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Second laboratory experiment: creating simulation models from scratch

3 A qualitative analysis in domain specific extensions

Risk 8.2: adjustments of model constructs required to represent solution are time consuming

4 Testing domain specific extensions in a laboratory setting

4.3 Second laboratory experiment: creating simulation models from scratch

Normalmente sólo veremos una mujer de una aldea africana que está bañando a un niño. Una escena sencilla. Y puede ser peor: guiados por prejuicios comunes, podemos verla como un ejemplo de miseria (“¡esa pobre gente con tan poca ropa y cacharros de madera!”).

Pero cuando nos la muestra alguien que ha profundizado en la mirada, esta escena nos enseña toda una lección de geografía, historia y cultura:

1. Calabaza ancha y llana en la que se carga la leña o el ñame que se trae del campo.

2. Dentro de un recipiente de plástico rojo hay un cuenco con el jabón, que ha sido fabricado con aceite de karité y extractos de ceniza de paja de mijo; el jabón es siempre personal.

3. Aquí se han cocido cortezas para preparar una tisana caliente, que se cuela en la calabaza pequeña que es el nº 4. De aquí la mujer echa agua sobre el niño, con el cuenco de la mano.

5. Esponja vegetal con la que la madre frota y enjabona abundantemente al niño; terminará haciéndole masajes con la esponja, manos, y agua clara. También le da a beber la tisana.

6. El chico está en traje de faena. Acaba de volver del campo, y se duchará al atardecer, antes de salir con sus amigos.

7. Aquí se cuece el ñame, la pasta de maíz o de mijo. Ese trabajo corresponde a las nueras o a las mujeres jóvenes de la casa.

8. Estas gentes son baribas, de Benin; la mujer viste telas estampadas muy colo-

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basada en la caza y recolección o ausencia de propiedad privada– hacia otras más racionales y modernas –civilización industrial o economía capitalista– y que en esta evolución, universal e inevitable, las sociedades occidentales se encontraban en el punto más avanzado. Esta concepción de progreso condujo a que los Estados europeos, convencidos de constituir la civilización por excelencia, no tuviesen reparos para expoliar los recursos de los territorios que colonizaban. Sometieron mediante la violencia y la dictadura cultural a los pueblos colonizados, a los que se consideraba atrasados y en un estado muy cercano a la naturaleza.

Esta concepción de progreso, que continúa vigente hoy, ha sido enormemente negativa para los pueblos más pobres y para la naturaleza.

Lejos de lo que se intenta publicitar a los países de la Periferia, la imposición del progreso y el crecimiento económico, no les ha traído mayor felicidad. Al con- trario, a mayor crecimiento económico mayor polarización entre desiguales. Por ejemplo, India a finales del siglo XVIII era una sociedad con agricultura sostenible en la que el hambre se desconocía, los bosques se consideraban bienes comunales y permanentes, y los productos eran recolectados sin expoliar el medio. Además, la madera para el fuego era abundante, había un sistema educativo eficiente, la astronomía, las matemáticas y la medicina estaban muy desarrolladas y la industria textil era floreciente y sostenible. La interdependencia entre el suelo, las plantas y ristas, como es usual en el Golfo de Guinea.

9. Este tronco es el mortero donde se muele el grano u otros productos, pero ahora han metido dentro una cazuela, seguramente para que cabras o gallinas no se coman su contenido.

10. Apoyados en la pared hay tres pilones de mortero. Además, vemos una cazuela en la que la señora mayor de la casa prepara la salsa de la comida. En el suelo, tres piedras de laterita que sirven de cocina; en ella hay piezas de leña.

Pero aún podemos aprender más si miramos con ojos orientados a la sosteni- bilidad:

Vemos que han traído del campo ñame, otros vegetales, acaso maíz o mijo, que tienen cabras o gallinas... Estos agricultores siguen siendo autónomos a la hora de conseguir el grueso de su alimentación y de la energía que necesitan. Esto no significa que vivan en el país de Jauja, pero les libra de un peligro que sí corren los campesinos que han abandonado sus cultivos tradicionales en favor de aquellos que obtienen fácil venta en el mercado internacional, y es que cuando el precio de esos monocultivos se hunde (una situación recurrente) no obtienen ni siquiera el dinero imprescindible para subsistir.

También son autónomos para obtener otras cosas. La fabricación de jabón casero ha sido una tradición generalizada a lo largo del mundo y un ejemplo per- fecto de cómo el aceite usado, que en nuestra civilización industrial es un molesto residuo, en culturas más sostenibles es un útil recurso. En cuanto al karité, es uno de los muchos productos que quizá los jóvenes de las ciudades de África considerarán una antigualla, mientras en las tiendas de Occidente se vende hoy como producto de lujo. Tanto el karité como otros productos tropicales son ejemplo de cómo las grandes corporaciones se han reservado la producción y el comercio de valiosos recursos, convirtiéndolos en problemas ecológicos y agentes de desigualdad (otros ejemplos son el café, el cacao...).

El baño, la cocina, la molienda, cuando el tiempo lo permite se hacen al aire libre, abiertos a la relación con familiares, vecinos, vecinas o quien esté de paso. Así se facilita obtener informaciones interesantes y forjar lazos, lejos de la experiencia cada vez más individualista y segmentada que nos parece normal a quienes vivi- mos en ciudades occidentales. No hay un único pilón de mortero sino tres, porque la molienda es una de las muchas tareas que en estas culturas se prefiere hacer de forma colectiva, aunque no resulte imprescindible. Trabajar en grupo llega a ser un juego, y un arte, refuerza los vínculos sociales y permite intercambiar información y aprender combinando instrucciones, observación y práctica.

