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In document Licensing Knowledge (Page 58-60)

Es preciso mencionar que se observa una imbricación entre las dimensiones de la apropiación del espacio público, relacionada con la apropiación económica y su devenir en formas de apropiación socio-culturales, debido a al carácter más social que adquieren algunos de los locales comerciales antes descritos. Tal y como lo expresaría Torres (2007) años atrás, estos “se convierten -y persisten- como lugares de encuentro, propicios para el intercambio de información y relaciones sociales”.

Las formas de apropiación socio-cultural comprendidas como los usos del espacio público como lugar para la interacción cotidiana y las dinámicas de sociabilidad, en el caso de la población objeto de este estudio, están atravesadas por consecuencias propias de la condición migrante. Este

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Reflejada por ejemplo, en los roles familiares desarrollados a distancia, el de la madre sostenedora, que sigue cumpliendo con el cuidado y educación de los hijos a través de skype o de otra red social virtual o vía telefónica

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Investigaciones en torno a la migración internacional actual, evidencian su complejidad producto de: las trayectorias, temporalidad, y direccionalidad, y del carácter transnacional de las dinámicas migratorias. Las innovaciones tecnológicas, comunicacionales y de transporte,-entre otras- al tiempo que van difuminando las fronteras, y des-radicalizando la separación espacio- temporal, transforman “las condiciones materiales de existencia de los migrantes y sus formas de relacionarse con la comunidad receptora y de origen (Portes, 1999).

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sujeto migrante, con una jornada laboral -más extenuante-, diferente a la población autóctona y más exigida en cuanto a horas de trabajo, estaría inmerso en una situación que le impide delegar tiempo para el ocio, llevar a sus hijos al parque, y disfrutar del tiempo libre en el espacio público. Los usos mismos del espacio público del barrio- en función de un tiempo restringido-, están en su mayoría circunscritos al tránsito.

“Es que el barrio, es mas de tránsito, me voy del trabajo a casa, de casa al trabajo, la ruta nomás. Algunas veces me voy al parque con mis hijas, del parque a la casa y los domingos mayormente en la cancha de la Plata… No formo parte de ninguna asociación porque el horario de trabajo mío pues… yo trabajo limpiando casas, entonces algunas veces o me resulta un trabajo o no tengo con quien dejar los niños entonces se me dificulta “(Migrante boliviana)

Como se puede apreciar en la cita anterior, esta condición propia del sujeto migrante, si bien restringe la posibilidad de participación social, en algunas de las organizaciones de la sociedad civil, asociaciones de migrantes, y de las actividades impulsadas por estas -como se verá más adelante- no la anula completamente.

Otro de los puntos de concentración de la población migrante latinoamericana identificados por los entrevistados, además del mencionado “Pantera Rosa”, está referido a espacios propicios para el esparcimiento, la sociabilidad, y la búsqueda de contactos laborales. Tal es el caso de las canchas deportivas situadas en “La plata”, -ubicada en la periferia de Ruzafa - entre Avenida de la Plata y la calle Bombero Ramón Duart, escenario para la recreación deportiva (futbol y baloncesto) y las prácticas socio-culturales que se generan alrededor de las mismas los fines de semana (venta de salteñas, entre otras). Este espacio recreativo, como una forma de apropiación material del espacio, favorece la interacción entre la población migrante que los frecuenta, principalmente ecuatorianos, bolivianos y colombianos.

Un elemento recurrente en las conversaciones establecidas con los entrevistados/as, tiene relación con ciertas responsabilidades atribuidas al sujeto migrante, en términos de disposiciones para la incorporación al Barrio. Esta idea de disposición del migrante para su incorporación, puede ser comprendida desde dos ámbitos: uno relativo a la necesaria proactividad del extranjero en su propia inserción como “nuevo vecino del barrio”, y otra más cercana a las normas sociales tácitas impuestas por la población autóctona. La primera, alude a la disposición y apertura a conocer al otro -vecino autóctono-, a la sociabilidad y la participación social y no cerrarse exclusivamente al círculo social más próximo relativo a la personas del mismo colectivo o prevenientes de países de Latinoamérica, como formas de guetización.

