CHAPTER 2: LITERATURE REVIEW
2.5 RIC Program Logic Framework– Conceptual Model
2.5.2 Research Questions and Hypotheses
Si se observa detenidamente, no sería difícil reconocer algunas pistas para pensar que la lógica que rige los esquemas mediáticos atiende en su gran mayoría a la producción para el consumo de bienes culturales y materiales que nos incitan a hacer parte del modelo que ellos mismos aplican, convirtiendo a los públicos en un sujeto/objeto de consumidores masa. Un consumidor que se consume, por así decirlo
La perspectiva industrial de la tragedia es evidente. Las narrativas que tienden a endulzar los discursos noticiosos con tonos comerciales, la publicidad y el ejercicio mediático que
presentan desplazamientos forzados, genocidios y desapariciones como trailers de películas, generan un altísimo impacto, pero de muy corto plazo. Pues se trata de una película de estreno cada semana que quiere vender la taquilla para que no queden puestos libres frente al televisor la noche del sábado.
Si bien los medios pueden mantener viva la imagen, y por qué no la cara de las víctimas, a través de la narrativa constante de las consecuencias de la guerra y sus estrategias, si bien la lucha
contra el olvido implica un obstáculo a la “numerización” estadística del sujeto, al mero análisis
cuantitativo del riesgo y a la conceptualización porcentual de sus características, también es cierto que la velocidad y la inmediatez con que los medios suelen atender los fenómenos y las tragedias, son más armas del olvido que de la memoria.
¿Se trata entonces de un problema de formato? La respuesta no debe ser tan distinta a la metodología propuesta para entender el fenómeno del desplazamiento. No se trata de hacer una extensa lista de consecuencias y razones, se trata más bien de despegarnos un poco de todo eso que aunque está frente a nuestros ojos, no vemos, y a la vez nos moldea, construye y reconstruye
en pro de “algo”. Sin embargo, vale la pena, solo por un segundo, tratar de no distraer la atención
en aquellos focos que de alguna manera validan el concepto mismo de “opinión pública” para
tratar de forjar una opinión propia a partir de nuestra no percepción de lo que ofrece la sociedad de consumo.
No propongo aquí un sistema individualista, en el que la sociedad juegue un papel de poca importancia. Lo único que propongo, es que si bien se ha logrado entender que la lógica
moderna lleva a convertirnos en lo que somos, por lo que hacemos y lo que deseamos, sea pertinente que demos también un momento para olvidarse de quiénes somos, y de querer saber
“qué pasa”, cuál es el carro de moda, o cómo cerraron hoy las acciones en la bolsa. Pues que esas sean las preguntas justifica que sean esas las respuestas que nos ofrecen los medios de
comunicación.
La capacidad informativa se mide por reating, los discursos lanzan al estrellato, la acogida de las ideas está representada en el número de seguidores en redes sociales, y los sueños y
aspiraciones de quienes lo han perdido todo, se convierten en un show mediático promotor de estrellas y mártires. Las historias reales ya no sólo inspiran a la literatura o al cine. Sino que el cine y la literatura le han dado a las historias el más alto matiz de irrealidad, mientras la película de la vida se agota para muchos. No es extraño que ahora las víctimas desempeñan papeles de reparto, y que los formatos televisivos creen y recrean víctimas y victimarios.
La polución mediática bajo esa narrativa, se convierte en una herramienta facilitadora de consecuencias contra las que debería luchar: La normalización de la violencia, la teatralización de la tragedia y la velocidad con la que se turnan múltiples focos de atención que reduce las
tensiones para dar paso a entretenciones pasajeras que sucumben al olvido. Siguen las historias,
si. Pero los sujetos son cada vez más “personajes”, las caras de las víctimas son cada vez más imaginarias o tras puestas, los hombres son cada vez más actores y menos ciudadanos. ¿El resultado? Historias sin sujetos, y sujetos sin historia. Esta es para los medios la nueva fórmula del olvido.
