La prohibición del velo integral, solución ¿para liberar a quién? En julio, la Gran Sala del Tribunal de Estrasburgo dictaminaba que la ley francesa de 2011 que prohíbe portar el burka o velo integral en el espacio público es acorde al Convenio Europeo de Derechos Humanos, informaba El Periódico de Catalunya. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos entendía así la necesidad de las autoridades «de identificar a los individuos para prevenir atentados contra la seguridad de las personas y los bienes y luchar contra el fraude de identidad». La jueza alemana Angelika Nussberger, y la sueca Helena Jäderblom, afirmaron en su opinión disidente que «una prohibición tan general, que afecta al derecho de toda persona a su propia identidad cultural y religiosa no es necesaria en una sociedad democrática».
Las y los jueces rechazaron la demanda interpuesta por una joven, nacida en 1990 y que asegura usar el burka, que cubre todo el cuerpo y tiene una rejilla para ver, y el niqab, un velo negro de pies a cabeza, con una pequeña abertura a la altura de los ojos. La demandante, que consideraba contraria al convenio la ley adoptada en abril del 2011, bajo presidencia de Nicolas Sarkozy, afirmaba portar estas prendas por «su fe, su cultura y sus convicciones personales».
El mismo día de la entrada en vigor, apoyada por un gabinete de abogados británico, la demandante, francesa de origen paquistaní, presentó una demanda ante la Corte, que llegó a la Gran Sala, cuyas resoluciones no admiten apela- ción.
La sentencia de Estrasburgo, adoptada con 15 votos a favor y dos disidentes, reconoce que la ley puede tener «efectos negativos específicos sobre la situa- ción de las mujeres musulmanas» que quieran portar estas prendas, pero que existe «una justificación objetiva y razonable» para adoptarla. Los jueces acep- tan así los argumentos de Francia, que señalaba que la ley no perseguía la prohi- bición del burka y el niqab, sino de cualquier prenda o accesorio que ocultara el rostro de una persona, como un casco de moto o un pasamontañas.
El fallo reconoce que la medida «puede parecer desmesurada» dado el reduci- do número de personas que usan estas prendas en Francia, menos de 2.000 de los 5 millones de musulmanes que hay en el país, y que la adopción de la ley puede tener «un impacto negativo» de las mujeres que decidan llevarlo.
Pero señala que la decisión de prohibir esta prenda entra dentro del «amplio margen de apreciación» del que gozan los Estados a la hora de imponer este tipo de medidas en beneficio de la «convivencia».
Además, consideraron que las sanciones previstas en la ley, con multas máxi- mas de 150 euros, son «de las más ligeras que el legislador podía plantear».
Por ello, los magistrados rechazaron que la ley contravenga los artículos del Convenio relativos al respeto de la vida privada y familiar, por un lado, y a la libertad de pensamiento, conciencia y religión.
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La ley francesa, indica la sentencia, no se refiere a ninguna prenda religiosa, que pueden portarse con libertad en el país a condición de que no oculten el rostro
Francia contó en su defensa con el respaldo del Gobierno belga, que aprobó una ley muy similar a la francesa en junio de 2011.
La ley que prohíbe el burka provocó polémica en Francia, porque muchos colectivos consideraban que estigmatizaba a parte de la población cuando muy pocas mujeres lo llevan.
El debate político sobre el uso del burka y el niqab se concentró en España en 2010. Ese año, Lleida se convirtió en la primera ciudad del país en imponer el veto a ambas prendas en edificios y equipamientos municipales. Localidades de Lleida y de Tarragona se sumaron a la iniciativa. Incluso el Ayuntamiento de Barcelona elaboró un decreto para limitar el paso a sedes públicas con cualquier prenda que tape la cara, sea un velo o un pasamontañas. Otros dos municipios – Galapagar, en Madrid, y Coín, en Málaga– también se sumaron a la ola prohibicionista.
Diversas personas expertas y el colectivo musulmán acusaron entonces a los partidos políticos de crear una falsa polémica para ganar votos, señalando que las mujeres que muestran alguna de estas dos prendas por las calles del estado español se podían contar con los dedos de la mano.
