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Nuestra estrategia metodológica consiste en obtener inferencias de la producción y de las relaciones sociales a partir del análisis del registro arqueológico.

Como ya hemos visto, en el tránsito del IVº al IIIer milenio se produce un proceso de transformación a nivel de las relaciones sociales de producción pasándose de unas estructuras basadas en el parentesco a otras basadas en relaciones políticas y de coerción.

En el IVº milenio nos encontramos con formaciones sociales tribales con un modo de vida aldeano pasando en el IIIer milenio a nuevas formas de ordenación del territorio y del proceso productivo junto a nuevas relaciones sociales de producción.

El análisis de los diferentes yacimientos nos permite observar diversos cambios como el desarrollo de la agricultura, incremento de la población y cierta jerarquización de los poblados (caso de La Mesa).

Asistimos en el IIIer milenio en el T.M. de Chiclana a una reorganización del patrón de asentamiento. Estamos ante un territorio de producción que políticamente se estructura en relación a un centro nuclear de mayor entidad ajeno a esta zona.

Este territorio se va a caracterizar en estos momentos por la producción agrícola y ganadera apreciándose asimismo un proceso de jerarquización de los espacios. Hemos localizado asentamientos que por su productividad agrícola y ganadera estarían ordenados por otros centros nucleares locales que, a su vez, estarían vinculados a un área nuclear de mayor peso político como es, para el caso de la Baja Andalucía, el gran núcleo de Valencina y Gandul (Arteaga, Schulz y Ross, 1995; Arteaga, 2000). Asistimos a una política de estado emergente y a una ordenación y nuclearización política a partir del núcleo asentado en torno a Valencina y a Gandul (Ramos, 2004) para la Baja Andalucía que tiene su correspondencia en Andalucía Oriental con Los Millares. Frente a esta área nuclear, se sitúan áreas periféricas como la periferia minera del suroeste en el Andévalo (Nocete, 2001) o nuestra zona sujeta a estudio caracterizada por su producción agrícola y ganadera.

Consideramos que en esta zona y en estos momentos surge la primera civilización Atlántica-Mediterránea de la Península Ibérica (Arteaga, 2000). No compartimos las tesis funcionalistas que retrasan el proceso del surgimiento del estado como si fuera meramente evolutivo en sus formas (Chapman, 1991; Hurtado 1999).

En el T.M. de Chiclana de la Frontera hemos identificado diversos yacimientos para estos momentos englobados de forma genérica en el periodo normativo de Calcolítico o Edad del Cobre. Es el caso de La Mesa, La Esparragosa, Cerro del Moro, Loma del Lentiscar I y II, Camino de los Marchantes II, La Nava, Cerro de La Naveta y El Fontanal (figura 94).

PREHISTORIA RECIENTE DE CHICLANA DE LA FRONTERA

APORTACIÓN AL CONOCIMIENTO DE LAS FORMACIONES SOCIALES TRIBALES Y CLASISTAS INICIALES EN EL MARCO DE LA BANDA ATLÁNTICA GADITANA

