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Chapter 6 provides a comparison of the total ADHD sample compared to
En este capítulo interesa revisar los modos como operan las relaciones de soporte intergeneracional en las familias de las mujeres, las condicionantes socio-culturales y biográficas que influyen en cómo se construyen esos soportes. Particularmente el orden de género; el principio de reciprocidad, los patrones vinculares de apego y las normas de obligación filial en la relaciones intergeneracionales de las familias de las mujeres, y su impacto en la construcción de los soportes post viudez. Para contextualizar esta discusión se describirán los principales cambios de la familia durante la modernidad, para luego discutir cómo operan los soportes intergeneracionales en las familias de las entrevistadas.
La modernidad conlleva una serie de cambios complejos, entre los cuales se destacan el deterioro de las instituciones tradicionales, el predominio del modelo neoliberal y el impacto de la globalización (Thumala, Arnold y Urquiza, 2007). La familia tradicional extendida es una de las instituciones que ha experimentado cambios en su estructura y funciones. Para abordar estos cambios parece útil recordar las características de la primera transición demográfica y señalar los principales rasgos de la denominada “segunda transición demográfica” e intentar reflexionar acerca de su impacto cultural y social en el entorno familiar.
La primera transición se caracterizó por niveles de fecundidad inferiores al nivel de reemplazo y sostenidos en el tiempo, producto del control de la natalidad; la segunda se caracterizó por el aumento de la expectativa de vida producto de las transformaciones en la calidad de vida, cuyo principal impacto es el envejecimiento poblacional; ambas transiciones impactan la vida social y las pautas culturales de convivencia. Su expresión en la estructura familiar la podemos reconocer en la reconfiguración de la familia extendida que compartía la cohabitación a la familia nuclear y en las nuevas configuraciones familiares. Ambas transiciones comenzaron a expresarse en los países desarrollados y se manifiestan más tardíamente en América Latina (Lesthaeghe, 1995).
La segunda transición impacta en la estructura familiar incrementando la soltería; retrasando el matrimonio; postergando la llegada del primer hijo; expandiendo las uniones consensuales; expandiendo los nacimientos fuera del matrimonio; aumentando las rupturas matrimoniales y
53 diversificando las modalidades de estructuración familiar. Alguna de estas nuevas configuraciones familiares están constituidas por hogares mono parentales, unipersonales, coparentalidad sin cohabitación, homo parentales entre otras configuraciones (Lesthaeghe, 1995).
La segunda transición demográfica se está desarrollando con distintos escenarios en América Latina, y el impacto a nivel cultural y social y particularmente en la estructura familiar parece estar asimilándose en primera instancia en los grupos socialmente favorecidos. Este patrón de asimilación de los cambios culturales es habitual, son los grupos con mayores recursos socioeconómicos, los que generalmente adoptan las pautas de conducta prevalecientes en los países desarrollados.
Es así como serían estos grupos los más proclives a desarrollar patrones de fecundidad baja y tardía; retrasar el matrimonio y aumentar el celibato, como asimismo la cohabitación y el divorcio y la diversificación de formas familiares, esto conlleva ventajas para su desempeño social en muchos sentidos, en particular el tiempo destinado a la formación y sus opciones de dedicación y movilidad laboral. Esta condición contiene uno de los riesgos previsibles de esta segunda transición, y es que abre las posibilidades para una nueva forma de estratificación social, nuevas brechas entre los grupos sociales (Lesthaeghe, 1995).
El autor plantea que cuando era posible observar una tendencia hacia la homogenización de los patrones demográficos básicos entre grupos sociales, por la generalización de la primera transición demográfica, que básicamente disminuía y nucleaba la unidad familiar; surge una modificación de otro conjunto de comportamientos socio demográfico que probablemente generará una nueva estratificación social: entre los grupos culturalmente favorecidos que prolongan sus estudios, postergan el matrimonio y la natalidad , fortaleciendo de este modo su inserción laboral y económica y los grupos que incorporan estos cambios más tardíamente debilitando su inserción laboral y económica.
