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2.4 Results

2.4.6 Robustness

Una noche soñé que estaba en el Mar con Luna llena, esa noche pude sentipensar que ser Maestra es un arte de trasformación espiritual, que en mi vientre bien habitaba la vida de donde ha de venir una nueva humanidad que logrará en su momento vivir bien o el Sumak Kawsay que bien puede ser sinónimo de una comunidad de Paz, así, en mi corazón se sembró una semilla que es la conciente responsabilidad de mi pensar, sentir y hacer con la delicadeza de ser un órgano de la comunidad que en cada tarde de “clase” se ha ido tejiendo, si, una común unidad que recrea con sus aptitudes y talentos, así los niños han manifestado en diferentes formas como el entrar en conciencia es cuando se han sentido conectados con la vida, con la naturaleza por medio de nuestros cantos, rituales, la palabra que se ha compartido, porque a través del compartir emocional lo que se permite es entrar en esa memoria universal, lo que permite la transformación de la vida por que las emociones a través de la interacción son construcción social del lenguaje, el conocimiento y escucha de las emociones en comunidad nos permite entrar en justicia, porque consensuadamente se llega al acuerdo o a la sanación en la medida de comprender lo que hay o no que hacer, eso incluye reconocer los miedos, afrontar los problemas o dificultades, es comprender lo que nos está enfermando y, como es un compartir en comunidad, pues es la misma comunidad, quien a partir de estos hallazgos recreados en los anteriores textos de la propuesta pedagógica quien logra comprender eso que los médicos tradicionales indígenas llaman enfermedad , esta entendida como una fuente de información de la vida, pues ante el ejercicio de las etnografías orales y la escucha en comunidad se

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puede vivir la delicadeza, donde está presente la dedicación de tiempo, observación, y escucha con el corazón para hacer las tareas correspondientes para que el Sumak Kawsay se dé, esto es la revisión de eso negativo que se ha vuelto normal, por ejemplo se ha normalizado ser vulgar, se ha normalizado que los niños canten canciones muy sexualizadas, y ellos han logrado identificar que eso realmente lastima su visión de amor de pareja, esa hipersexualizaciòn de la vida está enfermando a los niños y es importante escuchar lo que ellos tienen que decirnos al respecto, además claro de poder compartirles otras sonoridades como alternativas musicales acordes a su sentipensar de niños.

Importante ejercicio de mediación cuando la comunicación en el aula esta tejida desde la escucha, así se teje el lenguaje de la vida, esa trasmisión de emociones, de mensajes, lo que construyó fue una red, la interacción comunicativa entonces nos muestra un estado emocional que permite manejar la información con respeto, con compasión, entendida esta última desde la perspectiva de las espiritualidades orientales donde hay una correspondencia y se puede entregar eso que nunca le diría a nadie, puedo confesar porque en ese confieso hay una red que me respalda y ya no cargo en soledad mi drama, siento el acompañamiento, siento la conexión y ahí es cuando hay un efecto en todos.

Ese efecto en todos es como una ruta, una posibilidad de mirar que pasa con cada emoción, podemos estudiarla: hacerle cacería dicen los abuelos, eso es observar cómo me comporto cuando me pasa…cuando siento…cuando recuerdo...es ir a un posible origen de eso que me afecta y acordar una forma de control o manejo adecuado, es ir buscando preguntas y respuestas de mi vida, ahí aparece el perdón, la comprensión

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de mi vida como espejo del otro, y luego viene la posibilidad de la ensoñación de la felicidad o el proyecto de vida de los niños.

Las emociones entonces son la fuente de los conflictos, al darles el lugar de importancia necesaria como puede ser el centro del estudio de una tarde de clases, es como amansar y amasar ese miedo que puede paralizarnos o que evitamos y lo más fácil es llenar observadores, reportar a orientación y ese protocolo de atención institucional convertirlo en un lastre muy capitalista por cierto porque es como pasar el conflicto de una ventanilla a otra, el drama de los escolares se convierte en un acto burocrático donde el sistema tiene el poder pero nadie sabe qué hacer, por eso esta ruta de performancias sonoras nos permite un ejercicio de empoderamiento gracias a la preguntas y las respuestas sobre las emociones, es, entonces ponernos al servicio preventivo de la violencia porque se interviene la vida con la vida misma, es el niño quien viaja con su propia información (aprende a hacer sus duelos) como hoja de ruta para la comprensión de su sentir-pensar-actuar, es hermoso porque en un ambiente de armonía podemos afirmar que el niño logra hacer su propio diagnóstico que es la identificación de su propio desequilibrio y lo bonito es que sabe que ahí también está transformando a su familia, que es también un ejercicio de hermanamiento, donde todos estamos acompañando, ya no como jueces del otro sino como red que sostiene un proceso que sueña, que busca, que construye una política de posibilidades del buen vivir.

