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Los problemas y complejidades que inciden y distorsionan el funcionamiento y organización de los hogares son innumerables. Algunos de los que considero más relevantes serían los siguientes. El primer y más grande obstáculo ya lo hemos señalado en diversas ocasiones, y consiste en la simple carencia de recursos que

incluye desde insumos para la alimentación hasta materiales, herramientas para talleres o actividades.

Un segundo obstáculo está asociado a los problemas con los recursos humanos. Evidentemente algunas de las carencias de personal calificado y útil están directamente asociadas al problema anterior (por ejemplo la contratación y asignación de nuevos funcionarios con alto nivel educativo y capacitación acreditada). Sin embargo, existen también otros problemas más relacionados a restricciones establecidas por las autoridades a la “libre migración” de personal entre los hogares. Tal vez por causa de ciertos efectos perversos, las autoridades pueden haber intentado limitar el “libre” juego de oferta (funcionarios) y demanda (las autoridades de los hogares). Ello si bien tiene por objetivo intentar que las ya deterioradas condiciones de los hogares peor situados en términos de proyecto educativo, cantidad de internos y funcionarios, condiciones edilicias, etc., no continúen decayendo atenta directamente contra la eficiencia del proyecto de varios hogares más renovadores. Por otra parte, otro factor de incidencia son las autoridades de los hogares, que ante la escasez de personal se niegan a autorizar el traslado de funcionarios a otros hogares a menos que les otorguen un funcionario a cambio, algo que ningún hogar está en condiciones de ofrecer.

Un tercer obstáculo se encontraría en la escasa capacidad de rechazo, selección y filtro de los jóvenes infractores que le son asignados a los hogares desde el Hogar Puertas (3º Filtro). Hay una fuerte tensión entre dos tipos de principios: Por un lado, la eficiencia del proyecto del hogar que pretende seleccionar el perfil de los infractores y evitar, por sobrepoblación y por escasez locativa, tener que aceptar jóvenes que puedan distorsionar sus resultados. Por otro lado, las autoridades, aún a costa de generar problemas, ineficiencias a los hogares y a los “internos antiguos”, deben en razón de los mismos problemas (locativos, exceso de población) y en ánimo de hacer jugar principios de justicia y equidad (tanto globales como individuales pero también referidos a los nuevos internos), buscar contrarrestar el natural esfuerzo de rechazo selectivo de los hogares ya que ello, en un escenario extremo de no intervención, derivaría en que los jóvenes infractores con perfil más complejo se encontrarían o bien sin hogar, o bien concentrados en un alto número en los hogares de mayor clausura y peores condiciones.

Es interesante destacar que la selección de los hogares con medidas con un proyecto más novedoso, no necesariamente implica rechazar los jóvenes con las infracciones más graves. Más bien la aspiración es triple: a) intentar mantener un número bajo de internos; b) buscar captar individuos que tengan interés y motivación para involucrarse en el proyecto, independientemente de la gravedad de las infracciones y de la reincidencia, si ésta no es excesiva. Es decir, más bien se trata de evitar a los jóvenes que han hecho del delito una forma de vida. c) Tratar de rechazar a aquellos jóvenes que hayan tenido una historia conflictiva con el hogar (por ejemplo, un historial de fugas) aun cuando tenga un historial infractor bajo. De todas maneras, la crisis ha hecho fuerte mella en la capacidad de los hogares de rechazar y defender una mínima autonomía. El primer aspecto (a), y el más relevante de todos, no ha podido ser defendido y todos los topes o máximos de cantidad de internos que los hogares han ido planteando como insuperables, han sido renegociados y han sido aumentados en el transcurso de éstos últimos dos años. En relación al segundo aspecto (b) generalmente los hogares han logrado oponer fuerte resistencia y dichos casos son derivados directamente hacia el SER desde el Hogar Puertas. Sin embargo, no siempre es tan clara la situación y muchas veces hay ambigüedades en torno a si un joven decididamente es categorizable como “refractario”. En relación al último aspecto (c) no siempre se ha logrado frenar reingresos, más bien en aquellos casos en que los jóvenes ya han tenido múltiples conflictos con la institución, pero en dicho caso ya estaríamos hablando de los jóvenes referidos en el aspecto (b).