Para el autor (1995), sin embargo es necesario considerar las distancias culturales entre los países del “primer mundo” y los países latinoamericanos, donde el valor otorgado a los niños,
54 la histórica presencia de las uniones consensuales, y el conocido patrón de desvinculación de los padres condicionan las mutaciones que plantea la segunda transición demográfica.
Por otra parte, señala que a diferencia del aumento de la cohabitación que en Europa parece ser una manifestación de modernización cultural, que expresa opciones desde la individualidad de ambos miembros de la pareja, en América Latina, al expresarse en el contexto cultural del machismo y los patrones de desvinculación de los padres, más bien se traduce en una manifestación de pobreza y marginalidad, que implica mayor vulnerabilidad para la pareja y los hijos (Lesthaeghe, 1995).
La segunda transición modifica en un sentido radical la organización familiar. En efecto, mientras que la transición demográfica clásica altera la estructura y el tamaño de los hogares, más específicamente, los “nucleaba” y “empequeñecía” pero dejaba más bien intacta a la familia como institución, la segunda transición demográfica transforma el contrato matrimonial y, en algún sentido, a la familia también. El matrimonio enfrenta el desafío de la generalización del divorcio y del aumento de la cohabitación. La familia, por su parte, encara la agudización de las tensiones entre proyecto individual en la sociedad y el proyecto reproductivo y de socialización primaria que históricamente ha sido el eje de la institución familiar (Lesthaeghe, 1995).
El autor señala que en términos muy amplios, estos son los desafíos que impone la modernidad a la familia: la tensión entre las decisiones individuales que procuran maximizar el proyecto personal, la asimilación de fenómenos socioculturales emergentes, relacionados tanto con la aversión al riesgo, al trabajo doméstico y a la confianza en los otros (Lesthaeghe, 1995). El incremento de la soltería y separaciones conyugales modifican aspectos de las relaciones de género y reproductivas que se consideraban altamente estables, como la tendencia a que la gran mayoría de las personas adultas establecían un compromiso de pareja con fines reproductivos o, al menos delimitaban formalmente el ámbito de ejercicio de la sexualidad. Por otra parte el aumento de la fecundidad asistida, la adopción mono y homoparental, ponen en jaque la definición cultural de la pareja parental heterosexual como “los agentes” encargados de la
55 socialización y crianza. Estas nuevas configuraciones familiares modifican la concepción misma de la familia tradicional extendida o nuclear biparental (Lesthaeghe, 1995).
Otra dimensión de la estructura familiar que también se ha visto impactada por los cambios propios de la modernidad son las relaciones intergeneracionales. Dieter Ferring (2010) sostiene que el discurso generacional requiere una clarificación del término generación. En el nivel de la historia social el término es usado para describir a las personas con un pasado histórico común y que se diferencian de otros por las fechas de nacimiento de esa cohorte poblacional. Desde la noción genealógica del término se refiere al linaje familiar y a la diferenciación entre hijos, padres, abuelos y nietos. Finalmente desde la noción educativa se refiere a la trasmisión de conocimientos entre dos generaciones. Sin embargo la edad cronológica no juega un rol esencial en la noción de transferencia de conocimiento.
Ferring (2010) reconoce la diferencia entre generación genealógica y generación socio histórica, la primera se expresa en el micro proceso posible de observar en una familia, la segunda a nivel del macro proceso social. En este trabajo cuando se habla de relaciones intergeneracionales me referiré al micro proceso posible de observar al interior de una familia.
A nivel familiar las generaciones se diferencian por su posición genealógica, pudiendo realizar pocas distinciones actitudinales y políticas exclusivamente por el hecho de pertenecer a una generación o a otra; donde los autores sostienen que es posible observar una cierta tendencia generacional distinguible de una generación a otra en una familia, es en torno a ciertos valores como la tolerancia con la diversidad, valoración del medio ambiente y valoración de la individualidad y otros valores propios de la postmodernidad.
