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Can Tunis fue un barrio que estaba situado junto al puerto de Barcelona. Se acabó de construir en 1974, bajo el mandato del alcalde Joaquín Viola, para dar cobijo a las 4.000 personas, mayoritariamente de cultura gitana, que vivían en 450 barracas construidas en los años 40 en la falda de Montjuïc (Vivanco, 2001b). Este barrio estaba dividido en dos zonas, Can Tunis Vell (demolido en 1999), en la parte norte de la Ronda del Litoral, y Can Tunis Nou (demolido en 2004) en el sur, donde se situaba el Polígono experimental

Avillar Chavorros (“Venid, niños”, en lengua caló) (Vivanco, 2001b). Desde éste, durante sus primeros años, se apostó por la intervención pedagógica con una óptica de educación global. Esta supuso la escolarización de jóvenes gitanos del barrio en la escuela de secundaria Xaví-Xavó (“chico-chica”, en caló) dirigida por la maestra María Teresa Codina con el apoyo del líder vecinal y profesor Basilio González (Bisquerra, 1997:300-302; Madueño, 2000a). Este centro recibió el apoyo del alcalde sucesor de Viola, Josep María Socías (1976-1979) pero con la llegada de los alcaldes socialistas Narcís Serra (1979-1982) y Maragall (1982-1997), inmerso en la gestión de las Olimpiadas de 1992, el proyecto se diluyó con el barrio ya hundido en la venta y consumo de drogas (Vivanco, 2001b). Un técnico de drogodependencias explicaba las consecuencias del desplazamiento del consumo de drogas al barrio de Can Tunis: «Estamos en el 92, en las olimpiadas, y hay un intento de limpiar Barcelona de forma pública. Barcelona concentraba la zona más turística con la zona más deprimida en El Raval, el Gótico, Barceloneta. Con Can Tunis se hizo una gran tolerancia. Era una zona apartada y los vecinos del centro ya no querían la imagen pública de los consumidores, no se quería tolerar y se trasladó la venta y el consumo donde no había nadie y ahí se concentró el 60-65% de todas las jeringuillas que dábamos en Cataluña. Can Tunis generó una bolsa de marginalidad,… no es lo mismo consumir en medio de la ciudad que en un descampado donde no hay nada ni agua, lleno de ratas que mordían a los pacientes que dormían allí. Iban muy sucios y con poca higiene». (Técnico ASPCat)

Can Tunis quedaba apartado del centro turístico de la ciudad de Barcelona, concentrando la mayor proporción de consumidores de toda Cataluña y aunque en este barrio se repartía el mayor número de jeringuillas, la atención sanitaria fue deficitaria. La concentración de consumidores se produjo por la facilidad de adquirir dosis por bajos precios y cierta permisividad del consumo de drogas en espacios abiertos. Hacia finales de los 90, los precios de las dosis en Can Tunis eran de 1.500, 2.000 ó 3.000 pesetas (9, 12 y 18 euros, respectivamente) (Marchena, 1999; De Orovio, 1999), además de hacerse ofertas por la compra de varias dosis, siendo este barrio el más adaptado al poder adquisitivo de los usuarios que en otros donde se vendían dosis a precios mínimos mayores. No obstante, en Can Tunis se produjeron diferentes actuaciones policiales contra los vendedores muchas veces relacionadas con otros barrios periféricos (La Mina en Sant Adrià de Besòs, Sant Roc en Badalona y Sant Cosme en el Prat de Llobregat) (La Vanguardia, 1992a; 1992:b; 1993).

