3. Experimental Plan and Methodology
3.2 QUALITY CONTROL TESTING
La oralidad de la población andina castellano, quechua y aymara hablante, si bien son diferentes las simbologías de representación del lenguaje oral, las significaciones sobre las deidades del agua utilizadas por el hombre del sur andino, se sincretizan con las traídas del mundo occidental europeo, se refieren a las sirenas o tritones vinculadas con la presencia del agua y relacionadas a las desapariciones, encantos y muerte.
En todo caso los hombres y mujeres no detienen en el significado en una sola generación, los escuchan, toman precauciones muy pocas veces los repiten, pero después de los 40 o 45 años de edad recuerdan los argumentos de los padres, abuelos, y bisabuelos, las ideas representativas del contexto del sur andino sobre las sirenas, la recuerdan como lo insólito, inexistente, lo raro e inexplicable, pero siguen reproduciéndolas una vez que constituyen
131 un elemento de las estructuras mentales del imaginario social sobre las sirenas en continuidad.
La “Sirena”, en este caso, cobra la apariencia de una chica extraña, sacada del agua por los pescadores del pueblo, medio ahogada y amnésica. La sirena la observan peinándose, sobre una piedra a la orilla del río, manantial, estanque o canal de agua. El discurso oral sobre la sirena, siempre la ven joven adornadas de bellezas y grandes riquezas de oro y plata, la relacionan con el encanto o canto de sirenas.
La oralidad sobre la sirena está vinculada con el canto, música y conciertos con instrumentos de cuerda, percusión y viento. La sirena enamoradiza sale de las aguas para ubicarse en las orillas a modo de monumentos y esculturas en las plazas, playas, casonas o portones como guardiana de la juventud, en cambio los tritones guardianes de los portones de ciertos recintos religiosos con instrumentos de cuerda entre sus manos de cabellera larga rizada.
El discurso oral de la zona de Lampa – Puno, recuerda a la sirena enamoradiza, una joven que la convencen salir al pueblo, a pasear las calles y relacionarse con la gente a pesar de ser sirena, hasta que se enamora del hijo de una familia residente, al joven se lo lleva por el río hasta que en una laguna desaparece. El final del relato es tan corto, (…) tan sugestivo, que (…) a pesar de todos los esfuerzos humanos posibles, en ningún caso se puede resistir a la fuerza de atracción” (D’Humières, 2014: 150) de una leyenda contada entre los adultos y oída por los jóvenes con toda naturalidad sin el mayor disgusto.
La complejidad de la sirena en la oralidad del sur andino, se resume en el reconocimiento para hacer ciertas calificaciones como seres extraños que los ven y no convencen su realidad, sino la subjetividad por ser seres extraños y especiales, que ponen nerviosos a los oyente u observadores hasta quedarse enfermos y aliviados por los sacerdotes andinos. Resaltan que son seres que estaban de más en el mundo, pero sin ellos /ellas no sería posible el lenguaje y la vida en el agua, porque eran como pararrayos y se hacían cargo de lo que los otros no podían entender ni hacer suyo para devolverlo en su nombre a la tierra (Martín Garzo 2005: 33).
De este modo, el abuelo, bisabuelo o tatarabuelo son los protagonistas específicos de la continuidad de las historias orales sobre las sirenas andinas o de la costa. En este caso, son
132 autores reivindicadores del hecho de que existan seres diferentes en el imaginario social, es no solo normal sino esencial para el buen equilibrio del mundo. Lo mismo ocurre en La sirena varada en la playa, donde se nota la presencia de una sirena salida del mar en busca de su amado entre el grupo de personajes reunidos para huir de una realidad decepcionante y dolorosa, creándose un lugar donde inventar una vida de fantasía, que solo obedezca al poder de la imaginación. La sirena varada en la playa, descubren que está loca de verdad, en su locura hace de ella un ser aparte y que le permiten refugiarse en un mundo de sueños del cual no puede escapar. “Para amarla de verdad, su amante tendrá que volver a la realidad” (D’Humieres, 2014: 150 - 151), se detienen en la playa para identificar al ser que ama, en un momento puso entre sus manos monedas de oro, lo ayudó a salir de los problemas que el pueblo lo abrumó.
Sin embargo, Luis Martín Santos sostiene, en todo caso el uso de la leyenda o del mito para expresar una verdad difícil de describir de modo objetivo también se puede ver ya no a nivel colectivo, como leyenda familiar destinada a ser propagada, sino a nivel individual en tiempo de silencio. En la sirena la cola son dos muslos cerrados, apretados; la muchacha de la cola no está dispuesta a dividir su cola con un cuchillo porque no ama, está todavía así con los muslos enfundados en escama (Martín Santos, 1981: 218), si se enamora y desaparece con pareja no tendrán hijos, por ello se aleja entre la aguas y vive oculta y eternamente sola. En este relato, la sirena es la proyección de un ser martirizado, víctima de un mundo demasiado violento donde no hay sitio para los inocentes, eternos desdichados” (D’Humieres, 2014: 151).
Resumimos que los mitos sobre las sirenas, hablan de forma reiterada de lo mismo: en estas aguas profundas, en las cuevas, en las cimas emergen estas sirenas desde el fondo de los tiempos, cuando toman cuerpo los estados más alterados de la conciencia, llevando a menudo a la desgracia; en todo caso, estos lugares encantados son un túnel que traslado al ultramundo, como esos desaparecidos que volvían luego a aparecer en otro sitio” (Martos García, 2016: 187)