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8 P ROBLEM S OLVING

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En el año 2000 se realizó la primera campaña de excavación en un espolón que domina una amplia vega, y que se denomina genéricamente como de Los Cotorros, en el extremo noroccidental del término municipal de Langa de Duero, de la provincia de Soria, ya próximo al límite con la provincia de Burgos. Los trabajos de campo fueron dirigidos por D. Juan Pedro Benito, D. Alberto Sanz y D. Carlos Tabernero de la empresa Areco y participaron alumnos de diversas universidades tal como se describe en el informe de las dos campañas consecutivas26 (Benito et alii, 2001).

El yacimiento se sitúa sobre un pequeño cerro que destaca sobre un extremo de la plataforma resultante del desmantelamiento del páramo de la margen derecha de este sector del Duero (Figura 104). La fractura del páramo se vio acelerada por la erosión producida por los arroyos laterales y perpendiculares de dirección noreste-sureste que buscan la vega del Duero, en un proceso similar al que hemos comentado en los casos anteriores (Lámina 6).

Su altitud alcanza los 964 m s.n.m, destacando 100 m sobre el entorno de la vega que domina, y sólo 15 m sobre la plataforma de la mesa de los Llanos a la que se une en su extremo noreste. De nuevo, por tanto, es la altura más destacada sobre un entorno que domina, y cuenta con la protección de uno de sus lados por la amplia plataforma del páramo, lo que le confiere un destacado interés estratégico, similar al yacimiento de El Parpantique y sobre todo al del Alto de El Turronero (Jimeno et alii, 1988), éste último en el término de San Esteban de Gormaz, muy próximo, pero al lado contrario del corredor del río Duero. Como en los casos anteriores la superficie superior del cerro es ciertamente reducida, calculándose en apenas 100 m2 con marcado buzamiento al mediodía.

3.2.3.2 Metodología de intervención

La excavación afectó a una superficie superior a los 80 m2 por lo que debe entenderse que, en la práctica, supuso un vaciado total, a excepción lógicamente de

26 Queremos agradecer a los citados, J P. Benito, A. Sanz y C.

Tabernero, las facilidades dadas para acceder a la documentación inédita, así como la información complementaria y sugerencias que nos trasladaron. En la descripción de los trabajos y resultados seguiremos su informe, señalando nuestras aportaciones cuando se desvíen de aquel o supongan interpretación de los datos y opiniones distintas a las que aportan en ellos.

una pequeña área de reserva arqueológica. La metodología, según el informe citado, repite los cánones convencionales descritos en apartados anteriores, y posibilita disponer de una detallada documentación en la que es posible reconocer, en planta y alzado, todos y cada uno de los hallazgos.

Figura 104 Localización del yacimiento del Pico Los

Cotorros

3.2.3.3 Estratigrafía y estructuras constructivas La excavación diferenció distintos niveles de sedimentación individualizados por la textura y componente del aglutinante mayor, si bien arqueológicamente se interpreta un único nivel de ocupación que muestra abundantes evidencias de conservar materiales in situ, tanto cerámicos como constructivos.

De nuevo, no son extraños en el conjunto los fragmentos de barro con improntas vegetales, excepcionalmente conservados en un resto de pared de considerables dimensiones que, caído sobre el interior de la habitación que delimitaba, fue aislado (Lámina 7). Se trataba, según los excavadores, de buena parte de una cabaña de planta rectangular dibujada por algunos agujeros de poste –se reconocieron seis de diferente tamaño– que permiten calcular sus dimensiones en unos 20 m2; una altura, a tenor de la pared aludida, de poco más de 1,8 m en su lado mayor, el meridional, y posiblemente más baja en el septentrional, ajustándose a la pendiente de la superficie del cerro que se calculó

en un 7.5% de desnivel. El hecho de no encontrar apenas restos materiales y la ausencia de evidencias que posibilitaran hablar de compartimentaciones es lo que les hace presumir que se trataba de un espacio cubierto destinado exclusivamente al descanso (Figura 105).

