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Research Design, Variable Operationalization and Data Collection As conceptualized in this dissertation, the siting of a nuclear facility is a

Chapter 3: Nuclear Facility Siting, Coalition Opportunity Structures and Policy Change

3.3. Research Design, Variable Operationalization and Data Collection As conceptualized in this dissertation, the siting of a nuclear facility is a

Los adolescentes que se orientan a su mismo sexo se pueden diferenciar de los heterosexuales por su constitución biológica y sus experiencias de socializa- ción. El grado en que así sea y, si lo es, qué importancia evolutiva pueda tener, son cuestiones controvertidas.

La hipótesis es que las diferencias de orientación sexual son, en cierta medi- da, resultado de los orígenes genéticos o medioambientales prenatalesi44. Es

81 ¿Modelos o trayectorias?

41nSAVIN-WILLIAMS, 1990; HILLIERy cols., 1998; DIAMONDy LUCAS, 2002. 42nS

AVIN-WILLIAMS, 2001c; SAVIN-WILLIAMSy REAM, 2003b. 43nSHAFFERy cols., 1995.

posible que las personas homoeróticas no consigan seguir la canalización nor- mativa de su propio sexo, lo cual indica que, por definición, deberían ser biológi- camente distintas de las heterosexuales de su sexo. En este planteamiento se suele ignorar que las personas homo y heterosexuales comparten más similitu- des que diferencias en su configuración biológica. Además, pocos son los que reconocen que la sexualidad de los que se sienten atraídos por las de su mismo sexo es diferente de la de los heterosexuales, con mayor frecuencia, en lo que se refiere al grado que al tipo.

Aunque son pocos los investigadores que postulan que todos los individuos homoeróticos varían en la misma medida en su desviación de la biología típica de su sexo, algo tuvo que “ocurrir”, desde una perspectiva estrictamente biológica, para crear a un individuo no heterosexual. Ese algo se debería manifestar en unas variaciones anatómicas, neurológicas y hormonales atípicas del sexo dis- tintivas, que de forma inimitable configuraran la presencia física, las percepcio- nes, las cogniciones, los sentimientos, el temperamento, la conducta, las habili- dades y hasta los intereses profesionales del adolescente. Por ejemplo, todo un cuerpo de literatura empírica señala que las personas homosexuales difieren de las heterosexuales en el tamaño de determinados núcleos del hipotálamo, en los niveles hormonales durante períodos críticos de la vida prenatal, cuando se con- forman los rasgos particulares relativos al sexo, y en características físicas como la ratio entre hombro y cadera, la de la longitud de los dedos, los patrones de las huellas dactilares, el hecho de ser diestro o zurdo y las habilidades acústicasi45.

El retrato biológico de la sexualidad homoerótica muestra a ésta como una inversión fundamentalmente sexual. Es decir, los chicos gays, en algunos aspec- tos, en realidad son chicas heterosexuales con pene; y en algunos aspectos, las chicas lesbianas en realidad son chicos heterosexuales sin pene. A veces tal idea se lleva demasiado lejos. Por ejemplo, una característica vinculada al sexo bioló- gico es la edad en que se alcanza la pubertad. Siguiendo el modelo de la inver- sión sexual, los chicos homosexuales deberían tener un inicio muy temprano de la pubescencia, porque las chicas inician la pubertad varios años antes que los chicos; y las chicas lesbianas deberían tener un retraso en su pubescencia, refle- jo del inicio más tardío de ésta en los varones. En un estudio se descubrió que, en efecto, los varones homosexuales y bisexuales experimentan el inicio de la pubertad seis meses antes que los heterosexuales. Ante tal realidad, se formuló la hipótesis de que se trataba del resultado de las diferencias en las “estructuras relevantes del sistema nervioso (por ejemplo, los lugares del hipotálamo ante- rior)” entre los varones homosexuales y heterosexuales. En el caso de las muje- res no se confirmó una conclusión similar, y recientemente se rebatieron los datos referentes a los varonesi46.

