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CHAPTER FOUR: STUDY APPROACH

SECTION 4.3 RESEARCH DESIGN

El desarrollo es más que un número.

A

martya K. Sen nació en 1933 en Santiniketan, Estado de Bengala Occidental, en el seno de una familia hindú. En 1941 comenzó sus estudios en Dhaka, Bangladesh. En 1953 se gradúa en Económicas en la Universidad de Calcuta y en ese mismo año logra lo propio en la Universidad de Cambridge para iniciar allí mismo su doctorado en Económicas. A los 23 años lo nombran profesor y fundador del departamento de Económicas de la universidad de Jadavpur en Calcuta. Tan solo dos años después, regresa al Trinity College de Cambridge para completar su doctorado. Desde entonces, ha sido profesor en diversas universidades norteamericanas, entre ellas Harvard.

El encuentro con la muerte fue una constante en la niñez de Sen, al coincidir con el recrudecimiento de los enfrentamientos entre hindúes y musulmanes, poco antes de la partición entre India y Pakistán. Él mismo cuenta que durante su adolescencia en Bangladesh77 fue testigo de escenas de violencia extrema nacidas de la pobreza. La que más de cerca le tocó fue en su propia casa, el día que llegó un musulmán malherido, un jornalero que había sido linchado por hinduistas fanáticos. Se había arriesgado a pasar a la zona mayoritariamente hindú –donde residía la familia Sen– en busca de trabajo y ahora agonizaba tras la reja de la casa familiar, después de haber sido apuñalado sin piedad. Mientras él y su padre lo llevaban al hospital, les explicó que se había arriesgado a buscar trabajo en un barrio mayoritariamente hindú porque no podía soportar ver a su familia pasar hambre. Murió antes de llegar al centro sanitario.

Esta experiencia fue reveladora y devastadora, según sus propias palabras; le hizo tomar conciencia del peligro de las endogamias raciales y de que las condiciones económicas pueden ser causa directa de que un ser humano se convierta en la presa de otros congéneres.

Tres matrimonios, dos hijos. Ateo confeso, valora el hinduismo como entidad política. Ante la cuestión de su identidad, afirma que pertenecemos a muchas colectividades a la vez. Y esa complejidad tan rica no puede reducirse a compartimentos. La humanidad es una suerte de ensalada con muchos ingredientes: «Me defino como un asiático, ciudadano indio, bengalí, de Bangladesh, ciudadano británico, hombre feminista… Tengo, pues, numerosas identidades, siempre en conflicto, pero a veces,

según el contexto, una resulta más pertinente que las demás. Pero cuando veo el hambre en Ucrania, o en Corea del Norte, mi identidad es la de querer la libertad contra la opresión. Para que el desarrollo humano sea sostenible, lo primero es que debe existir un sistema democrático» que incluya la economía, es decir, que los poderes democráticos controlen la economía y no al revés, como parece que está ocurriendo ahora. En definitiva, pone en cuestión el utilitarismo dominante.

Sen está considerado como el rostro humano del economista, «la Madre Teresa de la Economía», según el periódico The Observer, por su preocupación auténtica por el hombre y su dignidad. Tras mostrar su admiración por Teresa de Calcuta, Sen califica la comparación como «una tontería», pues esa declaración disminuye el valor de Madre Teresa. «Yo no aporto conciencia, yo solo aporto razonamiento», argumenta. Este economista, matemático y filósofo indio es uno de los más influyentes pensadores contemporáneos en temas de desarrollo humano ligado a la economía y a la justicia social. Se ha distinguido por sus trabajos sobre la comunicación social, las hambrunas, la pobreza y sus mecanismos subyacentes, así como la medición de esta. Y por estudiar a fondo el binomio «identidad y violencia». Es el impulsor de las bases del impacto sobre el bienestar social, trabajando en el Programa Mundial del Empleo para la Organización Mundial del Trabajo de las Naciones Unidas, analizando los países pobres y las condiciones necesarias para la consecución del desarrollo, incluyendo su aportación cara al Banco Mundial con su Informe sobre el Desarrollo Humano, que se ha convertido en la publicación de referencia mundial sobre estos temas. Se ha dedicado con tal profundidad a estas cuestiones que hablar de «economía del bienestar» se considera casi como hablar de Amartya Sen.

Tras obtener su doctorado en economía, estudia filosofía durante cuatro años, algo que siempre está muy presente en sus estudios y teorías. Participó, además, en debates intelectuales como miembro de una sociedad secreta de Cambridge, los llamados Apóstoles, que se empezó a conocer en el exterior por sus miembros destacados provenientes del Círculo de Bloomsbury, un grupo intelectual formado por John Maynard Keynes, la escritora Virginia Woolf, los filósofos Bertrand Russell y Ludwig Wittgenstein o el hispanista Gerald Brenan, entre otros.

A la hora de contraponer la relación entre sector público y privado, es de la opinión de que los intereses de la gente sean colocados en primer plano, utilizando siempre el debate público y la democracia como una fuerza esencial en el cambio social. Y lanzó la idea de una división diferente a la de izquierda y derecha, en su opinión tan importante como aquella: la división entre la democracia y el autoritarismo. «Es la división fundamental en la actualidad». Algunos de los grandes fracasos del mundo se han producido por la falta de democracia. China, por ejemplo, ha sufrido la mayor hambruna que se conoce en la historia. Entre 1957 y 1961 murieron 30 millones de personas por

se atrevía a desafiar al gobierno. La falta de democracia, pues, agrava directamente aún más las desigualdades.

Durante los años 70 del pasado siglo, Sen estudia los mecanismos sociales y económicos que conducen a la aparición de carencias alimentarias y epidemias contagiosas, que arrasan siempre las zonas más desfavorecidas de la Tierra. Sus primeros trabajos son empíricos: con una vieja bicicleta recorre Bangladesh comparando los precios del arroz y constata que el fenómeno de la escasez extrema y el hambre es esencialmente rural. Ciudades como Calcuta, curiosamente, no resultan tan afectadas por la subida de los precios; las hambrunas solo afectaban a los pobres. Cuando tenía nueve años, la hambruna que asoló Bengala78 fue una experiencia muy fuerte. El cálculo oficial fue entre un millón y millón y medio de muertos, pero años más tarde él llegó a la conclusión de que la cifra de tres millones era mucho más cercana a la realidad, debido a que los ingleses no hicieron nada hasta meses después, una vez que la prensa pudo librarse del embargo informativo. Más adelante desarrollaría la prevención de la hambruna en investigaciones memorables, gracias al contacto con la realidad de la miseria en su país.