En esta línea de interpretación, la existencia de un hogar en el exterior de la habitación pero próximo a la misma, es otro dato más en el que se apoya la interpretación de las áreas funcionales. Se trataría de una gran mancha negruzca que ocupaba un metro cuadrado, con un espesor de 5 cm lo que le confiere, pese a la ausencia de cualquier infraestructura asociada, el carácter de hogar.

Lámina 6 Vista del Pico de Los Cotorros desde el páramo, al fondo el valle del Duero. Fotografía Areco.

Lámina 7 Lienzo caído del revoco de la pared lateral. Foto Areco.

Por otra parte, la identificación de alineaciones de piedras de pequeño y mediano tamaño y lajas que conforman espacios semicerrados en el exterior, induce

actividades del grupo en torno al hogar, al aire libre, llegando a diferenciar zonas de actividad preferencial para la preparación de alimentos, de trabajo del material lítico... (Figura 105).

3.2.3.4 La cerámica

Una vez más, la mayoría del material arqueológico lo constituyen los fragmentos cerámicos, todos realizados a mano y con unas características morfotécnicas similares a las descritas con anterioridad. Mayoritariamente se trata de vasos y fragmentos lisos, el 90%, según los datos manejados. El 10% restante tiene aplicados elementos plásticos que pueden presentar impresiones digito-unguladas o simples incisiones realizadas con la punta de un punzón, además de decoraciones con las mismas técnicas sobre el propio labio de las piezas, desconociéndose la utilización de cualquier otra variante decorativa. Las

alisadas, incluso las de las piezas pequeñas y medianas, y, especialmente, las carenadas están bruñidas. Los desgrasantes son abundantes, en general granos cuarcíticos de grueso calibre, citándose además la presencia de mica; no así otros como la cerámica triturada. La coloración mixta también hace suponer que la cocción se realizaba en hornos abiertos, en los que no era posible mantener homogénea la atmósfera de cocción.

Otro aspecto coincidente con los yacimientos ya vistos, es el gran número de fragmentos recuperados, en este caso 3.773 fragmentos, de los cuales 831 fueron inventariados, es decir mostraban un elemento indicativo de la forma de la pieza o bien disponía de algún elemento decorativo. Ello supone, como simple aproximación, la existencia de 40 fragmentos por metro cuadrado de excavación y, más importante, más de 10 piezas distintas en el mismo espacio, lo que sin duda supone una gran acumulación de material cerámico, o la existencia de una ocupación que siendo única

pudiera haber sido prolongada, como puede derivarse del grosor del nivel de relleno que alcanza los 0,5 m.

En todo caso, ni una ni otra suposición es comentada en el informe de la excavación. De la misma forma, considerando que el material inventariado sólo supone un 22% de las piezas recuperadas, puede deducirse un alto grado de fragmentación de las cerámicas, aspecto que de nuevo es repetitivo en los tres conjuntos comentados hasta este momento. En el primero se debía a acciones antrópicas contemporáneas, mientras que en Los Torojones y en este de Los Cotorros este alto índice de fragmentación sólo sería explicable por procesos postdeposicionales de arrastre y presión, si bien hay que advertir que la escasa reconstrucción de las piezas lleva a suponer que la fragmentación se produjo cuando existía actividad en el poblado lo que explicaría, en estos dos últimos yacimientos, que el índice de reconstrucción de piezas sea ciertamente bajo.

Figura 106 Tipología de formas cerámicas del Pico de Los Cotorros (según Benito et alii, 2001)

Tipológicamente las semejanzas se repiten. Aún con una variedad menor no es menos cierto que todas las formas reconocidas en este Pico de Los Cotorros están descritas ya en las tablas de El Parpantique y Los Torojones.

En este caso, los autores agruparon todos los tipos en dos grandes bloques atendiendo al perfil abierto o cerrado de los vasos (Figura 106). En cada grupo determinaron distintos tipos atendiendo a aspectos como el tamaño de la vasija, el diámetro, la tendencia del borde o la presencia de carenas o ángulos marcados en las paredes.

