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GILBERTO ELISEO: ¿Qué piensa Tercero? ¿Por dónde comenzamos a contar esto que hemos hecho? ¿Por eso que el método denomina como “pregunta de investigación”? Porque a mí me parece algo aburrido. He pensado que un inicio emotivo serían las discusiones que teníamos en el colegio, cuando siendo niños empezamos a añorar el poder y, muy de paso, a soñar un país mejor. O qué tal si empezamos explicando esta tarea en la que ambos, cada uno a su manera, le andamos apostando a un Caldas que parece ni existir, pues ni él mismo se imagina, ni él mismo se narra. TERCERO VERNAZA ¡Lo mismo da! ¿No ha visto que en cualquier lugar que nos paremos y

en cualquier tiempo que nos encontremos, usted y yo siempre hablaremos de lo mismo? Todas esas ideas que ha dicho son el mismo punto de partida. El comienzo es lo de menos, ya hasta en mis notas he intentado empezar, y si supiera por dónde comencé estaría entre la alegría y la nostalgia, como yo.

Eso sí, lo mejor de empezar es esa incertidumbre que se siente en el estómago cuando las palabras y los recuerdos van tomando su propio rumbo… A eso me refiero Gilberto, ¿de qué nos quejamos? El principio para esta historia es fácil, a la larga nosotros, que la reconstruimos, con compromiso la podremos comenzar a relatar.

Es el futuro de la historia el que me tiene perplejo: no está y por ahora sólo lo hemos llenado de sueños guardando fe en que será el tiempo el que termine trayéndolos como verdad, y tal vez al precio de nuestro muerte.

GILBERTO ELISEO: Allí está. Por eso me gustan sus reflexiones sentimentales. Empecemos por eso, por la “verdad”. Al fin y al cabo es el trasfondo de todo, es eso que al principio nos pareció tan inasible pero que más tarde nos fue irradiando todo de luces. Pero no me refiero a esa verdad que la justicia transicional nos ha pretendido enseñar como simple derecho, eso lo dejamos para más adelante, me gustaría arrancar con esa verdad que es relato común, que es acto constitutivo, que es autonomía, que es libertad del alma.

En todo caso empecemos, ya sé que es fácil, pero hagámoslo. Entiendo su perplejidad frente al futuro de nuestro relato, pero créame que ni siquiera le conoceremos la cara si no tenemos el atrevimiento de empezar. Si empezamos y seguimos narrando montados en el tiempo, escribiremos un futuro que aunque terriblemente desconocido será nuestro.

TERCERO VERNAZA: No creo que empezar por el concepto de “verdad” sea buena idea. Es hablar de lo más confuso de entrada y tal vez terminaría por hacer perder el punto que queremos, que es la propuesta narrativa que le tenemos al derecho, esa forma en que nosotros creemos que se debe narrar la verdad de los hechos atroces. Claro que debemos llegar a disertar sobre la verdad, tal y como usted lo dice, pero que ese sea más el punto de llegada, el objetivo, que sea más la justificación de la forma de narración jurídica que creemos que debe ser.

GILBERTO ELISEO: Bueno, pero empecemos. Proponga algo usted entonces.

TERCERO VERNAZA: He pensado que un buen comienzo sería el día en que nos cruzamos; no hablo del día en que nos conocimos, que además ya lo perdí de la memoria, hablo de ese día en que nos encontramos, ¿recuerda? Ese en el que usted venía de la costado izquierdo de la Avenida Santander justo cuando yo me dirigía hacia allá. En la mitad nos saludamos y empezamos una charla que aún no termina, incluso hoy, cuando cada uno grita desde su lado mientras nos alejamos cada vez más.

Me he imaginado que esta historia nació en ese encuentro; no sé con cuál tema, pero lo que importa es que empezó allí

GILBERTO ELISEO: ¿Y así dice usted que yo soy el que propone un inicio confuso? Entiendo su intención y siempre he intentado comprender las abstracciones con las que le gusta darle profundidad a sus relatos, ¿pero realmente cree usted que es un inicio adecuado?

Si usted me ha dicho que en este momento es necesario que corte con mi acostumbrada adjetivación y con mis sustantivos artificiosos, yo me siento con el derecho de reclamarle a usted que, al menos por hoy, renuncie a esas maneras que no le aportan a lo que buscamos. Recuerde que queremos que cualquier persona lea estas memorias, y no para que las entienda, sino para que pueda transportarse en ellas.

Como bien lo diría Tomás Eloy Martínez, a quien hemos venido leyendo: debemos tensar nuestro lenguaje hasta que vislumbremos los destellos de lo que queremos indagar en los otros4; debemos sacrificarnos dentro de nuestras formas para

excavar hacia lo que deseamos.

TERCERO VERNAZA: Es cierto, tiene toda la razón. Pero al menos entienda lo que quiero decir. Cuando digo que esta historia que estamos por contar empezó “allí”, no es tan sencillo como que comenzó con nosotros, que somos sus investigadores y narradores. Quiere decir también que inició en ese punto, en ese lugar, no es ese que es descripción de un espacio vacío, es en ese que es narración de un espacio rebozado de sujetos… Ese hábitat de fantasmas que hablando se irán yendo a descansar; ese hogar de fantasmas sin nombre y con historias sin contar.

GILBERTO ELISEO: Ahí va usted de nuevo con sus abstracciones. De todas formas me parece que ha llegado al punto. Ya le voy entendiendo como es que esta historia empieza en ese lugar.

TERCERO VERNAZA: Ya veremos si me ha entendido. Por ahora comencemos. Aprendamos, mientras nos vamos, a ponerle nombre a la infamia, como Fernando

4 Martínez, Tomás Eloy. “Entre la realidad y la ficción”, en La otra realidad: Antología. Buenos Aires. Fondo de Cultura Económica. 2006.

Vallejo lo enseña5

5 Vallejo, Fernando. A los muchachos de Colombia. Discurso pronunciado en el encuentro de escritores del Parque Nacional de Bogotá.

Bogotá. 26 de agosto de 2000.

; pero no sólo a la infamia del machete, también a la infamia del derecho y de su ley.

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