2.4 Design and implementation
3.2.2 RNA-Seq analysis with RSEQtools
Una de las maneras de concebir la felicidad en oriente es un estado de armonía del individuo consigo mismo, así como con su entorno (1). Desde esta perspectiva, tal como lo señaló el Primer Ministro de Bután(2), la felicidad verdadera y permanente se diferencia de la sensación de placer efímera y pasajera, que podría considerarse más bien como un momento de euforia. De acuerdo a esta idea, la felicidad verdadera se encuentra en estrecha relación con la realización de las propias capacidades, la armonía con la naturaleza y el servicio a los demás (1). Si bien en los capítulos anteriores se ha escrito acerca de las diferentes nociones de felicidad, nos parece importante retomar esta concepción para referirnos a la felicidad en la vida cotidiana. Al respecto, si nos remontamos al origen del término cotidiano, este proviene del latín quotidiānus, de quotidĭe, que significa diariamente. Así, podemos considerar que la felicidad en la vida cotidiana se refiere a la manera en que vivimos el día a día, constituyéndose en un estado interior que determina y a la vez se encuentra determinado por la manera en que miramos el mundo, donde se incluyen nuestras percepciones, pensamientos, sentimientos, acciones, reacciones y formas de relacionarnos con los demás. Así, la felicidad en la vida cotidiana está estrechamente relacionada con la forma en que vivimos habitualmente cada día, cada momento de nuestra vida, desde lo más simple hasta lo más complejo.
Si bien existen múltiples determinantes de la felicidad (3), como los factores genéticos y los contextuales, en este apartado nos centraremos en la importancia que poseen las propias actitudes y acciones, especialmente los hábitos, para aumentar el bienestar en la vida cotidiana. Algunas investigaciones (4) señalan que modificar ciertas actitudes y acciones generan efectos positivos de mayor duración en el tiempo que los efectos producidos por los cambios positivos ocurridos en el entorno. De esta forma, los efectos positivos que pueden generarse al iniciar un nuevo proyecto o al adoptar una visión más optimista de la vida, son más duraderos que los efectos de comprar un auto nuevo o de mudarse a una casa más grande en un mejor barrio. Así mismo, los cambios que se realizan en las propias actitudes y acciones cotidianas, pueden promover la apertura a nuevas oportunidades y posibilidades, generando un cambio en las circunstancias (4).
De lo anterior se desprende que una de las claves de la felicidad es hacerse responsable de las propias actitudes y acciones, siendo agentes de cambio activos, transformando lo que no nos hace felices y que sí podemos modificar, generando así experiencias que reporten emociones positivas y que aporten sentido a nuestra vida cotidiana. Por el contrario, tener una actitud pasiva o de evitación y esperar que “algo pase” en el futuro o “que los otros cambien” para ser más felices, probablemente no nos reportará mayor bienestar. Entonces, quedarse pasivo frente a las circunstancias que no nos satisfacen, en una actitud de
La Felicidad 189 Pauline Heine Preisler, Moreyba Santana Rodríguez, Tatiana Vogel Domínguez
queja “porque los demás tienen la culpa” o de evitación “para no pensar en el problema”, disminuye nuestra autonomía y libertad, haciéndonos dependientes de los otros. En ese escenario, dejamos de ser protagonistas de nuestra vida y quedamos a la espera de cambios provenientes del exterior para ser felices.
Ahora bien, en relación a la vida cotidiana, podemos considerar que la vida se compone de múltiples momentos que van dando forma a cada día y que van construyendo nuestra experiencia de vida. La manera en que vivimos esos momentos del día a día va constituyendo nuestro modo habitual de vivir, lo que se encuentra en directa relación con nuestra experiencia cotidiana de bienestar. La evidencia señala que la modificación de los patrones de pensamiento y la manera de construir los eventos en la vida puede incrementar la felicidad (4). Es por ello que, para poder generar una mayor experiencia de bienestar cotidiano, es necesario producir cambios en nuestras actitudes y acciones poniendo el foco en los hábitos de cada día. Un hábito es un “modo especial de proceder o conducirse, adquirido por repetición de actos iguales o semejantes” (4). En otras palabras, los hábitos constituyen la manera de vivir cada día, por lo que es a través de ellos que vamos dando forma a nuestras vidas y las vamos conduciendo en cierta dirección. Así, al repetir una acción determinada todos los días, la vida se va construyendo de cierta manera y se va delineando una trayectoria, que puede hacernos sentir más o menos felices. Ahora bien, los hábitos no son solamente las acciones cotidianas, como alimentarse sanamente, levantarse a cierta hora para ir a trabajar o comer con la televisión encendida. También se refieren a la manera habitual de pensar, de sentir y de relacionarse. Así, son hábitos las ideas y prejuicios que tenemos acerca de los demás y el modo de relacionarnos con las personas y el medio ambiente. También constituyen hábitos las preocupaciones y los temores frente al futuro, el modo de reaccionar frente a una situación determinada, la manera de resolver los conflictos, el cristal con el que miramos la vida y lo que nos sucede. Es por esto que detenerse a reflexionar acerca de los propios hábitos es un elemento central al momento de evaluar cuán felices somos y qué podemos cambiar para ser más felices en nuestra vida cotidiana.
