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Repeat process until all unique scenarios

Un acercamiento a la conceptualización de la racionalidad en el “mundo artificial” por Simon exige detenerse en tres aspectos de la racionalidad: la racionalidad evaluativa, la racionalidad instrumental y, por último, la racionalidad sustantiva. Un primer análisis de la racionalidad en el “mundo artificial” se debe fundamentar en el estudio de los

objetivos, es decir, en el estudio de la racionalidad evaluativa.

Mantiene Simon que los objetivos vienen ya dados a partir del propio ambiente, de modo que el objeto artificial ha de adaptarse al ambiente; por lo que están excluidos en principio de todo proceso racional: su racionalidad en el “mundo artificial” es una racionalidad instrumental que no incluye la racionalidad evaluativa. Los objetivos, para Simon, son claramente un referente, en el sentido de venir dados. Esto puede ser debido a que enfoca el problema desde las “Ciencias de lo Artificial”, ya que aplica el método utilizado en la Ciencia Aplicada al estudio del objeto artificial, lo que lleva a una visión, en principio, excesivamente pragmática.

Al estudiar el “mundo artificial” desde un enfoque ontológico, Simon realiza una división operativa entre el entorno interno del artefacto y el entorno externo, con el fin de argumentar adecuadamente cómo un artefacto llega a ser operativo. Explica que “el sistema interno es una organización de fenómenos naturales capaces de conseguir los objetivos en cierto tipo de entornos (...). El entorno externo determina las condiciones para alcanzar los objetivos. Si el entorno interno está adecuadamente diseñado, se adaptará al entorno externo, de manera que su comportamiento estará determinado en

31Ibidem, p. 72. 32S

gran medida, por el comportamiento del entorno”32. El entorno externo, pues, determina

la actividad y la propia estructura interna del artefacto, ya que se construye para que se cumplan determinados objetivos. Al igual que un ser vivo, el artefacto puede desaparecer por inadaptación a su entorno externo, dando paso a otros artefactos que cumplan una función concreta de una manera más adecuada.

La adaptación al entorno externo del diseño del artefacto se consigue mediante dos canales distintos: el canal aferente y el eferente. Simon afirma que la condición para que un artefacto se adapte a su entorno “es que esté conectado con el entorno externo a través de dos tipos de canales: el aferente o sensorial, canal mediante el cual se recibe la información acerca del entorno, y el eferente o motor, canal a través del cual se actúa sobre el entorno”33.

El artefacto, en primer lugar, ha de poder recibir información de su entorno, es decir, ha de poseer algún dispositivo que permita interconectar el objeto con el mundo (por ejemplo, un televisor tiene un interruptor que nos permite activar su funcionamiento). Después, una vez recibida la información externa, el objeto ha de actuar en un cierto sentido, con el fin de conseguir los objetivos para los cuales fue diseñado. Así, “la habilidad de conseguir fines depende de la elaboración de asociaciones entre los cambios particulares de los estados del mundo y las acciones particulares que (con seguridad o no) traerán esos cambios, asociaciones que pueden ser simples o muy complejas”34.

El diseño de un artefacto puede verse como un proceso altamente complicado, en el cual hay que tener en cuenta una infinidad de variables: por una parte, se deben considerar las propias condiciones del entorno, los objetivos que se han de cumplir; y, por otra parte, se han de contemplar las limitaciones pertenecientes al sistema interno. Sin embargo, Simon advierte lo siguiente: “en muchos casos, que un sistema particular alcance un determinado objetivo o la adaptación, depende sólo de unas pocas características del entorno externo y no de todos los detalles del citado entorno. Los biólogos están familiarizados con esta propiedad adaptativa de los sistemas, llamándola con el título de homeostasis. Ésta es una propiedad importante de la mayor parte de los componentes que se diseñan, ya sean biológicos o de carácter artificial”35.

