8. Conclusions & Recommendations
8.4 Recommendations
39 La mujer casada está ligada por la ley mientras su marido vive; Pero si su marido muriere, libre es para
casarse con quien quiera con tal que sea en el Señor. 40 Pero a mi juicio, más dichosa será si se quedare así; y
pienso que también yo tengo el Espíritu de Dios.
También podemos imaginar un caso concreto que le era planteado a Pablo: qué debía hacer una mujer que había perdido a su esposo. El matrimonio no tiene como propósito solucionar el problema financiero o la
51Por un lado, se trata de un problema local y de aquel entonces. No ocurre con frecuencia en la forma en que aquí se lo describe.
¿Cuántos casos conocemos de un hombre que pregunte si debe “dar en casamiento” a una hija “que pase ya de edad” … y que ésta consienta en que el destino de su vida quede sujeto a esa consulta? Era algo natural en las costumbres de aquel tiempo. Los padres actuales ya no tienen esa carga, de modo que se hace preciso que busquemos más el fondo que los detalles.
52Quizá haya quienes deseen saber cuál era esa edad. Es uno de los temas que varían no sólo de país en país, sino también de época
soledad de una persona, sino que es para la felicidad de la persona que se casa. Si es preciso solucionar el problema de dinero, hay que acudir a la iglesia (Hch. 6) o a la familia (1 Ti. 5). El texto griego no hace refe- rencia a la ley civil, como parecería indicarlo la versión Reina-Valera. La ligadura es mucho m ás fuerte que un simple contrato legal, ya que se trata de un vínculo vital instituido por Dios.
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La viuda puede casarse, lo que no quiere decir que debe hacerlo. Son tres las prescripciones que se den aquí: Primero, que lo hará según su voluntad (ya que no se menciona que otro puede opinar, como en el caso de los vv. 36–38); segundo, que es ella quien determinará con quién ha de contraer enlace; tercero, que debe ser con un creyente, esto es con alguien que sea “en el Señor” (7:39c).La última frase es muy citada, generalmente fuera de contexto, aplicándola a todo casamiento, en parti- cular cuando se está pensando en una joven. En cuanto a la persona específica de esta ocasión, es aun más razonable que el aspecto espiritual sea decisivo. Si el primer esposo de la viuda había sido cristiano, no era natural que se ligara a quien podía traerle “impedimentos”. Si el esposo había sido incrédulo, ella no tenía por qué repetir algo de lo que quizá no era responsable cuando se casó, ya que siendo tan joven la iglesia, lo más probable es que en el momento del desposorio no fuera creyente ninguno de los dos.
En muchos casos, la mujer tendría sus propios recursos, o hijos que cuidaran de ella, o posibilidades de que la iglesia to hiciera. Cualquiera de esos caminos era preferible a que su práctica cristiana se viera pertur- bada.53
En ese sentido, es legítido aplicar por extensión este mandato (1 Co. 7 :39a) a todo pasible casamiento. Pa- blo no dice que si se case con un incrédulo, su vínculo no será válido.54
En 1 Ti. 5:14 Pablo exhorta a que las viudas jóvenes se casen. Entonces, ¿contradice eso lo que declara en el v. 40?55¿Cómo puede ser “más dichosa”? El hecho de que habla en singular (a diferencia de los demás
casos, cuando siempre es plural o al menos un singular genérico), confirmaría que se refería a una mujer en particular. El apóstol, que quizá la conocía personalmente, tenía rezones pare opinar que era preferible que siguiera viuda, antes que casarse con algún pretendiente que le era dudoso.
Al final del versículo, muchos manuscritos agregan una frase que se pu ede traducir: “Esta es mi opinión.” Pablo se adjudica la paternidad de la idea, tal como cuando dice: “No tengo mandamiento del Señor” (v. 25).
