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4.2.2 Sampling and Analysis
El periodista y escritor José María de la Jara y Ureta publicó, en el diario limeño La Prensa, la sección “Información política” de 1907 a 1909. En esta, De la Jara redactaba, en prosa, crónicas sobre el acontecer político. A veces, giraban en torno a alguna anécdota o chisme político sobre el presidente civilista José Pardo (1904-1908), su ministro y futuro candidato Augusto B. Leguía, el alcalde de Lima Federico Elguera, etc. En ocasiones, además, tenían como escenario el parlamento peruano o personajes de este. El mismo De la Jara –como ya señalamos en el capítulo I– calificaba sus crónicas como “columnas de la información alegre” o “inocentes esparcimientos cotidianos en que damos libre curso a la sátira lícita y a la travesura inofensiva” (Por un cuarto de hora, 28/7/1907). Por ejemplo, en Los del tercio… (1907) se burla de los representantes provincianos que se incorporaron a la Cámara de Diputados, en la sesión inaugural de ese año, como parte de la renovación del tercio congresal. 102
[…] Iban llegando [los diputados del tercio]. Iban formando grupos animados en la sala de pasos perdidos. Una de las características de estas charlas de antecámara es la cortesanía ostentosa de las tertulias. Esas buenas gentes de las provincias han oído que los hombres políticos son muy ceremoniosos, hacen muchas reverencias, dan fuertes apretones de manos a amigos y enemigos. Pues de los atributos de los políticos de veras ellos copian eso exagerándolo. Pero exagerándolo lastimosamente, porque no se dan punto de reposo en materia de
101 Sin embargo, hay que indicar que el tono moralizante es más evidente cuando la crónica alude
a un hecho que no es anecdótico o superficial. Por ejemplo, el texto “Desde la platea”, que gira sobre la “voltereta” intelectual del senador Cornejo, no es una situación anecdótica y, por ende, la crítica es más notoria. Sin embargo, en “Oratoria aplastante”, que trata sobre la verbosa oratoria del diputado gobiernista Juan Manuel de la Torre, el tono crítico de la sátira disminuye, ya que se aborda un aspecto más superficial.
abrazos, venias y saludos. Es un cuadro animado y pintoresco el de los personeros de la puna haciendo los grandes señores en la sala de Pasos perdidos.
–Mi querido compañero! –¡Oh, compañero querido!
Pin pam. Pin pam. Así suenan, y más, las palmadas que al abrazarse se dan en las espaldas con rudeza temeraria los compañeros aquellos. Porque son dos requisitos inseparables de la investidura. Llamarse compañeros los unos a los otros. Y aporrearse de lo lindo en el abrazo de salutación. Sin esas dos
cosas les parece que resulta incompleta la credencial. Y que no hay distinción ni elegancia posibles. […]
(De la Jara, 2/8/1907, pp. 1 y 2)
Esta escena, que ocurre entre bastidores, refleja que De la Jara se centra básicamente en lo anecdótico, en lo superficial. Asimismo, emplea la parodia cómica para caricaturizar la actitud que muestran al saludarse, por primera vez, los nuevos diputados del interior del país103. La censura también está presente al reprobar la falta de elegancia de aquellos: “Pues de los atributos de los políticos de veras ellos copian eso exagerándolo. Pero exagerándolo lastimosamente, porque no se dan punto de reposo en materia de abrazos, venias y saludos”. En otras palabras, es una sátira burlesca.
Otro ejemplo al respecto –en la misma crónica Los del tercio…– sucede cuando el narrador describe o evoca los guantes del ex diputado Ramírez Broussais, representante del distrito de Castilla (Arequipa), quien no fue ratificado en su cargo.
[…]
No volveremos a ver al señor Ramírez Broussais. No le veremos pedir para Castilla. No le veremos levantarse de su asiento para cederlo galantemente a los ministros. No veremos, en fin, los guantes, los épicos guantes del señor Ramírez Broussais. ¡Unos guantes de Castilla, su capital Aplao! Y épicos. Épicos hasta por aquello de que en la epopeya ha de haber lucha de razas. De Europa vinieron sus guantes –una raza– y luchaban por aprisionar las manos rebeldes del diputado de Aplao –la otra raza. Épica lucha con intervención de lo maravilloso, para que nada faltara, porque con un solo par de guantes desempeñó noblemente su señoría
doce años de mandato parlamentario. Tanto que si dentro de quinientos años hubieran destruido libros, archivos periódicos y monumentos, con que solo se salvasen los guantes de aquel diputado heroico, ya podría restablecerse la
103 Según esta crónica, se incorporaron en 1907
–a través de la renovación por tercios– cerca de sesenta diputados. (De la Jara, 2/8/1907, pp.1-2)
verdad histórica. Los anticuarios del futuro los pondrían a hervir. Y por milagros de
la Química –que ya estará entonces bien adelantada– encontrarían en el momento el secreto perdido de doce años de nuestra historia […]
(De la Jara, 2/8/1907, pp. 1 y 2)
Este fragmento también se enfoca en lo trivial, en lo superfluo (los guantes del ex parlamentario); sin embargo, aquí el elemento burlesco prevalece sobre la actitud ética o moral. Hasta parece carecer de intención crítica; no obstante, la ridiculización del ex diputado Ramírez, mediante aquellos guantes, permiten reducir su importancia.
En síntesis, las crónicas parlamentarias de José María de la Jara muestran una acentuada tendencia a resaltar lo anecdótico de la política, con el objetivo de divertir a los lectores de La Prensa. Además, en estas sátiras burlescas el humor, la risa relativiza la sátira, es decir, la censura moral. Precisamente, Luis Fernán Cisneros (en su sección “Ecos”) y, posteriormente, Abraham Valdelomar (en “Palabras…”) le seguirán los pasos a aquel.