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Appendices

Appendix 2. Research design

En la medida en que la información particular para la primaria que se ha podido recolectar es, como vimos, muy escasa y entonces su análisis no nos daría resultados confiables, se ha determinado iniciar el análisis con la educación secundaria o bachillerato, que en la mayoría de los casos incluye de todas maneras la primaria, es decir, en la mayoría de los casos los estudios básicos se adelantan en el mismo plantel, como lo evidencia ésta proporción dentro de los 187 personajes

para los que si se consiguió la información de primaria: en 151 de ellos, un 81%, el plantel es el mismo que para la secundaria.

Entrando entonces en una secundaria que en realidad representa a todos los estudios básicos, un primer ejercicio interesante en este punto y que confirma el filtro que ha ejercido hasta el día de hoy el bachillerato clásico (o académico), como única vía a la universidad, es que solo 13 de los 558 personajes para los que se ha conseguido esta información han estudiado una secundaria diferente al bachillerato clásico. De estos personajes 2 hicieron además la secundaria clásica (Julio César Turbay Ayala y Gustavo Rojas Pinilla, en el Colegio Universitario Botero y el Colegio de Boyacá respectivamente), 2 nunca llegaron a la universidad (Santiago Rivas Camacho y Julio Tamayo), otros 2 además de Rojas Pinilla son militares y completan su formación en la Escuela Militar de Cadetes (Álvaro Herrera Calderón y Rafael Sánchez Amaya), de manera que en realidad, solo 7 llegan a la universidad sin haber pasado por una secundaria clásica,

1 de la Escuela Nacional de Agronomía (Delio Jaramillo Arbeláez), 4 de la Escuela Nacional de Comercio (Antonio Ordóñez Plaja, Germán Arciniegas, Luís Morales Gómez y Vicente Laverde Aponte) y 2 de escuelas normales (Enrique Blair Fabris y Luís Buenahora). Es decir, se puede afirmar que el filtro del bachillerato

del que hemos hablado es efectivo, solo el 1.25% de los personajes que llegaron al poder no habían hecho secundaría académica, o Bachillerato Clásico como más se le conoce hoy.

Mirando ahora el lugar donde los personajes estudiaron su secundaria, se encuentra una cierta similitud con la región

de origen, pues las regiones que mayor representación tienen son nuevamente Bogotá-Cundinamarca y Antioquia-Viejo Caldas, e igual que antes aunque la supremacía de la primera es clara y tradicional, el crecimiento paisa, que ya podemos calificar de “toma” en el buen sentido, termina quebrándola al final del período.

Si revisamos en mayor detalle encontramos fenómenos que evidencian una migración de las regiones a la capital para hacer los estudios secundarios. Así por ejemp

identificar el tipo de institución en la que es

lo, mientras los personajes nacidos en Bogotá representaban como vimos una media en el período del 25% de la elite que estudiamos, al revisar el lugar de estudios secundarios la participación de la capital crece notablemente, iniciando con un 78% en 1934, estabilizándose en torno al 40% desde 1980 y decayendo un poco desde el año 2000, lo que hace evidente que candidatos a la elite migran en número importante para hacer sus estudios de secundaria, al menos, a la capital de la república. Esta migración sin embargo va decreciendo con el tiempo, pero no a cambio de un crecimiento en todas las regiones, sino exclusivamente en la región Antioquia-Viejo Caldas, hasta llegar hacia fines del período prácticamente a una igualdad, en la que cada una de estas dos regiones, Bogotá-Cundinamarca y Antioquia-Viejo Caldas, atrae el 35% de los futuros miembros de la elite para hacer sus estudios secundarios, dejando el restante 30% para el resto de Colombia. Hasta 1974 aproximadamente la región paisa tenía una participación relativamente constante en torno a 15%, mientras que Bogotá decrecía desde 78% en 1934 hasta un 38%, lo que habla de que el resto del país venía creciendo en su participación. A partir de este año en cambio, Bogotá se estabiliza cerca del 40% como vimos, mientras que la región antioqueña crece de aquel 15% hasta el 35% de que hablamos, es decir, nuevamente el resto del país comienza a perder terreno. Evidentemente esto está relacionado con la presencia paisa en el ejecutivo central, aquella “toma paisa”, pero recordemos que ésta era relativamente estable hasta el año 2000, en torno al 20%, lo que permite concluir que la educación secundaria de esta región está ganando prestigio para educar a las elites colombianas de otras regiones diferentes a la capital de la república.