Al referirse a los dos entornos –interno y externo– y a la correspondiente adaptación, Simon describe de la misma manera a un ente artificial que a un ser vivo. En este sentido, propone el siguiente ejemplo: “Una teoría que explique el avión desde el enfoque de las Ciencias de la Naturaleza, se sustenta mediante una explicación del entorno interno (la capacidad del equipo, por ejemplo), su entorno externo (la atmósfera y las distintas altitudes), y la relación entre sus entornos interno y externo (el movimiento del avión a través del aire). Pero la explicación de las aves puede ser descrita exactamente de la misma manera”36.

Vemos, pues, que un objeto artificial puede ser descrito de modo semejante a un ser vivo de la Naturaleza, aunque sea radical y esencialmente distinto. La racionalidad

33The Sciences of the Artificial, p. 121. 34Ibidem, p. 122.

35S

IMON, H. A., The Sciences of the Artificial, p. 8. 36The Sciences of the Artificial, p. 6.

evolutiva puede ser, de esta manera, una teoría útil para el análisis y comprensión de una parte de la racionalidad tecnológica, ya que, como se ha resaltado antes, esta racionalidad se ha de ver completada con la racionalidad evaluativa, que versa sobre objetivos o fines. No hay que olvidar que el objeto artificial es un constructo humano, y que, por lo tanto, es un instrumento para la propia adaptación del ser humano a su entorno.

Es el ser humano, y no el entorno, quien determina y evalúa los objetivos que ha de cumplir el objeto artificial, mientras que, en la evolución de los seres vivos de la Naturaleza, no existe ninguna evaluación de objetivos que éstos deban cumplir, sino que el ambiente es impuesto por las propias leyes de la Naturaleza. La racionalidad evolutiva aplicada al mundo artificial explica parte del proceso racional –la racionalidad instrumental– pero no profundiza en el aspecto que diferencia el mundo artificial respecto del mundo Natural, que es precisamente la racionalidad evaluativa. Esto, en el fondo, ratifica que Simon tiene una concepción bastante “mecánica” de las cosas, que la Naturaleza y los artefactos vienen a ser complejos mecanismos adaptativos.

Con respecto a esta misma cuestión, Rescher entiende que “la racionalidad consiste en la búsqueda inteligente de fines idóneos. Así, los dos factores –medios adecuados y fines apropiados– son ambos necesarios. Hace falta, en consecuencia, tanto la solidez cognitiva –la búsqueda inteligente– y la finalidad normativa, los fines apropiados, de modo que estos dos componentes son, por igual, esenciales para una racionalidad plenamente desarrollada”37.

Metodológicamente, Simon analiza el proceso a partir del cual los ingenieros construyen los objetos artificiales, centrándose especialmente en la Teoría del diseño. Considera que “el diseño, como proceso de elaboración, es el núcleo de toda la formación profesional, es el rasgo que distingue a las profesiones respecto de las Ciencias”38. El

diseño busca los mejores medios para conseguir que el entorno interno se adapte al externo, es decir, “está relacionado con el cómo las cosas deben de ser, con preparar artefactos para alcanzar objetivos”39.

Dentro de la Teoría del Diseño, Simon realiza un profundo estudio sobre la Teoría de la Decisión, ya que “la Teoría del Diseño ha de incluir principios para decidir cuestiones tales como la precedencia y la secuencia de los procesos de diseño”40. El diseño se

fundamenta en procesos donde la decisión entre distintas alternativas exige un elevado rigor de evaluación, y no meramente llevarse por prácticas aprendidas.

La Metodología utilizada en la Teoría del Diseño es una adaptación del sistema enunciativo, sistema lógico habitual en la investigación científica. No le exige una Lógica imperativa, a pesar de que el diseño se ocupa de cómo deberían ser las cosas, ya que –según Simon– ésta está insuficientemente desarrollada y muestra demasiadas paradojas41. En los procesos de construcción del “mundo artificial” se desarrolla

una racionalidad instrumental cuya Metodología puede ser explicada en los mismos

37R

ESCHER, N., Razón y valores en la Era científico-tecnológica, Paidós, Barcelona, 1999, p. 85. 38S

IMON, H. A., The Sciences of the Artificial, p. 111. 39The Sciences of the Artificial, p. 114.

40Ibidem, p. 129.

