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Robustness checks

In document Three essays in labor economics (Page 76-78)

2.5 Estimation and identification

2.6.3 Robustness checks

La Exposición Universal de Londres de 1851 ofreció al Estado Pontificio la ocasión de exhibir aquellos aspectos más sobresalientes de su capacidad industrial y su tradición artesana en un momento de notorias dificultades políticas. El siguiente fragmento nos

1 Silvia Carandini, «L’effimero spirituale: feste e manifestazioni religiose nella Roma dei papi in

età moderna», en Roma, la città del papa: vita civile e religiosa dal giubileo di Bonifacio VIII al giubileo di papa Wojtyla, ed. Luigi Fiorani y Adriano Prosperi, Storia d’Italia: Annali 16 (Torino: Einaudi, 2000), 545.

2 Martina, Pio IX (1851-1866), 45.

3 C[orentin]-M[arie] Le Guillou, Produits des États pontificaux à l’Exposition universelle beaux-arts et in-

dustrie: catalogue avec une introduction et des notes explicatives (Paris: Librairie Adrien Le Clerc et Cie., 1855), 19.

permite conocer cuál era la opinión sobre Inglaterra y su exposición en la recién fundada

La Civiltà Cattolica:

L’Inghilterra, se ascoltiamo alcuni, non è solo la dominatrice dei mari, ma la reina delle nazioni, e il popolo per eccellenza. Chè in potenza, in commercio, in industria non è chi la pareggi. E prova splendidissima ne arrecano l’Esposizione mondiale, che quasi concilio universale delle arti spontaneamente radunato in Londra, la salutò in un certo modo metropoli dell’universo.4

El reciente episodio de la República romana, que había apartado por segunda vez en menos de cincuenta años al papa de la Santa Sede, en cierta forma debió de constituir un argumento a favor de la participación pontificia en la exposición londinense. Habida cuenta de los problemas de la hacienda del Estado Pontificio no resulta descabellado aventurar que el gasto ocasionado a su Gobierno debió ser relevante.

El comisario pontificio en la exposición fue el marchante de arte Carlo Trebbi5 y la

representación londinense fue delegada a los también marchantes de arte J. & R. McCracken, de quienes Trebbi era su representante en Roma al menos desde 1842.6 La

elección de Trebbi confería un carácter marcadamente artístico a la participación ponti- ficia, a la par que ponía de relieve qué sector económico era según el Gobierno pontificio aquel que podría obtener un mayor provecho en Londres. En todo caso, a la exposición también concurrieron expositores procedentes de Bolonia y Ferrara, lo que redundaba en la idea de soberanía territorial del papado en una coyuntura en la cual la propaganda del Risorgimento iba progresivamente minando la lealtad de los súbditos a Pío IX. La revista

La Civiltà Cattolica recogió en sus páginas que el producto pontificio más apreciado en

Londres habían sido los camafeos tallados en Roma, «nel qual genere nessun altro luogo potè mai giungere sì alto».7 No obstante, la exposición pontificia no mereció una reseña

aparte en sus páginas, siendo referida en un mismo bloque con Piamonte, Toscana y Ná- poles. En total fueron cincuenta y dos los participantes pontificios que expusieron sus obras en el área norte de la exposición, en donde ocuparían 25.73 metros cuadrados de

4 La Civiltà Cattolica 2, n.º 7 (27 octubre-10 noviembre 1851): 602.

5 Véase Great Exhibition of the Works of Industry of All Nations, 1851: Official Descriptive and Illustrated Ca-

talogue, vol. 3 (London: Spicer Brothers, 1851), 1285-8; cf. Official Catalogue of the Great Exhibition of the Works of Industry of All Nations, 1851 (London: Spicer Brothers, 1851), 9.

6 Véase J. & R. McCracken a C. Trebbi, 23 noviembre 1842, Thorvaldsen Letter Archive, m30

II, nr. 49, consultado online http://brevarkivet.thorvaldsensmuseum.dk/letters/m30II,nr.49

superficie horizontal y 36.14 de superficie vertical.8 No obstante, la exposición londinense

fue objeto de críticas en la revista jesuítica como se ejemplifica en el siguiente fragmento: Dei gran frutti che se ne speravano per l’industria, per l’affrattelarsi dei popoli, per l’umanità presente e futura, per ora solo è certo che dodici milioni di franchi usciti dalle borse cosmopolitiche entrarono nelle inglesi. […] Insomma qui come altrove la stampa non si curò molto dello spezzare alla plebe del Signore il pane dell’intelligenza.9

Estas tibias críticas revelaban la ausencia de una verdadera postura en La Civiltà Cattolica sobre la exposición. Sin embargo, su cobertura se aprovechó en la revista para solicitar donaciones en pro de la erección de una iglesia católica romana para la diáspora italiana en Londres. Ideado a mediados de la década de 1840 por el sacerdote Vincenzo Pallotti, el proyecto fue pronto apoyado por Pío IX, que recomendó a los católicos italianos donaciones, así como por la prensa católica, que abrieron subscripciones para su financiación.10 Gracias a este proyecto pudo la diáspora italiana trasplantar a Londres un

pedazo de Roma, puesto que la nueva iglesia copiaba la planta de la romana basílica de San Crisógono. En 1853 se propondría bautizarla con el elocuente nombre de St Peter’s Roman Church of All Nations.11

La Exposición Universal de Londres de 1862

La exposición de Londres de 1862 fue la primera cita internacional a la que concurrió el Estado Pontificio tras la reciente pérdida de la Romaña, Las Marcas y la Umbría, un revés que no disuadió a su Gobierno de promover entre sus súbditos la participación en el certamen. Como en cualquier otro gobierno europeo, el Ministerio de Comercio asumió el coste del transporte y las primas de los seguros de las obras enviadas.12

8 First Report of the Commissioners for the Exhibition of 1851 (London: W. Clowes & Sons, 1852), 172-9.

Véase el anexo, tabla 3.

