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Program Theory & Logic Model AND Performance Indicators

Maintenance Development

Title 20 Appliance Standards Ongoing advocacy efforts will extend into the

11. Program Theory & Logic Model AND Performance Indicators

Martin Volkmann

8.1 Introducción

El asunto “edificación de comunidad” no es nuevo. Éste acompaña a la comunidad cristiana desde sus orígenes. A lo largo de la historia de la iglesia, repetidamente la preocupación alrededor de la comunidad, de su vida en comunión, de su crecimiento y desarrollo estuvo en el centro de las atenciones. Evidentemente, esta atención podía recibir énfasis distintos y, en consecuencia, tener carácter diverso. Sin embargo, la comunidad y la estructura de su vida interna nunca dejaron de estar en el foco de atención de la iglesia.

Sin embargo, lo que se puede observar es que, en ciertos momentos de la historia, el asunto gana una importancia y atención mayores. En momentos de crisis, cuando la “propuesta de edificación de la iglesia oficial” no agrada o no se armoniza con las bases de la iglesia misma, en este momento se levantan las voces contrarias y se desarrollan nuevas propuestas.

¿Qué fue la Reforma del siglo 16? Por supuesto que no podemos reducir este movimiento a una propuesta de renovación de la vida comunitaria. El origen del problema es más profundo. Está en la comprensión del evangelio mismo. Pero este redescubrimiento del evangelio llevó también a una nueva comprensión de iglesia y a la renovación de la vida de esta iglesia: en la comunidad local está la iglesia; ésta es iglesia. Y la gran preocupación de los reformadores fue justamente crear condiciones para que esta comunidad desarrollara la comunión entre sus miembros: culto con predicación de la Palabra en la lengua del pueblo, posibilidad de lectura de la Escritura por medio de la traducción de la Biblia, formación y profundización en los elementos

esenciales de la fe (los Catecismos de Lutero). Todo esto llevó a un gran desarrollo de comunidades vivas, activas y dinámicas.

Todo movimiento renovador, sin embargo, al institucionalizarse, corre el riesgo de obstinarse y caer en situación semejante a la que fuera blanco de su crítica. Es lo que ocurre con la ortodoxia luterana.

Por ello el pietismo (siglos 17/18) representó una vez más una reacción a una forma de ser iglesia fría, intransigente, sujeta al Estado. En contrapartida, se destacaban la conversión como opción decidida y consciente de la fe y la santificación para mantener viva esta opción. Y para que esto fuese posible, hubo el empeño en crear pequeñas comunidades. En éstas sucederían la santificación de los convertidos, así como el desarrollo de la comunión entre los mismos. Por lo tanto el pietismo es un ejemplo típico de preocupación con la edificación de la comunidad.

No fue distinto en el caso del metodismo, un último análisis, una ramificación del pietismo. Pues, en su origen, fue un movimiento de avivamiento en el seno de la iglesia estatal inglesa a partir de la experiencia personal de conversión de John Wesley (1703-1791).

Mirando nuestro contexto más inmediato de América Latina, el gran desarrollo de las comunidades eclesiales de base (CEBs) no es otra cosa que un movimiento renovador de la iglesia en el que se vuelve la atención hacia la comunidad, la iglesia en la base.

Todavía permaneciendo en nuestro contexto más inmediato, también todo el desarrollo de las iglesias pentecostales no deja de ser el reflejo de una insatisfacción con las iglesias tradicionales. Sin entrar en el mérito de la cuestión en torno del movimiento pentecostal (neo-pentecostalismo, etc)1, se hace necesario reconocer

que la gran afluencia en estas iglesias revela las carencias en las comunidades de las iglesias tradicionales.

Por ello el asunto “edificación de comunidad” reaparece constantemente cuando la propuesta de las iglesias constituidas parece emperrarse, fosilizarse. Aun así, no sólo en los momentos de crisis, en la ausencia de propuestas es que la construcción de la comunidad de fe debe merecer atención. Edificación de comunidad no es asunto

¹ Cf. BOBSIN, Oneide. Teologia da prosperidade ou estratégia de sobrevivência. Estudos Teológicos, v. 35, n. 1, p. 21-38, 1995.

solamente para cuando la crisis se ha instalado. Todo lo contrario, es parte de la esencia de la iglesia preocuparse con la cuestión. La tarea está dada en el testimonio bíblico mismo.

