horizonte para ver y comprender los propósitos de Dios en la redención, entonces ora de una forma acorde con dichos propósitos. “Pídeme, y te daré por herencia las naciones” (Salmo 2:8), le dice el Padre al Hijo. El creyente se apropia de esto en oración. Su más grande gozo y deleite es saber que los rebeldes doblan su rodilla al Hijo de Dios, que tocan el cetro extendido hacia ellos y que son entonces salvados por gracia. El creyente, con sus rodillas dobladas, ansia una cosa más que cualquier otra, que Cristo tenga seguidores que le adoren. Anhela discípulos que lo admiren. Todo intercesor se puede identificar con Spurgeon, de quién Archibald Brown dijo una vez, “Él lo amaba, lo adoraba, era un cautivo gozoso de Nuestro Señor”. Cuando Pablo oraba, pensaba en grande. Mira su oración en Efesios 3:14–21. ¡Piensa en grande cuando ores!
10. La meta. La meta es la gloria de Dios. “Santificado sea tu nombre”. “Que el nombre de George Whitefield pereza” dijo ese hombre, “¡pero que el nombre de Cristo viva para siempre!” Cuando el mismo Jesús levanto sus ojos al cielo, dijo: “Padre, la hora ha llegado: glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti. Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo existiera.” (Juan 17:1, 5). El creyente responde inmediatamente con un animado “Así sea”.
En conclusión, déjame hacer una o dos sugerencias prácticas. Yo me convertí debido al ministerio del hombre más piadoso que he conocido. Su nombre era Victor Thomas. Espiritualmente hablando, siempre estaba de pie, era el epitome de la humildad y un expositor poderoso. Él está en el cielo ahora. Un día cuando él y yo estábamos solos, dijo: “Martín, siempre que puedas, ora en voz alta”. Este consejo practico me ha servido a través de los años. El mismo salmista dijo, “Con mi voz, clamo al Señor”. Claro que también existe la oración inaudible. Se dice que Ana murmuró una oración sincera e inaudible, y también está Nehemías quien no tuvo otra opción que enviar una oración silenciosa al Dios del cielo cuando el rey le hizo una pregunta y él quería dar una respuesta sabia. Habrá veces, claro, cuando seguirás estos ejemplos, pero necesitarás descubrir lo mismo que yo, desde que me dieron ese primer consejito sobre la oración: que verbalizar y proclamar tus peticiones a Dios es un mandamiento bíblico simple pero lleno de significado.
En Zacarías 8:20, leemos: “Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Aún vendrán pueblos y habitantes de muchas ciudades. Vendrán los habitantes de una ciudad a otra y dirán: “¡Vamos a implorar el favor de Jehová y a buscar a Jehová de los ejércitos!”.” Aquí ves la repentina conciencia de la increíble importancia de la oración intercesora.
Con un sentido fresco de urgencia, el pueblo comenzó a invocar la misericordia de Dios, después Zacarías continúa: “Así ha dicho Jehová de los ejércitos: En aquellos días acontecerá que diez hombres de las naciones de toda lengua tomarán del manto a un judío, y le dirán: “Iremos con vosotros, porque hemos oído que Dios está con vosotros”.” ¡Oh, que Dios repitiera esas misericordias de nuevo! ¿Puedes imaginarte Timoteo, diez de tus vecinos implorando para que los lleves a la iglesia? ¡Oh, que Dios nos despertara! Tenemos la verdad. No decimos eso de una forma arrogante. Las palabras de Jesús a Pedro aplican a nosotros: “Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.” Si la Palabra de Dios ha de ejercer un profundo ataque en las fortalezas de la maldad y el pecado, todos debemos tomar en serio la cuestión de la oración intercesora.
Termino con una cita de un gran ministro norteamericano de una generación pasada. Gardiner Spring dijo:
Existió un tiempo cuando los pastores de las iglesias norteamericanas valoraban el privilegio de la oración, no eran solamente hombres de oración, pero oraban frecuentemente unos por otros. Sus visitas fraternas y reciprocas eran ofrecidas y endulzadas en oración, ni era cosa inusual que usaran días de ayuno y oración juntos por la efusión del Espíritu de Dios sobre ellos y sus iglesias, y eran días de poder, días cuando el brazo de Dios era levantado y su Diestra extendida, ni tampoco era difícil ver entonces donde era que radicaba el poder de ese púlpito. El que entre ellos sea débil, en aquel tiempo será como David, y la casa de David será como Dios.
Que Dios esté con nosotros y nos despierte y que Dios nos haga intercesores para Su Gloria, para Su Honor, para el bien de Su iglesia y para rescatar a las naciones.
Soli Deo Gloria Pastor Martín Holdt Pd: Te recomiendo fuertemente el capitulo de Spurgeon que aparece en Discursos a mis Estudiantes sobre la oración privada del predicador. Un pequeño volumen en el inglés de Derek Thomas llamado Orando a la manera del Salvador (Fearn, Ross-shire: Christian Focus Publications, 2001) trata solamente sobre dejar a Jesús transformar tu vida de oración. Este libro es más valioso de lo que te puedo expresar.
Te exhorto a leer tantos libros con el tema de la oración como puedas, pero especialmente la enseñanza de las Escrituras sobre lo que es seguramente, junto con el estudio la Palabra de Dios, la parte más importante del trabajo de un pastor.
Recomendaciones del editor:
Orad sin Cesar, por Frans Bakker, (Editorial Peregrino, 1998)