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3.3 Cross-frequency coupling

3.3.4 Quantitative measures

La mente y su relación con el psique-soma, es un trabajo de 1959 en el que Winnicott enunció la relación entre sensaciones, emociones, sentimientos y vivencia somática. Diferenció un funcionamiento escindido, en el que cada factor va por su lado, sin nexos de un funcionamiento que integra los diferentes elementos corporales, emocionales y mentales que será la base para una buena salud mental. Esta integración es la que hace posible la función de la mentalización.

El cuerpo del bebé recibe cuidados que son la base de la estructuración de la identidad; cuando el cuerpo está cuidado de forma regular, las emociones surgen, se expresan, el pequeño puede sentirlas, vivirlas como experiencia emocional. La figura cuidadora deberá ir dando sentido al conglomerado psicofísico o físico -psíquico que el niño experimenta. Los sentimientos entran en juego cuando se da sentido a la emoción y se la liga con una experiencia relacional. Para Winnicott la mente se deja ir con confianza y por lo tanto, no debe ocupar demasiado lugar, ni tener demasiada actividad.

La figura cuidadora prestará su propia mente, al igual que la madre prestó su vientre para que el nuevo ser se constituyera como un ser individual. Si se presta la función mental, el pequeño podrá ir construyendo su propia mente de una forma no prematura.

Una de las claves para construir una adecuada salud mental nos la da el hecho de cuánto y cómo son capaces las figuras cuidadoras de adaptarse a las necesidades del bebé, para que este puede ir adaptándose de forma progresiva, sin acatamiento y sin sufrimiento excesivo.

“Podemos decir, hablando en términos generales, que la madre procura que el mundo del pequeño sea lo más sencillo posible” (Winnicott, 1949a, p. 328)

necesidades del niño y la capacidad del niño de tolerar la imperfección ambiental y de saber mostrarse de forma lo más libre posible.

La patología obsesiva, paranoide, narcisista, ciertas formas psicosomáticas, el trastorno límite, entre otros, cuentan con un funcionamiento hipertrófico de la mente que tiene la características fundamentales de un pensamiento concreto. Es decir un pensamiento desconectado de la emocionalidad y de las vivencias, con escasa capacidad para sentir y expresar los sentimientos; en realidad con escasa capacidad para la mentalización.

En gran parte es por esto que el pronóstico de estos trastornos es siempre reservado. La ayuda psicoterapéutica consiste en ayudar al paciente a ponerse en contacto con sus necesidades emocionales y afectivas básicas, esto será posible a través de la experiencia vincular entre paciente y terapeuta. Cuando las carencias afectivas han sido predominantes en la vida de la persona, el trabajo a realizar será arduo y dificultoso.

Hemos aprendido con Winnicott que las capacidades intelectuales son necesarias, pero pueden ser un obstáculo para el desarrollo emocional y vincular. Las capacidades cognitivas de una persona no se derivan de lo intelectual sino de la conjunción que hay entre lo intelectual, las emociones y los sentimientos y siempre dentro de un ámbito relacional. Si esto es así, la psicoterapia no debe estar enfocada a la reestructuración cognitiva desde los factores cognitivos sino que ante todo debe proporcionar una experiencia emocional y relacional que permita estructurar las funciones cognitivas, podemos pensar bien porque podemos sentir nuestras emociones con alguien que interactúa con nosotros con sus propias emociones y capacidades para sentir y pensar. El cognitivista posiblemente sin saberlo ayuda a su paciente por la experiencia relacional que ofrece.

significado a la emocionalida. No es tan importante el aprendizaje de los fenómenos como la vivencia de los mismos. Vivirlos, es experimentarlos, entonces se pone en marcha el proceso de aprender.

Nuestra hipótesis es que el entorno adecuado que protege al niño, le permite la experiencia de pertenecer a alguien con la condición de poder desprenderse poco a poco de esa dependencia y sentirse real. Para Winnicott la dependencia en el principio del desarrollo humano, es absoluta y se va transformando progresivamente en relativa (1963b). Si la criatura no está protegida y bien cuidada, puede seguir buscando personas que le proporcionen la experiencia de pertenencia. La necesidad de ser de alguien, para ser alguien, al precio de sacrificar el self verdadero que ha tenido pocas y no afortunadas condiciones para desarrollarse en libertad es el fundamento del sometimiento. El sometimiento a alguien puede ser una forma de masoquismo (Ghent, 1990) que se ha ido construyendo a partir de la necesidad de existir para los demás.

Algunas mujeres, condicionadas por una cultura primordialmente machista, crecieron con la idea de existir para el otro (el marido y los hijos), como si no tuvieran derecho a una existencia propia. Es distinto vivir para alguien como una forma de aniquilar la propia identidad que ser de alguien y a la vez ser uno mismo. La familia tiene la responsabilidad de proporcionar esta experiencia con los pequeños: “sois nuestros, para que podáis llegar a ser de vosotros mismos”. Es necesario que la cualidad de los padres o los suplentes tengan la suficiente salud mental y las necesidades afectivas suficientemente satisfechas para no utilizar a sus hijos al servicio de su psicopatología.

Puede observarse este fenómeno muy bien ilustrado en la película de Anthony Minghella “el paciente inglés” (1996).

Una película de guerra que tiene que ver con los duelos y por lo tanto con los vínculos. El terror a sufrir pérdidas lleva al protagonista a resistirse ante la inminencia de

una relación amorosa y vinculativa. En una de las escenas donde se pone de manifiesto su vínculo afectivo, después de un momento relacional amoroso y sensual, el protagonista dice: “….pero yo no quiero ser propiedad de nadie”, consciente de que amar y ser amado, implica una pertenencia. Nos referimos a una pertenencia que no tiene que ver con la manipulación perversa del otro. Es cuando falla este proceso natural de pertenencia que aparece la necesidad enfermiza de ser de alguien, sea quien sea ese alguien y al precio que sea. (Sáinz, Cabré, 2012).

4.5. El bebe no existe sin los cuidados de una figura adulta estable y responsable.