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3.4. Analysis and coding processes

3.4.1. Research Question 1: Key risk factors

Este poema monumental (es el segundo más extenso del Salterio, después del Sal 119) desarrolla la ideología de Dt 32,4-7.36:

4Él es la Roca, su obra es consumada,

pues todos sus caminos son justicia. Es Dios de lealtad, no de perfidia, es justo y recto.

5Se han pervertido los que engendró sin tara,

generación perversa y tortuosa.

6¿Así pagáis a Yahvé,

pueblo insensato y necio?

¿No es él tu padre, el que te creó, el que te hizo y te fundó?

7Acuérdate de los días de antaño,

considera los años de edad en edad. Interroga a tu padre y te lo contará, a tus ancianos y te lo dirán….

36Yahvé hará justicia a su pueblo,

se apiadará de sus siervos.

El salmo se interesa por la historia y por su transmisión de una a otra generación; es una meditación de la historia o una interpretación teológica de la historia (como los Sal 105 y 106). Para interpretar la historia, el poeta se sirve del esquema deuteronomista: gracia-peca- do-castigo-perdón.

El don de Dios es algo previo y, en el caso de Israel, constituyente. Israel, a lo largo de la historia, ha respondido con el olvido al don de la alianza (cf. Ex 19,5; 24,3.7-8; 34,27-28). Las reiteradas infidelidades de Israel provocan el castigo divino (vv. 21-22; 32-33; 59-64.67). Pero éste no conduce a Israel a una conversión sincera y total, sino efíme- ra y superficial (vv. 34-37), lo cual motiva nuevos castigos divinos. La historia habría continuado esta espiral destructiva si Dios no hubiera reparado en que su pueblo es «carne, un aliento que se va y no retor- na» (v. 39). La última palabra del devenir histórico no la tiene el cas- tigo, sino el perdón o la misericordia (vv. 23-29 y sobre todo el v. 38, que, situado en la mitad del poema, es conmovedor: «Él, en cambio, enternecido, / perdonaba la culpa y no los destruía»).

Al margen del esquema deuteronomista, el desarrollo histórico se convierte en clave de lectura. El poeta interpreta la historia desde el Sur, desde el reino de Judá. Acaso venga a cuento la escueta noticia de 1 Cro 5,1s: «Es cierto que Judá fue más poderoso que sus herma- nos y jefe de ellos, pero la primogenitura fue de José». El Sal 80 pre- senta al Señor como pastor de Israel: de Benjamín, José, Efraín y Manasés (tribus septentrionales casi todas). El Sal 78 afirma el recha- zo de Efraín y de José (vv. 9 y 67), a la vez que anota la destrucción de las instituciones del reino del Norte (Israel), al menos de aquellas que se articulaban en torno a Siló: el templo de Siló, el cautiverio de lo más granado de la población, la matanza del pueblo, la desaparición de los sacerdotes (que perecieron, junto con los jóvenes); es un pue- blo sin presente y sin futuro. Así ha sido porque con sus rebeldías y pecados excitaron los celos de Yahvé (vv. 56-64). El primogénito José, según 1 Crónicas, ha sido severamente castigado, y la historia santa continúa porque, en vez de la tribu de José, el Altísimo ha elegido a Judá; en vez del santuario de Siló, el de Sión, la colina amada; y de entre los pertenecientes de la tribu de Judá ha elegido a David, el nuevo pastor del pueblo (vv. 67-72), el jefe de sus hermanos, siguien- do el lenguaje de 1 Crónicas. Es decir, el poeta parece que tiene una doble intención: legitimar la supremacía de Judá y de David, y pre- sentar el castigo del reino del Norte como algo ejemplar, que sirva de modelo para los pertenecientes al reino del Sur, de Judá.

