Manuscrito. Madrid, 12 abril 1621.
A.H.N. Consejo de Aragón, libro 2065, fols. 285 rº-288 vº.
«Este papel se escribió para el rey D. Felipe IIIque haya gloria, el año pasado de 1619, aunque no se presentó por algunos respectos, y pareciendo ahora que lo que contiene es muy conforme al deseo que V.M. ha comen- zado a mostrar, se atreve el autor a ponerle en sus reales manos, ofrecién- dole con su buena intención.
SEÑOR
Otros papeles habrán llegado a las manos de V. S. del autor de éste, en que ha advertido algunas cosas en las materias corrientes, movido de su buen celo, y esto mismo le hace ahora ponerse en un discurso, a la primera vista lleno de muchas grandes dificultades, pero todas tienen respuesta si se consideran con atención y sin respecto que mire al interés particular.
Es pues, el sujeto de este papel el buscar remedios para desempeñar la hacienda de V.M. y para que se conserve y gaste mejor de aquí adelante, que es la mayor y más gloriosa empresa que se puede emprender y a la que deben ayudar los que con amor y celo lloran el miserable estado en que hoy se halla el patrimonio de V.M. y si acertase yo a decir algo de provecho en materia tan dificultosa, será porque a veces revela Dios sus más escondidos secretos a los ignorantes y pequeños y los encubre a los más sabios y pru- dentes.
Desde que Dios creó el mundo, no ha habido mayor monarquía que la que hoy tiene y goza V.M., porque ni la de los asirios y medos llegaron a tan- ta grandeza, ni la de los griegos ni romanos se pueden comparar a ella, y no me quiero detener en probar esto, por ser cosa tan llana.
Siendo pues esta conclusión tan verdadera y cierta, lo es también el decir que esta monarquía está al presente más oprimida y trabajada que otra nin- guna estuvo en ningún tiempo, y que las causas de ello dependen del mal gobierno y mala administración de la hacienda de V.M., pues por falta de dinero, se sabe bien el trabajo y dificultades con que se conserva la reputa- ción en todas partes.
Las causas principales de la necesidad en que la presente se halla V.M. han resultado de muchas empresas de mar y tierra que se han intentado, con mucho gasto y poco fruto, de algunas guerras que se han hecho, que se pudieran haber excusado, de las grandes mercedes que V.M. ha repartido con ligeras causas, por el gran aumento de criados y gajes de la Casa Real de V.M., y finalmente por las muchas jornadas que V.M. ha hecho, en que se ha consumido gran cantidad de hacienda, y para reparar estos daños, es necesario buscar con tiempo el remedio más conveniente.
Éste se reduce a dos puntos: aumentar el provecho y moderar el gasto. En el primero, poco hay que enmendar, porque la necesidad ha enseñado todos los caminos que puede haber para sacar dinero. Pero con todo eso se podría mirar, cómo se arriendan las rentas reales de V.M., cómo se hacen los asientos con los hombres de negocios, y cómo se venden los oficios y componen las gracias que se hacen, procurando siempre el mayor provecho de las haciendas.
En el segundo punto está toda la dificultad, y consiste el verdadero reme- dio, y así es necesario ver cómo se podrían moderar los gastos y venir breve- mente a desempeñar la hacienda de V.M. en que es imposible que dejen de ofrecerse muchas y muy grandes dificultades, siendo este negocio tan grande, y habiendo de tocar a tantas personas interesadas. Pero es menester atropellar a algunos y cerrar los ojos a otros, porque serán mucho mayores los inconve- nientes que se siguen y pueden seguir, si por falta de hacienda viniese a decli- nar, o por lo menos, a enflaquecer, esta monarquía, que es la columna y amparo de nuestra santa fe católica, y con esta razón (que es muy superior) se podrían justificar quizás los escrúpulos de conciencia que pueden ofrecerse.
El primer remedio que se presenta y el que dará gran ejemplo y tapará las bocas a muchos es que V.M. mande moderar el gasto, gajes, sueldos y número de criados desde su Real Casa, reduciéndolo todo al estado que tenía cuando murió el rey don Felipe II, padre de S.M., que haya gloria.
Y es muy vana y frívola razón el decir que esto no conviene a la autoridad y reputación de V.M., porque no consiste la grandeza de V.M. en tener cien
criados más o menos, sino en tener fuerzas y hacienda para que sus enemi- gos le teman y obedezcan.
Ni tampoco importa decir que se quejarían los despojados que se hubie- ren de reformar, pues se les puede recompensar por otra parte, y no que- darán tan descalzos que les hayan de hacer mucha falta los gajes de V.M., y cuando algunos padezcan necesidad, mayor inconveniente es, que V.M. sus- tente lo que no puede, sin fruto alguno, y que padezca la causa común, antes que la particular. Opinión es muy asentada y cierta, que después que V.M. sucedió en esta corona, se han hecho muchas y muy grandes mercedes sin justificar bien las causas y razones que ha habido para ello. Y así será muy justo mandar que esto se vuelva a ver y revocar, a lo menos, reformar todo lo que se pudiere con buena conciencia y lo que pareciere no se hizo con justicia.
El turco tiene muchos y muy grandes estados, y los gobierna todos por un Consejo de siete jueces, que llaman visires, y la hacienda, que es muy rica, por un tesorero, que llaman desterdar. El rey de Inglaterra, aunque no es tan gran señor como S.M., ni como el turco, gobierna también su corona por un consejo, y la hacienda por un ministro, que llaman gran tesorero del reino. Y aunque sean infieles y les llamemos bárbaros, podrían imitarse algunas cosas de su gobierno político, y aún quizás, éstas, reduciendo a un solo tribunal tantos y tan costosos como sustenta V.M., poniendo en él suje- tos doctos y pláticos en todas las materias, o por lo menos, se podrían refor- mar los Consejos, reduciendo a menos el número de ministros en que se ahorraría una gran suma de dinero de los gajes, fuera de las casas de apo- sento, y las mercedes que es necesario ir repartiendo continuamente a sus deudos y a sus hijos.
En tiempos pasados se solía gobernar en España la hacienda por muy pocos ministros, y ahora ha crecido tanto el número de Consejeros, Conta- dores, Secretarios y Oficiales, que no tiene hacienda V.M. ni el reino para sustentarlos.
Bien se podría reducir este Consejo a un Presidente y dos Contadores, con algún moderado número de oficiales y ayudantes. La mayor parte de los Consejos y Tribunales se servían en tiempo del rey don Felipe II por un Secretario y pocos oficiales, y ahora se han aumentado muchos a título de acomodar y contentar más personas, dividiendo las materias en los Conse- jos, sin considerar que esto es con muy grande costo de V.M., pues han de tener sus derechos y gajes y todos los demás aprovechamientos que tienen los consejeros, y lo peor es que no se contentan algunos con esto.