“Yo creo que es lo mismo, lo que me pasa a mi o sea si los extranjeros que estén abiertos a integrarse hay un grupo de españoles que están dispuestos a aceptarlos pero hay algunos que pasan…Hay una minoría como yo que somos extranjeros que nos mezclamos entre todos que hacemos amistad yo tengo amigos senegaleses, me he relacionado con los árabes. Pues también los que están abiertos a hacer amistad con otra gente que no sea de su gueto, conozco algunos, no somos amigos íntimos pero te saludan frecuentemente.” (Entrevistada venezolana-ecuatoriana)

De alguna forma la propensión a la interacción social- como elemento distintivo de lo latinoamericano- tendría cabida principalmente entre los colectivos de migrantes latinoamericanos, como una apertura “etnificada61 y selectiva a las relaciones sociales.

“Es que lo que pasa que a nosotros los latinos, la mayoría de las veces somos más sociables y más activas, en relación a las personas de aquí que casi no les gusta muchas cosas de fiestas, de reuniones, son diferentes, más tranquilos y nosotros somos más…más abiertos. Digo yo...” (Migrante ecuatoriana)

Por su parte la segunda, más apegada al cumplimiento del “deber ser” en el marco del respeto, responde a cierto acomodo de las prácticas desplegadas por “los latinos” a los modos autóctonos. Prácticas sociales y culturales propias de la migración proveniente de países de Latinoamérica, que tienden a propiciar tensiones en la convivencia relativas a: ruidos molestos, y ocupaciones del espacio público, (como el citado caso del Jardín de los ecuatorianos en el Túria, entre otros). La siguiente cita de una entrevistada colombiana refleja esta situación:

“Hay cosas que si vives donde hay otros, tú no puedes hacer, por respetar a los otros para no molestarles. Entonces lo que perjudica la convivencia: el ruido, la música… yo siempre he escuchado que molesta mucho a los españoles, porque no están acostumbrados a la música tan alta, siempre dicen “¡Ah es que los latinos!”. Yo digo que en la convivencia estamos bien siempre y cuando cada persona tenga claro los límites, lo que está bien, acomodarse a un lugar, sin dejar de ser uno mismo. En el punto en que cada uno hace lo que está bien, lo que es correcto, puede integrarse mejor yo creo a la sociedad y al sitio donde esté” (Migrante colombiana)

Según las indagaciones de Torres (2011), a pesar de que los principales puntos de conflicto estarían asociados al incumplimiento de normas básicas de convivencia, estas “tensiones vecinales” no han cobrado un mayor protagonismo con los años. Más allá de las desavenencias entre los modos de comportamiento, tras la idea de “buena convivencia” en el marco del respeto, se aprecian distinciones en cuanto al derecho de habitar. Este derecho es distinto para la población autóctona y la población migrante, quedando este último supeditado al primero, por su carácter de extranjero-ajeno. Mientras el actuar de este extranjero es observado “con lupa” y exacerbado, el actuar de un autóctono -que pudiese estar en una situación similar- no recibe el mismo tratamiento e incluso puede pasar desapercibido, debido a la categoría de nativo-propio .La siguiente cita ejemplifica con claridad la interpretación de esta diferencia.

