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Range Intensity Variation and Beam Pattern

2.6 Removing Artefacts from Sidescan Sonar Image

2.6.1 Range Intensity Variation and Beam Pattern

Volvemos, pues, a nuestro punto de partida. La crisis de capitalismo industrial complicó y atrasó la solución de la crisis del subdesarrollo. Este atraso plantea una situación revolucionaria mucho más violenta que la que se configuró en ocasión del gobierno de Janio Quadros y que se tornó aún más compleja durante el gobierno de Goulart. La contradicción existente entre los sectores avanzados de la sociedad brasileña y los límites erigidos por la estructura latifundista y por la dominación imperialista interna y sobre el mercado internacional, exigirá una solución definitiva. La superación de los límites del mercado interno y externo exigirá una política mucho más radical que la esbozada durante el gobierno de Janio Quadros. Las exigencias del desarrollo de la industria pesada señalaron la necesidad de una reserva de divisas que sólo podría formarse mediante la suspensión pura y simple de nuestras deudas externas, una política audaz de exportación destinada a América Latina y África y una apertura al comercio con los países socialistas. Para complementar una política de ese tipo sería inevitable la suspensión de las remesas de lucros, al igual que la nacionalización de las grandes empresas de capital extranjero que no se adecuen a este plan de expansión. Una política estatal de control e inversión en las industrias básicas y en la industria pesada sería un complemento lógico de este programa de desarrollo. Para sustentar esa expansión industrial sería necesaria una transformación radical de la estructura agraria, para eliminar el monopolio de la tierra, el latifundio, y aumentar el mercado de bienes de capital y bienes de consumo en el campo brasileño. Tal política sólo sería completa si organízase la expansión industrial de las áreas atrasadas a través de la planificación regional, ampliando así el mercado de bienes de producción dentro del país y utilizando la potencialidad de nuestra industria mecánica, en gran

32De hecho, el crecimiento logrado a partir de 1968 ha generado este clima de optimismo. Pero, sobre una base tremendamente vacía,

sobre una cáscara de huevo de progreso. Sin embargo, las expectativas creadas son enormes -se habla de Japón, de una potencia mundial en el año 2000-.

Pensar que es posible crear tal gigante sobre un esqueleto tan raquítico es de una ingenuidad digna de un pueblo sometido a la más dura explotación y atraso. Nuestras palabras de 1966 siguen, por tanto, siendo válidas en1971. Con la crisis iniciada en 1974 podemos afirmar, en 1977, que la euforia de gran potencia se estrelló en contra de un gran vacío. La elevación del precio del petróleo mostró la debilidad de la política de la Petrobrás, las aspiraciones de crear una industria militar chocan con la estrechez de la política siderúrgica. La industria de maquinarias fue abandonada a su propia suerte sin mayores perspectivas. La infraestructura de transporte fue comprometida con el transporte automovilístico, aumentando la crisis del petróleo

parte ociosa, y si programase construcciones y obras públicas cuya escala exigiría una nacionalización de las tierras altamente inflacionaria, lo que sólo podría solucionarse por la expropiación pura y simple.33Estas son las condiciones mínimas para romper la cadena de acero que mantiene al país dentro de los límites de una nación atrasada y subdesarrollada. A pesar de que esta política permanece todavía en el cuadro de una revolución burguesa, ¿estará la burguesía capacitada para realizarla?

De nuestros análisis resultó la conclusión de que esta política afecta decisivamente la conciliación de clases que sustenta el poder en Brasil. Para seguirla, la burguesía tendría que romper violentamente esta conciliación y apoyarse en el movimiento popular, en los trabajadores urbanos y rurales y en la pequeña burguesía progresista. La experiencia anterior a abril de 1964 mostró que esas fuerzas tienen una dinámica independiente determinada por sus propios intereses dentro de la revolución burguesa; ya en el periodo de los dos gobiernos de Quadros y Goulart ganaron una independencia política que amenazó al propio poder burgués. Tal aventura sería nuevamente imposible para la burguesía; ella está liquidada como vanguardia política del país; sus intereses pasan a ser hoy defendidos por la pequeña burguesía, que trata de empujarla por el camino del reformismo; pero a ojos vista esta presión fracasará y la burguesía abandonará a su aliados pequeñoburgueses. De todo esto concluimos que las medidas de eliminación de las barreras al desarrollo capitalista en el país sólo podrán ser realizadas bajo la dirección de los trabajadores urbanos y rurales. Son y han sido las únicas clases consecuentes con la lucha por el desarrollo nacional. En este caso, la revolución no se paralizará y abrirá el camino hacia el socialismo.

