3.3 A mixed methodological approach to studying work 85
3.3.4 Questionnaire 92
La palabra autonomía se compone de dos palabras griegas: autós, que significa sí mismo, y nómos, que significa ley. De allí que, desde la antigüedad griega, este fonema tan particular haya sido usado para significar a todo ente que vive de acuerdo a su propia ley o que se gobierna a sí mismo (Ferrater Mora, 2004).
Comprender la autonomía desde su aproximación etimológica, permite adentrarse en la construcción conceptual de esta categoría de análisis, para comprender diferentes perspectivas a
su alrededor y tener tambien un acercamiento desde las prácticas que se observan en un grupo de estudiantes de grado quinto del colegio La Merced IED.
Una de las posibilidades de concepción de la autonomía que históricamente se ha trabajado y que no es ajena en este trabajo, es la de comprenderla como el gobierno de sí mismo (MC-2.1.2), siendo este acercamiento a la autonomía, la posibilidad racional de ejercer gobierno sobre sí, atendiendo a leyes propias que puedan convertirse en máximas generales.
Plantea Kant,
La autonomía de la voluntad como el concepto de todo ser racional para juzgarse y juzgar sus propias acciones; en esta medida, es la autonomía la capacidad racional del hombre para ejercer gobierno sobre sí mismo; pero este gobierno de sí mismo debe hallarse en todo ser racional y puede originarse en su voluntad de tal manera […] que pueda ser la tal máxima una ley universal y, por tanto, que la voluntad, por su máxima, pueda considerarse a sí misma al mismo tiempo como universalmente legisladora (Kant, 1797, p. 47).
Es este uno de los puntos de conexión que se enlaza con el presente trabajo de investigación, en tanto asumimos la posibilidad de concebir la autonomía como el gobierno de sí mismo, entendiendo que toda persona es un ser autónomo (MC-LUAU), es decir, que la autonomía es una capacidad que toda persona puede desarrollar, pero que necesita de un acompañamiento en su proceso de formación, que no se puede dejar su fortalecimiento únicamente a la intuición, tal y como lo plantea Cortina, cuando nos recuerda que
[…] es fundamental educar a los niños para la autonomía, de modo que sean capaces de pensar, juzgar y decidir por sí mismos. En definitiva, la convicción de que toda persona es un ser autónomo y que la educación se dirige a formar personas autónomas es el mejor logro de la Modernidad (Cortina, 1996, pp. 72-73).
Se reconoce acá, el papel de la Educación en la formación para la autonomía, que desde la escuela y a través de la lectura, constituyen posibilidades reales del contexto para que los niños y jóvenes nutran su capacidad de pensar, juzgar y decidir por sí mismos.
Esa construcción de las capacidades de pensar, juzgar y decidir por sí mismo, tiene un carácter individual, en la medida en la que se quiere que una persona actúe racionalmente por sí misma.
Sin embargo, la autonomía no es netamente individual (MC-AUTM-F), sino que su construcción se da en las relaciones diálogicas y la interacción con otros/as (MC-AUTM-F). Reiterando acá, el hecho de que la autonomía se da en procesos de socialización que podrían tener como punto de encuentro la vida escolar y la vida cotidiana.
Así pues, en el marco de este trabajo de investigación se tiene en cuenta la postura de Kohlberg, ya que con su trabajo ha realizado aportes importantes sobre los estudios a propósito del desarrollo moral y autónomo de las personas. Sin embargo, frente a sus estudios, que están ligados a una mirada psicológica del desarrollo moral, y que, si bien tengo en cuenta como punto de referencia de esta investigación, también disto de su enfoque etapista y desarrollista en la construcción de la autonomía, esto debido a que considero estas etapas como una posibilidad –no la única-, también como una mirada ideal, a la que no necesariamente llegan todas las personas (MC-AUTM-F). Por otro lado, desde una perspectiva más abierta de la construcción de la autonomía de las personas, entendida en esta investigación como un diálogo de saberes y experiencias, que se construyen a partir de elementos del contexto social, cultural, académico, etc., y que reflejan la multiplicidad del ser humano, no podría asumirse la autonomía desde una postura etapista única y universal, debido a que cada persona es un individuo capaz de construir su autonomía de manera diferente y en diferentes niveles.
La autonomía, concebida como una capacidad de construcción social, que se da en el contacto con otros/as, empieza a encontrar vínculos con la lectura, como fuente de conocimiento y vivencia de experiencias en diferido que fortalecen esa capacidad de decidir y actuar, que son propias de la autonomía, por ejemplo, en una de las clases de Ciencias Sociales observadas, el maestro […] enfatiza en la necesidad de fortalecer el proceso de lectura crítica para formar autonomía y sentido crítico en las personas (DC1-CS).
En otro ejercicio de clase observado, el profesor acuerda con sus estudiantes:
[…] realizar lectura voluntaria de libro y la rotación de los mismos, para tener una participación de todas las niñas en las socializaciones y acercamiento a la lectura como un acto voluntario en el que se pueden establecer criterios de selección de acuerdo con los gustos, intereses y necesidades de cada persona, y como una posibilidad de favorecer la formación para la autonomía como una de las bondades de la lectura (DC3-LC).
De esta manera, la lectura, trabajada no solo como imposición sino como posibilidad voluntaria, en la que se tiene poder de elección, en la que se puede o no estar de acuerdo y/o a gusto con lo que se lee y la manera como se hace, se encuentra la emergencia de la formación para la autonomía, partiendo de la lectura como pretexto.
Para el caso de algunas de las estudiantes que hicieron parte de la investigación, “la autonomía es algo que no se ve, a veces ni se siente pero que sabemos que existe, es algo que uno aprende en la casa y en el colegio, pero no nos damos cuenta cuándo se aprende. Autonomía es ser capaz de tomar decisiones responsables” (EN-HV-II).
Así pues, la autonomía es entendida como un hecho intangible, que podemos evidenciar en actos y que consiste en ser capaces de tomar decisiones responsables. De ahí, es necesario tener en cuenta lo que se entiende por decisiones responsables, y es en algunos de los casos observados y partiendo de la información recabada, “decisiones que me hacen bien, sin dañar a los demás” (EN-HV-III). El concepto de responsabilidad es una noción que no se puede generalizar y que puede ser distinto en cada persona; pero que se entiende acá, que hace referencia a algo bueno, a algo que nos conviene.
En consecuencia, la autonomía como gobierno de sí mismo y como capacidad de toma decisiones, es posible en las relaciones que emergen en el contacto con otros/as, y concibiendo la lectura como una práctica sociocultural, y que cada texto es un conjunto de experiencias que otros y otras han vivido y nos comparten en diferido. Es posible afirmar que la lectura y la autonomía son dos conceptos estrechamente ligados, y que la primera es una posibilidad de formación de la segunda. Además, visto desde la experiencia y los aportes de las estudiantes a esta investigación, también ellas encuentran en la lectura una posibilidad de aprender y formar muchas cosas, ente ellas, la autonomía.