Ferring (2010) señala que a nivel social las generaciones se diferencian en primera instancia por sus metas políticas, valores y actitudes, en segunda instancia por su adhesión a un cierto estilo de vida y tercero, respecto de los riesgos económicos y oportunidades que están dispuestos a correr en determinado período de tiempo. Plantea que a nivel social el conflicto generacional ha adquirido un cierto tinte desde lo económico hacia lo cultural, donde predomina un discurso que valora la pluralidad de valores, sin embargo a nivel social
56 predomina hace bastante tiempo un discurso donde lo que está en disputa es la distribución de recursos financieros en el plano de las políticas públicas.
Es evidente que existe consenso social y legal acerca de cómo sostener la relación padres-hijos cuando estos son aún dependientes de los padres: los padres deben brindar afecto, sostenerlos físicamente, deben socializarlos y brindarles recreación y los hijos deben respetarlos y obedecerlos, ser responsables en sus deberes escolares e incorporar las reglas sociales de convivencia. Esta relación está hoy altamente normada y a nadie le sorprende que exista incluso un acuerdo internacional acerca de los derechos de cuidado de los niños. Sin embargo no existen parámetros respecto de cómo sostener la relación cuando ambos son adultos, además de reconocer que la relación cambia. Esta falta de patrones acerca de cómo sostener la relación entre padres viejos e hijos adultos es un vacío más del contexto del envejecimiento y las transformaciones de la familia en la modernidad. La familia tradicional extendida no tenía este vacío ya que la cohabitación de las distintas generaciones lo resolvía en sí misma. Este vacío plantea el punto inicial desde el cual los autores se plantean los límites de la obligación filial y abre la pregunta por cómo se resuelven los soportes intergeneracionales en las nuevas estructuras familiares.
Relaciones intergeneracionales en las familias de las mujeres
En Chile y respecto del tipo de familias en las cuales se observó cómo las viudas reconfiguraban sus soportes sociales (familias populares donde la nupcialidad o convivencia de la pareja se constituyó alrededor de los años 1940 -1970), es posible sostener que el modelo familiar bajo el cual se constituyeron correspondía a la familia extendida y fueron experimentando en el transcurso de su historia la primera transición demográfica.
En las mujeres estudiadas conviven diversidad de modelos familiares; en relación al tipo de relaciones intergeneracionales predomina un modelo multigeneracional, donde pese a reconocer el derecho de los hijos a formar su propio hogar, la mayoría de las entrevistadas vivía con una hija en la misma casa o en el mismo sitio.
57 Por ello resulta pertinente hablar de diversas modalidades de formas de convivencia familiar, adecuadas a las particularidades de cada grupo sociocultural y a las variables biográficas de cada familia. En el caso de las familias de las entrevistadas y en relación a la solidaridad intergeneracional pareciera operar el modelo de “familia multigeneracional”. Este modelo describe las modalidades y fundamentos de las interacciones de reciprocidad entre miembros de una misma familia que pertenecen a distintas generaciones y que no necesariamente comparten la cohabitación como en el modelo de familia extendida.
Desde la literatura se sostiene que una de las razones que ha contribuido a aumentar las interacciones de reciprocidad, es el aumento de la longevidad de la vida, que permite que miembros de distintas generaciones interactúen y se conozcan; una de ellas es la tendencia en aumento de niños, hijos de personas mayores de 40 años o más, en el contexto de un segundo matrimonio o convivencia conyugal, cuyos hijos adultos tienen hijos aproximadamente de la misma edad. Así ocurre que padres e hijos se encuentran en etapas de crianza semejantes, por lo que los niños conviven con un par etario que es su sobrino o tío.