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No hay aquí niveles de revelación, como que un versículo haya surgido más del fondo del corazón de Dios que otro. Para los corintios, esta carta no era parte del texto sagrado—lo era sólo el A.T.—sino simple- mente la carta de un apreciado hermano. Delante de ellos, era necesario dejar claro que escribía inspirado por el Espíritu Santo.Así termina este largo capítulo, sólo superado en extensión por el 15. Como en esta carta los capítulos prácticamente coinciden con los temas, notamos que las relaciones familiares han ocupado un lugar extenso. Eso nos demuestra la importancia que Dios da, y que debe dar la iglesia, a esos problemas. De hecho, siempre surgen cuestiones matrimoniales. En realidad, surgen mucho más que las que se han analizado aquí. Si al estudio detenido y cuidadoso de cada frase y cada palabra de este capítulo, agregamos la oración y la bús- queda de la guía del Espíritu, encontraremos la orientación que precisamos en los problemas más delicados y profundos que surgen en las relaciones humanas.
53Es el concepto de 2 Co. 6:14 “No os unáis en yugo desigual con los incrédulos”, que establece que toda relación donde hay mu-
tua dependencia será mala si uno es creyente y el otro no. Aunque no lo nombre específicamente, el matrimonio estaba incluido ya que es el más estrecho “yugo” del ser humano.
54No trata ese tema ni habla de si la iglesia debe participar públicamente del hecho, por ejemplo con una ceremonia o un festejo.
Las prácticas varían, y sería difícil declarar que algunas son contrarias a este pasaje, salvo cuando la iglesia o sus miembros promo- vieran un matrimonio de una creyente con un incrédulo.
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CAPÍTULO 11
5. LA LIBERTAD Y LA CARNE SACRIFICADA (8:1–13)
a. Conocimiento y amor (8:1–3)
1 En cuanto a lo sacrificado a los ídolos, sabemos que todos tenemos conocimiento. El conocimiento enva-
nece, pero el amor edifica. 2 Y si alguno se imagina que sabe algo, aún no sabe nada como debe saberlo.3 Pero
si alguno ama a Dios, es conocido por él.
El nuevo tema es mencionado específicamente por el apóstol: “lo sacrificado a los ídolos” (8:1a). Pero tal vez los corintios hayan pretendido simplificarlo, como que podía descartarse fácilmente, para seguir a otro tema. Pablo entonces les advierte y como diciendo: “Cuidado, en esto hay unas cuantas cosas para pensar y decidir.”
Podemos suponer que el tema también había sido planteado por los lectores, aunque no lo diga de mane- ra específica. También es probable que hayan expresado algo similar a lo que dice Pablo: “S abemos que todos tenemos conocimiento” (8:1b). Sería una gran sutileza de su part e citar textualmente las palabras de ellos. No sabían qué hacer cuando una mujer enviudaba o cuando una joven veía que se le escapaba la juventud, y habían obrado mal al no juzgar al corrupto o al permitir que fuera a pleito en los tribunales, pero sobre este tema tan “elemental”, ¿quién podía tener dudas? “Un momento” dice Pablo; “una vez más, hay que analizar las distintas posibilidades que indican la necesidad de buscar al Espíritu de Dios para que nos oriente en cada caso.”
La importancia del tema se demuestra en que es el único que se menciona dos veces en la carta.1Aunque
posiblemente no hayamos tenido
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que enfrentar una decisión de ese tipo, son muchas las ocasiones en que podemos aplicar los principios de estos pasajes.Los griegos hacían sacrificios de animales a sus dioses.2Como ocurría también entre los hebreos, después
de haber utilizado lo que correspondía a la ceremonia, los sacerdotes utilizaban parte de esa carne para su alimentación. La cuestión era qué se hacía con el resto. Los adoradores llevaban algo de esa carne a su casa, con la sensación de que tenía cierto carácter sagrado, y muchos la comían sintiendo que era especial y que implicaba alguna bendición de parte del dios correspondiente. Otros la comerían sin pensar en nada más que su hambre o gula. Además, otra parte era vendida al público por los mismos sacerdotes (10:25). En esos ca- sos, era probable que el comerciante quisiera aprovechar el origen de su producto como algo fuera de lo co- mún, y tal vez aumentar el precio. También podía suceder que cuando se invitaba a alguien a comer, el anfi- trión destacara que esa carne no era cualquier cosa y—fuera por jactancia o por devoción sincera—asumiera una actitud especial ante el comensal. Si éste era cristiano, la situación se tornaría incómoda.