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7. CONCLUSIONES

Teniendo en cuenta que son mis últimas glosas en este documento que ha sido un parirme a mí misma, debo decir que la inicial hipótesis planteada: el sentipensamiento en clave de ritual en Sumak Kawsay es una categoría potencializadora de los talentos en los niños, porque al entrar en el estudio de esas otras culturas, otros saberes, el

espectro del conocimiento se amplía, podemos decir entonces que realmente lo

estamos caminando, tenemos textos (autoetnografìas que lo confirman) es ese sentido esta creación pedagógica si logra que esos otros saberes sean vivenciados, experienciados por los niños, porque ahí habrá voz y vida entonces también para ellos, con sus anhelos, su desarrollo personal y profesional. Así mismo mi trabajo con la voz e instrumentos se confirma como servicio (¿terapia acaso?) para los distintos grupos intervenidos, pues por esa razón se comparten algunas de esas evidencias en la triangulación puesto que desde el año 2010 decidí solicitar algunos textos escritos a los jóvenes o niños ya que mi canto en el aula es un momento de máxima entrega y alegría en mí, es un tiempo de relajación, de sanación, acaso; de profunda conexión (rituales en clave del Sumak Kawsay) donde, luego de eso, afloran las emociones que nos han permitido la narración reflexiva y así crear autoetnografìas, que son un primer calco de la realidad que definitivamente evidencia una política de posibilidades creativas de sentido de la vida.26

También podemos afirmar sobre la pregunta de esta investigación la cual es: ¿Qué elementos son importantes en una propuesta pedagógica a partir del performance “El arte del Amor” para la construcción de una comunidad del Sumak Kawsay, en la

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educación primaria en el IED Virrey Solís? Que los elementos importantes son el trabajo en el aula de las performances sonoras de música y palabra, que devienen en trabajo de educación emocional, así mismo deviene la escucha con el corazón que es el inicio de una comunidad sentipensante que decide elegir el buen vivir a partir de la experiencia de rituales de cosmovisiones ancestrales por que se da cuenta que eso le trae una experiencia personal y comunitaria de tranquilidad, de armonía, de paz, según los hallazgos en las autoetnografìas.

Esto es por eso un ejercicio decolonial por que como ya habíamos planteado en el marco teórico, que gran parte de la humanidad es colonial, y para llegar a distinguirla como tal se ha partido de la apropiación indiscriminada de sus conocimientos (algo a lo que desafortunadamente han contribuido también las ciencias sociales) y de la violencia. Así es como se ha negado, eliminado, del mapa su realidad y su ser como existente y como posibilidad, es decir, al evidenciar la posibilidad de escucharse y ser escuchados en el aula como conocimiento fundamental de un plan de aula el estudiante sabe que su ser-cuerpo es lo que realmente vinimos a estudiar, el trabajo curricular ya será casi una elección-extensión de su vida, pero primero su vida, esa es la experiencia de una ecología de saberes como plantea de Souza, es un ejercicio de imaginación política de utopía real como dice Fals Borda porque nos estamos entrenando en el escuchar e ir construyendo (nos) en comunidad, porque en comunidad cada uno, en su hacer perfecto (talento), no es más o menos que otro, simplemente sabe desde niño cuál es su lugar, sabrá cuáles son las cualidades de su territorio, qué aguas debe cuidar porque son las que lo cuidan también a él. Sabremos si logramos hacer el salto político que el encuentro y resguardo de la vida es posible, si, la vida en todas sus dimensiones. Estamos pues sin temor al afirmarlo en un estado

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desarrollista de la humanidad, del buen vivir, aquel que permite el empoderamiento de cada ser humano en el servicio a sí mismo y a toda la vida de su territorio, donde a través de la escucha en comunidad se hacen acuerdos de planes de vida.