DEPARTAMENTO DE HISTORIA, GEOGRAFÍA Y FILOSOFÍA. UNIVERSIDAD DE CÁDIZ. 168

Los materiales estudiados de todos estos yacimientos calcolíticos proceden de prospecciones superficiales a excepción de los de La Esparragosa. A través del estudio de los productos arqueológicos recogidos y del medio natural de la zona podemos hablar de la existencia de un poblado que controlaría este territorio en una relación centro-periferia con respecto a los grandes poblados nucleares del Valle del Guadalquivir. Se trata del yacimiento de La Mesa. Estamos ante un poblado situado sobre una plataforma amesetada, caracterizado por la buena productividad de sus tierras y por su buena ubicación respecto a las comunicaciones. En este sentido hemos de señalar la ubicación de La Mesa en un paso natural importante como es la Cañada de los Marchantes que permite comunicaciones en un sentido E-O. Del mismo modo, su proximidad a los arroyos de la Cueva y Salado le posibilitarían una comunicación N-S y, por tanto, una conexión de la costa con las tierras de Medina Sidonia. Este asentamiento ejercería un gran control visual sobre su entorno inmediato, conllevando una clara jerarquización en la localización y control estratégico, con respecto a otros asentamientos de menos envergadura que articulan el territorio de producción (Ramos, 2004). De este modo, en torno al asentamiento de La Mesa documentamos pequeñas aldeas como Cerro del Moro, Loma del Lentiscar II, La Nava, Camino de los Marchantes II, Cerro de La Naveta y Loma del Lentiscar I (este último como lugar de transformación de productos líticos). Poblados como La Mesa, que ejercen una clara jerarquización en su localización, presentarían en estos momentos evidencias de fortificación. La ausencia de excavaciones nos ha impedido documentar cualquier tipo de estructuras para estos momentos en el asentamiento de La Mesa. Sin embargo, los estudios geofísicos desarrollados sobre el terreno por D. Luis Barba Pingarrón16 han permitido la localización de fosos y estructuras murarias, si bien, no es posible aún encuadrarlas en una etapa histórica concreta pero, sin duda alguna, servirán para enfocar futuras excavaciones (Barba et al, en prensa).

La cerámica documentada en estos asentamientos para el IIIer milenio se va a caracterizar por la presencia de formas como fuentes y platos de bordes engrosados, y bordes vueltos, así como el predominio de formas de almacenaje basados en grandes ollas muy variadas de buena calidad y de orzas (en consonancia con el incremento de la producción) (figuras 27, 28, 42 y 45). A pesar de ello, se detecta una inferior calidad técnica respecto a producciones anteriores (Ramos et al, 1993-94). En el poblado de La Mesa sabemos de la existencia de varias fases en este período pero, en el estado actual de las excavaciones, es imposible precisar más. Sí que podemos destacar la constatación de cerámicas de estilo campaniforme marítimo (figura 71) con decoración a ruedecillas formando bandas paralelas rellenas de líneas oblicuas, de buenas calidades y color rojo. Su importancia radica en el hecho de ser un producto sujeto a relaciones de distribución. La industria lítica se caracteriza por la perduración de formas previas de restos de talla. Asimismo, los elementos de hoz17 se convierten en una característica de este periodo que nos testimonian el incremento de la productividad agrícola. También debemos señalar el desarrollo de muescas y denticulados y la presencia, relacionado con trabajos propios de actividades domésticas, de productos retocados como raspadores, buriles, perforadores, lascas con retoques abruptos, etc.

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Laboratorio de Prospección Arqueológica. Instituto de Investigaciones Antropológicas. UNAM.

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Estos elementos de hoz así como otros productos líticos de la Prehistoria Reciente del yacimiento de La Mesa están siendo analizados por D. Ignacio Clemente (Institució Milá i Fontanals, CSIC Barcelona) para comprobar su funcionalidad.

Los estudios geoarqueológicos y arqueométricos llevados a cabo por D. Salvador Domínguez-Bella para el yacimiento de La Mesa nos han deparado resultados bastante interesantes. En lo que al sílex se refiere se considera que su procedencia es alóctona ya que no existen ni afloramientos de rocas que contengan este mineral (calizas y dolomías de las Unidades Subbéticas) ni depósitos sedimentarios en los que fuera posible encontrar nódulos o cantos rodados del mismo. Las areniscas proceden, sin ningún tipo de dudas, de los afloramientos de Areniscas del Aljibe que empiezan a aflorar a tan sólo 1 km hacia el Oeste de La Mesa (Domínguez-Bella, 1999b).

El análisis de las materias primas18 nos ha permitido asociar a buena parte de los objetos productivos y domésticos con producciones locales. Asimismo, los objetos de carácter votivo y valor estético se integrarían en redes de redistribución que serán controlados por las clases dominantes en esta zona periférica (Ramos et al, 2004).