Para un creyente es claro que todos los ritos del mundo no cambian nada en esa carne. Desde el punto de vista digestivo, no había nada que decir. Y desde el punto de vista espiritual tampoco, ya que “el reino de Dios no es comida ni bebida” (Ro. 14:17). Pero Pablo enciende una luz roja. “Sí, hermanos, todos sabemos mucho sobre eso; tenemos un conocimiento detallado y profundo, pero ¿eso es suficiente? ¿E s esa la pauta para guiar la conducta?”3
La ironía de Pablo da lugar a una afirmación concisa y de gran valor: “El conocimiento envanece, pero el amor edifica” (v. 1b).4Los más ignorantes suelen usar el argumento de que el conocimiento envanece para
defender su pobreza de conocimiento o para descartar la de quienes
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han podido estudiar más. Nadie1Ver 10:23–11:1. También hay una alusión no tan extensa en Ro. 14:1–8, y aunque allí no se mencionan los ídolos, el fondo de la
cuestión es la misma.
2Los griegos creían en muchos dioses y espíritus malos de todo tipo. Los sacrificios de alimentos—por lo general carne—eran cru-
ciales. Ellos creían que los espíritus malos trataban de penetrar en los seres humanos en forma constante, y la manera más sencilla era adherirse a la comida antes que ésta se ingiriera. La única manera en que los espíritus podían ser eliminados de la comida era sacrificando ésta a un dios. El sacrificio, por lo tanto, tenía dos propósitos: obtenía la aprobación o el favor de un dios, y limpiaba la carne de contaminación demoníaca.
3Hoy podríamos agregar la cuestión de si bastaría un análisis químico que determine que estamos ante la misma sustancia, para
declarar que podemos seguir adelante con la comida.
4EI conocimiento de que hay un solo Dios (vv. 5–6) nos da libertad, pero la ironía es que ese conocimiento puede envanecer y
hacernos sentir superiores. No tomemos la decisión final en base a nuestro conocimiento sino en base al amor y a los otros princi- pios presentados en este capítulo y en Ro. 8.
tiene derecho a decir: “Soy mejor cristiano por lo mucho que sé”, pero tampoco: “No me importa que usted sea más preparado que yo.”
Con frecuencia, los que saben menos se sienten orgullosos de su pequeña sabiduría. En la práctica, los más vanidosos no son los Curie, los Einstein o los S alk—para hablar de la ciencia—ya que éstos han alcan za- do el punto elevado en que pueden ver desde la cima la gran extensión de lo que falta conocer. En cambio, los mediocres—los que tienen un conocimiento superficial y esquemático—son los que muchas veces asu- men pose de sabios y menosprecian a los que ignoran lo ellos saben … y a menudo menosprecian a los que hablan de lo que ellos no alcanzan a comprender. Esto se vuelve grave en casos como el que está tratando Pablo. Por ejemplo, un aficionado a la psicología rápidamente saca conclusiones por haber leído unas frases sueltas de Freud, Dewey o algún autor de moda, con consecuencias que pueden ser tremendas.
Al cristiano no le basta saber que algo que hace es correcto. Debe cuidar de preguntarse si edifica al pró- jimo. Lo único que siempre edifica es el amor. La más grande de las verdades, dicha con odio o indiferencia,
destruye. Por otro lado, una verdad sencilla y cotidiana declarada afectuosamente, levanta al caído. Pablo no niega el valor del conocimiento, sino que reclama que se sume el amor.