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Reliable Data Flows

5.1 Self-healing Execution of Workflow Definitions

5.1.3 Reliable Data Flows

1. En algunos casos toma este adverbio carácter de sustantivo (RAE 2001:1074): –Nunca hubo entre nosotros un sí ni un no.

2. Cuando la primera oración es afirmativa y la segunda negativa, se unen las dos mediante la conjunción y, que puede omitirse:

–Tú eres joven y no tienes experiencia.

En vez de y no, se emplea también que no, y estas dos partículas se invierten en los gramáticos clásicos (Martínez Amador 1954:920-921):

–A ti te lo digo, que no a tu hermano.

rechaza la posibilidad de que los adverbios pudieran ocupar la función de suplemento, tampoco el adverbio no puede funcionar como complemento adverbial.

3. En oraciones temporales equivale a: apenas, no bien, aun no, aun no bien (Martínez Amador 1954:923).

–“no nos han tocado un punto de la honra, cuando nos queremos tornar a alzar con ella”. Dice Santa Teresa.

4. En otras palabras, resulta otro significado, por ejemplo: no más, en la lengua literaria tiene el mismo sentido que solamente pero su uso es raro, frente al corriente nada más. Unas veces equivale a nada más o sólo (Seco, M. 1987:269-270).

–No es malo, no más un poco exigente. –Me dio 50 pesetas no más.

5. ¡Pues no! es modo de hablar con que se contradice o deshace la duda o sentir contrario acerca de la determinación o de la opinión que se tiene (RAE 2001:1074). 6. Con mucha frecuencia se emplea hiperbólicamente una locución negativa para indicar poca cantidad o intensidad de algo (Moliner 1998: 437):

–Es un niño que no llora. (Que llora poco) 1.1.5. NO, EN SU FORMA INTERROGATIVA

1. Se usa este adverbio en sentido interrogativo, para reclamar o pedir contestación afirmativa (Moliner 1998:453):

–¿No me obedeces?

2. Cuando la pregunta es motivada por algo que ocurre de manera distinta de la esperada o que hace dudar de algo que se creía (Cuervo 1993:VI,772):

–Mas ¿por ventura no llegó el hecho a lo que la profecía decía?

3. Se usa al final de una frase, pidiendo confirmación de ésta, o se intercala en la exposición para pedir la conformidad o la atención del oyente (Seco y otros 1999:3228):

–Ayer estuviste en mi casa ¿no?

–Íbamos por la calle, ¿no?, y se nos acercaron dos guardias.

Ortega Olivares (1985) ha estudiado este tipo de elementos, entre signos de interrogación, que se consideran como apéndice en la parte final del enunciado:

Según él “se trata de elementos comprobativos, puesto que, adosados como están a determinados enunciados-base, se sirve de ellos el hablante para conseguir del oyente cierta corroboración (que no excluye su rechazo) de aquellos” (Ortega Olivares 1985:254).

Mediante el uso del -¿no?, el hablante interpela al oyente para obligarle a contestar, como sucede en el caso de enunciados interrogativos, y espera la información

del oyente en la que el hablante parece prever una cierta dirección en el contenido de lo que habrá de contestar.

Si el enunciado es una orden y le añadimos el apéndice -¿no?, éste tiene la función de suavizar las condiciones de cumplimiento del mandato, además de otorgar libertad al oyente para responder:

–¡Ten un poco de paciencia! ¿no?

Aquí, el hablante parece querer decir: “he aquí una buena razón para tener paciencia; por ello te la impongo, aunque puedes no aceptar la imposición”.

En el caso de los enunciados de peticiones y ruegos se nota la imposibilidad de adherirles -¿no?, porque el emisor supone que el oyente es capaz de hacer lo pedido o rogado, pero no que el oyente pueda rechazar la instrucción. Ponerlo sería como quitar autoridad y fuerza a lo que ya de por sí no las tiene. Su escasa presencia, como en el caso:

–Te suplico encarecidamente que me entregues ese papel, ¿no?

puede explicarse si, la parte que en él constituye el enunciado-base, se considera como afirmación del hecho de suplicar.

Del mismo modo, los enunciados desiderativos no aceptan la añadidura de

-¿no?, por lo que un ejemplo como el siguiente:

–¡No se le volviera el dinero agua! ¿no?

Solo podría interpretarse como consecuencia de la necesidad del hablante de saber si su deseo está o no justificado.

Por consiguiente, este apéndice, tanto si parece con peticiones o ruegos como con deseos, no se muestra eficaz sobre la modalidad del enunciado-base, sino sobre una modalidad afirmativa del mismo, sea implícita o no.

Hay otro grupo de enunciados interrogativos con el adverbio no, tales como:

-¿No es esto?, -¿no es eso?, -¿no es así? y -¿no es verdad? (Ortega Olivares

1985:247-250)

Con estas secuencias el hablante intenta crear en el oyente la obligación de contestar, si se trata de un enunciado asertivo previo, al tiempo que permite que sean rechazadas parcialmente por el mismo las condiciones de veracidad o factualidad que los han originado:

–Y esto hacen las quinientas pesetas, ¿no es eso?

Con mandatos nunca se muestran y es inusual junto a peticiones, ruegos y deseos, en cuyo caso, asumen la modalidad de tipo asertivo. Con exclamaciones sólo es posible la aparición de -¿no es así?.