También tenemos constatado un crecimiento importante de los artefactos pulimentados (figuras 69 y 87). Documentamos la presencia de hachas y azuelas fragmentadas y completas, escoplos, moletas, molinos, un brazalete de arquero y objetos con una función indeterminada como pequeñas plaquitas y un objeto subcilíndrico con evidencias de haber sido utilizado como percutor en sus extremos y realizados con materias primas alóctonas (gneis). Sin embargo, las materias primas utilizadas en la fabricación de estos instrumentos son en su mayoría de procedencia local (Pérez, 1997; Pérez, 1998; Pérez et al, 1998). Fueron muy utilizadas las areniscas del Aljibe y las doleritas. Estas últimas se pueden encontrar en el vecino Término Municipal de Medina Sidonia empleándose fundamentalmente para útiles con un mayor grado de elaboración (hachas, azuelas, cinceles y mazos) aunque también en moletas y percutores. Las areniscas se emplearon fundamentalmente para la elaboración de elementos relacionados con el trabajo de la molienda (morteros y percutores). Materias primas sedimentarias de origen local como la caliza, el yeso o la lutita se utilizarían para la fabricación de elementos con un bajo grado de elaboración. De las rocas metamórficas empleadas solamente la cuarcita (utilizada para fabricar hachas) existe en la zona. El resto (micaesquisto, anfibolitas y gneis, y un material como la sillimanita) afloran en las Zonas Internas de las Cordilleras Béticas, zona Centro Ibérica, Ossa Morena y Surportuguesa e incluso, en el caso de la sillimanita del Sistema Central (Pérez, 1999). Estos pulimentos los vinculamos con instrumentos de producción vinculados con el trabajo, acondicionamiento y explotación de la tierra. Contamos con instrumentos claramente asociados a la transformación de productos alimenticios (moletas, molinos y morteros), instrumentos destinados a la producción artesanal (escoplos, gubias y azuelas) e instrumentos empleados en la fabricación de útiles de trabajo (martillos y percutores) (Pérez, 1998; Pérez et al, 1998).

En relación con el ámbito de la superestructura destacamos la documentación en La Mesa de un ídolo cilíndrico (figura 67) bien conservado con unas dimensiones de 6,4 cms. de longitud y 3,2 cms. de ancho, realizado en barro cocido y con tres profundas incisiones oblicuas en los laterales de la pieza.

En relación al aumento de la productividad agrícola documentada en el IIIer milenio destacar la presencia en el T.M. de Chiclana de la Frontera de dos yacimientos para estos momentos en los que se han documentados estructuras siliformes.

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Estos análisis se enmarcan dentro de los proyectos de investigación “La ocupación prehistórica de la campiña litoral y banda atlántica de Cádiz” (P.A.I. HUM-440) y “Caracterización mineralógica y petrológica, áreas fuente de las materias primas y tecnología de uso de las industrias líticas prehistóricas de la banda atlántica de Cádiz” (PB 96-1520 DGES).

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En primer lugar, citaremos el yacimiento de El Fontanal situado en la variante de la nacional CN-340 a su paso por Chiclana. Las obras dejaron al descubierto una serie de silos calcolíticos que al quedar fuera del trazado de la variante no fueron excavados. Los escasos productos arqueológicos documentados en los perfiles sugerían una atribución calcolítica para dichas estructuras (Perdigones, 1990).

Mucho más significativo es el caso de La Esparragosa. En este yacimiento, del que ya teníamos constatado un campo de silos para momentos adscritos normativamente al Neolítico Final, se identificaron otras estructuras siliformes en la campaña del 2004 que sus investigadores encuadraron en el período normativo calcolítico. En total “se excavaron 26 silos que, a diferencia de los de finales del IVº milenio, presentan un mayor tamaño y complejidad lo que sugiere la existencia para estos momentos de un grupo poblacional de mayor tamaño” (Pineda, 2004). “Muchos de los elementos de la industria lítica presentan un lustre de cereal muy intenso en toda la superficie. Todo esto unido a los hallazgos de numerosas manos de molino activas y restos de molederas pasivas (en granito y arenisca) incide en la intensificación de la producción agrícola

que se produce en este IIIer milenio a.n.e.” (Pineda, 2004)

Estos silos aparte de su funcionalidad como estructuras de almacenaje también tuvieron otro tipo de funciones. Destacamos en este sentido la constatación para estos momentos de dos enterramientos. Lo único que sabemos es que se trata de “dos cuerpos depositados sin un ajuar aparente ni cuidado especial a pesar de que los huesos si que se muestran en clara conexión anatómica” (Pineda, 2004). El estudio antropológico de los mismos será fundamental para obtener nuevas informaciones. Por último, señalar su funcionalidad como vertederos con motivo del abandono del asentamiento (Pineda, 2004).