Sin embargo, pese a la escasa autonomía de los hogares, hay un asunto que es capaz de activar rápidamente mecanismos de traslado de internos: los conflictos entre internados al interior de un hogar. Cuando tiene lugar un conflicto serio, y un joven internado es repudiado, aislado y muchas veces agredido por el grupo, los actores relevantes del hogar (directores, coordinadores, educadores y técnicos) muchas veces se declaran impotentes e incapaces de poder incidir en la situación. En estos casos generalmente predomina un criterio de eficiencia del hogar vs. justicia y eficiencia del joven resistido, desembocando en una derivación de dicho joven hacia otro hogar. La injusticia individual de éste tipo de situaciones puede ser aún más extrema cuando el lugar de partida de partida tiene notorias diferencias con el hogar al cual es trasladado. Esto habla de un enorme poder de

los jóvenes internados para lograr incidir en las decisiones de asignación de los jóvenes. Un caso particular donde este tipo de fenómenos adquiere dimensiones aún más extremas son los ya referidos infractores sexuales.

Hay un par de efectos perversos que considero relevante señalar, en tanto constituyen también, en algún sentido, obstáculos al funcionamiento exitoso y eficiente de los Hogares. Los mismos se tienen lugar cuando se genera un vínculo provechoso e intenso entre el hogar y el internado y una de las partes pierde de vista los objetivos iniciales del vínculo.

En primer lugar, a veces tiene lugar la paradójica situación de casos donde se desarrolla relativamente una buena labor en los hogares y una consecuente satisfacción de los jóvenes, puede derivar inesperadamente en un estímulo indirecto a la reincidencia del joven infractor para poder volver al hogar. En algunos casos, hay jóvenes que se sienten bastante satisfechos dentro del hogar habida cuenta que reciben una atención relativamente personalizada, que han generado vínculos importantes y de tono afectivo con algunos educadores, que tienen por primera vez la posibilidad de concurrir a talleres y actividades, etc. Pese a la precariedad de las condiciones, esta satisfacción es más probable o creíble en los casos donde la situación personal de los jóvenes en el afuera se caracteriza por la desestructuración familiar o directamente ausencia de familia y de vínculos afectivos importantes, de extrema vulnerabilidad, pobreza, inseguridad y marginalidad, etc. Aun cuando la situación en el sistema INTERJ se encuentras muy deteriorada, es importante recordar que siempre es una valoración relativa. Si el mundo externo de los jóvenes infractores se encuentra relativamente en peor situación, el costo de perder la libertad puede tener temporalmente una baja ponderación, y resultar más atractivo para el joven volver a ingresar al Hogar donde estuvo internado. En otras palabras, se logra el efecto exactamente opuesto al disuasorio.

En segundo lugar, se puede dar el efecto perverso opuesto. En ciertos casos, algunos entrevistados han denunciado que las autoridades de determinados hogares que logran establecer un proyecto interesante y novedoso, muchas veces en aras que dicho proyecto no se debilite, tienden a demorar y enlentecer la desinternación de los jóvenes. Nos habla de un importante problema enfrentado por los hogares

entre los objetivos últimos de los hogares (rehabilitación de los jóvenes internados) y los medios utilizados para lograrlo (desarrollo de un proyecto novedoso e interesante que requiere jóvenes que lo conozcan y aprovechen). Cuando se pierde de vista las metas últimas del hogar, en esta suerte de “ritualismo institucional”, los medios pasan a asumir un protagonismo excesivo, lo cual puede ser contraproducente para la suerte de los jóvenes internados.

1.3.5.4.2. El traslado de hogar, los cambios de medidas y la difícil relación con

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