TRINIDAD Y ENCARNACIÓN
En este capítulo sobre “Trinidad y Encarnación” consideraremos hasta CCE 511, pues los números siguientes del CCE ya comienzan a considerar “los misterios de la vida de Cristo” (CCE 512ss). El resto del “segmento cristológico” del CCE lo estudiaremos sucesivamente, en nuestro capítulos 3: “Trinidad y misterios de la vida de Cristo” (CCE 512-570); y 4: “Trinidad y misterio pascual” (CCE 571-682). El mismo CCE nos invita a realizar esta división tripartita, en CCE 512:
“Respecto a la vida de Cristo, el Símbolo de la Fe no habla más que de los misterios de la Encarnación (concepción y nacimiento) y de la Pascua (pasión, crucifixión, muerte, sepultura, descenso a los infiernos, resurrección, ascensión). No dice nada explícitamente de los misterios de la vida oculta y pública de Jesús, pero los artículos de la fe referentes a la Encarnación y a la Pascua de Jesús iluminan toda la vida terrena de Cristo”.
1. La introducción del Capítulo Segundo (CCE 422-429).
1.1. Texto y análisis.
El CCE trae dos “números trinitarios” ya en la introducción del Capítulo (CCE 422- 429).
El segmento titulado: “La Buena Nueva: Dios ha enviado a su Hijo” se estructura así: después de haber expresado la fe cristiana en el envío del Hijo como Salvador con varias citas bíblicas de Pablo y los Sinópticos (CCE 422) y de haber expuesto la unión de lo humano y lo divino en Jesús en un número muy joánico (CCE 423), se nos dice, en un número muy petrino: “Movidos por la gracia del Espíritu Santo y atraídos por el Padre nosotros creemos y confesamos a propósito de Jesús: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo» (Mt 16,16). Sobre la roca (petram) de esta fe, confesada por san Pedro
(Petrus), Cristo ha construido (fundavit) su Iglesia”. (CCE 424).1 De esta manera, se corona la exposición del contenido de la fe cristiana, en clave de “profesión de fe”, pues se proclama “creemos y confesamos”.2 Dado el carácter de corolario que tiene este número dentro de su título, no nos extraña que la cumbre se alcance en un número fuertemente petrino,3 y brille en ella la luz de la Trinidad. Aquí, el Padre y el Espíritu
1
CCE 424 no tiene precedente en el PR, salvo la cita de Mt 16, 16 que también coronaba el desarrollo de aquella “Introducción”, en la última frase de PR 1057.
2
El número anterior también dice “creemos y confesamos” aunque el texto latino es levemente diferente en cada número: “credimus et profitemur” (CCE 423), “credimus et confitemur” (CCE 424).
3
Además de la explícita cita de la confesión de fe de Pedro, y del juego de palabras “petra–Petrus”, “Movidos por... el Espíritu...” podría ser una alusión a 2 Pe 1, 21 (si no es cita de Mc 12, 36 y paralelos), y la “atractio Patris” aparece en Jn 6, 44, al final del cual capítulo esta la “versión joánica” de la profesión de fe de Pedro (6, 68s).
mueven al “nosotros” de la Iglesia; y, así, “nosotros creemos y confesamos” –junto con Pedro– a Jesús, como “el Cristo, el Hijo de Dios vivo”.
Poco después, bajo título: “En el centro de la catequesis: Cristo” (CCE 426-429)– se nos dice:
“«En el centro de la catequesis encontramos esencialmente una Persona, la de Jesús de Nazaret, Unigénito del Padre, que ha sufrido y ha muerto por nosotros y que ahora, resucitado, vive para siempre con nosotros... Catequizar es... descubrir en la Persona de Cristo el designio eterno de Dios... Se trata de procurar comprender el significado de los gestos y de las palabras de Cristo, los signos realizados por El mismo» (CT 5). El fin de la catequesis: «conducir a la comunión con Jesucristo: sólo Él puede conducimos al amor del Padre en el Espíritu y hacemos partícipes de la vida de la Santísima Trinidad» (ibid.)” (CCE 426).4
Citando Catechesi Tradendae, el texto recalca –en primer lugar– el cristocentrismo de la catequesis, refiriéndose a la Segunda Persona divina con distintas expresiones, que tienen acentos distintos: “Jesús de Nazaret” (el nombre “más humano”); “Unigénito del Padre” (que acentúa lo divino y la relación intratrinitaria, apuntando al ser del Hijo); “que ha sufrido y ha muerto por nosotros y que ahora, resucitado, vive para siempre con nosotros” (que apunta a la acción del Hijo en la historia, y a su efecto salvífico pro nobis). Luego, el cristocentrismo se conjuga con el teocentrismo: “descubrir en la Persona de Cristo el designio eterno de Dios”. Finalmente, indicando “el fin de la catequesis” el desarrollo se corona en un cristocentrismo trinitario, que tiene una fuerte aplicación salvífica: “comunión con Jesucristo”, “amor del Padre en el Espíritu”, “partícipes de la vida de la Santísima Trinidad”.