Son muy numerosos los yacimientos con grandes campos de silos existentes en territorios próximos. Es el caso del asentamiento de Base Naval (Puerto de Santa María) en el que se han localizado numerosas estructuras siliformes adscritas al período normativo calcolítico (inicial, pleno y final). Se trata de estructuras de forma y perfil acampanado excavados en la marga pliocénica. Se excavaron un total de 50 silos y fueron identificados otros 100. Asimismo fueron excavadas 5 cuevas artificiales. La industria lítica se caracteriza por un predominio de las facies laminar y microlaminar con presencia de microlitos geométricos siendo escasos los productos retocados trabajados sobre lascas. La industria pulimentada es escasa y está formada fundamentalmente por hachas pulimentadas, machacadores circulares y molinos de tipo barquiforme hechos en piedra ostionera. La cerámica es muy diversa en su tipología. En su mayoría se trata de cerámicas realizadas a mano con superficies alisadas y bruñidas en un alto porcentaje y desgrasantes inorgánicos. En lo que a la decoración se refiere señalar el predominio de las cerámicas pintadas, a la almagra y un buen número de cerámicas incisas. Las formas predominantes son las siguientes: cuencos hemiesféricos, vasos esféricos de paredes rectas, de paredes exvasadas, vasos globulares, vasos de boca cerrada, vasos bicónicos, cazuelas carenadas cuencos carenados, platos de borde engrosado y platos de borde ligeramente almendrados (Perdigones et al, 1987). Otro yacimiento de similares características es el de El Trobal (Jerez de la Frontera). Al igual que los anteriores presenta numerosos silos que tuvieron una primera función como lugares de almacenamiento, para pasar posteriormente a ser utilizados como vertederos o como lugares de enterramientos. Las cerámicas presentan un predominio de las cazuelas carenadas, vasos globulares de boca cerrada, ollas globulares, cuencos de perfil hemiesférico y de paredes rectas, platos de borde engrosado, etc. La industria lítica (realizada mayoritariamente en sílex) se caracteriza por la presencia de hojas y

láminas de sección triangular y trapezoidal. También destacamos los perforadores sobre lámina, raspadores, buriles y puntas de flecha. La industria pulimentada está representada por hachas, molinos y manos de moler, machacadores, alisadores, etc. (González, 1987).

En el IIIer milenio asistimos a una reestructuración del poblamiento y a la fijación de nuevos patrones de asentamiento. Con la nueva organización del territorio y del proceso productivo observamos también un cambio en las relaciones sociales de producción. Todo esto se puede observar en el territorio con la jerarquización que se da en las unidades de poblamiento (Ramos, 2004; Nocete, 2001). El territorio de Chiclana de la Frontera se va a caracterizar por la buena productividad de sus tierras. Esto provoca la existencia de numerosos poblados agrícolas que se organizarán en torno a un núcleo principal (La Mesa) que ejercerá un control y dominio sobre estas aldeas, pero que a su vez se organizará políticamente en torno al centro nuclear Valencia-Gandul.

En el entorno inmediato de Chiclana nos encontramos con otros poblados de similares características a La Mesa que ejercen un control visual y coercitivo sobre pequeñas aldeas cercanas (figura 95). De este modo, en torno a la actual ciudad de Medina-Sidonia documentamos pequeñas aldeas características de producción agropecuaria como los Cerros del Águila, Angostura, Majadales, La Lobera o Los Pájaros. En Conil de la Frontera sobresale el poblado de La Loma de Puerto Hierro en torno al cual, se concentran pequeñas aldeas agrícolas como Lagunetas I, Cerro de la Vigía o Los Olivares (Ramos et al, 1999d). En el área de La Janda tenemos el poblado de Los Charcones que aglutina a su alrededor a pequeñas aldeas de producción como La Mesa de Algar (Ramos et al, 1995).