“Claro, como somos latinos nos tenemos que tragar todo lo que nos dicen, “eso lo dije yo una señora” que le decía cosas a mis hijas, y otra cosita “¿Por qué no te quejas de lo que están haciendo aquí en la esquina lleno de botellones? Afuera de la discoteca, están haciendo todas sus cosas ahí abajo, se están meando…si un latino mea un sitio ya tiene su multa, pero eso no lo ve la gente española”

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eferido a una colectividad que reúne miembros que comparten, y/o se identifican con ciertos elementos comunes o bien y además son vistos como “diferentes” ante un grupo que así los distingue. Como lo afirma Moncusi (2009)” son grupos que resultan de un doble proceso de categorización externa e identificación interna” (p.35)

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(Migrante boliviana)

En este contexto, surge la posición del extranjero (Simmel, 1986), donde la proximidad y alejamiento parecen fusionarse en las relaciones sociales espacializadas. “El extranjero es quien se encuentra en el horizonte espacial de un grupo social dado, pero se integra mediante su exclusión” (Simmel, 1986; Penchaszadeh, 2008). El migrante (latinoamericano) del barrio- si bien por un lado, forma parte del conjunto social, por otro, especialmente determinante, estaría “por fuera y enfrente”. Lo siguiente, vendría a ejemplificar esta posición asumida por el sujeto migrante, a través de la figura de la fiesta como materialidad de apropiación socio-cultural del espacio en Ruzafa.

La gran festividad tradicional religiosa y cultural por excelencia a nivel nacional son las Fallas, todo un referente respecto a formas de apropiación sociocultural por parte de la población autóctona en la comunidad valenciana. Si bien este tipo de fiestas62, así como los casales que a sustentan, se declaran abiertas a la posibilidad de incorporación de los vecinos migrantes en las mismas - con excepción de algunas Fallas de grupos de extrema derecha-, en la práctica, no se observa un mayor involucramiento de la población migrante del barrio en este centro de sociabilidad autóctona.

A diferencia de lo anterior, existen una serie de actividades y festividades culturales en Ruzafa, que incentivan la participación de la población migrante residente y al mismo tiempo operan como otro de los elementos que configuran a Ruzafa como un barrio multicultural63 de centralidad migrante. Ya sea de espectador o participante, extranjeros de otras localidades acuden además con la certeza de encontrar en un mismo lugar los servicios que este barrio de inmigrantes les puede ofrecer: oratorio, locutorios, restaurantes étnicos, celebraciones interculturales, amistades, asesoría legal, acogida u otras proporcionadas por las ONGs, entre otros. (Torres, 2011)

Organizaciones como la Asociación Civil JARIT en articulación con la Asociación Intercultural SARIRI, y Russafa Conviu, promueven acciones para acercar a “los ciudadanos y ciudadanas a la riqueza cultural de este barrio, punto de encuentro de personas de diferentes culturas y procedencias”, (Russafa Cultura Viva, 2011). El carnaval anual Russafa Cultura Viva, de pasacalles, música y danzas típicas, es una de estas actividades (Ver Imagen Nº3). La siguiente cita, de uno de los entrevistados migrantes, da cuenta de la figura del Carnaval como una forma

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La Fallas se celebran entre el 15 y 19 de marzo, y durante todo el año se trabaja en torno a la elaboración del monumento. El Casal Fallero (sectorizados por calles) opera como una especie de club, con una cuota mensual para socios. Desde este centro de reuniones, se organizan una serie de actividades para financiar la fiesta y su propio monumento, entre otras.

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Testimonios de Ruzafa Barrio Multicultural en Cartografía Russafa: Mapa Relacional de identidades Urbanas. Promoción del proyecto cartográfico de Russafa: http://vimeo.com/21985311

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de apropiación del espacio temporalmente delimitada, que contribuye a generar instancias de sociabilidad entre los distintos colectivos de migrantes y la población autóctona.