En estas actuaciones se incautaban dosis de heroína, cocaína y hachís, armas, dinero y joyas, probablemente robadas por los consumidores, que eran utilizadas como moneda de cambio para la obtención de dosis de drogas (Marchena, 1997a; 1998; La Vanguardia, 1998a; 1998b). Sin embargo, las actuaciones policiales eran valoradas como insuficientes por las pocas cantidades incautadas y la presión policial no hacía más que trasladar temporalmente la venta a otras zonas como Vallvidrera, Ciutat Vella y Nou Barris (Marchena; 1997b). En aquel entonces, el cuerpo encargado de estas redadas a pequeña escala era la Policía Nacional, el grupo III, más conocido como “la pringue”, que a diferencia del grupo I, dedicado a operaciones e investigaciones a largo plazo, o el grupo II, colaboradores en redadas internacionales, su actividad se consideraba más peligrosa por tener que actuar contra vendedores a pequeña escala muchas veces armados36 (Marchena, 1995). Además, las intervenciones policiales en los barrios de venta de drogas requerían gran ingenio para detener los sistemas de evacuación que utilizaban los vendedores para deshacerse de los alijos. Por ejemplo, entre octubre y diciembre de 1998, la policía tuvo sitiado Can Tunis con unidades de seguridad ciudadana, antidisturbios, “paisanos” con prismáticos, guías caninos y jinetes, conocidos como “los especiales” por los vecinos de este barrio, para controlar las estrategias de venta de drogas (Marchena, 1999; Peirón y Marchena, 1999). Se descubrió un sistema con múltiples figuras y sistemas para burlar las actuaciones policiales. Estaban los “aguadores”, encargados de dar aviso a los vendedores ante la presencia de extraños; los “guías”, encargados de conducir a los consumidores a las casas de venta (Marchena, 1999); los “punteros”, encargados de vender dosis fuera de las viviendas o por cuenta propia; y los “machacas”, encargados de preparar las dosis en bolsitas, vender fuera de las casas y mantener los espacios de venta organizados a cambio de droga y un espacio precario para poder descansar (Anoro, Ilundain, Santisteban, 2003:690-691). Los sistemas de evacuación de las drogas consistían en tener grupos organizados en turnos para vigilar, tener conectadas las viviendas entre sí y quitar o cambiar los números de las calles para tener margen para actuar y esconder o desechar los alijos por los inodoros (Marchena, 1999). La policía actuaba en múltiples ocasiones llegando a tener reyertas con los vendedores y los consumidores. Por

36 Por ejemplo, en la primera quincena de mayo de 1997, se produjeron 93 operaciones en Barcelona y alrededores, con 152 detenidos con decomisos de 18 kilos de hachís, 115 gramos de heroína, 11 kilos de cocaína, entre otras sustancias, además de 17 armas y 6 coches intervenidos (Marchena, 1997b).

ejemplo, en abril de 2013, Manolo, usuario del CAS Baluard que vivió la época de Can Tunis, me relató una de las tantas redadas vividas en este barrio: « En Can Tunis íbamos todos a pincharnos a las cañas y de repente empezó a llegar peña de Granada, Sevilla, Málaga. El caso es que allí iba gente de todos lados pero resultó que todo quisqui era policía. Allí habría unos 100 yonquis que eran maderos (Policía Nacional). Yo estaba con un pavo sevillano chutándome (inyectándome) un montón de tiempo, imagino que luego los ingresan y los sacan del tema…pues el tío estuvo conmigo un montón de veces hasta que un día que hubo una redada y el tío cogió y me puso la pipa en la cabeza y me detuvo, para flipar. Aquello salió en la tele y salió lo de las casas, fue cuando querían reventar aquello y luego fue el desalojo y dispersaron a las familias. Venía bien pillar familias para no darles nada. Total que yo salí en la tele».

Los consumidores sufrían la persecución policial en las diferentes entradas y salidas del barrio de Can Tunis. Éstos para llegar al barrio lo hacían con el ya desaparecido Bus 3837. En las épocas de mayor presión policial se producían controles a la entrada del barrio para identificar a los usuarios que accedían a las casas de venta, realizándose detenciones de los visitantes que estuvieran en busca y captura (Marchena, 1999; Peirón y Marchena, 1999). Estos controles agravaban las condiciones de consumo de drogas de los visitantes al barrio que al acceder a él, buscaban la forma de poder salir de éste y/o consumir en un lugar apartado sin ser intervenidos por la policía. En consecuencia, muchos realizaban el consumo de heroína y/o cocaína por vía parenteral en condiciones de baja salubridad, reutilizando material de consumo con el riesgo de contraer enfermedades infectocontagiosas (VIH y hepatitis), sufrir sobredosis y ataques por parte de otros consumidores. Dos usuarios de CAS Baluard explicaban los peligros de Can Tunis:

«Yo a Can Tunis no iba mucho porque era bastante peligroso. Sólo entrabas con alguien que lo conociera y así no pasaba nada. Yo no podía porque no conocía a nadie, me mataban o me hubieran robado toda la mercancía o me hubieran sacado todo el dinero o

37 El Bus 38, conocido como el “yonquibus”, comenzó a circular en 1986 cubriendo la línea circular de Plaza Catalunya a Can Tunis de 5:30 a las 23:30. En 2000, dejó de ser una línea circular, desdoblándose en la línea 38 y 37, línea de Hospital Clínic a Zona, por motivos de seguridad para que sus viajeros no tuvieran que pasar necesariamente por Can Tunis para ir a la Zona Franca (Merigó, 2004). El 27 de junio del 2006 comenzó a funcionar la línea 21, sustituyendo a la línea 38 (20 Minutos, 2006).

me hubieran apedreado el coche. Can Tunis era muy peligroso y lo más desto era ir a la Zona Franca». (Dave, Barcelona)

«Recuerdo una vez que me paró la policía “¿y esto qué es?” “pues agente, como usted comprenderá, vengo a quitarme el mono”, me pidió los datos y me dejó pasar. Luego me pasó que me dejaron tirada de sobredosis. Eso pasaba mucho en Can Tunis que en vez de llamar a la ambulancia para asistirte, primero te robaban y después llamaban. Iban locos que alguien se quedara de sobredosis para robarle». (Vanesa, Barcelona)

Ante los problemas detectados en Can Tunis, las administraciones responsables pusieron en marcha una serie de medidas. En 1994, Àmbit Prevenció, con la provisión de fondos de la Agència de Salut Pública de Barcelona, puso en marcha un punto de intercambio de jeringuillas (PIX) de lunes a viernes durante tres horas matinales. Más tarde se añadieron las tardes de los sábados con la financiación de la Diputació de Barcelona. Por su lado, Médicos sin Fronteras, con la provisión de la Generalitat de Catalunya, prestaba el mismo servicio que Àmbit Prevenció por las tardes de lunes a viernes, durante dos horas diarias. Ambos servicios se mantuvieron en marcha hasta 2001. Además, entre 2000 y 2001 se sumó de forma voluntaria la asociación de usuarios y profesionales ASUT (Asociación Somos Útiles) para realizar el mismo servicio los domingos y festivos, consiguiendo recuperar más jeringuillas que los kits que dispensaba (Ilundain, 2004: 107).

Mientras, hacia finales de 1999, en Madrid ya se había anunciado la apertura del dispositivo asistencial de venopunción (DAVE) en el poblado chabolista de Las Barranquillas para el primer trimestre del 2000 (Novo, 1999). Este dispositivo se proyectó con 10 cabinas para el consumo por vía parenteral, un laboratorio para el análisis cualitativo de las sustancias a petición del usuario y una atención sanitaria con un médico, tres enfermeras y seis auxiliares (Buchholz, 2000). Esta decisión generó diferencias en la Comunidad de Madrid, gobernada por el Partido Popular. Por un lado, el presidente de dicha Comunidad, Alberto Ruiz-Gallardón (PP), daba pleno apoyo al proyecto con el asesoramiento del director gerente de la Agencia Antidroga de la Comunidad, José Cabrera. Por el otro, tanto el alcalde de Madrid, José María Álvarez del Manzano (PP) como el presidente del Gobierno, José María Aznar (PP) cuestionaban la necesidad del proyecto (Novo, 1999; Vivanco, 2000a). No obstante,

Ruiz-Gallardón inauguraba el dispositivo el 1 de mayo de 2000 tras la compra de un terreno a unos 500 metros de las chabolas de venta (La Vanguardia, 2000c).