El movimiento popular se está recuperando del golpe de abril. Su reorganización se señala claramente por la impotencia del gobierno para controlarlo. A pesar del carácter defensivo que aún ostenta, su propia dinámica interna lo conducirá a la ofensiva. De la lucha contra la cesantía, contra los bajos salarios, contra la intervención en los sindicatos y asociaciones y por las libertades políticas, surge un programa global de democratización popular y de desarrollo nacional. La lucha contra el aumento del costo de la vida conduce necesariamente a la reforma agraria, a la limitación de las remesas de lucro, a la expansión del mercado, a las medidas de desarrollo, en fin, al programa de desarrollo que la burguesía no puede realizar. No le quedará a la burguesía

33 La expropiación del latifundio en alta escala y a un ritmo intensivo, que con el atraso actual se torna necesaria, sólo podrá ser hecha

sin el pago inmediato de esas tierras, que costaría millones al estado y sería un factor inflacionario enorme. Los títulos negociables tendrían el mismo efecto inflacionario.

otro camino que formar al lado de toda la clase dominante, al lado del imperialismo y del latifundio, para contener su avance. Para ello, el régimen de fuerza que emergió del movimiento de abril es insuficiente. Su carácter de compromiso entre las clases dominantes, su sustentación apenas en los altos niveles de la sociedad, su indiscutible impopularidad son límites que impiden toda maniobra de contención del movimiento popular. El poder de represión del régimen de abril se apoya exclusivamente en las fuerzas armadas. ¿Se puede confiar en este poder de represión? ¿Habrán desaparecido las profundas divisiones internas dentro de las fuerzas armadas, que dieron origen al movimiento de los sargentos, al levantamiento de Brasilia, al movimiento de los marineros de Guanabara? ¿Tendría el actual gobierno el coraje necesario para poner a prueba su dispositivo de represión del movimiento de masas cuando éste renazca, radicalizado por el proceso de una profunda crisis económica?

Esas palabras fueron escritas en 1966, cuando no se creía, en Brasil, en el renacimiento del movimiento de masas. El renació entre 1966 y 1968, presentando un gran dinamismo y bajo el liderazgo del movimiento estudiantil. Como previmos, la clase dominante se unió en torno al golpe de noviembre de 1968, expresado en el Acta Institucional Núm. 5, que suspendía la vigencia de la constitución establecida por la propia dictadura en 1967.

Hoy día, en 1971, vivimos una situación similar a la de 1966, desde el punto de vista de masas. Como en aquella época, la mayoría de las “vanguardias” políticas niegan la posibilidad de un renacimiento del movimiento de masas y, sin embargo, él se está procesando molecularmente.

La nueva ola del movimiento popular brasileño tendrá, sin embargo, tres importantes factores distintivos de la de 1968: en primer lugar, ella se producirá en el momento de quiebra del crecimiento económico, en tanto el de 1968 se produjo cuando se retornó el crecimiento; en segundo lugar, ese movimiento tendrá a su cabeza ya no una pequeña burguesía liderada por intelectuales y estudiantes, que demostraron su impotencia y limitaciones en 1968, sino una vanguardia obrera que ganó independencia y capacidad de organización propias en los últimos años, particularmente después del fracaso del liderazgo pequeñoburgués de 1968; en tercer lugar, este movimiento renace después de tres años de experiencia insurreccional y aprendizaje clandestino en el país frente a una represión que ha demostrado no sólo gran disposición a utilizar la violencia, sino que también ha experimentado una gran mejoría técnica. Todo esto lleva al movimiento popular a prepararse sobre bases técnica y políticamente más altas.

Lo que decíamos en 1966 continúa, pues, siendo válido. El movimiento de masas está renaciendo de las cenizas; limitado en el inicio, se agigantará en el proceso; la burguesía tendrá que recurrir a formas de

represión aún más generalizadas. (¡Esto sí es posible; véase el fascismo y el nazismo!) Tal represión no puede apoyarse en las actuales fuerzas armadas, pues les falta unidad ideológica para esto.

Es ahí donde surge el movimiento fascista. Solamente un movimiento que agrupe a la pequeña burguesía y a la clase media desesperada en torno a un programa que gane ciertas áreas populares, puede servir de apoyo a una represión definitiva del movimiento de masas. Solamente la exacerbación del clima de delación y de miedo histérico al comunismo, que dio base al movimiento de abril y se prolongó en los primeros meses del actual gobierno, podrá garantizar la dominación de la actual clase. Hoy día, en 1977, asistimos al renacimiento del movimiento popular brasileño. Los obreros se han movido estrictamente en el plano sindical en gigantescas asambleas y una creciente coordinación de sus fuerzas en las fábricas, en coordinaciones interfábrícas, en los sindicatos. Han surgido tendencias nuevas a conformar una oposición sindical organizada que tiene su prin- cipal base entre los metalúrgicos de Sao Paulo y Río de Janeiro. En 1976, los estudiantes ganaron de nuevo las calles pero ya no tienen explícitamente aspiraciones hegemónicas y aventureras. Por otro lado, los asalariados agrícolas se han despertado con importantes movilizaciones salariales y los campesinos de las regiones de las nuevas fronteras agrícolas reaccionan a veces armados en contra de la amenaza de quitarles sus tierras. La intelectualidad ha protestado valientemente en contra de la censura, y sectores importantes de la burguesía empiezan a criticar la dictadura y exigir mayores “libertades” para disminuir el poder económico del Estado ampliado en los últimos años.

La crisis brasileña puede resumirse, pues, como una conjunción de una crisis capitalista coyuntural, con una crisis estructural ligada a la supervivencia del sector subdesarrollado de la economía. La solución de la crisis estructural fue abandonada por la burguesía, después de varias tentativas de solucionarla para resolver la crisis coyuntural que entraba a amenazar el conjunto de la economía. Pero el atraso en la solución de la crisis estructural y las profundas tensiones generales en la fase de depresión del ciclo capitalista aumentan las tensiones del sistema y reducen las posibilidades de una solución reformista.