Para poder cambiar un hábito, en primer lugar es necesario detenerse a observar e identificar los propios sentimientos, pensamientos y acciones que se repiten a diario. Para ello, puede ser útil destinar un tiempo a reflexionar acerca de sí mismo y tomar consciencia de cómo se vive cada día: qué sentimos, qué pensamos, de qué manera actuamos y reaccionamos, cómo nos relacionamos con los demás, en qué usamos nuestro tiempo y qué sentido tienen nuestras acciones cotidianas, cuáles son nuestros valores y metas, nuestros sueños y prioridades y si se está actuando acorde a ellos. Detenerse y preguntarse acerca de la manera en que se está viviendo cada día es el primer paso para poder generar un cambio de hábitos, puesto que promueve una actitud activa acerca de la propia vida y una transformación desde las propias posibilidades. En este sentido, estudios recientes han demostrado que los factores que determinan la felicidad son diferentes en cada persona (5)
190 La Felicidad Felicidad y vida cotidiana
y que la reflexión acerca de si mismo es una práctica que aumenta los niveles de felicidad (6,7). A partir de este marco comprensivo es útil detenerse cada cierto tiempo a hacerse las siguientes preguntas: ¿Qué me hace feliz y qué no? ¿Cuáles son mis prioridades? ¿Cuánto tiempo dedico a lo importante y a lo que me hace feliz? ¿Cómo uso mi tiempo libre? ¿Cuál es mi responsabilidad en las circunstancias que estoy viviendo? ¿Qué podría cambiar hoy para sentirme más satisfecho con mi vida?
Luego de realizar esta reflexión, un segundo aspecto importante para poder generar un cambio de hábitos en pro de mejorar la satisfacción con la vida cotidiana, es plantearse metas, eligiendo nuevos hábitos para reemplazar los antiguos. En este sentido, una investigación (6) demostró que pensar y escribir acerca de las metas de la vida se relaciona con un aumento en los niveles de bienestar. Sin embargo, las metas deben ser realistas. Así, en primera instancia se pueden desarrollar muchas ideas acerca de lo que se quisiera mejorar en la vida cotidiana para sentirse más feliz, para luego seleccionar las metas más importantes según las propias prioridades y posibilidades de lograrlas, partiendo por la que sea más cercana y fácil de realizar. Por ejemplo, sentarse a la mesa a cenar en familia puede ser un hábito importante si se busca mejorar la comunicación diaria entre sus miembros. Sin embargo, si en casa no se acostumbra a ello y hay hijos de diferentes edades que llegan en horarios distintos, tal vez se puede partir por acordar comer juntos uno o dos días a la semana, en vez de intentar cambiar la rutina de todos de una sola vez, ya que esto probablemente sólo generaría más resistencia y frustración, al no poder lograrlo. Al respecto, es importante considerar (8) que para que sea más factible lograr las metas, estas deben ser específicas, por ejemplo “voy a reciclar mis botellas y diarios” en vez de “me gustaría ayudar a proteger el medio ambiente.” Por otro lado, es fundamental tener en cuenta que para reemplazar un hábito por otro se necesita tiempo y paciencia, considerando que las equivocaciones y los aparentes retrocesos forman parte del cambio, por lo que es importante ser perseverante y seguir practicando el nuevo hábito una y otra vez hasta que logre instaurarse como parte de la vida cotidiana.
Uno de los factores que la evidencia ha señalado como influyente en el nivel de bienestar de las personas (9) y que tiene directa relación con la vida cotidiana es el uso del tiempo libre. Al respecto, se puede observar que en Santiago, producto de las extensas jornadas escolares y laborales, sumado a los largos trayectos de traslado, en general queda poco tiempo libre para hacer lo que nos gusta. Por esto mismo, es imprescindible planificar lo que queremos hacer en nuestro tiempo, para sacar mejor partido de él. Muchas veces el tiempo se nos pasa “volando” y sentimos que no hemos hecho nada útil o productivo. Generalmente, esto pasa porque no nos planificamos, no decidimos qué queremos hacer en nuestro tiempo libre y simplemente nos dejamos estar, sintiendo al final del día que hemos “perdido” o se nos ha “escapado” el tiempo. La vida moderna está llena de distracciones que atraen nuestra atención y nos llevan a usar el tiempo en actividades que no necesariamente nos hacen felices, por lo que es importante planificarnos y usar el tiempo libre en lo que realmente
La Felicidad 191 Pauline Heine Preisler, Moreyba Santana Rodríguez, Tatiana Vogel Domínguez
es prioritario, lo que nos gusta y nos hace bien. De esta forma, al elegir cómo usar nuestro tiempo libre de cada día, damos cabida a lo que es relevante para nosotros y sentimos que la vida tiene más sentido. En general, cuando uno elige lo que quiere hacer y lo hace, se siente más autónomo y más feliz.
En conclusión, la decisión de romper con un hábito antiguo y la voluntad de poner en práctica formas más satisfactorias de pensar, sentir, actuar y relacionarse en el día a día, puede acercarnos progresivamente a ese estado de armonía con uno mismo y con el entorno, considerado por algunos como la felicidad. Así, al ser agentes activos en el cambio de nuestras acciones y actitudes diarias, damos cabida a lo que es importante y tiene sentido para nosotros. Por ende, una de las formas de aumentar la felicidad en la vida cotidiana es ir reconociendo y cambiando paulatinamente los hábitos que no nos satisfacen por otros que estén acorde a nuestras necesidades y prioridades, acercándonos cada vez más a un estado que refleje lo mejor de nosotros mismos y lo que queremos vivir.
192 La Felicidad Felicidad y vida cotidiana