Más allá de estos números analizados, el Espíritu no vuelve a aparecer en esta introducción.
Y el Padre aparece –designado como “Dios”– ya desde el título mayor de este Capítulo Segundo, y el siguiente subtítulo,5 y seguirá apareciendo numerosas veces – once–, siempre en relación con el Hijo. También aparece seis veces con el nombre de “Padre” (CCE 423-426); y la acción fundamental del Padre –que se consigna aquí– es que “envió... a su Hijo” (CCE 422).
Obviamente, la Persona que aparece más veces en este contexto es el Hijo. Y aparece designado con diversos nombres, la mayoría de los cuales se agrupan al final de esta introducción, donde se señala el desarrollo que se hará en al próximo Artículo 2, donde: “siguiendo el orden del Símbolo de la fe, presentaremos en primer lugar los principales títulos de Jesús: Cristo, Hijo de Dios, Señor”. (CCE 429). También aparece designado como “Jesucristo” (ya desde el Título del Capítulo); “la Palabra” (CCE 423, 425); “Vida” (CCE 425) y “el Verbo encarnado” (CCE 427). Y las acciones que realiza están en sintonía con el título: “ha salido de Dios... bajó del cielo... se hizo carne...” (CCE 423), “para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, y para que recibiéramos la filiación adoptiva” (CCE 422, citando Gál 4, 4).
4
De modo semejante a lo que sucedía en el texto anterior, el CCE conserva aquí una sola idea del PR. En este caso, se trata de la centralidad de Cristo, que era la primera idea que presentaba aquella “Introducción”:cf. PR 1254.
5
“Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios”, “La Buena Nueva: Dios ha enviado a su Hijo” (títulos de CCE 422ss).
1.2. Comentario.
1.2.1. El título “Unigénito”.
Cuando se busca el título “Unigénito” en el texto en español del CCE, sólo aparece tres veces: aquí –en CCE 426–, y en CCE 460 y 469. Esto es sorprendente, dado que este título ha sido muy importante en el desarrollo histórico de la reflexión sobre la Trinidad.6
Cuando se verifica la búsqueda en el texto de la editio typica, lo que sorprende es que el título se multiplica: aparece dieciocho veces, según el siguiente detalle:
– Citando Jn 1, 14: CCE 423, 426,7 445. – Citando Jn 1, 18: CCE 151.
– Citando Jn 3, 16: CCE 219, 444, 458. – Citando Jn 3, 18: CCE 444.
– Citando 1 Jn 4, 9: CCE 458.
– Citando el Símbolo Niceno-Constantinopolitano: CCE pre-185, 242. – Citando el Concilio de Calcedonia: CCE 467.
– Citando el Concilio Florentino (DS 1300s): CCE 246. – Citando la Liturgia: CCE 469,8 1587.9
– Citando a San Juan Crisóstomo: CCE 358. – Citando a Santo Tomás de Aquino: CCE 460.
– Citando LG 58: CCE 964 (pero aquí Jesús aparece como el Hijo unigénito de María).10
Analizando estos datos, surgen las siguientes conclusiones:
1. Siempre que el CCE dice “Unigénito” se trata de una cita. Nunca es redacción propia.
2. Sólo una cita está en la Segunda Parte del CCE; todas las demás están en la Primera Parte y –salvo CCE 151– todas éstas, están en la Segunda Sección, es decir, en el comentario al Símbolo. Y allí mismo, las citas se encuentran concentradas entre CCE 185 y CCE 469.
3. Todas las citas bíblicas son joánicas, y representan más de la mitad de las veces que el CCE usa “Unigénito” (nueve citas, sobre un total de diecisiete).