El ejemplo de la edad en que se inicia la pubertad destaca la tendencia de los estudios biológicos a centrarse en las características exclusivas de la no hetero- sexualidad. La tesis no es que todos los chicos que se sienten atraídos por hom- bres inicien la pubertad de forma atípica según su sexo, sino que, en lo que a la población se refiere, las diferencias de orientación sexual son evidentes. Es decir,

82 La nueva adolescencia homosexual

45nMUSTANSKI, CHIVERSy BAILEY, 2002; RAHMANy WILSON, 2003.

no se puede predecir que un determinado chico sienta atracción por los de su mismo sexo mediante la simple evaluación de la edad en que inicia la pubertad. La “anomalía” de las adolescentes, que realmente se comportan en contra de la predicción biológica, al hablar de una edad un tanto anterior del inicio de la puber- tad en relación con las chicas heterosexuales, sigue sin explicarse, excepción hecha del principio genérico y relativamente sin significado de que en la orienta- ción sexual de mujeres y hombres inciden procesos diferentes.

Un segundo factor que se dice que es diferente en los heterosexuales y los homosexuales es el impacto de la socialización. Se dice que crecer en el seno de familias, entre amigos íntimos, escuelas, organizaciones religiosas y sistemas jurídicos que dan por supuesta y prescriben de forma exclusiva la heterosexuali- dad, influye en el desarrollo del adolescente. Se cree que el efecto se produce realmente no sólo en quienes tienen unos deseos evidentes dirigidos a personas de su mismo sexo y que asumen una identidad gay, lesbiana o bisexual, sino tam- bién en quienes albergan su identidad homosexual únicamente en el subcons- ciente.

A los investigadores les resulta difícil evaluar las consecuencias culturales de las diferencias en la orientación sexual, no obstante, se cree que son inevitables, pues así parece dictarlo la intuición. Aunque los adolescentes de todas las sexua- lidades quieren sentirse relacionados y apoyados, es muy posible que lo que sea exclusivo de los adolescentes que se sienten atraídos por personas de su mismo sexo es el esfuerzo que se requiere para encontrar a otros con esta misma orien- tación sexual, y la dificultad que ello supone. Los estudios señalan que los jóve- nes que se identifican como gays tienen unas redes sociales de menor tamaño, les preocupa más la pérdida de amigos por culpa de su sexualidad, creen que pueden disponer de menos relaciones amorosas, experimentan una mayor pro- babilidad de relaciones tensas con sus padres, y califican de forma más negativa el clima y la aceptación en sus centros escolaresi47. Cuando en éstos se oyen el

comentario: “Eres muy gay”, es más probable que se sientan afectados porque saben que, en efecto, “son muy gays”, frente a los alumnos heterosexuales, que saben que, en su caso, tales comentarios son falsos.

Tony DʼAUGELLIha dedicado gran parte de sus estudios a documentar cómo la negatividad cultural, especialmente en forma de acoso y violencia verbales y físicas, configura al joven gayi48. Sostiene que la victimización hace que ado-

lescentes ya de por sí vulnerables se sientan más deprimidos, más solos y alien- ten un deseo suicida más agudo. Incluso los mensajes sutiles y callados sobre la inaceptabilidad de la homosexualidad pueden tener un efecto negativo, en espe- cial durante los frágiles años de la infancia y la adolescencia. El rechazo por par- te de los boy scouts, de los deportistas o de las animadoras de la escuela, pro- voca que los adolescentes pierdan las posibles fuentes de apoyo, comodidad e interacción social, a las que sus iguales heterosexuales pueden acceder con mayor facilidad.

No estoy diciendo que todos los adolescentes que se sienten atraídos por personas de su mismo sexo reaccionen idénticamente, y ni siquiera negativa- 83 ¿Modelos o trayectorias?

47nHILLIERy cols., 1998; RUSSELL, 2002; SZALACHA, 2001.

mente, a la realidad cultural del género y la expresión sexual. Tampoco ignoro el hecho de que algunos jóvenes heterosexuales se enfrentan a retos de parecida dificultad cuando adoptan conductas hombrunas o afeminadas, o deciden no seguir el guión heterosexual tradicional, sino que desean, por ejemplo, seguir sol- teros y centrarse en su carrera profesional. Lo que sí creo, sin embargo, es que tales decisiones y conductas son más inevitables y más difíciles para los adoles- centes atraídos por los de su mismos sexo. Los dilemas pueden impregnar su vida cotidiana de una forma que no se produce entre los adolescentes heterose- xuales, quienes pueden expresar libremente su sexualidad sin tener que pensar- lo antes ni justificarlo, y sin miedo al escrutinio o la evaluación.