La ciudad se organiza en torno a los problemas de salud pública, por ejemplo, el problema del control de la evacuación de los desechos. No en vano irán proliferando los excusados como un espacio en donde se puede aislar de la mirada del otro. Philippe Braunstein274 muestra cómo en la época, era común que cada uno cargara la yacija sobre la que orinaba o vomitaba. Era común también que las personas se agacharan en cualquier lugar para deponer, lo que daba lugar, cada vez más, a escándalos. La organización de la ciudad que da origen al hombre moderno, instala una organización de la mierda y de los objetos desechados por el cuerpo. Así, la organización de la ciudad será concomitante con un mayor control sobre el cuerpo. De hecho, el acto sexual de los recién casados, que comúnmente en la sociedad Medieval se realizaba en público, bajo la mirada de allegados y la exposición de las sábanas al día siguiente, va a llevarse cada vez más hacia la sombra y el retraimiento. La organización de la modernidad y la vivienda moderna, así como de sus relaciones, no solo se irá privatizando, sino que además implica toda una reorganización de la mirada275. Esto a su vez llevará a un mayor control y cuidado sobre el cuerpo, lo cual estará ligado al pudor. Herencia aristotélica de la unión entre medicina y moral que llevará a la instalación de un control a partir del saber experto.
Esta moral estará reforzada por el adiestramiento que se da en las escuelas, en donde el aprendizaje de la disciplina comienza con el silencio, y en donde se exige mayor precisión en la memoria ante la escasez del libro. Braunstein afirma que esta práctica de la memoria era una “necesidad en sociedades en las que el escrito seguía siendo el sistema de referencia sólo para una élite.”276 Faltará que aparezca la imprenta en el siglo XIV para que las imágenes y los textos puedan circular como auxiliares de la memoria.
Pero a lo que lleva esta retracción de la familia, esta privatización de la misma, es a la instalación de un tipo de relaciones que están concentradas en el jefe de familia. Observemos que estos vínculos se encontraban antes sostenidos básicamente por un Amo, de quien
274Braunstein Philippe, “La emergencia del individuo: situación de la soledad, siglos XI – XIII.” en Historia
de la vida privada (2)De la Europa feudal al Renacimiento (Madrid: Grupo Santillana Ediciones, 2001)
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Braunstein explica que la vista se halla reconocida como el sentido más indispensable para la historia del paso entre las sociedades medievales y las modernas, como lo evidencia la organización del espacio, la vestimenta, la pintura. Op. cit.
114 derivaba el equilibrio, y que en su representación simbólica estaba señalada por el Rey y el Papa. Ahora se comienzan a organizar células, en donde el padre de familia estará encargado de reproducir el orden imperante, mientras se va configurando un poder totalitario, que suspenderá su función.
4.1.
La organización espacial del goce en la vivienda
La organización en las ciudades transformó profundamente la construcción de las viviendas, y con esto las relaciones familiares. Philippe Contamine explica que “fue en la ciudad donde se empezó a construir con propósito de larga duración, a intervenir en inmuebles de calidad corriente, a remplazar los hogares abiertos por las chimeneas, las techumbres de baja y de tabla por las de teja.”277La organización de la vivienda antes del auge de las ciudades, por lo menos en las clases populares, no contaba con habitaciones independientes, incluso cuando se trataba de la servidumbre, en donde varios de ellos dormían en la misma pieza. Pero poco a poco irán apareciendo viviendas en cuyo interior se encuentran numerosas alcobas alrededor del jardín. En los conventos fueron construyéndose estas habitaciones aisladas, además de cuarto de estudio y capilla. De esta manera, la privatización del dormitorio se va realizando primero en los monasterios y sitios de estudio, hospitales y asilos.
En las casas de los nobles existían habitaciones comunitarias, ya que solían tener más de una decena de personas a su servicio. De hecho, el único espacio privado con el que contaban era un arcón cerrado en el que guardaba cada uno sus pertenencias. Por otro lado, en las casas de la Edad Media, el lecho no era para una persona o para una pareja exclusivamente, pues se acogían a los hijos, amigos y sirvientes. Con el tiempo, se fueron escribiendo tratados que recomendaban la independencia de lechos para los niños y en fin, un sin número de normas tendientes a evitar la lujuria. Advierte Contamine que era muy común no querer separarse de la criada o el chambelán de confianza, quienes dormían en la misma alcoba del Amo o doncella, o en una habitación inmediatamente contigua. Se trataba de disponer de su servicio en todo momento y, al mismo tiempo, de ejercer sobre ellos un control moral. Sin embargo, Braunstein relata que la oscuridad de estas casas superpobladas o con espacios comunitarios, prestaban el escenario perfecto para la fornicación y los encuentros furtivos.
La existencia en la Edad Media era en cierta manera colectiva; al menos eso permiten entrever los estudios de los historiadores, quienes relatan que aun estando fuera del recinto doméstico se continuaba en grupo, se trataba de una familia artificial, que aseguraba la fraternidad en los desplazamientos; al salir del servicio de su padre, un individuo continuaba bajo la guía de un maestro o en otros casos un Amo, a quien seguía a lo largo de su vida; de hecho, los hijos de los vasallos muchas veces eran proclamados caballeros junto al hijo del señor, para que así este contara con su compañía permanente.
De esta manera se constituían familias itinerantes, pues la característica de la sociedad feudal en cuanto a la constitución del espacio privado es que, o bien este no solo estaba limitado a la familia, pues se extendía afuera de ella, o bien se trata de un espacio público en el que las relaciones familiares están integrados a este. Desde luego este espacio público estaba limitado al Feudo, al interior de los cuales todos quedaban sometidos a una disciplina común. Esta imbricación del espacio público-privado, lleva a Braunstein a decir que “si la vida privada significaba secreto, este secreto, necesariamente compartido por todos los miembros de la
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Contamine Philippe, “Las instalaciones del espacio privado: Siglos XI – XIII.”, en Historia de la vida privada, (2), De la Europa feudal al Renacimiento op, cit., 485.
115 familia, era frágil y se aventaba con rapidez; si vida privada significaba independencia, semejante independencia era a su vez colectiva.”278
Esta estructura colectiva supone que cualquiera que se separe de la convivencia, que se encierre o se aísle, sea tenido por sospechoso o extraño. Braunstein cuenta que el aislamiento era considerado un síntoma de la locura. Basta con remitirse a Hamlet, primer acto, para ver cómo su aislamiento es señal de desequilibrio para la corte. No obstante, hacia finales del siglo XII, según Braunstein, se multiplican los signos de autonomía, evento concomitante con el auge de las ciudades y los sistemas de control de intercambio de mercancías, en donde la moneda va a cumplir un papel fundamental. Esta búsqueda de autonomía279 concuerda con el asunto de la ganancia ligada al intercambio comercial.