POTENTIAL SAMPLING LOCATION (WITH ACCESS TO FLOW):
4.4.4 Sample Bottle Labels
El consumo de alcohol se ha asociado tradicionalmente, con o sin pruebas, con la violencia contra las mujeres. Los estudios sobre el alcoholismo de los maltratadores tienen a hallar cierta relación, sin determinar que el alcohol sea causa de violencia. Algunos de los datos hallados por la OMS son:
• El consumo de alcohol afecta directamente a las funciones cognitivas y físicas y reduce el autocontrol.
• El consumo excesivo de alcohol por uno de los miembros de la pareja puede agravar las dificultades económicas, los problemas del cuidado de los hijos, la infidelidad y otros estresores familiares.
• La creencia individual y social de que el alcohol genera agresividad puede alentar a comportarse violentamente después de haberlo consumido, y también a consumirlo como disculpa por este tipo de comportamientos (Alcohol 2).
La OMS observa unos porcentajes muy variables de consumo de alcohol inmediatamente antes de una agresión o durante una relación de maltrato (Alcohol 3). Dutton y Golant 1995 se refieren a un estudio que muestra correlación entre abuso y alcoholismo, pero concluyen que ambos son consecuencia de un tercer factor, como un determinado perfil psicológico (53-4). Respecto a la situación española, Miguel Lorente afirma de forma clara que el alcohol no desencadena la violencia (Mi marido 64), pero al mismo tiempo, observa que está presente con frecuencia en los casos denunciados: alrededor de la tercera parte de los mismos (Mi marido 75). En conclusión, la relación existe, pero no es de causalidad.
En la época victoriana, la asociación entre alcohol y violencia era múltiple. En primer lugar, el alcoholismo o embriaguez de los agresores se vinculaba a sus actos; consta que en al menos 262 casos de 701 de uxoricidio en el período 1841-1900 (el 37% de los casos), el marido estaba bajo los efectos del alcohol en el momento del crimen (Wiener 241). Por otra parte, el alcoholismo de las mujeres asesinadas podía considerarse una “provocación” y por lo tanto un atenuante (Wiener 175, 241). Dickens informaba en Household Words acerca de cómo los jurados tendían a considerar la embriaguez un atenuante en casos de asesinato de mujeres, lo que él denunciaba con ironía: “A jury, out of tender consideration of his irresponsible condition (the poor man being drunk, and all drunk men, howsoever amiable when sober, being necessarily impelled to murder their wives when in liquor) design this manslaughter” (Household Words, 10 mayo 1851, citado en Wiener 257-8). Esta actitud cambió hacia una mayor repulsa del alcoholismo hacia finales del siglo, después de la muerte de Dickens.
El movimiento por la “templanza”, o movimiento abstemio, de la época victoriana, también consideraba al alcohol una herramienta de la violencia sexual y un peligro si lo consumían las mujeres, según señala Joanna Bourke:
One of the main planks of the temperance movement was the link between alcohol and sexual violence. Used to “seduce” young women, alcohol and other drugs were said to be responsible for the corruption of innumerable innocent girls . . . The temperance movement connected alcohol with sexual violence, and the idea that women who drank alcohol lost all self-control (54). Dickens atacó el movimiento por la templanza, tanto en sus novelas como en sus escritos periodísticos, al igual que el consumo excesivo de alcohol. En sus obras de ficción, el principal ejemplo de sátira de la templanza se halla en The Pickwick Papers, donde la esposa de Tony Weller se une al grupo por la templanza del hipócrita Reverendo Stiggins. En su periodismo, destaca una crítica a Cruikshank, un popular ilustrador que había colaborado con el novelista en Sketches by Boz, The Mudfog Papers y
Oliver Twist. Cruikshank publicó en 1847 dos series de grabados contra el alcohol, The Bottle y The Drunkard’s Children. Dickens criticó en una carta a Forster la falta de una
referencia adecuada a lo que él consideraba las causas de los males de la bebida: “the philosophy of the thing, as a great lesson’ was ‘all wrong’: ‘the drinking should have begun in sorrow, or poverty, or ignorance” (Dent 2 103). Y en un artículo de 1848, al criticar el movimiento abstemio señaló lo que en su opinión eran algunas causas del alcoholismo:
Drunkenness, as a national horror, is the effect of many causes. Foul smells, disgusting habitations, bad workshops and workshop customs, want of light, air, and water, and absence of all easy means of decency and health, are commonest among its common, everyday, physical causes. The mental weariness and languor so induced, the want of wholesome relaxation, the craving or some stimulus and excitement, which is as much a part of such lives as the sun is; and last and inclusive of all the rest, ignorance… are its most obvious moral causes. (Dent 2, 104)
A pesar de lo aquí indicado, Dickens como novelista no conecta el alcoholismo exclusivamente con la pobreza. Sí lo asocia a características negativas: apenas hay personajes alcohólicos en todo el canon dickensiano que no sean maltratadores, y entre ellos, una es víctima de maltrato infantil, “the infant phenomenon”, una joven actriz de edad indeterminada a la que su familia mantiene como niña prodigio, impidiendo su crecimiento con ginebra entre otras medidas (Nickleby 289-290). Otros tres personajes son en cierto modo villanos, personajes malvados o simplemente egoístas que entorpecen a los héroes: Edward Leeford o Monks, el hermanastro de Oliver Twist que pretende quedarse con la herencia de ambos; Sairey Gamp en Martin
Chuzzlewit; y el Reverendo Stiggings de The Pickwick Papers. Por tanto, aunque no se
pueda deducir que el alcoholismo sea causa de maltrato, sí se puede establecer que las adicciones están directamente relacionadas con una caracterización negativa.
Respecto a las clases sociales, hay maltratadores alcohólicos o bebedores de clase marginal, como Bill Sikes en Oliver Twist y Roger “Rogue” Riderhood, en Our
Mutual Friend; obreros como Hugh en Barnaby Rudge y el marido de Jenny en Bleak House; de clase media, como Walter Bray de Nicholas Nickleby y Arthur Havisham de Great Expectations, y podríamos incluir al opiómano John Jasper de The Mystery of Edwin Drood. También hay algunos maltratadores que no son alcohólicos,
fundamentalmente en la clase media (Paul Dombey, Edward Murdstone), pero también en la obrera (Jerry Cruncher). Es claro que no son factores que concurran necesariamente.
Se ha señalado anteriormente que en sus escritos privados y periodísticos, Dickens consideraba el alcoholismo una consecuencia de la falta de educación y de la desesperación que produce la miseria, algo que no coincide con su retrato novelístico del alcoholismo en la clase media. Esto es un indicio más de que para Dickens el maltrato no es consecuencia directa del alcoholismo, sino que violencia y alcoholismo son ambos rasgos indeseables que se atribuyen juntos (pero sin relación entre sí) a los villanos. Esto tiene algunas consecuencias para la narración, pues encaja con la concepción victoriana de la construcción de la personalidad, sobre todo la masculina;
el hombre que no puede resistir sus impulsos animales para la satisfacción de sus apetitos y caprichos tales como la bebida tampoco resistirá impulsos violentos. Además, hacer que los maltratadores sean alcohólicos es muy útil para el autor desde el punto de vista narrativo, porque un alcohólico necesita dinero para mantenerse y en ocasiones está demasiado enfermo para trabajar, por lo que es plausible que haya una víctima obligada a sustentarlo. Así, se une la explotación económica al maltrato. Esto ocurre en algunos de los Sketches, de los cuales el más representativo es “The Drunkard’s Death”. El protagonista tiene una hija y varios hijos, y cuando los hijos varones le abandonan, su hija permanece a su lado, coaccionada por todos los medios (“words or blows could always procure something for the tavern”, Sketches 470). Otro caso es el de Walter Bray, el padre de Madeline Bray en Nicholas Nickleby, que primero gastó todos los recursos de su mujer, y cuando ella muere explota laboralmente a su hija. Finalmente, Arthur Havisham, el hermano de Miss Havisham en Great
Expectations, que gasta su parte de la herencia en vicios innombrables (“what with
debts and what with new madness”, 180) y cuando se queda sin dinero, organiza el engaño a su hermana que culmina en la locura de ella.
En conclusión, el alcoholismo de los personajes maltradores es un dato más en su caracterización negativa. Permite incorporar un elemento socialmente indeseable, y carga a sus víctimas con la obligación de cuidar de ellos y a veces de mantenerlos económicamente. Está repartido entre todas las clases sociales, por lo que no se limita a un estereotipo de las clases pobres; en lo que sí afecta, como veremos al final de este capítulo, es al tipo de que se da a los agresores en esta circunstancia.