4. Las citas no-bíblicas son mayoritariamente “orientales”: los primeros Concilios, la Liturgia oriental y el Crisóstomo suman seis citas; y hay sólo dos citas “occidentales” (y medievales): el Concilio Florentino y Tomás.11
Visto todo lo cual, nos parece que el título “Unigénito” no tiene en el CCE el peso teológico que tuvo en el desarrollo histórico de la reflexión sobre la Trinidad. Pues el título no se aprovechó en el Párrafo 2 –en torno de los números 240-242 o 249-250– para mostrar aquel desarrollo histórico, cuyo “itinerario de crecimiento” es iluminador también hoy.
6
R.FERRARA, Misterio de Dios, 507; 403.
7
Jn 1, 14 es lo que cita CT 5.
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Se trata de un himno litúrgico bizantino, de inspiración joánica:: “¡Oh Hijo unigénito y Verbo de Dios!”.
9
Otra vez se trata de una “oración propia del rito bizantino”, esta vez, para la ordenación presbiteral.
10
Como esta cita no pertenece a este tema, la excluímos de los cómputos que siguen.
11
La cita de Tomás del Oficio de Corpus Christi y suena “bastante oriental”, pues utiliza el concepto de “divinización del hombre”, inusual en la teología occidental. Por otra parte, también allí resuena Jn 1, 1- 18.
1.2.2. El fin de la catequesis es el mismo fin de toda la economía divina.
CCE 426 nos dice: “El fin de la catequesis: «conducir a la comunión con Jesucristo: sólo Él puede conducimos al amor del Padre en el Espíritu y hacemos partícipes de la vida de la Santísima Trinidad»”. De este modo, el CCE coloca el fin de la acción catequística dentro del marco mayor –también trinitario– del “fin último de toda la economía divina” que “es la entrada de las criaturas en la unidad perfecta de la Bienaventurada Trinidad”, tal como decía CCE 260, el cual aparece pertinentemente anotado en el margen de aquella frase de CCE 426.
1.3. Valoración.
Con CCE 424 y 426, el CCE mantiene su coherencia al poner el marco trinitario a los grandes Capítulos de esta exposición de “La profesión de la fe cristiana” (CCE 185- 1065). Lo había hecho al comienzo de esta exposición, al presentar los Símbolos de la fe (CCE 185-197) donde encontrábamos tres “números trinitarios” (CCE 189s y 197). Y el breve número único que introducía el Capítulo Primero, mencionaba a la “Santísima Trinidad” (CCE 198). Y veremos que también será coherente en la introducción del Capítulo Tercero (CCE 683-686).
2. “Y en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor” (CCE 430-455).
2.1. Texto y análisis.
2.1.1. Textos en que aparecen las Tres Personas divinas.
Aquí el CCE hace una “teología bíblica” sobre el Hijo, a partir de “los principales títulos de Jesús: Cristo, Hijo de Dios, Señor” “siguiendo el orden del Símbolo de la fe” (CCE 429).
En este Artículo no aparece la palabra “Trinidad”, pero sí aparecen las Tres Personas en un mismo número. Esto sucede cinco veces, pero podemos agrupar estas cinco concurrencias en dos bloques desiguales. Por un lado, –bajo el título “Cristo”– tenemos tres números consecutivos en los cuales aparecen los Tres (CCE 436-438); y a estos debemos sumarle CCE 453, que los resume. Por otro lado –bajo el título “Hijo de Dios”– también aparecen los Tres, sólo una vez (CCE 445). Veamos los textos:
“Cristo viene de la traducción griega del término hebreo «Mesías» que quiere decir «ungido». Pasa a ser nombre propio de Jesús porque Él cumple (adimplet) perfectamente la misión divina que esa palabra significa. En efecto, en Israel eran ungidos en el nombre de Dios los que le eran consagrados para una misión que habían recibido de Él. Este era el caso de los reyes, de los sacerdotes y, excepcionalmente, de los profetas. Este debía ser por excelencia el caso del Mesías que Dios enviaría para instaurar definitivamente su Reino. El Mesías debía ser ungido por el Espíritu del Señor a la vez como rey y sacerdote, y también como profeta. Jesús cumplió (adimplevit) la esperanza mesiánica de Israel en su triple función de sacerdote, profeta y rey” (CCE 436).12
El CCE suele tener la gentileza de comenzar clarificando el lenguaje.13 En este caso, muestra las equivalencias idiomáticas del título “Cristo”. Y luego indica que este título pasa a ser “nombre propio de Jesús” –no por un mero uso sin fundamento– sino “porque
12
Aquí CCE agrega a PR 1265 dos frases sobre “Jesús” que le dan el sentido cristocéntrico al título “Mesías”.