–¿No es verdad? se diferencia de los otros en que la libertad para rechazar el enunciado asertivo permitida al oyente es menor. Esta expresión transmite una sutil instrucción consistente en que el oyente acepte como algo evidente o normalmente admitido tanto el contenido proposicional como la modalización del enunciado en que se asienta y negarlo constituiría una extravagancia o motivo de asombro del que podría escapar más difícilmente que cuando aparecen -¿no?, -¿no es esto / así?

–A lo mejor está resfriado, ¿no es verdad?

–¿No cree (-s), -¿no creen (-éis)? (Ortega Olivares 1985:251), este enunciado obliga al oyente a contestar, y hace que el posible rechazo que éste pueda dar a la propuesta del hablante se vea disminuido en sus posibilidades de realización, por causa de los efectos que introduce la instrucción que encierra -¿no crees?

–Pero es mejor así, ¿no crees?

Nunca se añaden a mandatos. Con peticiones, ruegos y deseos, este enunciado presupone la subordinación de éstos a un aserto:

–Que se vayan ahora, ¿no crees? –¡Quién tuviera 20 años! ¿no crees?,

Esto viene a significar algo así como: “es mejor que se vayan ahora” y “sería maravilloso tener ahora 20 años”, respectivamente.

Según Martín Zorraquino (2001:67) estos apéndices, además de señalar que el hablante busca la confirmación de lo que él dice por parte del interlocutor, el hablante consigue también atenuar el acto de habla asertivo, de modo que estos elementos atenúan la aserción creando una atmósfera de inseguridad o de duda sobre el contenido de lo dicho al apelar al apoyo del interlocutor. Por eso, estos elementos comprobativos que exigen una respuesta por parte del interlocutor indican en general “el deseo del hablante de contar con el interlocutor, buscando su cooperación, su comprensión, su complicidad, etc. constituyen, por ello, medios expresivos de la cortesía negativa” (Martín Zorraquino 1999:4188).

1.1.6. REFUERZOS DE NO

1. Repetir el adverbio da más fuerza a la negación: –No, no lo haré.

– No lo haré, no.

–¿Haces lo que te he dicho? – No, no y no.

2. Poner una partícula con el adverbio no como refuerzos, según el Diccionario de Autoridades “es modo particular de nuestra lengua” (RAE 1990:2,671).

En español pueden acompañar a la negación palabras o locuciones que, sin ser negativas en sí mismas, la refuerzan, como los adverbios: nunca y jamás, y los pronombres indefinidos: ninguno, nada y nadie:

–No he comido nunca. –No viajaré jamás. –No saludé a ninguno.

Si juntamos dos, tres o cuatro palabras negativas en una sola oración, se expresa la negación con más fuerza aún (Salvá 1988:471):

–No vi nunca ningún espectáculo tan triste. –No he dado jamás nada a nadie.

3. También, y como refuerzo de la negación, utilizamos algunos modos o locuciones adverbiales como: en mi vida, en parte alguna, en absoluto, de ninguna manera, en

toda la mañana, ni siquiera, etc.

Según Martínez Amador (1954:898) nunca, jamás, en mi vida utilizados después de no indican refuerzos de la negación, pero, cuando se emplean después de no las formas nadie, ninguno y nada, no existe este refuerzo de la negación, porque tales formas son el sujeto o el complemento del verbo:

–No se ve a nadie. –No comió nada.

4. La utilización de sustantivos que designan cosas y objetos de poco valor, tamaño o importancia con el fin de enfatizar la negación, es empleada desde antiguo, y especialmente en el lenguaje familiar (Llorens 1929:185--192).

Durante la EM se emplearon unos términos concretos, dictados en gran medida por las condiciones económicas y sociales de tal período, que hoy día en su mayor parte han desaparecido. Estos sustantivos actualmente tienen carácter popular, coloquial y vulgar como: bledo, comino, pepino, ochavo, miaja (migaja), pizca, bocado, pelo,

cabello, rayo, rábano, etc.

–No me importa un rábano. –No me importa un comino.

Todos estos términos han perdido su contenido semántico convirtiéndose en instrumentos gramaticales al servicio de la negación, además han conservado su valor positivo, por lo que no pueden equipararse con: jamás, nadie y nada, y el resto de vocablos que, si bien fueron en principio utilizados como refuerzos, pasaron con el tiempo a ser ellos mismos negativos, es decir y, como afirma Hernández Alonso, en este caso “no es una semantización hacia el valor negativo sino que estamos ante un caso de afirmación en grado mínimo tan extremado que está a punto de traspasar el límite de lo positivo a lo negativo; de aquí que con carácter hiperbólico, por ese uso del grado mínimo, adquieran significación negativa estas frases: todo esto me importa un comino,

un pepino o un bledo, quiere decir que me importa muy poco, tan poco tan poco, que

prácticamente no me importa nada; pero no hay negación, es afirmación de grado mínimo, y la contraposición, la distancia que existe entre la importancia del elemento supuesto, la frase expresada y la despreocupación del hablante, provoca este sentido tan próximo a lo negativo” (Hernández Alonso 1970:46).

En suma, estos refuerzos ni son parte constituyente de la negación ni han adquirido valor negativo como las partículas: nada, nadie, etc.