Así, el tema “edificación de comunidad” es parte del ser-iglesia. Por ello éste volvió al centro de las atenciones en los últimos años, mayormente desde los medios evangelicales, en especial en los Estados Unidos y en Europa, pero también con reflejo en América Latina. Además, no se acentúa solamente la importancia de las iglesias y comunidades preocuparse por la cuestión de su edificación, es decir, un asunto en el ámbito de la práctica comunitaria. Un paso más adelante, lo que se reivindica es la inclusión de la temática en el estudio académico.2 Para superar a la

exagerada dicotomía entre formación estrictamente académica (énfasis primordial de las universidades europeas) y preparación para el ministerio pastoral (implícita en la formación académica, pero preocupación explícita luego de la conclusión de aquella), Manfred Seitz plantea que la reflexión alrededor del asunto sea valorizado también en la formación académica. Él mismo hizo de este tema una actividad académica regular en la Universidad de Erlanger, en Alemania.

Sin ninguna duda, aquí en América Latina nuestros seminarios y facultades de Teología no se caracterizan tan fuertemente por tal dicotomía. Desde el principio, la formación está más acentuadamente vinculada con la realidad eclesial (son instituciones vinculadas a determinadas confesiones) y tiene como objetivo la preparación de ministros y ministras para el trabajo comunitario. Con ello la preocupación por la edificación de la comunidad ya está más presente en la perspectiva de la formación académica en general, y en la Teología Práctica, más específicamente.3

Así, hay una relación dialéctica entre la Teología Práctica y la praxis eclesial alrededor de la edificación de la comunidad. De una parte, la edificación de la comunidad es, primordialmente, un asunto de la praxis eclesial; ella está relacionada con la concretización y la vivencia de la fe en el mundo. Es más práctica que reflexión

² Cf. SEITZ, M. Missionarische Existenz der Gemeinde in der Volkskirche. In: SEITZ, M. Erneuerung der Gemeinde:

Gemeindeaufbau und Spiritualität. 2. ed. Göttingen: Vandenhoeck & Ruprecht, 1991. p. 45s. Ver también HERBST, M.

Missionarischer Gemeindeaufbau in der Volkskirche. 2. ed. Stuttgart: Calwer, 1993. p. 71s; MÖLLER, C. Lehre vom Gemeindeaufbau. Göttingen: Vandenhoeck & Ruprecht, 1987. v. 1: Konzepte, Programme, Wege, p. 91ss.

³ Cf. KIRST, N. A reforma do estudo – marca registrada da última década. In: HOCH, Lothar C. (Ed.). Formação teológica em terra brasileira. São Leopoldo: Sinodal, 1986. p. 52-60; KIRST, N. Lances de uma jornada – traços de um perfil. Estudos Teológicos, v. 36, número especial, p. 19-25, 1996; VOLKMANN, M. A realidade das comunidades e a teologia praticada na

teórica. Por otra parte, ninguna práctica puede prescindir de un sólido fundamento teórico. Así como toda teoría sólo llevará a una buena práctica cuando tenga su punto de partida en una práctica sobre la cual se teoriza con el fin de una nueva práctica, de la misma forma toda práctica sólo traerá frutos y será consecuente con sus fundamentos si está cimentada en una sólida teoría. Por ello toda propuesta de edificación de la comunidad debe tener una solidez teológica comprobada y, por otro lado, toda reflexión teológica sólida no puede prescindir el aporte a la edificación de la comunidad en el ámbito de su reflexión.

Por lo tanto, para que en la práctica eclesial de hecho suceda la edificación de la comunidad, importa que en la educación teológica haya la disciplina “Edificación de Comunidad” como parte integrante de la Teología Práctica. En ésta se reflexiona sistemáticamente sobre la práctica eclesial con el fin de organizar y estructurar las diversas actividades comunitarias. Importa que tal reflexión sistemática ocurra en el decurso del estudio académico y, mayormente, durante la formación continuada de ministros y ministras y demás personas comprometidas en el trabajo comunitario. 8.2 Fundamentación bíblica

Para comprender la razón y los objetivos de esta área de la reflexión teológica, veamos a la fundamentación bíblica como tal, enfocando especialmente el tema “edificación” en el testimonio bíblico.

