o Failure at pumping stations o Failure of equipment (e.g valves)
6 More advanced risk analysis methods for water supply systems
6.1 Risk modelling and choice of a risk analysis method
Las sociedades, como las ciudades o la cultura, no se hacen adrede: son despropósitos. Su constitución y desarrollo, su proceso, es más bien un modo de ser, una manera de estar, sin proponérselo ni poderlo evitar, como un temperamento. Y he aquí que, así, a la postre, eso resulta tener una organización, según todo sociólogo, urbanista o ciudadano constata sin problemas. Gadamer define a la cultura como lo que queda después de lo que se quiere y lo que se puede, es decir, más allá de los proyectos y de los comportamientos; en los ambientes de familias bien se dice lo mismo de manera un poco más cotidiana: la educación es lo que sabes después de haber olvidado todo. Es una forma de ser.
La forma general de la cultura es el círculo. Un centro y una circunferencia. El cromlech de Stonehenge, el laberinto de Cnosos, la ronda infinita, como en la canción infantil de Gabriela Mistral, todavía se repite en los juegos de los niños, y da lugar a giros como "círculo familiar" o "círculo psicoanalítico". La razón es forzosa: es la forma que toma la mirada cuando no hay nada, y de sólo otear fabrica un horizonte de 360º que ipsofacto constituye una envoltura dentro de la cual se habita, lo que permite explicar por qué alguna vez se concibió a la Tierra como un plato redondo53. es la forma natural de la expansión, como la del universo a partir del Big Bang, y a su vez la forma opuesta de la concentración, como la de los estadios deportivos que la reproducen inmejorablemente. Un círculo es aquella figura que tiene primero que todo y de manera más fácil un centro y sus orillas, esto es, lo que es primero que todo y de la manera más fácil una forma. Además, de todas las formas así posibles, es la más simple, la más
económica, la más resistente y la que ofrece menos resistencia, aerodinámica se diría. Obviamente es la más suave, sin aristas ni rincones. También es la más simétrica, lo cual la hace, como opina Read (1955, p. 59), la más primitiva. Los sistemas planetarios, tanto el geocéntrico como el copernicano, son circulares. La mayoría de los mapas de las ciudades utópicas son circulares; el laberinto en su forma primigenia, como el mosaico de la catedral de Chartres, también. Las islas, terrenos privilegiados para situar las utopías, como la Atlántida o la de Aldous Huxley, son absolutos círculos, medio chuecos pero absolutos. Se trata de una forma conceptual, en modo alguno al pie de la letra. Así que pertenecen también a los círculos sus forma infladas, en tercera dimensión, como son la esfera, y que se usa en giros como "esfera social", que por razones de ras de suelo siempre fue difícil reproducir, por lo que queda sobre todo representada por la semiesfera, o sea, la bóveda, la cúpula, exhaustivamente documentables en la cultura occidental54, basta con ir a la iglesia de la esquina. La bóveda celeste es una esfera que sólo se puede ver a la mitad.
El ciudadano promedio que trata de dibujar un círculo reproduce por lo regular el contorno de un huevo frito, y en el mejor de los casos el de un huevo entero. Lo mismo le pasa a las culturas cuando construyen sus ciudades; siquiera por motivos de orografía, la equidistancia de las orillas con respecto al centro no es posible55 Asimismo, el resto de los recintos, como las casa habitación o las recámaras, no pueden construirse redondas por múltiples motivos, dos de los cuales son, por un lado, que no embonan unas con otras siendo que es necesaria la yuxtaposición, además que dentro de cada una hay que hacer embonar otras formas como por ejemplo el mobiliario; por el otro lado, la presencia de la racionalidad, que hace posible concebir formas capaces de embonar una con otras, esto es, formas más funcionales, es capaz de inventar la geometría y con ella los ángulos y
figuras tales como el triángulo, que la escuela de Arquímides consideraba perfecto, pero sobre todo el cuadrado, el rectángulo, los paralelepípedos, que si bien no son perfectos sí son incansablemente prácticos, como lo demuestran la mayoría de nuestros objetos, mesas, libros, trazas y edificios de la ciudad, etc. Como puede constatarse en el funcionalismo arquitectónico, en el estilo internacional, en la herencia de la Bauhaus, la forma de la racionalidad es la línea recta y el ángulo recto. La naturaleza, curiosamente, emplea sobre todo el ángulo de 120º, en las puntas de las hojas y los vértices de los cristales (Cfr. Saunier, 1994). No obstante, cada vez que la cultura se da un permiso, es decir, cada vez que no hace falta el orden racional instrumental (acomodar, transportar, etc.) construye esferas, semiesferas o círculos, como puede verse en las iglesias o los estadios, dos lugares hechos única y exclusivamente con el fin de sentir. La arquitectura emocional, como el croquis de la comunión, es circular.
Para resumir la idea de la colectividad afectiva, puede anotarse que la afectividad en general, el hecho de sentir, es el mismo proceso que la cultura y la sociedad, y por ende tiene sus misma formas, movimientos, objetos, límites y vicisitudes: la afectividad tiene tanta "realidad" como una ciudad, y su misma historia. De hecho, se sabe que la historia siempre escapa a sus protagonistas, y es porque se trata de un producto afectivo. La arquitectura de la historia es emocional. Los sentimientos, tanto esos reconocidos como la ternura y la cólera, como otros, muchos más, no reconocidos ciertamente por palabra alguna, son formaciones que se gestan en medio de las fuerzas o poderes con que está activada la colectividad, y no son ni estados subjetivos, ni chispas meurofisiológicas, ni comportamientos adaptativos, sino situaciones "reales", como reales son las gentes y las condiciones atmosféricas y los acontecimientos políticos, en el sentido de la frase de Amiel: "un paisaje es un estado de ánimo", razón por la cual la
psicología colectiva debe describir los estados de ánimo como siendo paisajes. Por ello los sentimientos tienen las mismas cualidades que las cosas: color, peso, temperatura, velocidad, aunque ninguna de ellas medible con los instrumentos importados de las ciencias físicas, sino con alguno más sutil.