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Other Properties of D and a Comparison with Q AS

In document Essays on Indices and Matching (Page 74-77)

1.8 Consistent Index of Delay

1.8.4 Other Properties of D and a Comparison with Q AS

Si la hipótesis de la existencia de una elite dominante solo puede verificarse a través de un conjunto de decisiones clave en las que las preferencias de la supuesta elite prevalecen, en- tonces, identificar los asuntos sobre los que se adoptan esas decisiones clave es un requisito inexcusable, y hacer una selección de los asuntos que se van a estudiar, inevitable.

Cualquiera que sea el método empleado para indagar acerca del poder, se plantea, inevitablemente, el problema de la selección. Seleccionar es esencial para el análisis empí- rico. Es imposible abarcar todos los aspectos de una realidad compleja y diversa, y el inves- tigador se enfrenta siempre a la necesidad de elegir un subconjunto manejable a partir del universo de asuntos que podría examinar. La cuestión clave es justificar la elección.

En un contexto político hay muchos ámbitos de decisión, y en cada uno, muchas decisiones concretas que se adoptan en relación con los asuntos más diversos. Hay decisio- nes generales que incluyen otras decisones más concretas ¿Cuáles son las importantes? ¿cuá- les las realmente significativas? Y, sobre todo, ¿cuáles son las que van a permitir revelar la “estructura de poder”? Esta cuestión, la de la selección de los asuntos y decisiones a estudiar, que es un elemento clave en el método decisional, es también una de las que más se han usado para cuestionarlo porque, como MacFarland observa: “[... ] the catch-all critique of

an empirical decision-making analysis of political power is the assertion: ‘You have studied the wrong issues’” (MacFarland, 1989).

En efecto, al final siempre cabe el recurso de poner en tela de juicio los resultados de la investigación aduciendo que se eligieron los asuntos erróneas. Pero erróneos, ¿en qué sentido? ¿Erróneos porque no revelan adecuadamente la estructura de poder en el ámbito que se estudia? ¿Erróneos porque las conclusiones que pueden extraerse a partir de ellos hacer de la distribución del poder son falsas? ¿Erróneos porque sugieren que no hay una elite cuando realmente hay una, o que hay una cuando no la hay?

Los principales exponentes del método decisional han propuesto dos criterios para justificar la selección de los asuntos a estudiar, su relevancia y su importancia, que resultan en sí mismos bastante problemáticos (Frey, 1971).

El problema fundamental en relación con la selección de asuntos supuestamente re- presentativos ha sido expuesto por Polsby: “There seems to be no satisfactory criteria which

would identify a universe of all decisions [issues] in the community so that a sample of 'typi- cal' or 'representative' decisions could in principie be drawn.” (Polsby, 1963).

En efecto. Normalmente, el universo de los asuntos reales (dejando aparte los sumer- gidos o en potencia) es tan amplio, tan variado, con fronteras tan imprecisas y definido tan subjetivamente, que el significado mismo del término “asunto” resulta ambiguo. Los “asun- tos”, pueden identificarse con las decisiones formales tal como se expresan en normas de todo tipo; o pueden ser los temas de los que se discute en los medios de comunicación; o pueden ser simplemente los que los informantes identifiquen como tales. Así que, a no ser que se definan los “asuntos” de una manera restrictiva, identificándolos con las decisiones

formales emanadas del gobierno, el problema de la delimitación del universo y de la selec- ción de la muestra es imposible de abordar de manera satisfactoria. Sin embargo, esa misma restricción constituye ya la base para la crítica.

Si no es posible estudiar todos los asuntos que son relevantes, sí se puede intentar demostrar que los asuntos que efectivamente se estudian son importantes. Aunque, como es obvio, el hecho de que los asuntos que se seleccionen sean importantes (no triviales), no quiere decir que su selección no esté sesgada. El problema empieza con la noción misma de importancia. Una posibilidad es establecer la importancia de los asuntos a través de un cri- terio subjetivo, según el cual los asuntos son importantes si los actores implicados piensan que son importantes. Otra posibilidad es adoptar un criterio objetivo, según el cual el inves- tigador determina cuales son los asuntos importantes de acuerdo con los datos observables. Polsby es uno de los que intenta abordar el problema desde esta perspectiva.

Polsby sugiere cuatro criterios para ordenar las decisiones de acuerdo con su impor- tancia: 1) cúantas personas están afectadas por los resultados de la decisión; 2) cúantos tipos de recursos se distribuyen con los resultados; 3) qué cantidad de cada recurso se distribuye; 4) cuán drásticamente se ve alterada la distribución de recursos como resultado de la decisión (Polsby, 1963).

Otros autores, como MacFarland, consideran que el criterio de selección debe consi- derar también las percepciones de los actores, con lo que añade otros cuatro: 1) el número de personas realmente implicadas en un asunto; 2) la cantidad de dinero, tiempo y otros recursos realmente involucrados; 3) diversas medidas de intensidad del conflicto, en especial la violencia o situaciones cercanas a la violencia; 4) si el asunto implica cambios en las reglas del juego (MacFarland, 1989). MacFarland ofrece además otro criterio basado en la distin- ción entre decisiones "críticas" y "rutinarias", estableciendo una relación entre la importan- cia de las decisiones y su carácter más o menos general en el contexto de una estructura decisional jerarquica. Las decisiones más importantes son las que conforman o determinan otras decisiones.

No obstante, a pesar de los intentos por definir la “importancia” como un criterio operativo, lo cierto es que funciona más como un criterio normativo que apela más al juicio que a los datos objetivos. Por ejemplo, cuando Polsby afirma que “by pre-selecting as issues

stratification theory” (Polsby, 1960), está en el fondo utilizando el mismo argumento que

critica, porque al dar por sentado que existen asuntos “generally agreed to be significant” está aceptando como asuntos importantes los que tienen la reputación de ser importantes. El tema de la reputación se traslada, pues, de las personas clave a los asuntos clave, pero parece imposible zafarse por completo de él.

El conflicto y sus señales más o menos intensas, como sugería MacFarland, se pro- pone también como un indicador adecuado. Así Dahl, cuando sugiere que “a necessary alt-

hough possibly not sufficient condition that the [key] issue should involve actual disagree- ment in preferences among two or more groups” (Dahl, 1958). Pero con la introducción del

conflicto en la identificación y selección de los asuntos clave, aparte de que tampoco se consigue zanjar la cuestión –algunos críticos se precipitan a alegar que distintos grupos pue- den tener preferencias encontradas tanto en asuntos clave como en los que no lo son, etc. – se da entrada a una crítica más general al método decisional que tiene su motivo principal en el concepto de “no-decisión”.

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