Figura 95. Localización de asentamientos del IIIermilenio a.n.e. Mapa de centralización en el entorno

inmediato de Chiclana de la Frontera.

Más al interior destacamos el asentamiento de El Jadramil (Arcos de la Frontera) que precisamente será en este IIIer milenio cuando alcance su máxima expansión

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(Lazarich et al, 2003a; Lazarich et al, 2003b). La mayor parte de las estructuras de almacenamiento halladas en este yacimiento parece ser que se construyeron a mediados del IIIer milenio. Su funcionalidad estaría relacionada con el aprovisionamiento de cereales y leguminosas, aunque no se descartan otros alimentos así como objetos de prestigio (cerámicas campaniformes). Este almacenamiento se puede inferir a partir de la industria lítica tallada (con un alto número de elementos para conformar hoces), la pulimentada y la cerámica (destacado número de orzas o vasijas de almacenamiento). Sin embargo, todo esto no podrá ser confirmado hasta la realización de análisis polínicos. Otras estructuras destacables son los pozos utilizados para la obtención de aguas para el regadío y el consumo animal o humano así como las sepulturas. En relación a estas últimas señalar que en base a sus ajuares se ha podido constatar la desigualdad social existente producto a su vez de la división social del trabajo (Lazarich et al, 2003a).

Además de este asentamiento existen otros muchos en la zona de la campiña gaditana tanto en su zona norte (Llanos de Caulina) (González Rodríguez, 1987; Perdigones, 1987) como en la campiña próxima al litoral (área de Jerez y El Puerto de Santa María). Sin embargo, es complicado llevar a cabo un estudio más a fondo debido a la escasez de información con la que contamos. La mayor parte de las localizaciones proceden de trabajos de prospección superficial, contamos con muy pocas excavaciones que se reducen a pequeños cortes estratigráficos. No existen, por lo tanto, poblados excavados en extensión.

A pesar de ello, podemos hablar de una fuerte nuclearización del territorio en el IIIer milenio formando esta área parte de la civilización Atlántico-Mediterránea que abarcaría el sudeste, el valle del Guadalquivir, la parte extremeña del Guadiana medio y la zona portuguesa existente el valle del Duero (Arteaga, 2000).

En el tránsito al IIº milenio se observan procesos de descentralización que darán lugar a nuevas formas de nuclearización del territorio. Conforme cambian las relaciones de propiedad se producen alteraciones en la estructura económica que se manifiestan en la ordenación centro-periferia (Ramos, 2004). Lo que normativamente denominamos como Edad del Bronce es una consecuencia de la crisis del anterior modelo ocupacional. Esta crisis se va a deber a la falta de tierras cultivables, la importancia que empieza a tener la metalurgia, la intensificación y consolidación de las rutas comerciales, la explotación de los centros nucleares a centros dependientes, etc. Todas estas contradicciones generarán rebeliones de algunos centros dependientes dando lugar al desarrollo de nuevas ciudades-estados con un destacado aparato político, administrativo y militar (Nocete, 1989b)

El registro arqueológico del que disponemos para estudiar el IIº milenio en el T.M. de Chiclana de la Frontera es bastante escaso por lo que no podemos ofrecer una visión completa y diacrónica de la sucesión histórica de estos pobladores en este período. Sin embargo, disponemos de productos arqueológicos (industria lítica y cerámica) bien definidos de los que podemos inferir datos referentes al ámbito territorial, a los modelos de asentamientos y a la organización social definida en el seno de relaciones sociales enmarcadas en una valoración de reconstrucción histórica de tipo centro-periferia (Nocete, 1989a).

Estamos en unos momentos en los que se produce una descentralización y la implantación de nuevos modelos de estado territorial. Se va a producir una tributación y una explotación más directa por parte de los núcleos locales. Estos núcleos aparecen más reforzados y militarizados. Se dan asentamientos que ejercen un control militar muy directo sobre las zonas próximas. Esta coerción ideológica y militar se puede

apreciar en el registro arqueológico con la aparición de productos metálicos en