónicos buscan constantemente la atención y el afecto de su entorno. Utilizan todo tipo de maniobras para ejercer el control sobre los demás e incitarlos a prestarles atención. Seducción, dramatización, expresión exagerada de sus emociones, manipulación: nada es suficiente para atraer la atención de la gente y manifestar sus necesidades afectivas. En el fondo de las personas histriónicas hay muchos rasgos de dependencia, pero, a diferencia de las personas dependientes, su comportamiento es activo. Desarrollan su personalidad infantil a partir de la forma de vestirse, provocativamente, y de su forma de actuar. Necesitan que se ocupen de ellos constantemente para valorar su presencia, sus cualidades, en definitiva, su existencia. Para que se ocupen de ellos, llegan a desarrollar verdaderos talentos, aunque la perseverancia y la continuidad no forman parte de sus características. En términos de relaciones interpersonales, la búsqueda de la novedad, de lo que es tendencia, de excitación, le impide profundizar en sus amistades de siempre. Pueden ser actores, abogados, políticos, presentadores de televisión y desempeñar cualquier profesión que exija sentido del espectáculo con muchos y sorprendentes efectos especiales.

Buscan la calma en la mirada de los demás porque, en el fondo, se sienten infravalorados. Todas sus acciones están motivadas por un deseo excesivo de ser amados incondicionalmente y por la necesidad de proteger su vulnerable ego. Quizá tuvieron unos padres poco afectuosos, desinteresados por los valores personales de sus hijos, a los que no parecían apreciar salvo cuando hacían alguna gracia. Quizá sus padres fueron personas superficiales que sólo tenían en cuenta las apariencias y no las actitudes morales o las habilidades intelectuales: « ¿Qué va a pensar la gente?». Seguramente sólo se les valoraba cuando se mostraban «encantadores» y, con el tiempo, aprendieron a utilizar su encanto y simpatía o sus actitudes espectaculares para valorarse a sí mismos: si atraen la atención de los demás es que deben de ser interesantes. Quieren que todos los amen, tienen que gustar a todo el mundo y se sienten incapaces de conseguir nada sin no se hallan ante el público. También están convencidos de que deben ser diferentes, divertidos, para impresionar y no sentir que no son nadie, incapaces de suscitar interés y afecto. Se desentienden de las relaciones de siempre en favor de las relaciones nuevas, que rápidamente consideran íntimas pero que descuidan a la primera de cambio para desarrollar otras más novedosas. Y todo ello con el único objetivo de nutrir su necesidad

de atención y afecto, por lo que viven una especie de huida relacional adelante. A Julie sólo le gustaban las cosas bonitas. Un ramo de flores, una bandeja de papel maché, todo era motivo para exclamar, admirar y, sobre todo, para alabar su propio sentido estético.

Para decidir y reaccionar

Puedes tener afinidades con personas histriónicas. De todas maneras, una relación íntima, a largo plazo, con un histriónico patológico es casi imposible. Pero la mayoría de histriónicos son capaces de mantener amistades durante largo tiempo, siempre y cuando la otra persona acepte el tiempo que le quieran dedicar, es decir, el tiempo que les sobre al histriónico después de emplearlo en la seducción de nuevos amigos. Podemos aprender mucho de ellos, como por ejemplo la forma de profundizar en nosotros mismos, dado que ellos no tienen ni tiempo ni ganas para profundizar en nada ni en nadie y les gusta mantenerse en la superficie de las cosas.

Pero si, de todos modos, decides que quieres poner fin a la amistad con un histriónico, sólo tienes que dejar que las cosas sigan su curso. Si no le llamas, si no manifiestas el menor interés en él, si no lo admiras, si te alejas, no te perseguirá. Estará demasiado ocupado con sus novedades, buscando un nuevo público. Si tenías con él una vieja amistad, puedes preguntarte qué te aportaba esa amistad, en qué momento se volvió desagradable y por qué. Eso te ayudará a no caer en las redes de otro histriónico en el futuro.

Quizá no quieras acabar con esa amistad ni cambiar nada. En ese caso, pregúntate qué es lo que te molesta y trabaja las causas de tu irritación. Pero tienes que saber que el enfado no desaparecerá y que sólo podrás cambiar sus efectos. Puedes escoger dejar de ver a tu histriónico amigo cuando estás muy cansado o cuando te sientas vulnerable porque te resultará insoportable. Pero, cuando estés deprimido te vendrá bien verlo porque, con sus payasadas y sus excesos, te divertirá y te hará olvidar tus problemas.

Sin embargo, quizá prefieras mantener la relación modificando algunos aspectos de ella. Como siempre, recuerda que el cambio no debe aplicarse sólo al otro sino también a ti. En efecto, si modificas tus reflejos y tus actos podrás cambiar la dinámica al mismo tiempo. El histriónico dispone, gracias a sus «representaciones», del espacio que tú le das. Si, por ejemplo, hace ya un rato que lo estás oyendo parlotear, y no respeta para nada tu espacio vital, lo cual te cansa, puedes decirle amablemente: «Me gustaría que te separases un poco más para hablarme, si no me agobio y no te puedo escuchar con atención». De este modo, le estás planteando que el problema es tuyo, no suyo, no se

sentirá herido y seguirá con sus cosas porque, después de todo, le has dicho que te interesaba escucharlo con atención y eso implica que lo encuentras interesante. Tu amigo deberá comprender que no puedes dedicarle todo tu tiempo en exclusiva, pero que siempre que puedas te encantará hacerlo. Finalmente, nunca olvides que el histriónico deja de actuar cuando no tiene espectadores.

CAPÍTULO 12