La Forma 1 de su tabla se corresponde con los cuencos que suponen el 21% del conjunto. Los más abundantes, el 18%, son los semiesféricos (los A1 de El Parpantique) de tamaño mediano como indican los diámetros que oscilan entre 10 y 18 cm, si bien los más abundantes son los de 12 cm. También documentan los cuencos hondos los que en este caso definen como verticales (los equivalentes a A2 y A3), representando un 2% del conjunto cerámico. Finalmente los cuencos pequeños (la variante A1e, los cubiletes o juguetes) alcanzan aquí el 1% de la muestra inventariada, caracterizándose además de por su pequeño tamaño –

su diámetro no supera los 8 cm– por un tratamiento descuidado.

La Forma 2 de su clasificación, a la que denominan fuentes, está poco representada; también corresponde a las vasijas abiertas, en este caso de gran tamaño, con diámetros que alcanzan los 30 cm, y se asimilaría a la variante A4 de El Parpantique.

Finalmente, entre las piezas abiertas incluirían, como Forma 3, las carenadas de mediano y gran tamaño, entre 25 y 40 cm de diámetro. Las medias-altas serían menos frecuentes, mientras que las carenas altas además de más generalizadas, no es raro que presenten en el borde o la propia carena incisiones simples o impresiones de dedos y/o elementos punzantes. Es de destacar el porcentaje de las piezas atribuidas a esta forma, un 18% que, por número, se situarían inmediatamente detrás de los cuencos, con el mismo volumen que los semiesféricos. En relación con El Parpantique esta forma correspondería al tipo B2, y especialmente con la variante B2a, también caracterizada por la presencia de elementos decorativos simples sobre el borde y/o la propia carena

Entre los vasos cerrados diferencian hasta cuatro formas distintas, las dos primeras, Forma 4 y Forma 5,

incluyen los vasos más pequeños, con diámetros menores de 10 cm, de aspecto más cuidado y generalmente carente de decoración. Se trata del tipo mejor documentado ya que su representación alcanza el 33% de la muestra. En las tablas anteriores estos modelos se asimilan a la primera variante, la a, de los tipos D1 y D2. Por el contrario, la que describen como Forma 5, a la que atribuyen el 21% de los hallazgos, se caracterizaría por su mayor tamaño respecto a la anterior: el diámetro sería siempre superior a 10 cm, llegando a diferencias hasta dos grupos, los que se encuentran entre esa medida y los 30 cm, y los que superan los 30 cm.

Aún cuando no se afirma implícitamente, se atribuirían los menores a la función de olla, es decir, a la cocción, mientras que los más grandes se les suponen un uso como contenedores. Tal interpretación podría cuestionarse por la presencia de digito-ungulaciones o incisiones sobre el labio, similar en ambos casos con un 48 y 49 % respectivamente, y sobre todo por la existencia de los apliques plásticos en la pared, en un 17% para el grupo de las piezas menores y sólo un 1% en el caso de las de mayor tamaño.

Formalmente podemos asimilar estas variantes a los tipos D1b y D2b de El Parpantique, ahora bien, es cierto que las características de los perfiles se agrupan también atendiendo a la disposición o tendencia del borde, e incluso las propias dimensiones, dado que se indican unos márgenes desde los 16 a los 50 cm, por lo que no posibilitan una equivalencia tan precisa. Sí, por el contrario podemos afirmar que estas formas 4 y 5 corresponden a Forma D de los yacimientos excavados por nosotros, y con su 54% de representación constituyen en este yacimiento de Los Cotorros el grupo más numeroso, al igual que ocurría en los conjuntos presentados con anterioridad. En todos los casos, además de la tendencia más o menos abierta del perfil en S, por el tamaño se agrupaban en dos grandes bloques, coincidiendo con la presencia o ausencia de decoración plástica que desarrolla motivos geométricos más o menos abigarrados. En esta coincidencia también se repite la doble función que se les atribuía, la de piezas de cocina y la de almacenamiento, generalizándose en las primeras las paredes lisas y en las segundas las aplicaciones plásticas.

En el segundo grupo de los vasos cerrados, las formas 6 y 7, vinculan de nuevo piezas con carena en el tercio superior. En este caso, y a diferencia de la Forma 3, se trata de piezas lisas y de pequeño tamaño, con diámetros entre 12 y 15 cm. Cuantitativamente son poco numerosas y junto con las fuentes atribuidas a la Forma 3 se reparten el 7 % restante (

Figura 107).