Se debe entontar en los medios de comunicación una herramienta para la revolución del lenguaje, en donde el germen del pensamiento crítico empiece a encontrar suelo fértil, y nos contamine para iniciar la construcción de una sociedad diferente. Este germen, también debe renacer en los diferentes grupos sociales y poblaciones, que como la desplazada, han decidido convertirse en lo que los imaginarios sociales y ley ha previsto para ellas: desigualdad, peligro y
enfermedad. ¿Qué debe importarle más a un sujeto, después de él mismo, que su “par”? Pero también debe renacer en los sujetos desplazados, un germen de auto reconocimiento y fortaleza espiritual, que aun cuando decidan necesariamente abrazar el nuevo modelo y dar entrada libre a
los medios y demás “maquinarias” al servicio de intereses particulares del olvido, le permita no sucumbir tan fácilmente.
A su vez, el tratamiento que los medios de comunicación le han dado al fenómeno del desplazamiento forzado, los ha hecho tomar forma de técnicas dispuestas a mantener el concepto biopolítico de población, olvidándose salvo contadas excepciones, que detrás de esa población hay un sujeto que tiene una historia y que carga sólo con el recuerdo de una guerra. Cifras, porcentajes, gastos y espectáculo. Los ojos de los medios se vuelcan sobre los desplazados cuando a conveniencia comercial se presenta coyunturas que les garantice una audiencia.
Mientras que muchos sacan provecho de historias personales para montar una novela trágica que lo único que logra es reforzar la autoafirmación de su población.
Bauman dice que en intento desesperado de dividir el “nosotros” del “ellos” primero está el
conflicto y luego la búsqueda frenética de los rasgos que nos diferencian.
No es difícil reconocer en la exposición mediática del desplazamiento, una tendencia a acentuar las diferencias, en visibilizar el conflicto y la discriminación negativa que padecen a diario la gran mayoría de los desplazados. O en potencializar su situación de pobreza y debilidad para generar posiciones lastimeras en los públicos.
Los programas que a manera de crónica han querido contar historias, han caído fácilmente
por el abismo del amarillismo, haciéndolas a su vez tan irreales y lejanas, haciendo “zoom” en la
violencia y en su condición de diferentes, que a lo mejor hagan escapar una que otra lágrima, pero que están lejos de empezar a construir sociedad. Los medios de comunicación han
construido un imaginario tan cercano y a la vez tan distante de la figura del desplazado, que aun cuando baste salir a la calle para encontrarnos a alguno en una esquina, le creemos más al actor que vimos la noche anterior en un dramatizado, enterrar a su familia y salir huyendo a causa de la violencia.
Ahora, los desplazados se volvieron parte del paisaje. Sólo se necesita observar, ni siquiera detenidamente en el paisaje de Bogotá para encontrar en varias esquinas personas con carteles escritos con dudosa ortografía, en dónde se resalta o se aumenta el tamaño de la letra en
la palabra “Desplazado” o prestar atención a los discursos de personas que se suben a los buses
de servicio público y declaran casi que con naturalidad “mi nombre es…. Y soy desplazado”,
Desplazados, desplazados y más desplazados. En la televisión, en los periódicos, en la radio, en portales web, en foros, en asambleas, en discursos políticos, en políticas, en libros, en documentos, en estudios, en las esquinas, en los buses, etc. al tal punto, que incluso algunos han llegado a declararse desplazados sin serlo. Tampoco faltará el “ciudadano de a pie”, que haciendo alarde de un “ojo agudo” en la contemplación estética “del otro” identifique ciertas
características que cumplen con el requisito, y le hagan pensar para sus adentros “ese debe ser
desplazado”. Como lo dijimos ya, el imaginario que ha construido la ciudad alrededor del que “se ve pobre” y “parece desplazado” es como la política, negativa, haciendo que surja en él la