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PROTECTION AND ENTRY DETERRENCE

En este subepígrafe recogemos tres estudios sobre textos escritos que han sido relevantes en nuestra investigación sobre composición escrta: Cherry, Maier y Gea (epígrafe 3.4.2.1., 3.4.2.2. y 3.4.2.3.).

Pocos son los estudios de investigación pragmática que enfocan el desarrollo de las competencias sociopragmáticas desde una perspectiva discursiva (exceptuando James, C. et altri, 1994; Cohen, A.D. y Tarone, E., 1994; Gómez Morón, 2000) y todavía son menos los trabajos centrados en la instrucción de las habilidades socio- pragmáticas en géneros escritos. Tal vez esto sea debido a las dificultades del análisis y de la comparación de datos, que ha hecho que este tipo de estudios sea minoritario. Pero, dada la relevancia que tienen en nuestra investigación, y a la parquedad de los mismos, hemos decidido considerar únicamente tres de ellos, aunque no hayan sido realizados en contextos semejantes al nuestro. Los consideramos fundamentales porque ilustran un aspecto de nuestro trabajo empírico. Así pues, en primer lugar, nos referire- mos a un estudio de cartas escritas por nativos en medio académico cuyo objeto es una petición (Cherry, 1988); en segundo lugar, a otro de cartas de negocios dentro del marco de ESP (English for specific purposes), que compara las actuaciones de nativos con no nativos (Maier, 1992); y, finalmente, en tercer lugar, a otro sobre la caracterización pragmática y discursiva de un género específico (the book review article) (Gea, 2000). Como hemos dicho, ninguno de estos estudios se centra en la adquisición de las competencias tras un periodo de instrucción formal, pero en conjunto dan idea sobre aspectos relacionados con las estrategias de cortesía y sobre la caracterización del género discursivo en relación con la misma.

3.4.2.1. El estudio de Cherry

Desde el punto de vista teórico, este estudio se sitúa en la línea de la retórica interpersonal de Leech (1983), porque contempla los principios de cortesía dentro de la retórica interpersonal, es decir, en el contexto del discurso y no como hacen la mayoría de los trabajos basados en la teoría de los actos de habla que tratan la cortesía de manera aislada solo en algún enunciado. Al analizar la cortesía lingüística en un cierto tipo de

cartas escritas por profesores nativos de distinto rango social dentro de la universidad (tenure letters), Cherry (1988) demuestra que se puede observar un cierto patrón en la realización de las peticiones para la tenencia del puesto de un profesor en la universidad. Según este estudio la formulación de la petición viene condicionada por la variante relativa al poder de los interlocutores (profesores y cargos de distinto rango en la jerarquía académica). Al examinar las cartas y el modo en el que los distintos locutores se comportan Cherry observa lo siguiente:

When the less powerful writers intentionally violate these conventions [politeness prin- ciples] they are asking the addressee to infer that the issue is one of such importance that these conventions or expectations should be temporarily suspended (Cherry, 1988:80).

De ello se desprenden tres cosas. Por un lado, que las estrategias corteses se manifiestan lingüísticamente cuando se violan las máximas de cortesía, por tanto demuestra que la cortesía no es algo que se comunica, sino que lo que se comunica es la falta de la misma: la descortesía; que las estrategias retóricas, contempladas desde la perspectiva interaccional, pueden ser estrategias de cortesía, y, por último, que los principios pragmáticos no son prescriptivos, sino probables:

[…] the flouting of the politeness maxims can best be described as a deliberate rhetoric- al strategy on the part of these writers, a finding that illustrates the importance of re- garding pragmatic principles as probabilistic (Cherry, 1988:80).

Según esta autora, es necesaria, por tanto, la adopción de una perspectiva flexible que dé cuenta de los usos individuales, además de los usos grupales (Cherry, 1988:80).

Los datos que recoge este estudio son 22 cartas escritas por hablantes nativos que responden a una situación retórica real: persuadir al lector para que conceda una petición. En todas ellas el destinatario, la situación retórica y la finalidad de las cartas son constantes, el escritor varía en poder. Es decir que la gravedad de la imposición (W) y la distancia social (D) son constantes, mientras que la jerarquía, o relación de poder (P), es la variable. El estudio no cita detalles específicos de cómo se compararon las cartas para llegar a clasificarlas de más a menos corteses, pero sí que explicita las estrategias de cortesía empleadas por los remitentes. Para ello sigue a Searle (1979a y b), Fraser (1975, 1980), Fraser y Nolen, (1981) y G. Lakoff, (1972) en su explicación del fenómeno cortés mediante estrategias de indirección o de mitigación de la fuerza ilocutiva del acto de habla o mediante el incremento de la distancia (gracias a las

estructuras sintácticas pasivas, por ejemplo). Otros mitigadores que reconoce este autor son los disclaimers (sentence-initial disclaimers) y los verbos parentéticos (paren- thetical verbs), llamados por R. Lakoff, 1977 [en Sifianou, 1992] cogitatives (locuciones como I guess, I think).