Estos hechos predisponen a una mayor convivencia con personas mayores en todas las etapas de la vida, sin embargo no todos los miembros de la familia muestran disposición a integrar a los mayores del mismo modo. El cuidado de otros y particularmente los débiles de la familia, niños, viejos y enfermos es parte del mandato de género femenino, tradicionalmente el cuidado de los mayores ha sido asumido por las mujeres, por lo que sostenemos que si operan las relacione de reciprocidad intergeneracional, también serán las mujeres quienes sostengan esos soportes. Sostenemos la hipótesis que las relaciones de reciprocidad intergeneracional están construidas bajo un orden de género.
La modalidad de intercambio en las familias multigeneracionales opera bajo el principio de reciprocidad; donde hay aportes de los mayores a los más jóvenes y también en el sentido inverso. (Bengston, 2001; Hagestad, 2003; Silverstein 2002; citado en Hooyman, N. y Kiyak, H. A., 2008). Los adultos mayores muchas veces cumplen funciones de socialización, sirven de modelos al interior de la familia, realizan apoyos económicos, dan continuidad a la historia familiar, brindan apoyos cotidianos especialmente a las madres jóvenes y a los padres
58 divorciados. Los mayores contribuyen de distintas formas en su comunidad con trabajos pagados y no pagados, como voluntarios o líderes comunitarios. Ellos ofrecen tiempo, recursos financieros, experiencia y fortaleza a su familia y a la comunidad.
En las entrevistadas aparecieron modalidades de reciprocidad intergeneracionalen distintos ámbitos de la vida familiar.
La Sra. Carmen expresa con claridad su concepción y satisfacción con el tipo de relaciones intergeneracional que construyó en su familia de origen y familia nuclear, que opera en base al principio de reciprocidad, ella señala que fue muy protegida por sus padres y que ella los cuidó cuando ellos estaban viejos, del mismo modo ella ha protegido a sus hijas y sus hijas ahora la cuidan a ella, incluso ambas desean que ella se mude a vivir con una de ellas.
Creo haberlo hecho bien… Yo cuidé mucho a mi padre, yo pagaba el médico y las medicinas de mi papá. Yo le pagaba mensualmente todas las consultas. Yo estuve muy preocupada de mis hijas y de mi mamá. Yo dormí con mi mamá diez minutos, abrazadas, antes que ella muriera…mis hijas son igual conmigo…ambas quieren que me vaya a vivir con ellas (Anexo entrevistas, entrevista nº10, r. 749- 781).
Desde la experiencia de las entrevistadas la hipótesis de la reciprocidad se confirma y además cuando opera en la relación madre–hija se constituye en un soporte sólido.
En las entrevistadas no aparecieron ni los hijos hombres ni hermanos como soportes estables y confiables, los hombres que si aparecieron como soportes estables y confiables fueron los nietos, ya fueran biológicos o de “crianza”8 particularmente cuando estos nietos fueron en
parte criados por ellas.
Así lo señala la Sra. Manuela cuando describe que su soporte principal son la hija que vive con ella, y los hijos de esta, que son nietos que se criaron en su casa luego de la separación de la hija, este hecho configuro una relación de solidaridad madre -hija-nietos, ya que la Sra. Manuela cuidaba a los nietos para que la hija trabajara para sostenerlos, este hecho al parecer
8Los nietos de crianza son niños que fueron criados por ellas, sin que existiera línea de consanguineidad pueden ser hijos del ex cónyuge o pareja o hijos de compadres; en esta línea de construcción de solidaridades también algunas entrevistadas reconocen como hijos y nietos de crianza a los hijos y nietos de las “patronas” con las cuales trabajaron muchos años, y con los cuales sostienen una relación afectiva y de soporte.
59 consolido una relación fuerte de solidaridad intergeneracional. Podemos pensar que entre esta abuela y estos nietos está operando el principio de reciprocidad intergeneracional.
En el caso de la Sra. Roberta ella señala: R: Gustavo un día me dijo… M: ¿Quién es Gustavo?