Este tejido de mediación Interculturas nos permitió trabajar más allá de los abordajes sociales o particulares-psicológicos como platea Clifford Geertz (1987), así como Castoriadis, nos permite comprender la implicación de lo social en la formación de la conciencia, que en mi propuesta se entendería como el trabajo comunitario para lograr una convivencia para la paz. Es decir, si respondemos a los objetivos propuestos inicialmente ya que si logramos elaborar una propuesta de performances del Sumak Kawsay como eje mediador de culturas y de una política de posibilidades para la construcción de comunidades sentipensantes en el IED Virrey Solìs en la localidad de Usme.

También por objetivo el generar autoetnografias es una a puesta política de descolonizar el curriculum, pues Lluch, ya planteò la importancia de tener contenidos basados en aspectos teórico-prácticos que se desenvolvieran en un medio social natural de los estudiantes (quienes son los sujetos principales frente a esta aceptación de la diversidad), pero que además permitan conectar el mundo real con el imaginario y ese mundo imaginario casi siempre corresponde a la misma pregunta que La pregunta que se hizo Lenkersdorf la cual es, entonces, si estamos dispuestos a construir y vivir esta noción de un nosotros comunitario, una forma de existencia vivida por las comunidades ancestrales y de las que, según este autor, ya es tiempo que debemos aprender, ya es tiempo de que los dejemos ser nuestros maestros. Yo propongo que esta sea una vía para reconocernos como personas que compartimos

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espacios y tiempos con otros, y con los cuales podemos, desde la perspectiva del nosotros, construir significaciones imaginarias necesarias para la consecución de un mundo mejor, lo bonito es que, siento si lo estamos despertando.

La forma de despertar esta ruta del Sumak Kawsay es la observancia de la relación emoción-lenguaje, y un lugar para esto es, precisamente, el del discurso poético: un nivel emergente del discurso. De tal forma, se puede ver a la poesía como significados culturales que canalizan las pasiones propias. Aquí quisiera mencionar que en mi trabajo con niños, que es de corte perfomático, también se constituye desde la poiesis (aunque musical) porque, en un sentido amplio, esta permite la creación emocional, no solo su reconocimiento. Ahì es nuestra insistencia para que se vivan esos rituales en clave del Sumak Kawsay, porque esa contemplación personal es un ejercicio poético pero profundamente político porque está desplazando descolonizando la estructura eurocentrista de la escuela.

Recordemos también que en nuestro marco teórico dijimos que cuando las emociones y la experiencia se reconocen en la manifestación y la interpretación, se pueden procesar en la interacción. Este proceso nos dice, entonces, que las emociones se pueden negociar; y como lo manifiesta Fiehler, la negociación puede realizarse no solo sobre la interpretación, sino también sobre las mismas emociones, puesto que se

considera que, aunque las vivan las personas, estas se construyen socialmente. Por eso

en las performancias de palabra y música el tejido de comunidad sentipensante se activa desde la interacción y de paso ya en espíritu como dicen los abuelos están “viajando con el otro” y por eso logran escucharse con el corazón, porque están latiendo al ritmo del que habla son sus enunciaciones, con su acto de habla suena y

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resuena en todos los que lo escuchan, hay ya nació la mediación, en ese acto de escucharse se invita a la negociación que deviene en acuerdo, porque el alma humana se encontró en comunidad.

Por eso la metodología de performancia, como recuerda Spencer, “produce un “poder” que emana de la organización y producción de las actividades que involucra, pero también del modo en que el “significado” de dicha interpretación es reivindicado, negociado o impugnado por quienes participan directa o indirectamente en ella” (Bauman, 2012: 102, citado por Spencer, p. 62). Si la interpretación es, ante todo, un proceso activo, una construcción de significados socialmente enclavada y, a veces, conflictiva: ‘una cuestión de semántica’ es a menudo una ‘cuestión de valores y de acción’, no una cuestión de codificación y decodificación[2], entonces el performance puede permitir transformar esos valores culturales para cambiar los significados y las interpretaciones; es decir, en palabras de Castoriadis, aquí se estaría trabajando con la imaginación radical, pero desde una perspectiva social, y esa perspectiva social con los estudiantes ha sido la del buen vivir, se han dado un espacio, un tiempo para respirar, para sentipensar (nos).