“Edificación”, es un término utilizado especialmente en el área de la construcción civil. Lo mismo vale para la lengua griega. También allí oikodomé puede significar el

edificio o la edificación, y el verbo oikodomein de igual manera designa al acto de

construir. Pero, a la par de este sentido literal, en ambas lenguas los términos también tienen un sentido figurado, refiriéndose al desarrollo de una persona o de un grupo.

Sin embargo, la distinción entre estos dos empleos en el Nuevo Testamento no es tan rígida así. A veces, el límite entre el sentido literal y el figurado no está claramente delineado. Se habla de una construcción en sentido literal, pero, por el contexto, el conjunto obtiene claramente un sentido figurado: la imagen concreta de la construcción pasa a ser una metáfora para la vida de personas o de la comunidad (cf. Mt. 7.24-27).

Antes de enfocar más específicamente los términos relativos a la edificación, conviene poner atención al hecho que los términos oikodomé/oikodomei’ llevan

embutidos en sí la palabra oikos (casa).4 En el lenguaje bíblico, el término no designa

solamente a la construcción, sino el mismo grupo de personas que vive en esta construcción (Hch .11.14; 16.15; 1Cor. 1.16) o todo un pueblo (Mt. 10.6; 15.24). Así también oikos thou theou, refiriéndose inicialmente al santuario (Mt. 23.38; Lc.

11.51), pasa a ser la designación para la comunidad (Heb. 3.1-6; Ef. 2.19-22; 1Tim. 3.15; 1Pe. 4.17). En esta casa espiritual, cada creyente es incorporado como piedra viva (1Pe. 2.5; Ef. 2.22). De esta manera, las primeras comunidades nada más eran “comunidades familiares”, y las viviendas de estas personas, las “casas comunitarias” (Hch. 11.14; 16.15,34; 18.8; 1Cor. 1.16; 16.15; Flm. 2), donde se celebraban conjuntamente palabra y sacramento (Hch. 2.46; 5.42; 16.31; 20.20).

Mirando específicamente l empleo de los términos oikodomé y oikodomein

en el Nuevo Testamento, podemos constatar lo siguiente:

– En los evangelios, tanto el verbo como el sustantivo aparecen generalmente en el sentido literal (Mt. 7.24, 26; 16.18; 26.61; Lc. 7.5; 14.28, 30; Mc. 13.1). Pero justo los pasajes de Mateo, donde se habla claramente de una construcción, enseña que ahí el interés es el sentido figurado: la construcción es solamente una metáfora para algo más grande, distinto, relativo a la vida de las personas.

– Este sentido figurado prevalece en Hechos (9.31; 20.32) y, en especial, en Pablo. Es probable que haya sido el apóstol mismo que acuñó esta expresión para su uso en este sentido. Pablo la emplea de diversas maneras: a) Para caracterizar su actuación apostólica. Él tiene autoridad para edificar a la comunidad (2Cor. 10.8; 13.10). En 1Cor. 3.10ss, Pablo utiliza lo que la comunidad es caracterizada como theou oikodomé, donde uno lanzó

el fundamento, otro sigue la construcción; b) En otro conjunto de pasajes, la expresión es utilizada para caracterizar la presencia actuante del Espíritu de Dios en la comunidad, siendo, por decirlo así, un término técnico para describir al proceso de crecimiento y desarrollo de la comunidad como comunidad salvífica: “animaos unos a otros, y edificaos unos a otros” (1Tes. 5.11; ver también Ro. 14.19; 15.2; 1Cor. 14.26). Ahí aparece muy claramente que la edificación no se da por alguien especial, sino cada cual participa de este proceso: hay una relación del individuo con la comunidad