Profundizando más en la forma como la elite del ejecutivo central adquiere su capital cultural, resulta interesante a este nivel

tos personajes hicieron su bachillerato, que como dijimos es el académico o clásico, entendiendo por tipo si éste se desarrolla en una institución pública, religiosa, privada laica o extranjera. El comportamiento que resulta al tabular estos datos no parece contener mayores sorpresas con lo que sabemos hasta ahora80, ni con respecto a lo que comúnmente se afirma. Una secundaria prioritariamente en manos

80 Se han separado para este ejercicio los personajes con estudios en las Escuelas Militares donde se termina el

bachillerato, en la medida en que, siendo de carácter público, no se trata sin embargo del tipo de colegios públicos de los que venimos hablando, ni tampoco corresponde a una elección entre público, privado o religioso para “invertir”, sino más bien a una elección temprana de carrera, que luego se pudo haber frustrado, como es el caso del Ministro Juan Manuel Santos, por ejemplo.

de comunidades religiosas que luego de un pico de participación de niveles del 70% en los años 40s, se mantiene en una larga planicie educando desde entonces y hasta hoy aproximadamente a la mitad de los personajes de la elite. Un conjunto de colegios privados laicos que tienen

una importante incidencia inicial, inducida en realidad por los estudios particulares de algunos personajes, como fue el caso de Alfonso López Pumarejo por ejemplo, ceden hacia finales de los 30s su participación a los religiosos, para conseguir un repunte a partir de los años 70s, l

importante de la elite (cerca del 35%), pero cediendo terreno hacia final del período frente a lo que, si bien no se puede calificar de una tendencia todavía, pareciera ser el líder futuro, los colegios extranjeros (sean estos en Colombia o en el exterior), que a partir de medidos de los 90s comienzan a reemplazar progresivamente a los colegios laicos privados, superándolos a partir del 2005.

El análisis del comportamiento de los planteles públicos puede resultar interesante, con una participac

legando a educar durante los 90s una porción

ión mínima inicial (del orden del 10%), tiene un crecimi

como ocurre en 1961 por ejemplo, con la participación de personajes como Rafael- ento sostenido hasta mediados de la década de los 60s, cuando comienza una disminución también sostenida de su participación, que lo lleva a prácticamente desaparecer como formador de las elites al final de nuestro período de estudio (de hecho tiene 0% de participación desde el año 2003). Así, entre 1953 y 1982 se mantiene como un participante importante, y durante éste período bachilleres de colegios públicos, que recordemos no eran gratis para secundaria, representan en promedio el 34% de la elite, solo superados, y no por mucho, por los de colegios religiosos. Esta época inicia con el golpe militar de Rojas (1953-1957), pero recordemos que para no enturbiar este análisis hemos eliminado los estudios de los militares que terminaban bachillerato en las escuelas militares, que son públicas, es decir, este repunte corresponde efectivamente a que para los militares sí tiene valor en el capital educativo el diploma de bachiller de institución público. Pero lo interesante es que terminada la dictadura y durante los 20 años de Frente Nacional, el Estado continúa reconociendo este valor, que solo se pierde con el final del siglo,

Unda-Ferrero (Fomento), Vicente-Laverde-Aponte81 (Justicia), Aurelio-Camacho- Rueda (Fomento, Hacienda y Gobierno) o Jaime-Posada (Educación), y que hicieron su secundaria en el Colegio Provincial de San Jose, la Escuela Nacional de Comercio, el Colegio San José de Guanenta y el Externado Camilo Torres respectivamente.

Finalmente, para terminar nuestro recorrido por los colegios de secundaria, si bien hablar sobre nombres propios resulta un poco riesgoso, en razón primero a que son muchos los colegios representados y en segundo término a que la información en este ru

bro no es tan completa y solo permitiría análisis estadísticos de tendencias, con el objeto de destacar algunos casos importantes a eso nos arriesgamos. Resaltemos entonces que la hegemonía

del colegio del Rosario era tradicionalmente tan notoria que hasta el año 1950 no tenía discusión, sin embargo, a partir de su momento de gloria, el año de 1941 que educó al 49% de los personajes de la elite, mantiene una caída que prácticamente desaparece sus bachilleres de la elite a partir de los años 70s. El San Bartolom jesuitas (del Estado hasta 1888 y nuev contundente pero más sostenido, estira

Gimnasio Moderno inscribe a sus bachilleres por primera vez a mediados de los 50s, unos cuarenta años después de su fundación como era de esperarse, cuando tiene un corto momento para aparecer con mayor fuerza a comienzos de los ochentas, perdiendo su espacio, como todos los otros, ante el San Ignacio de Medellín que llega con los paisas (tal parece que los jesuitas se pasan la posta entre ellos). Finalmente, el colegio La Salle de Bogotá, que en realidad incluye al Liceo y al Instituto, si bien es menor tiene también una importante presencia bastante permanente y que parece revivir, curiosamente, con el gobierno de Uribe Vélez. Si bien en conjunto han aumentado su presencia de forma significativa, hasta el momento no resulta todavía importante la presencia de algún colegio extranjero particular que justifique su mención.

é, con los vaivenes entre el Estado y los amente entre 1941 y 1951) menos su presencia hasta finales de los 80s, el

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