En conclusión, todas las cerámicas se agruparían en tres grandes conjuntos, los cuencos, las formas de perfil en “S y los vasos de carenados. Destaca por tanto la ausencia de vasos globulares de perfil entrante, así como las carenas bajas o medias-bajas que, si no abundantes, sí eran bien conocidas en los yacimientos ya descritos. También llama la atención el que no se refiera la existencia de encellas o queseras lo que hace suponer, dada su singularidad y facilidad para reconocerlas, que es una pieza ausente en el yacimiento. 0 10 20 30 40 50 60

Cuencos Carenas Perfil S

Figura 107 Grupos cerámicos de Los Cotorros. Agrupados según formas simples.

3.2.3.5 El material lítico

El conjunto de piezas líticas es ciertamente escaso. Se reduce a un diente de hoz de silex; de arenisca se detalla un típico brazal de arquero de pequeño tamaño y un afilador sobre la cara plana de un bloque que muestra la contraria cóncava, similar a los ejemplares descritos de Los Torojones. Junto a estas piezas se enumera la existencia de once molinos barquiformes, también realizados sobre soporte de arenisca, dos de ellos completos y nueve fragmentados.

Destaca en la memoria de los trabajos la referencia a la existencia, de nuevo, de abundantes cantos cuarcíticos que muestran restos de trabajo o extracciones, es decir, de piezas de descortezado o semidescortezado, además de las consiguientes láminas que tienen filo natural y no muestran retoque mediante talla. La constatación de un remonte de láminas sobre un canto, asegura la talla en el propio yacimiento, confirmando esta actividad y explicando la presencia de estos cantos evidentemente exógenos en el cerro.

3.2.3.6 Restos faunísticos

Si breve es la muestra lítica, la ósea es sólo indicativa. Tan sólo se documentan como restos de fauna tres fragmentos de huesos largos que no han permitido su identificación. Tal escasez se atribuye, una vez más, a la acidez del suelo.

3.2.3.7 Análisis radiocarbónicos

Con posterioridad, ya en el año 2002, los mismos autores promueven, dentro del proceso de investigación de la excavación, una serie de análisis, obteniendo dataciones del C14. y quedando otros análisis pendientes de resultados.

En este caso los análisis radiocarbónicos fueron realizados por el laboratorio Beta Analytic Inc. de Florida. La primera muestra corresponde a restos de carbón y la segunda a restos de madera, ambas asociadas con la estructura de habitación descrita y ofrecieron los siguientes resultados (Benito et alii, 2002):

Beta 166649 COTORR08B001: 3510 ± 60 bp carbón Beta 166650 COTORR18A002: 3610 ± 60 bp madera

La calibración de ambas, siguiendo el programa informático Oxcal V3.10 ya comentado, depara resultados similares a los anteriores, si bien se mantienen rangos de fechas amplios, siendo los

márgenes de probabilidad también elevados. De nuevo, las fechas oscilan entre los últimos siglos del tercer milenio y el primer tercio del segundo, lo que permite mantener agrupar estos resultados con los ya vistos en los epígrafes anteriores.

Atmospheric data from Reimer et al (2004);OxCal v3.10 Bronk Ramsey (2005); cub r:5 sd:12 prob usp[chron]

2400CalBC 2200CalBC 2000CalBC 1800CalBC 1600CalBC 1400CalBC Calibrated date 3200BP 3400BP 3600BP 3800BP R ad io ca rb o n d et er m in at io n Beta 166649 : 3510±60BP 68.2% probability 1910BC (68.2%) 1740BC 95.4% probability 2020BC ( 1.6%) 1990BC 1980BC (93.8%) 1680BC

Atmospheric data from Reimer et al (2004);OxCal v3.10 Bronk Ramsey (2005); cub r:5 sd:12 prob usp[chron]

2500CalBC 2000CalBC 1500CalBC

Calibrated date 3200BP 3400BP 3600BP 3800BP 4000BP R ad io ca rb o n d et er m in at io n Beta 166650 : 3610±60BP 68.2% probability 2120BC ( 2.7%) 2100BC 2040BC (65.5%) 1880BC 95.4% probability 2140BC (87.7%) 1860BC 1850BC ( 7.7%) 1770BC

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