En el caso de Lleida, el Tribunal Supremo, tras la denuncia de la asociación Watani, revoca una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña al entender que «en la cultura occidental» el velo integral puede «perturbar la tran- quilidad» del resto de ciudadanos porque «oculta el rostro». La línea argumental fue que los Ayuntamientos carecen de competencias para limitar un derecho fundamental como la libertad religiosa, algo que solo se puede hacer mediante una ley, reservada al Parlamento.
En septiembre, el Govern renuncia a la prohibición del burka en la calle. Mayka Navarro informa en El Periódico de Catalunya que la Generalitat renuncia a prohibir el uso del velo islámico integral en la vía pública. A una mujer con el rostro oculto solo se le podrá exigir que se retire el burka, el niqab o el abaya por criterios de seguridad y para su identificación, tal y como ya sucede ahora. Así lo recogerá la nueva ley de protección del espacio público, como anunciaba el Consell Executiu instando a Interior a iniciar su redacción.
La nueva norma de seguridad afirma que pretende velar por la protección de los espacios públicos de uso compartido «con criterios de libertad y conviven- cia». Regulará en materias tan dispares como los trileros, la venta ambulante, la prostitución en la vía pública o las manifestaciones. La voluntad del conseller de Interior, Ramon Espadaler, coincidía con la de su homólogo en el Gobierno central, Jorge Fernández Díaz, que acababa de aprobar el anteproyecto de la ley de seguridad ciudadana que censura asistir a manifestaciones con el rostro cu- bierto.
187 Por su parte, el responsable de la Comisión Islámica de España, Riay Tatary,
no veía necesario regular la prohibición del burka. «No es necesario crear un antecedente. No está tan extendido el fenómeno. La mayoría de las mujeres que llevan burka vienen de visita», precisaba.
Tatary aclara que el burka no es una prenda islámica sino una prenda local que es utilizada en una tribu determinada de Afganistán. «Hace falta diferenciar entre las costumbres y la religión, la parte religiosa es tapar la cabeza, no la vestimenta que cubra todo el cuerpo», puntualizaba.
Prohibir o vender. ¿O las dos? Mientras en Europa las iniciativas legislativas y legales transitan por el camino de la prohibición y la confusión que amalgama la indumentaria y religión musulmana con un problema de seguridad, el merca- do y el consumo, la moda en este caso, responde a sus propias dinámicas de asimilar todo lo que suponga cuota de mercado. Así, la occidental Donna Karan lanza una colección de inspiración musulmana. El País da cuenta de que la moda islámica está de moda. En un mercado en pleno bum, la firma estadounidense, una de las marcas del grupo LVMH (Louis Vuitton-Moët Hennessy), lanzaba su primera colección a nivel mundial bajo la etiqueta DKNYRamadan con prendas que, según la campaña, pueden colgarse la etiqueta de halal, es decir, cumplen con el precepto islámico de recato en el vestir femenino.
«Ya era hora», celebraban algunos de los cientos de mensajes en Twitter (#DKNYRamadan) acompañando la presentación de la colección a través de la red social. «Es una noticia fantástica, encuentro excitante que los diseñadores abracen sus raíces orientales y los patrones islámicos», escribía en su web Asma, hiyabista (mezcla de hiyab, el velo islámico, y fashionista) estadounidense de origen paquistaní y una de las blogueras más seguidas en todo el mundo por esa nueva generación de mujeres musulmanas que pretenden hacer de la mezcla de moda y religión su bandera.
Las prendas solo se pondrán a la venta en las sucursales de la firma de Líbano, Jordania, Irak y los países del Golfo Pérsico. El movimiento explota un merca- do que se esconde detrás de cifras multimillonarias. En 2012, las y los consumi- dores musulmanes en Oriente Medio gastaron más de 224.000 millones de dó- lares (unos 164.500 millones de euros) en ropa y zapatos, según el informe de Thomson-Reuters sobre el estado de la economía islámica de 2013. Solo EE UU registró un gasto superior.
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