“A mí siempre me ha gustado dar a conocer nuestra cultura, nuestro folclor, en este caso cuando llegue al barrio dije “ya vamos a hacer algo para dar conocer las danzas bolivianas”...pero poco a poco iba saliendo el barrio completo y no solo de mi país de todos los países de Latinoamérica. Ahora en el Carnaval Cultura Viva que se ha hecho el año pasado y este año, fuera de grupos latinos han participado grupos de África y grupos locales de acá de Valencia, participan, se inmiscuyen en lo que es la celebración del carnaval, ha mejorado, ha habido interrelación, demostrando que sí que se puede vivir entre todos juntos. (Migrante boliviano)

Independientemente del propósito consignado al Carnaval, como una instancia para la promoción de la “convivencia activa en barrios multiculturales y el intercambio social entre la población autóctona y migrante, existe cierta evidencia - más adelante- que pone en duda el fin último del mismo64, debido a percepciones divergentes de parte de los actores involucrados.

Imagen Nº3: Apropiación socio-cultural del espacio en Ruzafa

Fuente: Grafitis callejeros y Pasacalles en el espacio público Calles de Ruzafa y Russafa Cultura Viva (2011), Elaboración propia

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En estas festividades participa principalmente población latinoamericana, no se observa una participación otros colectivos como marroquíes y chinos, - de acuerdo a las indagaciones esto podría deberse a su cultura más cerrada-

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La figura del carnaval también adquiere -para algunos de los participantes- una connotación que va más allá del hecho de perpetuar la cultura y tradiciones de los diversos colectivos de migrantes en destino, pues se convierte en una apropiación legitima del espacio. La festividad interpretada como expresión de una demanda por un reconocimiento, como afirmación del derecho del sujeto migrante a “estar aquí”. La siguiente cita, enmarcada en las reuniones de organización del

Carnaval Russafa Cultura Viva, integradas por diversas asociaciones de migrantes latinoamericanos, refleja lo anterior:

“lo bueno sería que las comparsas pasaran por la calle Colon, que es más grande, para que los españoles conozcan... no como una muestra de bailes típicos sino como un espectáculo mayor”65 (Migrante boliviano)

A pesar de esto último en la práctica, este acto festivo se presenta más bien como uno de los “microclimas culturales” (Delgado, 1998), que los migrantes tienden a crear en los lugares en los que se establecen, y a partir de los cuales reorganizan elementos de su tradición de origen, que a menudo se convierten en instrumentos de adaptación. Si las formas de apropiación del espacio por parte de la población migrante, reciben de vuelta una afirmación de sí mismos, esta última no parece trascender el carácter de “espectáculo folclórico” en el marco de un barrio Multicultural. Los referentes culturales de esta apropiación del espacio parecen responder más a una estrategia del “estar ahí”, que a relaciones de reciprocidad y reconocimiento social, por parte de la población autóctona como otros de oposición, pues ésta escasamente se involucra (Ver imagen Nº4)

“Yo creo que cada uno lo suyo y ya te digo hay minorías que sí que trabajan por la integración ...pero yo creo que son guetos...¡tú te fijaste en el parque, el día del Carnaval!, cada uno tenía su historia, el sábado me parece que habían actuado los ecuatorianos y había más gente porque venían a ver a los suyos, y el domingo ya no estaban…y luego en esta fiesta no habían muchos españoles, la mayoría era la misma gente que participaba, no hay una acogida no sé si no se publicita lo suficiente o qué pero no es una cosa que tenga mucho apoyo por parte de la población española” (Migrante venezolana- ecuatoriana)

La cita confirma – como se desarrollará en el siguiente apartado Nº3. I.5- las indagaciones de Torres (2007) respecto a los tipos de convivencia practicadas en el barrio. La visibilidad de los recién llegados -más allá de las ocasionales prácticas socio- culturales llevadas al ámbito del espacio público- se vuelve aún más tangible en la cotidianidad misma del barrio, donde -entre autóctonos y los nuevos vecinos migrantes-, primaría una relación de “convivencia pacífica pero distante” (Torres, 2007; Cartografía Russafa, 2011) .

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Extracto de la intervención de un dirigente de una asociación boliviana de danzas del oriente, en el marco de los preparativos del carnaval 2012, 3 de diciembre 2012. Ruzafa, Valencia

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