Un detalle curioso es que la falta de cortesía de las cartas se relaciona con la longitud. Es decir, que a mayor brevedad mayor brusquedad, como si el número de palabras fuera una justificación para adoptar un comportamiento lingüístico u otro. La ausencia de cierta elaboración de una opinión o de una actitud, al violar la máxima de cantidad, infringiría así las expectativas corteses. El hecho de que una carta sea pobre en recursos corteses es, por otro lado, un indicador de fuerza ilocucionaria, ya que hace más grave la petición. Los grados de deferencia empleados son en general bastante variables.

Otro aspecto que llama la atención en los resultados de esta investigación es que los escritores de cartas nativos mitigan su demanda, queja, reivindicación etc., al inicio de la carta para violar las normas corteses al final de las mismas con el fin de hacer llegar su mensaje de forma eficaz en el cierre, donde un performativo implícito o explícito es necesario: “Observing discourse expectations in the opening, however, turns out to be an important prerequisite for violating them in the closing” (Cherry, 1988:76).

Hemos citado este estudio porque es uno de los primeros sobre los fenómenos corteses que recoge datos naturales en lengua escrita, aunque no se trate de una situación de enseñanza y aprendizaje. Es un estudio representativo de los estudios de cortesía en su etapa inicial, que confirma lo fructífera que puede ser la combinación de la perspectiva cortés con la retórica interpersonal en textos escritos y que ilustra la cualidad probable de los principios pragmáticos que rigen el uso de la lengua.

3.4.2.2. El estudio de Maier

Otro estudio que aborda las cuestiones de cortesía lingüística en textos escritos es el de P. Maier (1992) sobre las estrategias corteses en cartas de negocios. Surge del interés por determinar qué factores contribuyen a la escritura eficaz de las cartas de negocios. Su fin es ayudar a los hablantes no nativos que tienen necesidad de este tipo de cartas para que escriban mejor. El trabajo se enmarca en los estudios de ESP o Inglés para fines específicos, que comparan el comportamiento de hablantes nativos y no

nativos. Este es un campo muy fructífero para estudios que combinan la cortesía y los estudios del género.

Maier compara algunas estrategias corteses siguiendo el modelo de Brown y Levinson (1987) para observar las diferencias lingüísticas que muestran los estudiantes con respecto a los nativos en textos escritos. Se trata, pues, de un estudio contrastivo, una línea de investigación que ha sido muy prolífica en el campo de la Pragmática Interlingüística. Aunque, como en el estudio anterior de Cherry (1988), aquí tampoco hay ninguna relación con la instrucción, sino que se trata de comprobar las diferencias de estilo entre nativos y no nativos, dentro del marco teórico de la cortesía verbal. Los resultados son igualmente pertinentes porque demuestran que los principios corteses subyacen a todo tipo de comunicación escrita. Estas cartas exhiben una gran variabili- dad, incluso cuando los escritores no nativos no son capaces de expresarse con todas los matices de que es capaz un nativo.

Esta autora señala tres características que distinguen el comportamiento de los no nativos

1. Son demasiado informales (casual).

2. Parecen demasiado distantes e indiferentes (detached). 3. Son demasiado personales e indiscretos (personal).

Y de ellas concluye que las necesidades de instrucción han de ir encaminadas a conseguir:

a) Mayor formalidad en el lenguaje. b) Mayor indirección.

Dado que una de las causas de la poca formalidad e indirección de las cartas se podría deber a que los hablantes no reconocen la gravedad de la imposición (una petición), todo hace pensar que una sensibilización sobre la situación discursiva podría ayudar al alumno a evaluar acertadamente los medios lingüísticos que necesita emplear. El estudio de Maier (1992) sigue a Myers (1989), que fue el primero en aplicar el modelo de Brown y Levinson (1987) a los géneros escritos. Este último demostraba que construcciones que antes eran consideradas convenciones del género podían reinterpretarse como estrategias de cortesía tal como estas habían sido trazadas por Brown y Levinson (1987). En este estudio de Maier, considerado pionero tanto en la aplicación de este análisis a escritos de no nativos como en aplicar la teoría de la

cortesía verbal al género de las cartas de negocios, se comparan algunas estrategias relevantes al género como:

1 La deferencia versus inclusión. 2 Pesimismo versus optimismo. 3 Dirección versus indirección.

Para ello este autor trabaja a partir de locuciones o frases específicas y se centra en el error pragmático (véase epígrafe anterior). Algunas veces hace alusión a enunciados completos, con el objeto de citar cada una de las estrategias empleadas y contrastar las formas lingüísticas empleadas por unos y otros. Además de observar la estrategia en cuestión señala la variación léxica que exhiben los nativos con respecto de los que no lo son.

El estudio se lleva a cabo con 18 sujetos, 10 no nativos y 8 nativos, a quienes se les dio un párrafo escrito con instrucciones. Dichas instrucciones no incluían la cortesía, sino solo la descripción de la situación ficticia a la que los hablantes sujetos del estudio tenían que responder. Se trataba de disculparse por no haber asistido a una entrevista de trabajo y convencer al interlocutor (the personnel manager of a company) de que les concediera una segunda cita para la entrevista. El trabajo, que además de seguir a Brown y Levinson (1987), sigue también a Scollon y Scollon (1981), apela a la necesidad de mayores estudios de cortesía lingüística desde la perspectiva de la producción de lengua escrita.

Mientras que las tres variables corteses del estudio de Cherry (1988) (véase epígrafe 1.3.2. La cortesía verbal) eran invariables, excepto la seriedad de la imposición, que era muy alta, en el estudio de Maier las tres variables eran altas y se repartían del siguiente modo:

W: alto, igual que en el estudio anterior

D: alto, ya que el escritor está en un rango muy inferior al receptor de la carta P: alta, ya que los interlocutores no se conocen

Entre las conclusiones, la autora destaca la confirmación de dos hallazgos que ya aparecen en Cherry (1988): la enorme variación lingüística que se produce incluso en una tarea altamente dirigida como ésta que ella propone y el hecho de que las estrategias de cortesía se aplican a todo tipo de comunicación escrita. Finalmente, la autora destaca que incluso los no nativos despliegan estrategias de cortesía, aunque su repertorio no sea el mismo que el de los nativos. La autora subraya la necesidad de este

tipo de estudios comparados para mejorar la calidad de los materiales de enseñanza de la lengua 2/extranjera.

3.4.2.3. El estudio de Gea

Este trabajo analiza las críticas de libros en publicaciones académicas desde el punto de vista de la intersección entre cortesía y género. La autora, que sigue a Swales (1990a) y a Bhatia (1993) como los precursores del análisis del género, destaca la naturaleza eminentemente comunicativa del género objeto de estudio, pues refleja el funcionamiento interactivo entre los participantes: el reseñador y el reseñado. Gea defiende el estudio pragmático del género porque ayuda a definir la finalidad comunicativa así como a averiguar hasta qué punto el género refleja las relaciones interpersonales entre participantes (Gea, 2000: 12). Para ello observa dos peculiaridades retóricas del comentario bibliográfico (book review): los marcadores de cortesía y los enunciados modalizados.

La intención comunicativa es el criterio que sirve a esta autora para definir el género y ésta a su vez será la que determinará el plano lingüístico del texto:

Communicative purpose acts as a defining criterion and constitutes the rationale for the genre. The rationale, or underlying logic of the genre, in its turn, imposes constraints on lexical and syntactic choice (Gea, 2000: 14).

Las ventajas de este tipo de análisis es que permite realizar correlaciones forma sintáctica –función pragmática integrando aspectos sociales y cognitivos del género. A pesar de la variación, los distintos ejemplos se pueden considerar representaciones del modelo prototípico del género.

Aparte de Swales (1990a) y Bhatia (1993), esta autora sigue a Halliday (1978 y 1985) y a Brown y Levinson (1987) en lo que se refiere a la perspectiva pragmática, así como a Myers (1989) en la aplicación del modelo al estudio de los textos escritos en ámbitos académicos; también a Johnson (1992), que investiga los cumplidos (compli- ments) en textos escritos, y a Belcher (1995, en Gea, 2000), que estudia los escritos críticos. En lo que respecta al modelo establecido por Myers para la caracterización pragmática de los géneros escritos, Gea señala:

In his application of Brown y Levinson's model to the research article, Myers attempts to demonstrate that the acts of claiming and denying claims are usually reddressed with some politeness devices, which indicate the impositions inherent in these acts. In other

words, "the texts themselves show that the authors are aware of the FTAs." (Myers, 1989:6, citado por Gea, 2000:20-21).