13
Él cumple (adimplet) perfectamente la misión divina que esa palabra significa”. Aquí aparece ya la dimensión de “misión divina” –que en Jesús adquiere dimensión trinitaria–, y que –enseguida– se conjuga con la dimensión de “consagración”. “Consagración y misión” explicitan –entonces– el sentido de la “unción”: en primer lugar como relación con Dios, pero también como relación con los demás hombres, pues la “misión” implica, no sólo a alguien que envía, sino también un término al cual uno es “enviado”.
Luego, se muestra el “triplex munus” que implica la unción, ya desde el AT; y cómo el Mesías debía plenificar ese “triplex munus” a niveles escatológicos, “ungido por el Espíritu del Señor”.14 La última frase afirma la realización en Jesús de aquella “esperanza mesiánica de Israel”. El número siguiente expone:
“El ángel anunció a los pastores el nacimiento de Jesús como el del Mesías prometido a Israel: «Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor» (Lc 2,11). Desde el principio (Ab origine) Él es «a quien el Padre ha santificado y enviado al mundo» (Jn 10,36), concebido como «santo» (Lc 1,35) en el seno virginal de María. José fue llamado por Dios para «tomar consigo a María su esposa» encinta «del que fue engendrado (natum) en ella por el Espíritu Santo» (Mt 1,20) para que Jesús «llamado Cristo» nazca de la esposa de José en la descendencia mesiánica de David (Mt 1,16)” (CCE 437).
Este número comienza con la categoría “Mesías/Cristo”; tiene su centro en la categoría “Santo”; para concluir, de nuevo, con la categoría “Mesías/Cristo”. En ese centro, reaparece la díada “consagración y misión” en la expresión “santificado y enviado al mundo”.
En relación con las Personas divinas en particular, “el Padre” aparece justamente, como quien “desde el principio” “ha santificado y enviado al mundo” a su Hijo, que es “concebido como «santo» (Lc 1,35) en el seno virginal de María”, “engendrado (natum)
en ella por el Espíritu Santo”, la Tercera Persona divina.
Finalmente, el Hijo aparece como “Jesús... el... Mesías prometido a Israel... un salvador, que es el Cristo Señor”, “santificado y enviado al mundo”, “concebido como «santo»” y nacido de “la descendencia mesiánica de David”. Y, a continuación, se dice: “La consagración mesiánica de Jesús manifiesta su misión divina. «Por otra parte eso es lo que significa su mismo nombre, porque en el nombre de Cristo está sobreentendido El que ha ungido, El que ha sido ungido y la Unción misma con la que ha sido ungido: El que ha ungido, es el Padre, El que ha sido ungido, es el Hijo, y lo ha sido en el Espíritu que es la Unción».15 Su eterna consagración mesiánica fue revelada en el tiempo de su vida terrena, en el momento de su bautismo, por Juan cuando «Dios le ungió con el Espíritu Santo y con poder» (Hch 10,38) «para que Él fuese manifestado a Israel» (Jn 1,31) como su Mesías. Sus obras y sus palabras lo dieron a conocer como «el santo de Dios» (Mc 1,24; Jn 6,69; Hch 3,14)” (CCE 438).16
Aquí continúa la díada “consagración-misión”. Y se explicita la dimensión trinitaria del título “Ungido” con una luminosa frase de Ireneo. A continuación se establece un contrapunto entre eternidad y tiempo: “su eterna consagración mesiánica fue revelada en el tiempo de su vida terrena, en el momento de su bautismo...”. En este momento se produce la epifanía de su “eterna consagración mesiánica”, en un marco trinitario – “Dios le ungió con el Espíritu Santo...”–, y con una perspectiva salvífica: “«...manifestado a Israel» (Jn 1, 31) como su Mesías”. Finalmente, se insiste con la dimensión de “santidad” que implica su consagración, remitiendo a textos bíblicos donde Jesús es llamado “Santo de Dios” (Mc 1, 24; Jn 6, 69), o simplemente “el Santo (y el Justo)” (Hch 3, 14).
14
Este número se plantea desde la perspectiva del AT, en el cual “el Espíritu del Señor” preludia al Espíritu Santo.