La tisana nos recuerda que el conocimiento de las propiedades nutritivas o medicinales de la vegetación local permite resolver necesidades esenciales con recursos muy accesibles.

El detalle de que la comida esté protegida de cabras y gallinas no es banal: en esa comunidad la gente consume ciertos recursos, y los animales otros diferentes, de modo que se complementan. Hasta que se dio la ruptura sistemática de los ciclos naturales que caracteriza a la civilización industrial, lo propio de cualquier cultura era criar ganado a partir de recursos que las personas no aprovecharan

directamente, o lo hacían con mucha menor eficacia. Fundamentalmente los ga- nados son especies capaces de convertir la celulosa, abundante en los vegetales e indigerible para el ser humano, en proteínas valiosas para la alimentación humana, en gran medida en forma de lácteos o huevos. Su consumo tiene más sentido que el consumo directo de carne animal, que se agota una vez consumida. Además el ganado suele proporcionar otros recursos (cuero, lana...) y servicios (transporte, carga, tiro...). Cuando nuestra civilización alimenta ese mismo ganado con ali- mentos perfectamente aprovechables para el ser humano: cereal, soja, harina de pescado... ha creado problemas sociales y ecológicos nuevos y graves.

La base de la alimentación en el caso estudiado será el fufu de ñame, gachas de maíz y de mijo (ya hemos visto que también hay huevos, leche, carne de gallina o chivo para ocasiones especiales, y otros vegetales recolectados o cultivados). Las salsas aumentan la variedad e integran otros nutrientes. Estos saberes gastronómi- cos se han conservado en parte en nuestra cultura, pero aún así debemos recuperar una cocina sana, variada y, sobre todo, readaptada al uso de productos locales.

Y una última observación no menos importante: en la imagen analizada la mu- jer se ocupa de la limpieza del niño, mientras el hombre que está inmóvil tras ella se cruza de brazos. Nada nuevo respecto de la cultura occidental. En este aspecto queremos insistir en que no tiene sentido la recuperación de estas culturas si no se revisa el carácter patriarcal que buena parte de ellas ha mantenido y mantiene.

Elaboración propia, a partir de la foto y explicación de J. Ramón Carballada, de la Sociedad de Misiones Africanas.

la humanidad se reconocía y se protegía, y la tierra se consideraba sagrada.165 En el siglo XIX en el Sahel, hoy una de las zonas más empobrecidas del mundo, se guardaba una cosecha en reserva para prevenir desastres naturales y estaba mal visto consumir el grano nuevo.

El desprecio con el que se suele tratar a otras culturas se corresponde con el desprecio a la hora de considerar el medio rural de Occidente (y de cualquier otro sitio). ¿Cuántas veces habremos oído o leído dar como explicación de las migra- ciones masivas del campo a la ciudad la falta de oportunidades para los jóvenes en el medio rural, su pobreza, su atraso...? En cambio raramente encontraremos el argumento de que la nueva sociedad industrial, dominada por la burguesía, volvió tan difícil ganarse la vida en el campo que el éxodo rural ha sido la resultante, en muchas ocasiones una verdadera expulsión.

La idea de que más es siempre mejor, el desprecio por los saberes tradicionales, la concepción de la naturaleza como un enorme almacén de recursos al servicio del sistema económico o la convicción de que la tecnociencia será capaz siempre de resolver todos los problemas, suponen un enorme lastre en un momento en el que resulta urgente abandonar muchos de estos mitos. Sobre todo para aquellos países utilizados como áreas de abastecimiento o vertederos de las economías ricas, y a los que se intenta transmitir la esperanza en un desarrollo futuro.

En ocasiones puede darse cierta confusión entre cultura y sistema político. (Y más en estos tiempos en que se hace lema del supuesto choque de civilizaciones). Un sistema político es solamente una parte de un sistema cultural, y muchas veces una de las que menos se integran en el conjunto, siendo frecuente que un sistema político desaparezca o sea sustituido por otro, mientras el resto de la cultura perma- nece en principio con pocos cambios. Es más, sistemas políticos similares, incluso presentados como idénticos por sus dirigentes, pueden aparecer en culturas muy distintas entre sí en muchos otros aspectos. Pero en cuanto a las relaciones entre cultura y régimen político, lo que nos interesa aquí resaltar es que las instituciones que detentan el poder han mostrado históricamente la tendencia a tratar de mo- delar muchos otros aspectos de la cultura de acuerdo con sus intereses.

Las culturas agrícolas tradicionales son prueba de que nuestra vida se sostiene gracias a cosas humildes, y no a las grandes obras de gobernantes, a las hazañas de héroes, o a las invenciones de personas expertas. Una triada medieval irlandesa reza así: “Las 3 cosas delgadas que mejor sirven de soporte al mundo: el delgado hilo de leche que cae en el balde desde la ubre de la vaca; la delgada espiga del trigo verde sobre la tierra; el ovillo delgado que maneja una mujer habilidosa”.166

165 Bermejo, R. (1994) Manual para una economía ecológica. Los Libros de la Catarata. 166 En Crosby, A. W. (1986) Imperialismo ecológico. Crítica, Barcelona. Los irlandeses, antes

de ser alfabetizados, usaban para transmitir enseñanzas importantes las llamadas triadas, pequeños poemas que agrupaban las realidades de 3 en 3, para que pudieran recordarse mejor.