Esta autora toma de Myers la caracterización y operacionalización de los recur- sos corteses más frecuentes, tanto los dirigidos a la cortesía positiva, por ejemplo el uso de expresiones con el pronombre we, o el uso de modificadores para indicar terreno común (common ground), o los dirigidos a la cortesía negativa: el fenómeno mitigador (hedging) y los verbos modales, junto con locuciones que sugieren un grado de incertidumbre acerca de la afirmación siguiente (it seems highly likely), y la técnica de dar a una afirmación una atribución personal (I believe). Aparte de la mitigación (hedging) otro fenómeno que considera es la impersonalización. Todas estas cons- trucciones indican la deferencia del hablante ante la comunidad científica (Gea, 2000:20-21).

Tanto el trabajo de Myers (1989) como el de Gea (2000) demuestran que aunque la escritura no implique contacto cara a cara, sí que es una forma de interacción (Myers, 1989:30 en Gea, 2000:20-21), y que en esta interacción la relación entre interlocutores determina los recursos utilizados. Ambos estudios también demuestran que un análisis pragmático de los textos ayuda a comprender los actos sociales en la producción del saber científico.

En conclusión, los tres estudios juntos, los de Cherry, Maier y Gea, demuestran que el estudio de la cortesía dentro del marco del género discursivo no sólo es posible, sino que revela las íntimas conexiones entre las estrategias corteses y los recursos retóricos, pues algunas regularidades de la escritura científica que tradicionalmente se han explicado como convenciones retóricas se pueden contemplar en términos de cortesía ya que están utilizadas como respuesta a la interacción encarnada en el texto.

Los tres estudios ponen en evidencia la necesidad de adoptar un enfoque flexible que permita dar cuenta de las regularidades y de los patrones típicos más recurrentes en los textos. Sus hallazgos demuestran que los principios de la pragmática han de ser considerados como probables, de ahí la contrapartida: la enorme variabilidad de las muestras que se toman para su análisis.

Otro aspecto que nos interesa destacar es el comportamiento típico de los hablantes no nativos (Maier, 1992) que revela un punto de dificultad que requiere nuestra atención. Nos referimos al registro formal, a la necesidad de una instrucción que ponga énfasis en la comunicación objetiva más que subjetiva y en la necesidad de trabajar la fuerza ilocutiva de los enunciados para que los alumnos se impliquen más

con aquello que dicen y con la tarea que realicen. Estos aspectos, nos referimos en especial a la indirección (actos de habla indirectos que eviten los actos potencialmente amenazadores), también fueron subrayados por Gea (2000).

En conjunto se puede afirmar, (aunque de esto nos ocuparemos en el epígrafe 4.2.3. del capítulo siguiente, que tratará de la perspectiva del género para el aprendizaje de la composición escrita), que el estudio del género desde la óptica de la pragmática y de la cortesía es clave para entender cómo funciona el discurso escrito de manera empírica. Además, el hecho de que las relaciones interpersonales entre los participantes dentro del género discursivo se reflejen en el plano lingüístico pone en evidencia la importancia que estos estudios pueden tener en un enfoque discursivo de la enseñanza y el aprendizaje de la lengua escrita. Finalmente, las consideraciones metodológicas que estos y otros autores han hecho sobre aspectos metodológicos y que se reflejan en nuestra investigación las trataremos en el capítulo 5.

En el próximo epígrafe abordaremos el sujeto del aprendizaje tal como lo concebimos en las EEOOII, como un individuo adulto e independiente, lleno de experiencias anteriores, muchas de ellas relacionadas con el lenguaje y la comunicación. Consideramos necesario caracterizar al agente del aprendizaje pragmá- tico porque teorías y fórmulas que funcionan en otros ámbitos de aprendizaje, como la escuela obligatoria o los estudios superiores, a los que se dedican muchos más recursos y esfuerzos acaban muchas veces por imponerse en las EOI, cuando en realidad, lo que reclamamos los profesionales de estas instituciones educativas es un campo propio, que tenga en la especificidad del aprendizaje adulto y no obligatorio.

A continuación, y a la vista de todo lo expuesto hasta ese momento, señalare- mos cuáles son, desde nuestro punto de vista, los objetivos y contenidos de la enseñanza de la composición escrita en L2/L3 y los tipos de intervención didáctica que consideramos más adecuados para fomentar las capacidades que tienen que ver con la escritura en L2/L3.