15
SAN IRENEO DE LYON, Adversus haereses, 3, 18, 3.
16
El CCE corrige a PR 1267 en dos lugares: en su primera frase, poniendo “misión divina” en lugar “misión trinitaria” y en su última frase, simplificándola.
CCE 453 es el número del Resumen que asume brevemente estos contenidos de CCE 436-438, sin perder la mención de las Tres Personas: “El nombre de Cristo significa «Ungido», «Mesías». Jesús es el Cristo porque «Dios le ungió con el Espíritu Santo y con poder» (Hch 10,38). Era «el que ha de venir», el objeto de «la esperanza de Israel» (Hch 28,20)”.
El otro texto de este Artículo 2 donde aparecen juntos los Tres es CCE 445, último número de la exposición sobre Jesús como “Hijo de Dios”:
“Después de su Resurrección, su filiación divina aparece en el poder de su humanidad glorificada: «Constituido Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por su Resurrección de entre los muertos» (Rm 1,4) Los apóstoles podrán confesar: «Hemos visto su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad (Vidimus gloriam Eius, gloriam quasi Unigeniti a Patre, plenum gratiae et veritatis)» (Jn 1,14)”.17
Aquí las Tres Personas aparecen en el contexto de la Resurrección: Jesús como “Hijo de Dios” –en sentido paulino– e “Hijo único” –en sentido joánico–; la Primera Persona divina, como ese “Dios” de quien Jesús es “Hijo”, y como el “Padre” que da su gloria a su “Hijo único”; la Tercera Persona como “el Espíritu de Santidad” que constituye a Jesús como “Hijo de Dios” por su Resurrección.
2.1.2. Textos sobre cada Persona divina en particular.
Fuera de estos números en que aparecen los Tres, el Hijo es considerado abundantemente en este Artículo 2, y desde variadísimos ángulos pues –como dice el número inicial de este Artículo– “en Jesús, Dios recapitula... toda la historia de la salvación en favor de los hombres”. (CCE 430). A continuación recogemos las frases donde el Hijo aparece como sujeto activo, organizando las frases en tres grupos: las que apuntan a la Theologia; las que se relacionan con la acción salvífica del Hijo encarnado; y las que se vinculan –sobre todo– con los títulos de Jesús que se exponen en este Artículo 2.
En primer lugar, entonces, las frases que apuntan a la Theologia, al remontarse a los orígenes eternos del Hijo y a la relación eterna con su Padre:
– “...Jesús... dejó entender claramente...” “el carácter trascendente de” su “filiación divina”. (CCE 443).18
– “Jesús se designa a sí mismo como «el Hijo Único de Dios» («Filium» Dei «Unigenitum») (Jn 3, 16) y afirma mediante este título su preexistencia eterna. Pide la fe «en el Nombre del Hijo Único de Dios (in nomen Unigeniti Filii Dei)» (Jn 3, 18)” (CCE 444).
– “El nombre de Hijo de Dios significa la relación única y eterna de Jesucristo con Dios su Padre: Él es el Hijo único del Padre 19 y Él mismo es Dios 20 (Ille unicus Patris est Filius et Deus Ipse)” (CCE 454).21
Aquí, las últimas palabras parecen inspiradas en un documento de la Comisión Teológica Internacional; cuya primera propositio concluye, diciendo: “Conscientiam habebat [Iesus] de eo quod ipse erat Filius unicus Deiet de eo quod, hoc sensu, ipse erat Deus”.22
Otras afirmaciones se relacionan con la acción salvífica del Hijo encarnado:
17
CCE elimina la última frase de PR 1274: “Para los cristianos, la fe que salva consiste en creer «en el nombre del Hijo único de Dios» (Jn 3,18)”. La idea CCE la había trasladado a su número anterior, CCE 444.
18
El texto fundamenta esta única idea con muchos ejemplos.
19
Cf. Jn 1, 14.18; 3, 16.18.
20
Cf. Jn 1, 1.
21
Esta frase –la más neta– está en el Resumen que otra vez pone más de lo que había en el texto.
22
COMISIÓN TEOLÓGICA INTERNACIONAL,“De Iesu autoconscientia quam scilicet ipse de se ipso et de
sua missione habuit (1985)”, en Documenta (1969-1985), Cittá del Vaticano, Libreria Editrice Vaticana, 1988, 572.
– “El nombre de Jesús... es el Nombre divino, el único que trae la salvación...” (CCE 432).