Mientras Madrid resolvía la puesta en marcha de estos dispositivos a través del consenso político, en Barcelona, José Cuervo, responsable de la ASPB, explicaba que este tipo de proyectos debían equilibrarse entre los criterios científicos y la aceptación social (Novo y Salvador, 1999). De este modo, la ciudad de Barcelona entraba en el debate de poner en marcha este tipo de dispositivo en el barrio de Can Tunis a la espera de valorar el impacto del DAVE de Madrid. El 18 de febrero de 2000, el Grup Polític de Drogues Barcelona anunciaba poner en marcha un centro abierto las 24 horas en Can Tunis que consistía en unos barracones prefabricados con sala de consumo higiénico (SCH), atención de enfermedades infectocontagiosas, prescripción de metadona y con literas para descansar y una vez se produjera el cambio de ubicación de los consumidores se trasladaría de lugar (Salvador, 2000)38. Al día siguiente, la Asociación de Vecinos del Port mostró su negativa a la instalación de este tipo de dispositivo en el barrio exigiendo una reunión con la Guardia Urbana (La Vanguardia, 2000a), reunión que fue cancelada por la baja afluencia de vecinos (La Vanguardia, 2000b). Las dudas en el Grup Polític de Drogues, encabezado por la teniente alcalde Imma Mayol (IC-V), la oposición vecinal, el proyecto de la desaparición del barrio de Can Tunis y el realojo de los vecinos durante 2000-200139, condujo a la concejalía de Sants-Montjuïc,

comandada por Pere Alcober, a anunciar que no habría SCH en Can Tunis (Cia, 2000a:[1]; Vivanco, 2000a). La negativa de instalar la SCH provocó una controversia entre los diversos agentes sociales implicados. Desde el Pla de Drogues de la Generalitat, su responsable Joan Colom mostraba su decepción ante la renuncia del ayuntamiento (Vivanco, 2000b) y los profesionales de Médicos Sin Fronteras acusaban que el abandono de los consumidores de Can Tunis por parte de la Administración

38 Finalmente este proyecto no se llevó a cabo pero el encargo quedó en manos de Creu Roja de Barcelona para diseñar este tipo de “Centro integral”. Actualmente, la apertura de este proyecto es una incógnita y aún no se ha resuelto la fecha ni la ubicación del dispositivo.

39 El desalojo del barrio de Can Tunis para ceder los terrenos para la ampliación del puerto estaba anunciada desde mediados de los años 90, sin embargo quedó como tarea pendiente del Ayuntamiento de Barcelona durante años. Finalmente, el barrio se derribó a principios de 2004 tras largas protestas y negociaciones con los vecinos del barrio. Para una mayor documentación véase el documental Can Tunis (2007) de José González Morandi y Paco Toledo donde se relata la gestión del desalojo en paralelo con la situación de exclusión social de los consumidores y vecinos de este barrio.

estaba motivado por razones políticas (Madueño, 2000b; Vivanco, 2000d). Desde el Ayuntamiento, el alcalde Joan Clos ratificaba que no estaba proyectada la apertura de la SCH de Can Tunis, apoyado por el concejal Pere Alcober (Sants-Montjuïc) que afirmaba que con el cierre del barrio se solucionaba el problema, lo que generó que Imma Mayol desmintiera que el proyecto existiera produciéndose diferencias entre los partidos políticos municipales (Cia, 2000b:[1]; Vivanco, 2000c).

El proyecto quedó aplazado mientras Madrid puso en marcha el DAVE en mayo del 2000. En los primeros seis meses se evaluó positivamente el dispositivo madrileño (adherencia en el seguimiento de los usuarios, solicitud de información para tratamientos de metadona, etc.). Esta valoración positiva llevó a plantear la ampliación de la atención a 24 horas diarias para aumentar la cobertura de los usuarios (Novo, 2000; López, 2000).

En este período, Can Tunis fue el barrio de Cataluña que presentó mayores problemas entre los consumidores de drogas que corrían un alto riesgo de sufrir sobredosis fatales, enfermedades infectocontagiosas, violencia y presión policial en condiciones de extrema marginalidad. Ante esta situación, los profesionales y técnicos de drogodependencias ejercieron presión para llevar a cabo la puesta en marcha de la primera SCH de Barcelona.

3.3. Can Tunis, zona de pruebas para la primera sala de consumo higiénico de