5.3 Research Method and Sampling Process
5.3.3 Realibility, Validity, and Triangulation
5.3.3.1 Reliability
Retomando los interrogantes que guiaron este escrito, se puede decir, por un lado, que en el trabajo terapéutico con niños, niñas y adolescentes no toda propuesta de juego contribuye a producir simbolización. En la época actual, se asiste a una gran proliferación de propuestas terapéuticas conductuales, neurocientíficas —neuropsicología— que buscan lo adaptativo, la educabilidad del individuo, con la promesa de aumentar o estimular la capacidad de simboliza- ción en los niños -como si la misma fuera del orden del aprendizaje a partir de consignas uni- versales- sin tener en cuenta la singularidad de los contenidos de cada sujeto. Ante este pano- rama, consideramos necesario abrir este tipo de debates y discusiones en torno a lo que se entiende por terapéutica, simbolización, juego, dentro del trabajo con niños y adolescentes. Se invita, de este modo, a la reflexión respecto sobre cuáles son los paradigmas que guían las estrategias de intervención.
Se propone poner el énfasis en la importancia de rescatar la particularidad estructural del psiquismo del sujeto con el cual se trabaja, diferenciar los elementos que dan cuenta de la pre- sencia de lo traumático, no transcripto, no metabolizado, de lo lúdico en sentido estricto. Será necesario preguntarse cada vez, ante qué tipo de psiquismo nos encontramos, cuáles son sus posibilidades de simbolización, y en función de ello construir la propuesta terapéutica acorde para el mismo.
No desestimamos los avances de la ciencia, de la neurociencia, pero sí ponemos en cues- tión su banalización, la respuesta absolutista que esta perspectiva da sobre el ser humano, reduciéndolo a lo conductual, o a lo meramente neuronal, a lo biológico, sin tener en cuenta que el ser humano se constituye a partir de la intervención del otro, que adviene a un mundo simbólico, a una cultura que lo precede, a la cual debe adaptarse, es verdad, pero esta adapta- ción va a ser posible a partir de que se vayan constituyendo aquellas instancias psíquicas que permitan hacerlo —diferenciación de la tópica psíquica—, prerrequisito necesario para hablar de adaptación o del aprendizaje de ciertas habilidades/destrezas. Si no se tiene en cuenta esto, creemos que una propuesta basada en lo conductual, acarrearía para el sujeto un sufrimiento extra, especie de modelación a lo “normal”.
En tiempos en los que predomina una tendencia a retroceder sobre la concepción de Salud Mental que implica una mirada multidimensional del padecimiento subjetivo, en un intento de avanzar sobre una concepción biologicista y de “prácticas fundadas en evidencia científica” que desdibuja los determinantes subjetivos y sociales y, por en ende, los componentes interdiscipli- narios e intersectoriales tendientes a la institucionalización de procesos medicalizadores y far- macologizadores, se torna profundamente necesario insistir en la delimitación de los fundamen- tos metapsicólogicos y éticos que permitan otorgar una racionalidad a nuestra praxis, que den
FACULTAD DE PSICOLOGÍA | UNLP 54
cuenta de una explicación fundamentada del sufrimiento infantil para evitar caer en reduccio- nismos teóricos, que conduzcan a la repetición de fórmulas canónicas que no permiten la arti- culación con las grandes problemáticas de la cultura.
Cabe aclarar que aludimos a la práctica profesional no reducida al encuadre del consultorio, sino una práctica “extra-muros” que sea posibilitadora de profundas modificaciones del males- tar del cual los niños, niñas y adolescentes padecen actualmente. Tal como lo analizamos, en el contexto educativo o en el mapa ampliado del contexto barrial, la escucha y por sobre todo la palabra fundada en una perspectiva psicoanalítica propician movimientos ligadores que pueden dar lugar a lo nuevo. En este sentido, también pensamos los fenómenos transferenciales como no reducidos a la mera repetición de lo ya vivido en otro tiempo y lugar, sino a la posibilidad de creación de algo inédito en la vida de ese sujeto. Presencia del analista y acogida benevolente que puedan dejar marcas transformadoras en la historia de cada sujeto.
Por lo tanto, nuestra terapéutica -como ya se expresó en todo el escrito-no debe quedar re- ducida a un sistema de domesticación, nuestras intervenciones deben dirigirse a aquellos as- pectos intrapsíquicos que exceden la capacidad de simbolización de ese niño, niña o adoles- cente. Aludimos a una terapéutica que dé lugar al sujeto, a la escucha de su malestar o a la constitución del mismo, sobre todo cuando estamos ante un psiquismo con severas fallas en su organización.
La intervención desde la palabra, palabra que organiza, liga, da sentido, simboliza y subjeti- viza, será el medio dominante del proceso terapéutico, en tanto posee la eficacia simbólica para posibilitar el reordenamiento representacional y afectivo del psiquismo.
En la misma dirección pensamos, que el recurso del juego por sí sólo no siempre es sufi- ciente, no toda propuesta de juego contribuye a producir simbolización. Si como mencionamos anteriormente, el estímulo deviene excitación para el psiquismo y su destino al interior del apa- rato depende tanto del modo de ingreso -ligado o desligado-, como de la capacidad metabólica de la instancia yoica, es menester considerar la singularidad de cada psiquismo y su materiali- dad psíquica, estableciendo relaciones entre afecto y representaciones que implanten contex- tos recuperados del proceso de la cura (Bleichmar, 2009a).
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