⁴ Cf. En cuanto a lo que se sigue, MICHEL, O. Verbete “Oikos”. In: KITTEL, G. (Ed.). Theologisches Wörterbuch zum Neuen Testament. Stuttgart: Kohlhammer, 1966. v. 5, p. 139-150; BRATTGARD, H. Im Haushalt Gottes: eine Studie über

y de los diversos miembros entre sí. El término no tiene un carácter moral o sentimental, sino se refiere al crecimiento espiritual, es decir, bajo el dominio del Espíritu de Dios. Además de esto, se percibe que edificación es una cuestión personal/individual y, necesariamente, también comunitaria; c) Relevancia especial tiene la expresión en dos contextos de la Primera Carta a los Corintios. En el capítulo 14 (vv. 3, 4, 5, 12, 17), Pablo contrapone el profetizar y el hablar en lenguas. Mientras éste revierte solamente en beneficio propio (v. 4a), el profeta edifica, exhorta y consuela a los demás (v. 4b). Por lo tanto, así como la actuación apostólica de Pablo se caracteriza por edificar a la comunidad, de la misma forma el profeta, el mensajero autorizado de Dios, contribuye en esta tarea. El otro contexto son los capítulos. 8-10 de la misma carta, donde Pablo polemiza con el mismo grupo de entusiastas alrededor del tema de la libertad. En contraposición al “todo me es lícito” (10.23) de los entusiastas, Pablo destaca que no todo conviene ni tampoco edifica. Mientras que para los corintios el saber es señal de libertad y de edificación, Pablo comprende la edificación a partir de Cristo: sólo a partir de la ágape se da la verdadera edificación; sólo el

amor edifica (8.1).

– El tema “edificación” todavía aparece importante en otras dos cartas, ambas bajo fuerte influencia de la teología paulina: Efesios y 1 Pedro. En Ef. 2, reflexionando sobre la relación entre judíos y gentiles (vv. 11ss), el autor destaca que los gentílico-cristianos fueron edificados hacia adentro de la casa de Dios (“templo santo en el Señor” –v. 21; “morada de Dios en el Espíritu”– v. 22), que tiene apóstoles y profetas como fundamento y Jesucristo como la piedra angular. La misma idea aparece en 1Pe. 2.5 (“como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo”). Ya en Ef. 4.12, 16 vuelve la imagen de la edificación, pero ahora refiriéndose a la edificación del cuerpo de Cristo.

Sin presentar aquí un análisis más detallado de estos diversos pasajes en los que el asunto “edificación” es tematizado con relación a la comunidad o a la persona individualmente5 y conscientes que hay una variedad de enfoques alrededor del tema,

podemos, asimismo, sacar algunas conclusiones sobre el asunto.

– Edificación de comunidad es siempre obra exclusiva de Dios. Él mismo posibilita el surgimiento y el desarrollo de la comunidad (1Cor. 3.5-9). Por

ello él es el único propietario de la comunidad (1Cor. 3.16s); la comunidad es su morada (Ef. 2.22). Por ser propiedad de Dios, la comunidad es santa e intocable (1Cor. 3.16s).

– Cristo tiene una función fundamental en la edificación de la comunidad: es el maestro de la obra (Mt. 16.18); él es el fundamento (1Cor. 3.11), respectivamente la piedra angular (Ef. 2.20). Él también es el nuevo templo donde Dios puede ser encontrado (Mc. 14.58).

– Dios habita en su comunidad por medio del Espíritu Santo (1Cor. 3.16s; Ef. 2.21s).

– Edificación de comunidad significa que las personas sean invitadas a formar parte de este pueblo de Dios: que sean incluidas como piedras en esta construcción (Ef. 2.19s; 1Pe. 2.4-8). En este sentido es una edificación extensiva (1Cor. 14.23-25). Pero a la vez es una edificación intensiva que apunta al crecimiento de las personas individual y comunitariamente (Ef. 4.13-15; 1Cor. 14.3), Por ello, crecimiento intensivo y extensivo no se contradicen ni tampoco se excluyen mutuamente.

– La edificación de comunidad parte desde el presupuesto que la comunidad como un todo y cada persona individualmente son el santuario de Dios, la morada del Espíritu Santo (1Cor. 3.16; 2Cor. 6.16). Por ello éstas son santas e intocables (1Cor. 3.17). A la vez vale que la comunidad y cada persona individualmente están en el camino de volverse santuario de Dios; ellas siguen siendo obras en construcción donde la edificación sigue siendo realizada (1Cor. 3.10-12).

– La edificación de comunidad sucede por intermedio de personas. El propietario de la obra se vale de cooperadores para la construcción de la misma. Entre éstos, apóstoles y profetas representan a los testigos primarios. Son, por ello, el fundamento de la comunidad, siendo Cristo la piedra angular (Ef. 2.20). Además de estos testigos primarios, Dios se vale de una multiplicidad de otros colaboradores y colaboradoras para seguir con su obra (Ef. 4.11; 1Cor 12.28; Ro. 16). Luego, la edificación de comunidad es siempre un trabajo conjunto de distintos ministerios, preparando y subsidiando los demás miembros a su servicio (Ef. 4.12).