La introducción al salmo nos brinda otra clave de interpretación de la historia. El poeta, confiesa, va a abrir su boca a “parábolas”, quiere evocar «los misterios (enigmas) del pasado» (v. 2; cf. Sal 49,5). ¿Dónde está lo enigmático o, quizá mejor, lo paradójico? Resulta paradójico que los prodigios de Dios susciten desconfianza, que los beneficios tengan como respuesta la rebeldía, que el pueblo llegado a la tierra se pliegue a la idolatría, que olviden tan fácilmente lo que han aprendido a lo largo de una tradición secular (vv. 9-11), que olvi- den incluso lo inmediato, lo que acaban de ver (vv. 40-41), que en el desierto (cuando su vida pende de Dios) desconfíen de Dios, que ya en la tierra (don de Dios) provoquen los celos divinos, etc. Enigmático o paradójico es también el proceder divino. Por ejemplo, en los vv. 21- 31: Dios, a pesar de su cólera, concede al pueblo lo que éste le pide, aunque después dé muerte a los más robustos (v. 31). Más paradójico aún nos resulta que, ante la continua rebeldía, Dios todavía se ocupe

del pueblo y le done una nueva tierra en la que pueda comenzar de nuevo, y una nueva monarquía, y un nuevo santuario. La parábola viene en la segunda parte del salmo (vv. 44-72): Dios es el pastor que guía a su rebaño y lo cuida. El pastor conduce al rebaño (vv. 14.53 y 72), lo guía (v. 52), lo lleva a su destino (v. 54), lo pastorea (v. 70). Aunque sus prestaciones no sean estrictamente pastoriles (“preparar una mesa, dar pan y carne”: vv. 23-29), el pastor guía al rebaño a tra- vés del desierto (vv. 14-16. 52s) hasta llevarlo a un aprisco seguro (vv. 54-55). Si este aprisco un día es asolado, debido a las infidelidades del rebaño (vv. 56-64), elegirá otro lugar y suscitará otro pastor que con- tinúe apacentando a sus ovejas (vv. 68-72).

Es posible leer el poema desde otra clave interpretativa distinta: desde el recuerdo o el olvido (vv. 7.11.35.39.42). Es un recuerdo que se graba en la memoria al ritmo de la tradición (vv. 3.6), con la fina- lidad de que los descendientes sepan (v. 6), confíen en Dios (v. 7), cumplan sus mandatos (v. 7c) y no imiten a sus padres, «generación rebelde y contumaz» (v. 8a). Pero el pueblo no aprendió y se compor- tó como sus padres. Aunque fue corregido puntual y ejemplarmente con la destrucción del reino del Norte, al menos un resto fue preser- vado en torno al monte Sión y confiado al cuidado de David, que pas- toreó a Efraín y a Judá y «los guió con mano experta» (v. 72b).

He mencionado en distintos momentos el reino del Norte. Es posible que un salmo tan extenso haya sido sometido a distintas relec- turas a lo largo del tiempo. Se sugieren las fechas más variadas para la datación del salmo. Debido al colorido deuteronómico (Dt) deute- ronomista (libros históricos) que tiene el poema y a que el poeta no se refiere en ningún momento a la conquista y destrucción de la capi- tal del reino del Norte (Samaría), que le habría venido muy bien para su interpretación de la historia, es probable que el salmo haya sido compuesto antes del año 722 a.C., aunque posteriormente haya pasa- do por otras relecturas.

Para ofrecer una estructura que resulte convincente hay que tener en cuenta no sólo los temas del salmo o la alternancia de las gestas divinas y de la infidelidad del pueblo, que nos permitiría dividir el poema de este modo: vv. 1-8; 12-55; 65-72, poniendo entre paréntesis los versos dedicados a la apostasía de Efraín (vv. 9-11 y 56-64). No me parece suficiente guiarnos tan sólo por los sujetos que actúan: “él” (Yahvé) y “ellos” (el pueblo). Creo que ha de prestarse una atención

esmerada al vocabulario, con sus repeticiones y figuras estilísticas. Para no ser prolijo, remito al comentario de Ravasi (II, 621-624), que llega al siguiente resultado:

• Introducción sapiencial (vv. 1-2).

I. Teología de la historia: la tradición (vv. 3-12). II. El gran credo histórico (vv. 13-72).

A. La canción del desierto (vv. 13-43).

B. La canción del éxodo y de la tierra (vv. 44-72).