Por eso no nos dio temor lanzarnos a el trabajo que encontramos con una propuesta más contemporánea sobre el performance, esta vez de la mano de la etnografía y la autoetnografía. Al respecto, Norman Denzin (2017) nos habla sobre la importancia de las autonarrativas y la biografía como propuesta política de posibilidad. El performance consiste en una puesta ante el otro, una puesta en escena que parte de un texto autobiográfico sobre las experiencias de vida de las personas, un relato que es liminal, que toca los sentidos y los contrasentidos de las experiencias más trascendentales, que

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han significado rupturas, dolor, victorias, etc., y que van más allá de la catarsis emocional para pasar a ser objeto de reflexión. Sin embargo, como ya mencioné, se parte de momentos de crisis porque estos implican la alteración del sentido en las vidas de las personas. En el performance, esos momentos son ritualizados, para pasar del quiebre y la crisis a la reintegración, pero a través de la reinterpretación de dichos momentos que el performance y otro como espectador y escucha aportan, así esa escucha de nuevo es un ritual de reconexión, como esas mingas indígenas, como ese fogón de las abuelas campesinas que siempre cuidaron lo que había en casa, eso es lo que los niños viven con el performance “el arte del amor”.

Ser docente de una Institución educativa en Colombia en la actualidad se ha convertido en un trabajo muy exigente ya que las problemáticas en la vida de los estudiantes son muchas y de todo tipo, así que el trabajo de un profesor casi que puede volverse una frustración cuando uno se da cuenta que lo que se hace no logra mejorar la calidad de vida de los niños, hay es cuando la creatividad debe traerse al aula, sobre todo en estos momentos que hay una descomposición tremenda en tanto que ni los padres saben qué hacer con sus hijos, eso a mí me causa dolor, por eso agradezco la oportunidad de haber conocido eso que llaman pensamiento ancestral y mi compartir con varias comunidades y culturas invisivilizadas con sus rituales, porque gracias a esos rituales que se logran recrear con los niños he visto que si hay lugar para la trasformación.

Teniendo en cuenta que estamos como nación en el sueño de Paz, pero paradójicamente tenemos a nuestros colegios infectados de violencias y narcotráfico se hace urgente un tiempo de silencio, un espacio sonoro que permita parar todo:

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respirar y sentipensar que es lo que realmente queremos como personas, lo mejor, cuando nos logramos encontrar en la escucha surge el sentido de común-unidad, se enciende una llama protectora de la vida de los que estamos ahí.

Luego de comprender que somos comunidad viene la oportunidad de crear juntos, de acordar un plan de vida, pero ahí es donde sigue mi trabajo como investigadora, porque ahora hay que trabajar más fuerte con los padres de familia, es evidente que las problemáticas que viven los niños son producto de las problemáticas de los padres, entonces hay que atrevernos a compartir con esos padres esas rutas del buen vivir, porque así lograremos empoderar comunidades completas con su propio arte del amor. Así como también la La reflexividad sentipensante que consistió en que los niños expresen lo vivido, a hablar sobre las huellas dejadas por las situaciones que han experimentado, lo que los ha marcado y atravesado. Haciendo esto se pone en juego la realidad social, con sus dimensiones emocional, cognitiva, cultural, subjetiva e intersubjetiva; se pone sobre la mesa que algo se vivió, se vive y se puede vivir de otra manera. Escuchar y dialogar sobre ello abre las puertas, de manera vinculante o desvinculante, a la otredad, a esos otros mundos que se pueden recrear de manera crítica. Es un proceso dialógico solidario que va más allá de los números y las validaciones, puesto que también se convierte en relevante aquello que es ambiguo, los robos de significaciones, los imaginarios engañosos y las codificaciones falsas, con el fin de mirar los asuntos que necesitan de estudio de una manera auténtica y crítica.

La crítica es que la vida de los niños no debería ser la repetición de los dramas familiares, que bien hay que sentarnos a trabajar de manera contundente con los acudientes porque ya identificados los conflictos ahora hay que trabajar por la

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mediación y fortalecimiento de una reconciliación y perdón (sanación acaso) de esos dramas familiares, que sin lugar a dudas son los mismos de nuestra América Latina.

180 8. Referencias

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Bernal, C. (2017). Voces ancestrales del canto sanador música vocal en las etnias colombianas Uitoto y Palenque de San Basilio [tesis de grado]. Institución