PART I – Review of the literature
Chapter 3 – Risk Management in a Complex Adaptive System
2 Properties of complex systems
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n los años setenta del siglo pasado, Benjamin Libet (1916-2007) decidió registrar la actividad eléctrica del cerebro de una persona que se proponía mover un dedo de la mano. Este fisiólogo de Chicago poco se debía imaginar por entonces que pasaría a la historia como el filósofo que propició una sacudida a la creencia de que los humanos poseen libre albedrío.En realidad, el objetivo inicial de Libet no era otro que medir el umbral en el que un estímulo se hace conscien- te. Durante muchos años estuvo acumulando datos que le dejaron perplejo. Estas informaciones las obtenía gracias a un amigo neurocirujano, quien le permitía es- timular, mediante electricidad, la corteza cerebral de pacientes sometidos a cirugía estando despiertos, por lo que eran capaces de informar sobre el momento exacto en el que el estímulo aparecía en su consciencia. Aunque en cada experimento variaba la intensidad o frecuencia del estímulo, pronto descubrió la existencia de un ele- mento constante: el sujeto necesitaba al menos 500 mi- lisegundos para percibir la estimulación.
El resultado sorprendió a Libet y a otros neurofisiólo- gos, dado que se había demostrado con creces que un agente que se aplica directamente sobre la piel se percibe de manera consciente, incluso si dura menos de medio segundo. ¿Por qué el cerebro, central donde se registra la interacción con el ambiente, es más lento que la peri- feria? Fue el propio Libet quien demostró que un breve estímulo debía generar una actividad cerebral que dura- se como poco los 500 milisegundos fatídicos para que la persona lo advirtiera. En pocas palabras, entre un acon- tecimiento y la toma de consciencia del mismo existe un tiempo de latencia que siempre nos hace ir por detrás de la realidad. Con estos primeros experimentos, Libet empezó a explorar el campo de la consciencia, si bien los ensayos se mantenían en el ámbito de las mediciones electrofisiológicas.
Cuando en 1964, los neurofisiólogos alemanes Hans Helmut Kornhuber (1928-2009) y Lüder Deecke, en la actualidad en la Universidad de Medicina de Viena, descubrieron que se producía un potencial eléctrico de unos pocos microvoltios en las áreas motoras corticales mucho antes de que el sujeto se moviese, no se les ocurrió relacionarlo con la consciencia del movimiento. Llama- ron a su hallazgo potencial de preparación (Bereitschafts-
potential), y lo incluyeron entre los mecanismos nece-
sarios para que el sistema motor se prepare con el fin de actuar.
Algunos años después, el neurobiólogo John Eccles (1903-1997) formuló la hipótesis de que una persona debe ser consciente de su intención de actuar antes de que el potencial de preparación se manifieste. Libet, que desde hacía años disponía de datos que demostraban la existen- cia de un desfase temporal entre el estímulo suministrado a nivel cortical y la consciencia del mismo, decidió some- ter la idea de Eccles a una prueba experimental.
Unos milisegundos después
En 1983, Libet llevó a cabo el experimento que lo hizo famoso: midió el tiempo que transcurría entre la aparición del potencial de preparación (indicativo de que el cerebro se está organizando para ejecutar un movimiento con- creto) y la percepción consciente de la voluntad de mo- verse. Para ello, modificó un osciloscopio, de modo que en la pantalla giraba ininterrumpidamente un pequeño punto. El dispositivo se transformó así en el llamado
1
El fisiólogo estadounidense John Libet (1916-2007) descu- brió que el cerebro humano prepara una acción motora antes de que el sujeto sea consciente de su decisión.2
El neurobiólogo John Eccles (1903-1997), al contrario que Libet, sostenía que una perso- na debe ser consciente de su deci- sión de actuar antes de que el cere- bro se prepare para ello.3
A finales de los años noventa, Libet dio una nueva versión de su modelo con el fin de solu- cionar el alcance perturbador de su planteamiento en relación con la responsabilidad individual.En síntesis: ¿Existe el libre albedrío?
Benjamin Libet (izquierda) afirmó a principios de los años ochenta del siglo pasado que el cerebro recibía la información de efectuar un movimento antes de que el individuo fuera consciente de esa decisión. El premio nóbel John Eccles (derecha), al contrario que Libet, sostenía que una persona debe ser consciente de su intención antes de que se produzca el potencial de
preparación.
DOMINIO PÚBLICO COR
TESÍA DE ESCUELA DE INVES
TIGA CIÓN MÉDICA J OHN CUR TIN / UNIVERSID AD NA CIONAL A US TRALIANA / CREA TIVE COMMONS CC B Y 3.0
reloj de Libet. El investigador seleccionó a algunos suje- tos, los conectó a un electroencefalograma, y les pidió que moviesen un dedo cuando quisieran. También les explicó que indicasen el momento exacto en el que eran conscientes de su elección mediante la posición del pun- to en el osciloscopio. En paralelo, el electroencefalograma medía la aparición del potencial de preparación, factor que demostraba que el cerebro empezaba a preparar el movimiento.
Aunque el conocimiento sobre la decisión de levantar un dedo se produjese solo 200 milisegundos antes del acto en sí, el potencial de preparación resultaba visible en la gráfica del electroencefalograma unos 550 milise- gundos antes. Por tanto, durante cerca de 350 milisegun- dos el cuerpo de los probandos sabía que iba a moverse, pero la mente todavía no era consciente de ello.
Las consecuencias del hallazgo
La interpretación clásica del experimento de Libet afirma que el libre albedrío, es decir, la idea de que las personas somos artífices de nuestras acciones, es una ilusión. De hecho, la consciencia constituye una especie de efecto secundario de un proceso inconsciente. De esta manera, la actividad cerebral preconsciente es la que decide cada
uno de nuestros movimientos. Dicho de otro modo, la «decisión consciente» no es más que un subproducto de este proceso. Basándose en este hallazgo, muchos filóso- fos y psicólogos, entre ellos el psicólogo social Dan Wegner (1948-2013), han llegado a la conclusión de que la consciencia consiste en una ilusión retrospectiva sin ningún efecto causal, en el sentido de que no determina la realidad.
Resulta fácil imaginar el alcance perturbador de este planteamiento en cuanto a la responsabilidad individual: el asesino que apuñala a una víctima inocente puede, paradójicamente, acusar a su propio cerebro de mover el