41 Como paradoja Simon expone el ejemplo de los gatos y perros como animales de compañía, en: The Sciences

términos que las Ciencias de la Naturaleza. La racionalidad evolutiva es una racionalidad instrumental que puede describir tanto la evolución que se da en el mundo artificial como natural. Así, el profesor Simon explica que “los requisitos del diseño se pueden encontrar a través de una pequeña adaptación de la Lógica de enunciados ordinaria. De manera que no es necesaria una Lógica especial de imperativos. Me gustaría subrayar la palabra ‘innecesaria’, que no quiere decir que sea ‘imposible’”42.

Con respecto a este mismo tema, Rescher considera que “hay dos aspectos en el tipo de conocimiento práctico: por un lado, está el saber hacer (know how) o cómo conocer (how to knowledge), que es condicional («tal y cual cosa es un modo eficiente y eficaz de hacer X», lo que quiere decir: «si tu quieres hacer X, entonces tal y cual es un modo eficiente y eficaz de hacerlo»); y, por otro lado, se encuentra el saber si (know whether), esto es, si hacer X es algo razonable dadas las circunstancias concretas. Estas dos formas de conocimiento práctico son tecnológicas en sentido amplio. La primera –cómo conocer– es claramente descriptiva, mientras que la segunda –el saber si– es esencialmente normativo-evaluativa. Y el saber hacer, aunque es técnico en su carácter, generalmente está enraizado en el conocimiento científico”43.

El primer modo de conocimiento se relaciona con la racionalidad instrumental mientras que el segundo con la racionalidad evaluativa. Además, estos dos aspectos del conocimiento práctico se pueden aplicar a la doble caracterización que realizó Rescher de la racionalidad tecnológica (racionalidad interna-racionalidad externa)44: la racionalidad

interna es principalmente descriptiva, al tiempo que la racionalidad externa es normativo- evaluativa. Se ve, por lo tanto, que ambos autores mantienen una postura similar a la hora de describir la Metodología de la racionalidad instrumental que se desarrolla en los procesos tecnológicos o en la construcción de un objeto artificial.

Simon también estudia la racionalidad sustantiva al reflexionar sobre el éxito del objeto artificial. La evaluación de los resultados se puede realizar de dos modos diferentes: por una parte, en términos internos, mediante el análisis de la adecuación de los medios para los objetivos prefijados; y por otra parte, mediante una perspectiva externa, que consiste en evaluar la adecuación de dicha Tecnología dentro de la Sociedad.

Sobre la evaluación interna, Simon piensa que “el cumplimiento de una finalidad o adaptación a un objetivo comporta una relación entre tres términos: la finalidad o meta, la índole del artefacto, y el entorno donde el artefacto actúa”45. Para explicar esta relación

pone el ejemplo de un reloj. El reloj tiene como finalidad medir el tiempo, de manera que su estructura ha de ser diseñada con ese fin, pero el entorno puede afectar en el cumplimiento del cometido, ya que un reloj solar lógicamente no funcionará cuando no hay Sol. Por lo tanto, que un artefacto funcione y cumpla los objetivos para los cuales ha sido diseñado depende no sólo de su estructura interna sino también del entorno en que se ubique.

Desde una perspectiva de la Axiología de la Investigación, hay que recordar el papel de la “Metatecnología”. Para Simon, la palabra “Metatecnología” se refiere al “conocimiento que influye y determina el camino por el cual nosotros decidimos

42S

IMON, H. A., The Sciences of the Artificial, p. 115. 43R

ESCHER, N., Razón y valores en la Era científico-tecnológica, p. 108. 44 Cfr. R

ESCHER, N., Razón y valores en la Era científico-tecnológica, cap. 8. 45S

aplicar la Tecnología”46. Admite su necesidad, pero considera que ni la Tecnología ni la

Ingeniería se dedican a dicha labor, por lo que la deslinda de ellos. En este sentido, la “Metatecnología” o la “Administración científica”47 tiene un papel fundamental en la

evaluación externa de la Tecnología. Según Simon, explica que “la Tecnología crea las posibilidades, pero somos nosotros, a través de nuestros planes y decisiones, quienes determinamos qué se va a realizar con ella, y qué consecuencias tendrá para el bienestar humano”48.