9 La Civiltà Cattolica 2, n.º 7 (16-30 septiembre 1851): 113-4. 10 Véase La Civiltà Cattolica 2, n.º 5 (2 junio 1851): 606-10.

11 La iglesia también fue utilizada por otras diásporas, como la irlandesa y la polaca. Véase The

Builder (14 mayo 1853): 312, citado en Anne-Marie Fortier, Migrant Belongings: Memory, Space, Identity (Oxford: Berg, 2000), 135.

12 Véase Greenhalgh, Ephemeral Vistas: The Expositions Universelles, Great Exhibitions and World Fairs,

Debido a la falta de un comisario en Londres, la exposición pontificia fue organiza- da por el dublinés Henry Edward Doyle y el romano Roberto Bompiani.13 Hijo de John

Doyle, un renombrado caricaturista político y pintor de origen irlandés establecido en Londres, Henry E. Doyle creció en un ambiente devotamente católico y rodeado de emi- nentes escritores y artistas.14 Entre otros, frecuentaron su residencia en Hyde Park Walter

Scott, William Thackeray y el mismo Charles Dickens. Henry E. Doyle se formó como pintor en Dublín y Londres, donde colaboró brevemente en su juventud con el magacín

Punch, or the London Charivari y lograría exponer un retrato del cardenal Nicholas Wiseman

en la Royal Academy de Londres en 1858. Fue precisamente Wiseman, primer arzobispo de Westminster tras la restauración de la jerarquía católica romana, quien influyó en su designación como comisario pontificio en la exposición de Londres de 1862. El pintor Roberto Bompiani nació en Roma en el seno de una familia acomodada, lo que le per- mitió cursar siendo muy joven estudios en la Academia de San Lucas.15 Comenzó a gozar

de cierta fama a partir de 1850, década en la que pintó diversos frescos según los gustos estéticos de Pío IX en las basílicas romanas de San Pablo Extramuros, Santa María del Trastévere y San Lorenzo de Lucina. A raíz de su nombramiento como comisario del Gobierno pontificio en la exposición de Londres de 1862, Bompiani pasó nueve meses en la capital británica que le permitieron conocer y relacionarse con sus círculos artísticos. El único jurado que actuó en nombre del Estado Pontificio fue el británico John Hunger- ford Pollen, haciéndolo en la clase 30.ª, sección a), «Mobiliario, tapicería, papel colgante, etc.»,16 en la cual Roma fue uno de los mayores expositores junto con el Reino Unido,

Francia, Italia, Hamburgo, Austria, Bélgica y Prusia.17

13 Véase B[enjamin] P[ierce] Johnson, Report on International Exhibition of Industry and Art, London,

1862 (Albany: Steam Press of C. Van Benthuysen, 1863), 26.

14Véase Bhreathnach-Lynch, Síghle. “Doyle, Henry Edward (1827–1892).” Síghle Bhreathnach-

Lynch In Oxford Dictionary of National Biography, online ed., edited by Lawrence Goldman. Ox- ford: OUP. http://www.oxforddnb.com/view/article/7999 (accessed June 7, 2012); Baker, Kenneth. “Doyle, John [H. B.] (1797–1868).” Kenneth Baker In Oxford Dictionary of National Biography, online ed. by Lawrence Goldman, Oxford: OUP.

http://www.oxforddnb.com/view/article/8003 (accessed June 7, 2012).

15Véase Santi, Piero, “Bompiani, Roberto.” Piero Santi en Dizionario Biografico degli Italiani,

online ed. Roma: Treccani. http://www.treccani.it/enciclopedia/roberto-

bompiani_%28Dizionario-Biografico%29/ (accessed June 7, 2012).

16 Véase International Exhibition, 1862: Jury Directory (London: George E. Eyre and William Spottis-

woode, 1862), 37.

El ministro de Comercio Pier Domenico Costantini Baldini encomendó a Giuseppe Ponzi la redacción de un catálogo de materiales de construcción y mármoles decorativos. El profesor Ponzi era uno de los máximos expertos en mineralogía del Estado Pontificio, y era, además, director del Museo de Geología y Mineralogía de la Sapienza. Asistido por un ayudante proporcionado por el ministerio, Ponzi emprendió la recogida de muestras en canteras romanas, logrando reunir cien artículos de materiales de construcción y trein- ta y seis fragmentos de mármoles decorativos.18 Se enviaron piedras calizas procedentes

de los Apeninos, particularmente de los montes Cornicolani y Tiburtini, por lo que son llamadas monticelli (diminutivo de monte). También se enviaron «pozzolane» (rojas y negras) de origen volcánico, muy abundantes en la campaña romana; «tufi» de Monte Verde y del Aventino; arcillas empleadas en la fabricación de ladrillos y vajillas; yesos; piedras de corte; mármoles travertinos; peperini procedentes de las corrientes fangosas del lago Albano, lavs, macchi, selci, sabbie e ciottoli, así como una colección de mármoles de decoración.19 La exposición pontificia en Londres ocupó una superficie de tres mil

pies.

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