– Así, la edificación de la comunidad se da por medio del testimonio y del servicio de cada creyente. Dios se vale de cada miembro de su pueblo para construir su iglesia. Para ambos, cada cual es agraciado con un don. Nadie tiene a la totalidad de los dones y nadie está sin ningún don (1Cor. 12.4ss;

Ef. 4.7, 11). Estos dones sirven para el testimonio del señorío de Jesucristo (1Cor. 12.3), para el servicio en amor (1Cor. 13) y la edificación de la comunidad (1Cor. 14.3).

– La edificación de la comunidad por medio de los dones de cada cual se da en el culto comunitario. Este es el lugar privilegiado para la edificación, pues es el momento del anuncio, del testimonio, de la alabanza, de la oración, de la Eucaristía (Hch. 2.42-47; 1Cor. 14). Pero la edificación de la comunidad por medio de los dones de cada uno también acontece en el culto del día a día (Ro. 12.1s). Es en este culto diario que los creyentes se ayudan mutuamente (1Tes 5.11; Gá 6.10), mantiene la unidad buscando perfeccionarla siempre más (Ef. 4.16) y se respetan mutuamente en libertad y amor (1Cor. 8-10).

– A la vez, toda la edificación de comunidad camina hacia el encuentro del fin de los tiempos. Todo trabajo de ministros y ministras, así como toda la aplicación de los dones de cada uno pasan por el filtro del Señor de la obra (Mt. 25.14-30). Será también el fin de la edificación misma, cuando se evidenciará el resultado del servicio de cada uno (1Cor. 3.13-15).

8.3 Concepciones de edificación de comunidad

En sentido general, se podría decir que el debate alrededor de este asunto se ha reavivado, desde la década de 1970, dentro de la controversia entre dos campos: de una parte, el movimiento ecuménico, reunido alrededor del Consejo Mundial de Iglesias (CMI), o del ala progresista de la Iglesia Católica Romana vinculada a la teología de la liberación; y de otra, el movimiento evangelical, en torno del Pacto de Lausanne (1974). En cada uno de los campos hubo la preocupación muy seria y auténtica de ser fiel al mandato del Señor y de dar continuidad a la obra de Cristo, congregando al pueblo de Dios, Pero ¿cómo entender quien es este pueblo de Dios y cómo congregarlo? Ahí es que los caminos se dividen.

Por ello importa tener claridad acerca de la concepción de edificación que orientará nuestra actuación. Por “concepción de edificación de comunidad” comprendemos a la comprensión clara acerca de lo que es comunidad y cual su tarea y, desde ahí, la elaboración de un plan de acción con el fin de organizar y estructurar la vida comunitaria.

8.3.1 Stewardship – mayordomía

Este modelo de edificación de comunidad6 es de una época anterior a la

controversia entre ecuménicos/progresistas y evangelicales. Se trata de una propuesta desarrollada en las iglesias luteranas de los Estados Unidos y difundida en todo el mundo por medio de la Federación Luterana Mundial (FLM), principalmente desde la Asamblea General, realizada en Hannover, Alemania, en 1952. Pero las influencias de esta propuesta no se quedaron limitadas al ambiente luterano. También en otras confesiones esta idea ha lanzado sus raíces.7

¿Cuáles son las características de la mayordomía?8 En una caracterización

un tanto simplista y hasta depurada de este movimiento, se decía que se trataba de motivar a las personas a la administración de sus dones, del tiempo y del dinero como mayordomos responsables. Sin embargo, a partir del fundamento bíblico más amplio se puede percibir que el movimiento de la mayordomía no está interesado solamente en los dones, tiempo y dinero de las personas, sino representa una dimensión total de vida. También no se trata de una simple activación de la vida comunitaria con nuevas técnicas y mucho movimiento. Se trata de comprender la mayordomía como postura de vida, es decir, como comprensión de toda la vida personal y comunitaria a partir de un fundamento sólido colocado por el Dios mismo por medio del que es el ejemplo