R: Es uno de los chiquillos que yo crie. M: Uno de sus hijos adoptivos.
R: Son todos muy simpáticos y agradables. M: Y con todos estos parientes…
R: No, son todos amigos, bueno hay varios que los crie yo. M: Son hijos putativos.
R: Si, me llaman siempre...soy la tía del alma…es que los crie M ¿Y todos la vienen a ver, la llaman?
R: La Lily me llama dos veces en el año. M: La Lily hija.
R: Si, la mayor. Y nos damos unas largas conversaciones porque ella está en Alemania hace muchos años.
M: Ah, se fue a Alemania.
R: También tengo otra que me llama de Francia (Anexo entrevistas, entrevista nº9, r. 23-81).
Gustavo, es hijo de su ex esposo con otra mujer y la Lily es la hija mayor de una “patrona”, con los “hijos de crianza” opera el mismo principio de reciprocidad.
La diferencia en las mujeres entrevistadas, era el tipo de soporte que brindaban los hijos de crianza y los hijos biológicos. Los “hijos de crianza” brindaban soportes ocasionales, llamadas por teléfono, visitas y apoyo económico en situaciones de urgencia, el soporte instrumental habitual y cotidiano es un dominio de las hijas mujeres, y cuando estas no existen o no están disponibles para ello se hace evidente la carencia.
Desde la perspectiva de las mujeres ellas habitualmente continuaban conservando su rol de madres frente a sus hijos, les brindaban distintos soportes, habitualmente en el ámbito económico a los hijos hombres, y doméstico y de cuidado de los hijos a las hijas. Este modo de establecer la reciprocidad con los hijos también muestra la reproducción de los patrones de género, donde se privilegia y fortalece el rol económico/público de los hombres y domestico/privado de las mujeres.
60 Pareciera que a las madres les resulta difícil abandonar su rol materno, probablemente porque les reporta satisfacción sentirse necesitada y querida por sus hijos, capaz de brindarles apoyos. Para las entrevistadas parece ser un rol en tensión ya que sienten deseos de proteger a sus hijos, aunque con conciencia de sus propias debilidades.
Las entrevistadas también describen crisis en las relaciones de vecindad, amistad y familiar que desde su experiencia quiebran la reciprocidad y no es posible recomponerla, refieren casos de situaciones críticas personales en que los otros no brindaron el apoyo que esperaban, como consecuencia de lo cual ellas cortaron emocionalmente la relación. Este tipo de quiebre vincular en la biografía de las mujeres podemos comprenderlos desde el mismo principio que fundamenta las relaciones, cuando la reciprocidad opera esa relación se fortalece y perdura, cuando la reciprocidad deja de operar, la relación se quiebra y es muy difícil de recomponer. Así lo describe la Sra. Amelia:
M: Ud. me decía que ha tenido varias desilusiones con personas además de con su marido.
A: si por ejemplo mi amiga Marta me desilusionó…después de toda una vida de amistad…éramos como hermanas….no supo estar cuando yo estuve mal con la muerte de Iván y el problema con mi hijo….y hoy día a pesar de que la Jackie su hija es muy cariñosa conmigo…para mí algo se rompió…me invita a su casa pero no me siento a gusto y evito ir a su casa (Anexo entrevistas, entrevista nº2, r. 149- 155).
Dentro de los conflictos familiares que rompen la reciprocidad aparecieron los conflictos por herencia; cuando hay desacuerdo en cómo los padres repartieron en vida los bienes o beneficios del cuidado, los hermanos no logran superar esa pérdida y se quiebran las reciprocidades entre hermanos antes compartidas, como lo señala la Sra. Alejandra:
M: ¿Cómo era antes del enredo con la casa de su mamá?
A: Antes del enredo nos juntábamos todos, mis hermanos con mis hijos, todos, pero antes, porque a mí me gusta verlos así, a todos.
M: Y a los que viven lejos. ¿Usted no los invita de a uno?