• No results found

En sus reflexiones acerca de la pintura Schopenhauer introduce algunas observaciones a propósito de la importancia de las acciones representadas en las obras pictóricas, que inciden en la cesura que divide el mundo y su reproducción por el arte. El mundo y la vida son alentados por la voluntad y por ende se conforman según el principio de razón suficiente. El arte, por contra, sofoca el deseo y concibe su objeto en una contemplación intuitiva. La valía de la obra de arte no se ha de juzgar por la excelencia de la acción representa- da. Tanto da que el motivo de la pintura sea una gesta como el más humilde de los gestos cotidianos.

La obra pictórica revela por naturaleza una cierta idea y, por tan- to, si se la considera con arreglo a los valores estéticos, se ha de estimar sobre todo la precisión, la distinción, la claridad y la nitidez con que pone de manifiesto la idea que constituye su objeto. En el logro del propósito artístico estriba la importancia interna de la ac- ción. Su importancia externa se mide según su relevancia histórica. La trascendencia que para el devenir de la humanidad haya tenido el tema representado por la pintura en nada disminuye o acrecienta el valor estrictamente artístico que pueda corresponder a una determi- nada obra de arte. El de Danzig lo dice así: “La importancia exterior de un acto se reduce a la que puedan tener sus consecuencias en el mundo real y dentro de él; éstas se rigen por el principio de razón. La importancia interior es la profundidad de la comprensión de la idea de humanidad (....). Esta importancia o significación interior es la única que el arte toma en consideración; la otra pertenece a la historia”93.

Por la naturaleza del objeto del arte, a saber, la idea que siempre es una misma, el avatar histórico y la condición social sólo brindan la causa aparente que se alega para reproducir lo auténticamente real. El acto, fruto del carácter, que constituye el objeto de la pintura, encarna con precisión y claridad la idea, ya se trate de hechos histó- ricos extraordinarios o de costumbres de la vida común. Justamente en la contemplación de las pinturas que representan estas escenas encuentra Schopenhauer un goce especial. Se refiere al deleite senti- do ante el tiempo que se detiene en la pintura. En última instancia ocurre que los sucesos de la vida real en apariencia insignificantes se consideran espectáculos dignos de nuestra consideración estética. En su particularidad y contingencia se advierte la universalidad y la mismidad de la idea94.

A mayor abundamiento Schopenhauer distingue en el cuadro una significación nominal y otra real que coinciden con las ya referidas para determinar la acción representada. La primera expresa “el as- pecto de la idea de humanidad que a través del cuadro se hace evi- dente intuitivamente”, mientras que la segunda se dirige “a la signi- ficación que el concepto agrega”95. El de Danzig nos advierte de que

los hechos históricos de gran importancia, por representar momentos decisivos en el curso histórico de la humanidad, no son los más apropiados para convertirse en el tema de un cuadro. Muchos cono- cen tales acontecimientos y, por tanto, su contingencia, su particula- ridad y su existencia en el tiempo resaltan más intensamente.

Parece como si la intuición de lo que subyace a la vicisitud tem- poral, a saber, la idea del hombre, se viera favorecida tanto por los actos históricos, como por los imaginados o, al menos, anónimos. “Los asuntos tomados de la historia –dice Schopenhauer– no presen- tan ventaja alguna sobre los tomados de la mera posibilidad y a los cuales no podemos dar un nombre individual, sino una designación general, pues para el arte lo importante no es el hecho singular, sino lo que este hecho contiene de universal; el aspecto de la idea que en él se manifiesta96.

El de Danzig, en definitiva, pretende señalar la doble significa- ción que se debe percibir en los motivos históricos de las obras de

94 Cfr. WWV, III, § 48, I/2, 272s; PP II, XIX, § 206, 444. 95 WWV, III, § 48, I/2, 273.

arte pictóricas. De ahí su preferencia como tema de la pintura por los sucesos en los que la significación nominal no diste demasiado de la real, de manera que los hechos se representen en el lienzo de un modo definitivo para que no susciten la añadidura de concepto algu- no por parte de la razón97 que desvirtúe el efecto artístico.

A pesar de todo lo dicho hasta ahora, Schopenhauer, en contra- dicción con sus aseveraciones, juzga entre las vidas de los diversos pueblos algunas más estimables que otras. De ahí que en el registro de los temas históricos el filósofo de Danzig encuentre inapropiados –para ser representados por la pintura– aquéllos que, por lo arbitrario de su elección, se presten a fines ajenos al arte y avise de que la ex- celencia del lienzo se ve todavía más disminuida si los personajes de la acción pertenecen a “un pueblo pequeño, aislado, testarudo, hierá- tico, es decir, dominado por locos, y despreciado por todos los de- más pueblos contemporáneos suyos de oriente y de occidente, como el pueblo judío”98. Conocido es el antisemitismo de Schopenhauer99.

Hasta tal extremo llega su enemistad de la raza hebrea, de su cultura y de su influencia que los sucesos de su historia le parecen indignos de ser representados pictóricamente ni de ninguna otra manera.

La existencia de una significación puramente estética, no sólo en la representación pictórica de las ideas sino también en las obras de otras artes, da el indicio de la objetividad de la mirada del artista, en virtud de la cual su personalidad desaparece y actúa ateniéndose únicamente a las leyes que impone el logro de la puesta a la vista más clara de la idea intuida. De ahí las afirmaciones de algunos artis- tas acerca de la autonomía con que su obra se va formando.

Related documents